Río maravilhoso 


Pão de Açúcar desde FlamengoRio de janeiro, Paraty e Ilha Grande.

Este viaje es consecuencia inevitable de la profunda impresión que nos causó nuestra primera visita a Brasil en agosto de 2005. En realidad es la segunda parte de aquella fabolusa experiencia y esperamos que no sea la última en tierras brasileñas. (Relato 2005 y enlace directo a la estancia en el Estado de Río de Janeiro.)  

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Surf en cachoeira

Surf en cachoeira II

 

Alojamiento

 

¿Por qué Ipanema?

Desde luego en nuestra primera visita a la ciudad nos pareció es barrio más agradable y seguro. Es una zona residencial, muy vigilada, con buenas tiendas, librerías, restaurantes, locales de ocio y una playa mítica. Los precios de alojamientos son ciertamente elevados pero a nuestro juicio la simple sensación de mayor seguridad que se respira compensa el desembolso.

 

 

Nuestro Hotel

 

San Marco, rúa Visconte de Pirajá 524 Ipanema.

 

Es un edificio gastadito, tienes tres tipos de habitaciones, elegimos la económica, es interior y está machacada. Alguna de las tres estrellas que dice tener se le debió haber caído hace tiempo.

 

Nos quisieron cobrar una tasa del 5% a pesar de haber cerrado un precio excluyéndola por email y no nos respetaron la reserva del último día. Pagamos la doble a 136 reales por cada noche de abril (temporada baja) y 158 reales por cada noche de marzo (temporada alta). Es desayuno es muy malo. La ubicación es espléndida, es la calle más comercial del barrio a dos minutos caminando de la playa.

Es el hotel más barato que encontramos en el Ipanema, hay otro en la misma calle llamado Vermonth de precio similar.

La próxima vez alquilaremos un apartamento:

 

http://classificados.oglobo.com.br/
http://www.classificadosodia.com.br/

http://www.rentaflat.com.br/

 

 

Dinero en Brasil

 

La moneda es el real, durante nuestra estancia el cambio oficial fue de 2,75 R$ por €. Cien reales son aproximadamente 36 euros.

 

Me parece muy conveniente abrir un apartado especial sobre cómo obtener reales y cómo pagar:

 

Ante todo debemos tener presente que no debemos salir a la calle con cantidades elevadas como medida precautoria.

 

La mejor forma de obtener reales es a través de la tarjeta de crédito en el cajero automático. También es recomendable pagar con tarjeta siempre que sea posible pero OJO, sin perderla de vista, para evitar que la dupliquen, un hecho desgraciadamente bastante habitual en Brasil.

 

Si durante nuestro primer viaje nos fue complicado encontrar bancos que nos permitiesen sacar dinero, está vez sólo pudimos hacerlo en el HSBC a pesar de haberlo intentado con distintas tarjetas de diversas entidades.

 

Es importante tener un cuenta que a partir de las diez de la noche los cajeros no operan en Río a excepción del de la Farmacia de Leme que además sólo permite extraer 100 reales (unos 36 euros).

 

A nuestra llegada como no hay cajeros en el aeropuerto cambiamos el mínimo imprescrincible en un banco. Al tipo de cambio abusivo(2,58 R$/€) le gravan una comisión, resultando el cambio final ruinoso(2,36 R$/€).

 

¿Cómo llegamos?

 

Hicimos con Iberia, la ruta  Santiago-Madrid-Río, el vuelo lo compramos en septiembre 2006 y nos salió por 507 euros+3.000 puntos Travel Club por persona, tasas incluídas.

 

 

Los vuelos desde Europa a Río están bastante caros y si queremos volar en temporada alta es conveniente comprarlos con varios meses de antelación.

 

 

Seguridad

 

Un tema recurrente. No sentimos más seguros que en el primer viaje, una sensación que es subjetiva obviamente. La violencia en Brasil y en Río en particular existe, el viajero muchas veces es ajeno a ella, pero no obstante, no debe olvidar las normas básicas.

 

saveiro en puerto de Paraty

 

Enlaces

 

Relato 2005

Río de Janeiro relato

De viaje a Brasil, la web

 

Mochileiros

 

GuiaMais

 

Río.........

Oficina de turismo

http://Veja abril

Ipanema.com

Portalbonito.com.br

Copacabana.com

 

Más sobre Río.........

Río virtual

Corcovado

El Pan de Azúcar

Parque Nacional de Tijuca

Casas de samba

Maracaná

Jardín botánico

 

Paraty.........

