Campo

 
Una historia, un pueblo...


 

Presentación

 

Nuestra historia, la historia de Campo, no se guarda entre las páginas de ningún libro, porque ese libro no se ha escrito todavía. Y no se ha podido escribir porque todavía no se conoce. Los elementos que nos ayudarán a construirla están desperdigados por las casas del pueblo, entre escrituras de compra-venta de inmuebles, facturas de todo tipo y recordatorios de defunciones y primeras comuniones, además de alguna fotografía. Todos esos papeles forman parte de la historia familiar hasta que se ponen en relación con los de todas las otras casas y, entonces, pasan a constituir ya una historia colectiva, la historia de nuestro pueblo.

 

Además de esa memoria escrita y gráfica hay también una memoria de transmisión oral. En este caso, se reproduce el mismo esquema: las historias contadas en el ámbito familiar pertenecen a las vivencias de ese núcleo, pero nadie puede atestiguar su veracidad hasta que se ponen en confrontación con los testimonios de otras familias. Todas esas aportaciones diferentes nos permitirán alcanzar un conocimiento más exacto de la realidad del pueblo.

 

Este es nuestro primer planteamiento: para llegar a conocer la historia de Campo en profundidad nos necesitamos los unos a los otros, porque no es una labor que se pueda conseguir sólo con el trabajo de un individuo o de una familia. Queremos hacer una película en la que todos seamos protagonistas.

 

Pero hay que ser prácticos y realistas y reconocer que este esfuerzo colectivo de poner en común todos los datos que tenemos, no es fácil que nos lleve muy lejos en el tiempo, porque por diversas circunstancias no hemos sabido, o no hemos podido, guardar fuentes escritas de cierta antigüedad. Escasa es la documentación que ha llegado hasta nuestros días del Monasterio de San Viturián, tan importante en nuestra historia, o la de algunas instituciones o entidades que nos hubieran podido aportar una información fundamental, como los protocolos notariales de algunos notarios que trabajaron en Campo, o actas y registros municipales, así como la documentación del Partido Judicial de Boltaña, etc.

 

A pesar de todas estas dificultades contamos con un hilo conductor que nos puede guiar en nuestro viaje al pasado: nos referimos al nombre y apellidos de nuestros antepasados. El ser humano, como individuo, tiene muchas limitaciones (vida y memoria limitada, entre otras) pero como eslabón de la cadena humana nos ha transmitido generación a generación, y sin pretenderlo, la historia de sus ancestros y la del pueblo donde han vivido.

 

Aprendamos, pues, a conocer a los hombres y mujeres que nos han precedido en el tiempo. Ellos se han paseado antes que nosotros por las calles de Campo, se han asomado a las ventanas de las casas, han trabajado los huertos, han bailado en la plaza. Ellos, con sus nombres, sus apellidos, sus historias, nos ayudarán con paso seguro a remontarnos en el tiempo. Son los únicos que nos pueden guiar en este recorrido.

 

Y no nos olvidamos nunca que los pueblos, como las personas, no pueden vivir solos y la historia de Campo no es sólo la suya propia, sino que es también la de Belvedé, la de Senz, la de Viu, Murillo, Navarri, Bacamorta, Espluga, Llert, Biescras, Santamuera, Aguascaldas y todos los otros pueblos de la comarca.

                                                                                         María José Fuster