3. Uso de conocimientos técnicos y las TIC para la innovación

3.1.        El uso de conocimientos para el cambio técnico

El uso de las tecnologías, en efecto, se inscribe profundamente en la vida social de las personas y es reductor considerar el impacto de las TIC como un simple asunto de costo, de funcionalidad o de simplicidad de las interfaces. Es la razón por la cual la cuestión de la apropiación por el uso juega un papel importante en el análisis de las transformaciones que las nuevas herramientas de comunicación aportan a nuestras sociedades.

En este artículo, proponemos volver sobre la génesis de la noción de usuario e insistir sobre una característica esencial del uso de las nuevas tecnologías: la innovación nace tanto en las prácticas de los usuarios como en los laboratorios de los centros de investigación pública o industrial. En efecto, ciertas rupturas más significativas en los comportamientos de comunicación (el software libre, las herramientas cooperativas de publicación, el wifi, el P2P, los blogs, etc.) no fueron iniciadas “desde arriba”, por un plan de desarrollo industrial que acompañara la puesta a disposición de una nueva tecnología salida de los laboratorios de investigación, sino que han tomado forma “desde abajo”, en términos de un proceso cooperativo que reúne de manera voluntaria a redes de usuarios. Se definirá a las innovaciones por el uso (también llamadas “innovaciones ascendentes” [botón-up innóvatenos] o “innovaciones horizontales”) como innovaciones tecnológicas o de servicios que nacen de las prácticas de los usuarios y se difunden a través de las redes de intercambios entre usuarios. Estas innovaciones por el uso, que se desarrollan independientemente de los ciclos “verticales” de la innovación, se volvieron una característica esencial, aunque no exclfg.-

3.2. Las diferencias entre conocimiento técnico e información para la creación de innovaciones  en la infomatica.

La noción de “uso” apareció en la sociología de los medios con la corriente funcionalista de los “Uses and gratifícatenos” en los trabajos americanos de los años 60 y 70 [1]. Los promotores de este abordaje buscaban tomar distancia con el paradigma entonces predominante que analizaba exclusivamente la acción de los medios masivos de comunicación en términos de efecto. Que la conclusión sea la existencia de “efectos fuertes” como la escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer) o de “efectos limitados” (Lazarsfeld), las primeras tradiciones de estudios de las herramientas de la comunicación planteaban la misma pregunta: ¿Qué hacen los medios a la gente que está expuesta a ellos? La corriente de los “Uses and gratifications” buscó apartarse de este mediacentrismo transformando el sentido de la pregunta planteada por los fundadores de los estudios de comunicación. Ya no preguntan cómo los medios influyen sobre las personas, sino ¿qué hace la gente con los medios? Este cambio de paradigma va a abrir el espacio de investigación a otra concepción de la relación de los usuarios con las herramientas de comunicación. En una perspectiva funcionalista, los investigadores de la corriente de los “Uses and gratifications” consideran en consecuencia que los utilizadores no reciben mensajes pasivamente, sino que utilizan activamente los medios para retirar de ellos satisfacciones específicas que responden a necesidades sicológicas. Aunque esta escuela ha sido criticada porque reducía a menudo la atracción por las tecnologías a mecanismos de compensación sicológica, estos primeros trabajos abrieron el camino para un análisis del uso que se emancipa de un determinismo unilateral de la técnica sobre la sociedad

3.3 . La búsqueda y procesamiento de información para la innovación

En Francia, la obra colectiva de Michel de Certeau, L’invention du quotidien (1980) [2], jugó un papel fundador en materia de estudio de los usos. Historiador y sicoanalista, Michel de Certeau reconoce de buenas a primeras la capacidad de los individuos para la autonomía y la libertad. Su abordaje consiste en detectar los mecanismos por los cuales los individuos se vuelven sujetos que manifiestan formas de autonomía en un conjunto muy amplio de prácticas de la vida cotidiana, el consumo, la lectura o la vivienda. Con sus descripciones finas de las “artes de usar” y de las “maneras de hacer” de los usuarios, Michel de Certeau muestra cómo las prácticas de los usuarios marcan una separación, una diferencia con el programa que la tecnocracia y las industrias culturales buscan imponerles. Las personas ordinarias, afirma, muestran capacidades creativas que los industriales no sospechan: mediante astucias, bricolaje o rodeos - que Michel de Certeau reunirá bajo el término de “caza furtiva” - pueden inventar una manera propia de caminar en los universos construidos por las industrias de la cultura o las tecnologías de comunicación. Accionando un juego sutil de tácticas (que les aseguran el control por el tiempo) que se oponen a las estrategias de las grandes tecnocracias (que tienen el control sobre el espacio), los usuarios manifiestan una forma de resistencia moral y política.

Los trabajos de Michel de Certeau han influenciado fuertemente los estudios de usos en Francia o en la corriente británica de los cultural studies. Ellos permitieron ampliar la visión más allá de la relación individual de las personas con las interfaces tecnológicas. Introdujeron el tiempo y las dinámicas de aprendizaje como un factor clave de la apropiación y de la estabilización de los usos en hábitos o rutinas. Permitieron finalmente insistir sobre el carácter fundamentalmente imprevisible de los usuarios que no cesan de transformar y de desviar los servicios y las tecnologías que les son ¬ofrecidos, como lo atestigua el éxito de los SMS que los industriales no habían previsto.

3.4. Las TIC y su empleo para la innovación técnica.

En cuanto a la noción de apropiación, se remonta a las preocupaciones de los investigadores que formaron el núcleo constitutivo de los primeros estudios de uso de las TIC. Próximos a la corriente de inspiración marxista de la autonomía social, los promotores francocanadienses y franceses de la noción de apropiación en los años 70 y 80, deseaban desarrollar una sociopolítica de los usos que llamara la atención sobre la dimensión conflictiva de la apropiación de las tecnologías en el seno de las relaciones de producción y de reproducción de la economía capitalista. La noción de apropiación permite describir el proceso de interiorización progresiva de competencias técnicas y cognitivas obrantes entre los individuos y los grupos que manejan cotidianamente estas tecnologías. Serge Proulx considera que se requieren cuatro condiciones para la apropiación social de una tecnología: 

a) El dominio técnico y cognitivo del artefacto; b) la integración significativa del objeto técnico en la práctica cotidiana del usuario; c) el uso repetido de esta tecnología que abre hacia posibilidades de creación (acciones que generan novedad en la práctica social); d) finalmente, a un nivel propiamente más colectivo, la apropiación social supone que los usuarios estén adecuadamente representados en el establecimiento de políticas públicas y al mismo tiempo sean tenidos en cuenta en los procesos de innovación (producción industrial y distribución comercial”)[3].

Como lo atestigua esta reconstitución sucinta de la historia de la noción de uso en el campo de las TIC, lo que está en juego es un vuelco de la perspectiva que apunta a devolver a las personas un poder de actuar, adaptar y crear, frente a las tecnologías que pretenden prescribirles maneras de hacer y de actuar.

 

 

 

 

 

 

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