Paraty.com.br

Eco-Paraty

Paraty Tours

 

Ilha Grande.........

IlhaGrande.com

IlhaGrande.org

Horarios del ferry

 

 

Viernes 30 de marzo 2007. Llegada a Río, luau en Praia Vermelha.

Son las cinco y media de la tarde, la emoción de la llegada al aeropuerto de Galeão hace desaparecer el cansancio del pesadísimo vuelo de más de 10 horas Madrid-Río. Cambiamos unos euros en el banco Safra del aeropuerto y buscamos un taxi destino a Ipanema (40 reales precio negociado).

 

El taxista es un tipo bien majo nos pone al día con las últimas novedades. Mientras nos empapamos de ese calor tropical que nos tiene tan enviciados. ¡Qué espectáculo ver Lagoa iluminada!. Apoteósico. ¡Estamos en Río de Janeiro!!!...algo tiene esta ciudad que nos vuelve locos desde el primer instante, la emoción se apodera de nosotros.

 

A pesar de no haber hecho ningún pago en el hotel San Marco nos han mantenido la reserva, la habitación es interior, mal distribuida pero la ubicación del hotel es inmejorable. En el centro de Ipanema, a un paso de la playa y con todos los servicios a tiro de piedra.

 

Necesitamos dinero, salimos a la calle, Visconte de Pirajá está llena de boutiques, restaurantes, comercios, excelentes librerías, bancos; hasta de noche te sientes seguro caminando. Después de cuatro intentos en distintas entidades conseguimos que el cajero del HSCB nos dé dinero, sacamos el límite máximo permitido: 1000 reales (unos 360 euros).

 

Llamamos a Cristiana, vieja amiga que nos ha invitado a un luau en la praia Vermelha, la recogemos en su casa en Copacabana y enfilamos directos a la fiesta.

 

La playa a los pies del Pão de Açúcar está salpicada de pequeños grupos de cariocas. El ambiente es amigable y relajado salvo en un recinto acordonado donde quinceañeros se divierten con la música tecno a toda pastilla. Hay bañistas, gente jugando al fútbol, hasta un concurso de baile; todo en un entorno natural que pone la piel de gallina.

 

A pesar del palizón de vuelos, la falta de sueño, del jet lag resistimos hasta las 2 de la madrugada (las 7 de la mañana hora española), Cristiana nos emplaza para tomar la feijoada  y bailar samba el domingo en Casa Rosa. El taxi que nos devuelve al hotel nos sale en casi treinta reales.

castillo de arena en Copacabana

 

Sábado 31 de marzo. Floresta de Tijuca, Porção, praia y noche en Lapa.

 

El desayuno del hotel es tan desastroso que casi no lo tocamos, afortunadamente en cada esquina hay un puesto de Sucos (zumos). Ya nos habíamos olvidado lo deliciosos que están: manga, goiava, morango, cajú, abacaxi, fruta do conde, lima, kiwi, laranja…así hasta casi la treintena de variedades. Todas las combinaciones son posibles. Todas estupendas. El precio por un vaso bastante grande de suco recién hecho ronda un euro (2.70 reales) en Ipanema (la zona más cara de Río).

 

Los cielos despejados de la mañana anuncian un día sensacional, lo queremos aprovechar para ir a la Foresta de Tijuca. Desde Ipanema en trasporte público no podemos llegar directamente, hay una combinación de bus+bus y otra de metro (hasta Saens Peña)+bus. Primero debemos subir a un bus con destino a Praça da Bandeira, allí tomar otro a Barra de Tijuca y bajarnos en Alto da Boa Vista. Tardamos bastante en llegar, de camino vemos otro Río distinto, más popular diferente al de los barrios chics como Ipanema.

 

La Foresta de Tijuca es el principal pulmón de la ciudad, catalogado como parque nacional está considerado el parque urbano más grande del mundo con sus cuarenta kilómetros cuadrados. Cubierto por una densa selva tropical (mata atlántica) es un área montañosa de elevada pluviosidad con una importante variedad de fauna y flora, numerosos senderos (trilhas), ríos que aún hoy abastecen de agua a la ciudad, cascadas, espectaculares gargantas y miradores.

 

cachoeira en Foresta de TijucaLa foresta es un importante área de esparcimiento, los cariocas acuden a pasear con sus hijos, correr, hacer senderismo; los turistas hacen acto de presencia fundamentalmente a bordo de todoterrenos en los tours organizados. La entrada es libre y en ocasiones se han producido asaltos, conviene evitar las zonas menos transitadas y permanecer en el parque antes de que caiga la noche. Si se desea hacer un trekking completo se necesita todo el día y es preciso llegar muy temprano.

