El Tango Argentino: su danza


Por Luciana y José

Declarado por la UNESCO: «Patrimonio Cultural e Intangible de la Humanidad»

 

En la entrega anterior mencionamos la fecha aproximada de la creación de nuestro Tango, pero tenemos muchos antecedentes que pueden aclarar aún mas la historia y la relación social que, gracias a la tarea de nuestros incansables historiadores, hacen referencia a la antigüedad de la palabra Tango, en la ciudad: A mediados del siglo XVIII la estabilidad social tan anhelada, brinda la posibilidad a las muchas familias llegadas de España, a tener el deseo de distenderse y disfrutar de la vida social; los hombres por ejemplo concurrían a la riñas de gallos, carreras cuadreras, casas de citas, naipes, etc. En ésta «aldea», como le llamaban en ese entonces, ya se gestaba con fuerza nuestro arte y cultura.

En cuanto a los bailes practicados por la sociedad, estaban los que ellos mismos traían como los de disfraces, el minué, la gabota, el traspié y la contradanza que fue la más practicada. Aunque en 1746, el obispo de España y sus colonias, amenaza de excomunión a quien lo baile: «…de cualquier dignidad, grado, carácter, calidad y condición… que pueda concurrir a semejantes danzas en casas particulares». A pesar de ello, por su popularidad logró permanecer hasta comienzos de 1800.

Por otro lado, hay que recordar a la población negra, que era un poco más de la mitad de blancos para esa época. Y según Vicente Gesualdo «Los bailes que realizaban los negros llamados candombes, tambos o tangos, causaron no pocos dolores de cabeza a las autoridades coloniales». Porque la prohibición rezaba así: «Que se prohívan los Bayles indecentes que al toque del tambor acostumbran los negros… «. En 1778 una solicitud decía «Que otra cosa no son estos bayles, sino unos verdaderos lupanares… con los indecentes u obcenos movimientos que ejecutan… «, «Bayles de comixtion de sexos y de concursos de hombres y mujeres, que por estos parajes se llaman vulgarmente fandangos».

El Fandango, merece un capítulo aparte al tener su propio edicto de prohibición, aunque después de la Revolución de Mayo –unos cuarenta años más tarde– se podía ver a algunos artistas interpretarlos en los teatros; tal es el caso del actor, cantante y bailarín Juan Casacuberta.

Las tertulias musicales, se hacen cada vez más frecuentes en los hogares, inclusive en la casa virreinal y al realizarlas con mayor recato, algunos bailes fueron integrados a las danzas de salón. Se dice que 1760, en casa de las Matorras, bailaron «una contradanza ocho máscaras». Y en 1777 el moreno Francisco Pozo, organizaba bailes para los hombres que querían divertirse y bailar con «mujeres por un corto interés».

Para 1802, en una tasación de propiedad, se cita a un lugar donde se realizan bailes de negros como «Casa y sitio de Tango». Y cuatro años más tarde «Se prohíben dentro de la ciudad los bayles conocidos con el nombre de Tangos…»

                                                     ¡El Tango, ayuda desde el aspecto expresivo!

Es necesario tener presente esta lejana aparición del vocablo que, desde ya, designaba una danza prohibida y licenciosa o el lugar donde se bailaba.

No era el mismo Tango que conocemos a finales del siglo XIX

Juan Casacuberta es considerado el primer gran actor trágico argentino. Hijo de una familia humilde de Buenos Aires, de adolescente comenzó a trabajar como bordador.

En 1818 se inició en el teatro, y al poco tiempo se destacó por la naturalidad y sobriedad de su actuación.

Trabajó en nuestro país, Uruguay y Brasil. Viajó a Chile huyendo del gobierno de Rosas (había participado de una revuelta), y allí murió, al término de una representación.

 

EL COCHERITO

                                                       Tango 1944

Bailando

empezó a vivir la vida

de muchacho paseandero,

bailarín de los primeros.

Gabino,

un mentado cocherito,

que vivía sus andanzas

en el barrio Caballito.

Silbando

noche a noche en una esquina

a la luz de un farolito

esperaba al organito,

y luego

cuando el tango le invitaba

a bailar los entregaba

empleando el corazón.

Bailando en las calles,

llegó el cocherito,

a ser en el barrio

una gran bailarín.

Soñaba los tangos

que el viejo organito

llevaba al suburbio

a hacerlo feliz.

En todos los bailes

que el mozo llegaba,

bailando ganaba

algún corazón.

Su estampa porteña

que tanto gustaba,

por donde bailaba,

recuerdos dejó.

Pasaron

muchos años y una noche,

entre amigos y algo en copas,

el muchacho les decía:

¡Les juro!

que tranquilo moriría,

si bailando un tango un día,

me fallara el corazón.

 

Letra: Santiago Adamini

Música: Ángel D’Agostino / Alfredo Attadía

 

«... bailando en las calles, llegó el cocherito...»