Noticias del  Café


 

El mejor Tango en la Avenida 

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El adiós a una querida amiga del Café

La noticia entristeció los últimos días del 2009.

El 28 de diciembre falleció Ana María Moncalvo, parroquiana ilustre del Tortoni, quien supo expresar a través de sus talentosas manos de grabadora la atmósfera tan particular de los cafés porteños.

Ana María Moncalvo; su mesa junto al aguafuerte que representa a Baldomero Fernández Moreno en las mesas del Tortoni

Como expresó López Anaya: «Esos famosos cafés del recuerdo, de escenografía singular, de mostradores de tallas art-nouveau, de maceteros con palmas de abanico y resoplantes máquinas express, de calmosos ventiladores de techo y de sillones de corte victoriano. Esos gloriosos cafés del Buenos Aires midisecular vuelven a nosotros a través de los grabados de Ana María Moncalvo. Por imperio de su arte inigualable, ha convocado a la tertulia fiel,
integrándola en el espacio sin tiempo para una pose histórica y final, para una pose digna de la cámara oscura de un Niepce o un Daguerre»

Ana María Moncalvo estudió en las escuelas de Bellas Artes «Ernesto de la Cárcova» y «Fernando Fader». Se formó en París con Stanley W. Hayter. Realizó innumerables muestras nacionales e internacionales, recibió infinidad de distinciones y era miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. Su amor por el Tortoni la llevó a formar parte del acta constitutiva de la Asocación Amigos del Café .

En la Sala Alfonsina, desde sus grabados de Homenaje al Tango, Gardel, Piazzolla, Troilo, Goyeneche, Salgán, Mosquera Montaña, Tálice, Tita Merello y muchos otros acom-pañan cada noche a los artistas que con sus interpretaciones deleitan al público nacional y extranjero.

El interior del Tortoni en un nuevo cuadro

En el mes de diciembre, el Ing. Alejandro Luis Rocca, miembro de la Junta de Estudios Históricos de Montserrat, donó al Café una acuarela del Arq.Virgilio Méndez que repoduce con exquisita fineza el interior del gran salón del Tortoni, con sus columnas, las viejas arañas, los cuadros y la charla de los parroquianos departiendo en sus mesas.

«Café Tortoni», acuarela de Virgilio Méndez.  Donación Ing. Alejandro L. Rocca

El autor, después de largos años de ejercicio de la profesión y la docencia del diseño arquitectónico en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, se vuelca a la plástica, especialmente a la acuarela, habiendo estudiado con los maestros Carnacini, Gigli, Soto Acebal, Batlle Planas y en el taller de Janine Meyer.

Realizó numerosas exposiciones, individuales y colec-tivas, y obtuvo importantes premios.

El Tortoni agradece esta nueva obra que enriquece la basta pinacoteca del Café.

«Un lugar en Buenos Aires»

Reproducimos un texto de la Sra. Flavia Tchina, habitué del Tortoni, en el que expresa su cariño por este referente porteño que es el Tortoni:«Me diste a luz en pleno verano., me acunaste con las canciones de María Elena Walsh y me amamantaste con la leche tibia del cariño.

El tango dice que 20 años no es nada, sin ambargo a esa edad me mudé a otro país donde viví un tiempo y, como siempre se vuelve al primer amor, aquí estuve de regreso diez años más tarde. Entonces fue cuando te descubrí, Buenos Aires ¡qué ciudad tan mágica! Tus calles, tus avenidas, tus librerías, tus teatros y tus cafés.

Cualquiera es una buena excusa para hacer un alto en el camino y tomar un cafecito, mirar por la ventana, observar a la gente, escucharla, impregnarme de tus olores y de tus sabores.

Y en casa, mi fiel compañera, la radio. Ella me proporciona su aire y su mejor onda.

Escuchando la radio descubrí una de las leyendas de Buenos Aires, lugar mítico si los hay, el Café Tortoni, y a él quiero dedicar mi homenaje porque cuando me encuentro allí me siento trasladada en el tiempo, envuelta en una atmósfera impregnada de arte, de sensibilidad y de creación.

A lo lejos puedo observar, sentados en una mesa, a Alfonsina Storni, a Borges y a Gardel como testigos silenciosos de este patrimonio que nos pertenece.

El Tortoni es atemporal; seduce igualmente a adultos como a adolescentes, penetra en la piel de los sensibles.

Alguien de 12 años, en una ocasión, me comentó ‘Me gusta este lugar porque se nota que viene gente culta’. M eestremecí pensando cómo el arte sensibiliza desde temprana edad, y lo hace en todas sus manifestaciones. El arte como llama que ilumina, que da calor y que cobija en su seno a todos aquellos que de él se nutren.

¿Qué puedo decir de vos, Viejo Tortoni, que no haya sido dicho ya por el poeta?

Ni siquiera el mal tiempo consigue que al pasar por tu puerta no me detenga. Entro, me siento y cuando pido la carta leo los siguientes versos: ‘...A pesar de la lluvia he salido a tomar un café, estoy sentado bajo el toldo tirante y empapado de este viejo Tortoni conocido’».

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