 

Recorremos durante unas cuatro horas el parque en una caminata encantadora aunque exigente. A pesar de la sequía histórica (no llueve Río hace dos meses) la selva se muestra exuberante.

 

Un taxi nos devuelve a Ipanema (26 reales) a través de Barra de Tijuca y São Corrado, nos creemos merecedores de una caipirinha en una barraca de Ipanema. La playa a estas horas ya está en su apogeo.

 

Llevamos muchas horas sin apenas probar bocado y nos ha entrado el apetito: hoy nos espera un gran banquete en Porcão. Subimos en un bus camino de Flamengo, recorremos la playa antes de llegar a una de las churrasquerías más célebres con sucursales en NY, Miami y otros puntos de Brasil. El emplazamiento con vistas al Pão de Açúcar es de auténtico privilegio y aunque el precio no es baladí para el bolsillo brasileño (rodicio 66 reales) el local está rebosante de cariocas. El bufé es variadísimo y antes de atacarle a la carne tomamos un poco de ensalada, un sushi muy bueno y más de media docena de ostras por cabeza. Cuando llega el turno de la carne, el plato fuerte de la casa, una legión de camareros acude a servirnos los más deliciosos cortes. El ágape es espectacular. Pagamos 200 reales con varias caipirinhas (72 euros dos personas).

 

cangas en Ipanema

Matamos la tarde en la playa de Ipanema. Junto con Copacabana conforman los siete kilómetros de costa más célebres de Brasil. Custodiadas por imponentes morros y por los edificios de los barrios que llevan sus nombres, para algunos evocan simples playas urbanas que se llenan de gente con el buen tiempo, para otros (entre los que me incluyo) son la mejor representación de la cultura de playa brasileña famosa en todo el mundo.

 

Estar en medio de ese universo, incluso sentirse parte de él, observar ese modo de entender la vida, los detalles más nimios elevados a la categoría de ritual, la maestría con la que sus pobladores ejecutan todos los deportes playeros, la variopinta fauna que acogen, nos convence de que ese mundo multicolor que gira a nuestro alrededor es un espectáculo elevado al grado de arte.

 

La Praia no termina donde empieza el asfalto, los fabulosos paseos de Copacabana e Ipanema son el escenario por el que desfilan minúsculos bañadores, deportistas, espectáculos ocasionales, pieles bronceadas, barracas adornadas de cocos; las calles próximas con animados bares, con el ir y venir de bañistas, con el olor a crema solar son igualmente parte inseparable de la idea carioca de Praia.

 

Después del rodicio y de la sesión playera, una noche en la zona de Lapa es la mejor guinda para un sábado completo. El barrio histórico de Lapa, próximo al centro de la ciudad, estuvo sumido durante años en el olvido, hasta que de los antiguos caserones derruidos fueron surgiendo aquí y allá diversos locales y clubes de samba. En la actualidad la oferta cultural y musical no tiene competencia en la ciudad y nombres como Sacrilégio, Estrela da Lapa, Democráticus o Carioca da Gema se han convertido en auténticos clásicos.

 

La noche comienza en los botequins y bares de toda la vida, una nutrida concurrencia se apodera de terrazas y aceras, come un petisco y bebe chope bien frío en un ambiente animado. La Taberna do Juca y Antonio´s son nuestras paradas, hay otros bares fantásticos en torno a los Arcos da Lapa o en la rúa Labradío, algunos centenarios: Brasil, Belmonte…

 

Avanzada la noche los locales de música en vivo toman el relevo de los botecos, elegimos el más espectacular y famoso: Río Scenarium. La cola es inmensa, para aliviar la espera ambulantes venden caipirinhas y caipiroskas, mucha gente desiste. Después de una hora y bastante cansados, también cedemos. El taxista (25 reales taxímetro) que nos lleva al hotel nos dice los viernes y los sábados las colas son infernales y recomienda llamar por teléfono y reservar. Tomamos buena nota, así lo haremos el próximo viernes.

Ipanema

 

Domingo 1 de abril. Ipanema, Macaranã y otras vainas

 

Estoy seguro de que el último recuerdo que se nos borrará de este viaje será el de este domingo de derby en Maracanã con Romário en el campo.

 

El hormigueo de gente comienza a apreciarse desde muy temprano en Ipanema. En torno a las torres de vigilancia, llamados postos, se estructura la playa. Así encontramos la zona de las familias, en otra parte se ubica la gente de barrios populares, la gente guapa, los adolescentes, los gays… Las banderas y barracas son también importantes puntos de referencia, marcas de territorio.

 

 Aprovechando que a estas alturas de la mañana podemos elegir sitio nos situamos en el epicentro del mítico posto Nove, muy próxima está la muvimentada zona gay. Alquilamos una sombrilla que se hace imprescindible (4 reales). No se mueve ni una hoja, el sol calienta con fuerza y de vez en cuando hay que refrescarse, las olas rompen con ímpetu pero el agua está deliciosa. ¿Quién decía que el agua del mar en Río de Janeiro estaba helada?. No tardamos en hacer alguna escapada a las barracas del paseo a tomar unas Skol, manteniendo a buen recaudo nuestras pertenencias. A medida que avanza la mañana cambiamos las cervezas por caipirinhas.

 

El partido de fútbol no comienza hasta pasadas las seis, lo que nos permite aprovechar todo día en la playa. Hemos elegido para comer Arab, un árabe de Copacabana, la caminata es agradable. El restaurante está en primera línea de playa, es un selfservice (comida a kilo) con mucho éxito. La comida está bien, pero sin alardes. La acompañamos de unas caipirinhas y pagamos 65 reales.

 

barraca en IpanemaRegresamos a Ipanema a pie, caminamos unos tres kilómetros, nos damos un último chapuzón antes de ir salir hacia Maracanã. Hoy juegan dos equipos de la ciudad, Vasco da Gama y Botafogo, pero todo el mundo está pendiente de Romário y de que marque su ansiado gol número 1000. Esta tarde al menos no llegará. Hemos decidido ir en metro y con ropa de playa, lo más discreto posible: unas bermudas, algunos reales para comprar la entrada, unas havainas y una camiseta simple.

 

Caen las cinco mientras esperamos el autobús integrado con el metro. Le llaman metrô-na-superficie, tiene la ventaja de que hace menos paradas y el billete es válido para el metro, de modo que el largo trecho que separa Ipanema de Maracanã cuesta sólo 2,30 R$ (menos de un euro).

 

Tomamos el metro en el andén de la estación Siquiera Campos de Copacabana, es la Línea 1 que pasa por Botafogo, Flamengo y todas las estaciones del Centro, cuando lleguemos a la parada Estácio debemos bajarnos y coger la línea 2. Maracanã es la segunda parada, la primera es São Cristovão, donde se encuentra la Feira Nordestina.

 

Los hinchas de Botafogo y Vasco van ocupando los vagones, se masca ya el ambiente del derby. Cuando nos apeamos, el barrio de Maracanã es un hervidero.

 

El partido está a punto de iniciarse, la dotación policial es muy nutrida y está bien pertrechada. Camino del estadio en el paso a nivel de acceso, la multitud corre hacia nosotros, detrás de la policía. Ya nos habían avisado de que suele haber briga, pero la carga nos sorprende en un lugar delicado. Primero corremos hacia un lado, después nos damos cuenta que en caso de que se pongan las cosas difíciles quedarnos al borde del abismo puede ser lo peor y reculamos.

 

El corazón  late a mil pulsaciones. Después de que la carga haya cesado seguimos adelante, se produce otra de menor intensidad. En los accesos al estadio hay mucho movimiento, no sabemos exactamente lo que sucede, como si las fuerzas de seguridad tratasen de contener a los que intentan entrar. De pronto, desde nuestra posición observamos una multitud que sube en tropel por una rampa dentro ya del estadio.

 

Por fin llegamos a las taquillas, pero están cerradas, la gente y la policía nos dice que las entradas estás agotadas, que no van a dejar entrar a nadie más. Resulta muy extraño pues nos todo el mundo nos dijo que no habría problema para obtener una entrada.

 

A pesar de la confusión reinante decidimos rodear el estadio. Se producen intermitentes cargas de la policía, arreones, debemos andar con tiento. Hay mucha gente fuera del estadio, al parecer sin entrada y el partido ya ha comenzado. Todo el mundo nos confirma que está todo agotado, ni siquiera los cambistas (los reventas) venden pases a estas horas.

 

De vez en cuando grupos de cincuenta o sesenta personas corren en la misma dirección como si en algún lugar del estadio todavía fuese posible entrar. Pensamos en irnos, el clima se caldea y la situación no es segura, pero el ambiente es contagioso y continuamos avanzando.

 

Seguimos a un grupo y vemos como la multitud se apelotona. Están dejando acceder a algunas personas, pronto nos damos cuenta de que portan la deseada entrada. Dentro del estadio gritan goooool. ¿De quién?. ¿Marcó Romário? No, ha sido el Botafogo.

 

Nos tropezamos con un par de reventas, la gente se pelea por sus entradas, conseguimos separar a uno que dice tener dos y las vende por 100 reales (obviamente son las más baratas, de 15 reales cada una), pechinchamos hasta 70 las dos, menos no las deja. La policía hace acto de aparición y el cambista se escurre.

 

Volvemos a por él, antes de soltar el dinero le pido que me deje ver los tickets, pone inconvenientes, finalmente accede: parecen auténticos pero uno de ellos me mosquea. Dudamos si comprarlas, pero de qué nos sirve una sola válida…desistimos.

 

Decidimos volver por donde vinimos, alguien ha dicho que en la zona de los tornos que hemos dejado, algunos reventas todavía disponen de entradas. Ni rastro. La multitud está inquieta como si en cualquier momento quisiese derribar los controles, pero la policía no se anda con contemplaciones y a la menor oportunidad suelta la porra con contundencia. Procuramos mantener cierta distancia con los puntos calientes pero la masa termina envolviéndonos.

 

Detrás de los tornos de control hay fuerzas de seguridad, cubriendo la entrada aún más dotaciones, la multitud sacude las vallas de cierre. Una puerta corredera se entreabre, no sabemos el motivo pero algunos individuos consiguen acceder al interior, otros reciben estopa aunque cada vez entra más gente.

 

Cometemos la temeridad de acercarnos y le preguntamos a los empleados que están detrás de los tornos que sucede, uno de ellos nos señala el tumulto y con gesto confidente nos invita a sumarnos a la marea humana que entra a presión.

 

Aún hoy me pregunto que nos movió a meternos en aquel mogollón, pero a pesar de tener la amenaza de las porras sobre nuestras cabezas conseguimos franquear la puerta entre una muchedumbre enloquecida que saltaba de alegría al verse dentro del estadio. Tampoco sabemos realmente lo que ocurrió, entra dentro de la lógica pensar que para evitar males mayores decidiesen contentar a los “sin entrada”.

 

Nos dejamos arrastrar entre el gentío. Los vomitorios de las gradas están colapsados, no hay modo de acceder al graderío. Lo intentamos  por varios lugares hasta que por fin vemos uno más desatascado. Como niños traviesos nos encaramamos por un murete e instantes después conseguimos unos asientos en la bancada.

 

Corre el minuto treinta de la primera parte, somos parte de la hinchada del Botafogo, la zona de prensa está a nuestra derecha. Maracanã luce sus mejores galas con un lleno a reventar, el ambiente es indescriptible. Como reza el lema de la torcida del Vasco “el poder no puede ser dado, ha de ser conquistado”.

 

Romário, deambula por el campo, parece un fantasma, todo el equipo juega para él. Falla tres grandes ocasiones. El Botafogo termina venciendo por 2-0, ondean sus enormes banderas al ritmo de los cánticos.

 

Después del partido, terminamos de rodear el estadio para encontrar el metro o eso creemos pues entramos por equivocación en lo que debe ser una estación de tren de cercanías. Las pintas tiran para atrás. Subimos al tren que enlaza con la estación Central, allí nos indican como llegar al andén del metro que se dirige al Sur.

 

Llegamos a Ipanema sanos y salvos. Comemos un petisco en un lachonete y bebemos unos chopes en el archifamoso Garota de Ipanema con un look de faveleiros que desentona entre tanto guiri recién maqueado que cena en el local.

 

Cuando regresamos hacía el hotel, las calles de la ciudad nos ofrecen un último espectáculo. Tres chavales irrumpen en la calzada interrumpiendo el tráfico mientras exhiben su destreza en el arte de la capoeira. Los conductores terminan por resignarse, mientras los viandantes contemplan absortos el incidente. Son espectaculares: unos saltando por encima de los otros, pidiéndoles a los coches que sigan circulando para saltar también por encima de ellos.

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Se me pone la piel de gallina...ésto es Río de Janeiro. Esto es Brasil. Emocionante, envolvente, espontáneo.

Ilha Fiscal, al fondo el puente de Niteroi

 

Lunes 2 de abril. Leblón, Centro, Niteroi y traslado a Paraty

 

Iniciamos la semana con unos sucos antes de visitar la famosa joyería Stern situada a pocos metros de nuestro hotel. Pretendemos contemplar las vistas de la ciudad desde el último piso del edificio pero sólo conseguimos un tour guiado y un servicio de limusina al hotel. Como el hotel está a dos pasos les pedimos que nos dejen en el helipuerto de Lagoa para hacer un paseo en el helicóptero (a partir de 150 R$). La mañana no obstante está brumosa y decidimos postponerlo. Nos quedamos en Leblón.

 

La laguna Rodrigo Freitas, conocida en Río simplemente como Lagoa, se encuentra comunicada con el mar por un canal, que divide en dos Ipanema, la zona sur recibe el nombre de Leblón, la parte norte es propiamente Ipanema. Leblón es un barrio residencial, similar a Ipanema con famosos restaurantes y tiendas de lujo. Recorremos el colorido mercado de frutas, curioseamos sus tiendas y sobre las once cogemos la combinación bus+metro hacia el centro de la ciudad, bajando en la parada Carioca.

 

En nuestra anterior estancia en Río visitamos el Centro de pasada con ocasión del paseo en bonde al barrio de Santa Teresa pero no conseguimos captar su encanto.

 

El ambiente que se respira un día laboral parece situarnos en otra ciudad, es diametralmente opuesto al del residencial Sur. Los palacios, iglesias, y los señoriales edificios civiles son testigos de una frenética actividad que quiebran el tópico. Existen también mercados al aire libre y una oferta comercial importante con precios sensiblemente inferiores a los de Ipanema. Una de las joyas de la corona es la Confeitaria (pastelería) Colombo. Fiel testimonio de la opulencia del Río de principios del siglo XX conserva el aire decadente de los cafés centroeuropeos de época con los elevados techos acristalados, sus fabulosos espejos de cristal belga y la espléndida marquetería, es parada obligatoria para tomar un pastel acompañado de un café sublime (6  euros dos cafés y dos pasteles). Tiene servicio de té.

 

Anticuarios, zapaterías, tiendas de instrumentos musicales, surtidas botellerías son parte del elenco de buenos comercios del Centro. Bares clásicos, modernas cafeterías, restaurantes, ambulantes y lanchonetes son parada de las legiones de cariocas que trabajan de las oficinas del centro. Elegimos para comer un clásico entre los clásicos, el Bar Luiz. Abierto desde 1887 ofrece sólida comida alemana y el que dicen que es el mejor chope de la ciudad. Pedimos dos “alemanes completos” con varios chopes y pagamos casi 80 reales. Toda una experiencia.

Ipanema sunset (pôr-do-sol)

 

Después de comer bajamos al muelle de la Praça 15 de Novembro desde donde parten los ferrys a Niteroi con el objetivo de disfrutar de que está considerada la bahía más bella del mundo: Guanabara. Existen diversas posibilidades de explorar en barco la bahía: hay saveiros que salen de la Marina de Glória, excusiones a la Ilha de Paquetá o de jueves a domingo podemos tomar el vetusto remolcador Laurindo Pitta, la opción más tentadora, pero la apretada agenda del fin de semana no nos lo permitió.

 

El ferry discurre paralelo al ambicioso puente de Niteroi que une la boca de la bahía. Aunque no es propiamente un paseo turístico las vistas de la ciudad y del entorno natural en que se encuentra enclavada Guanabara son absolutamente espectaculares. A medida que nos aproximamos a Niteroi sobresale el famoso edificio del MAC  (Museu de Arte Contemporânea de Niteroi) de Oscar Niemeyer. Cerrado por reformas.

 

Cuando retornamos nos confundimos de embarcadero y hacemos el viaje en el barco rápido, pagamos la tarifa promocional similar al ferry normal, pero los paneles de plástico de su estructura nos privan de las vistas. Regresamos en metro a Ipanema, un baño en la playa en el crepúsculo antes de coger un taxi a la Rodoviária Novo Río (18 R$, unos 7 euros) nos deja un estupendo sabor de boca.

 

A las 19.30 parte el bus de Costa Verde hacia Paraty (44 R$, cuatro horas). Es muy cómodo, desde luego mucho más que los asientos de Iberia. Da tiempo para leer un poco y echarse un sueñecito.

 

Cuando llegamos a la rodoviária de Paraty los taxistas nos piden 10 R$ por llevarnos a nuestra posada, nos parece un timo y lo hacemos caminando, son apenas 300 metros.

Paraty

 

Martes 3 de abril. Paraty, en saveiro por su bahía y la experiencia del Tobogã.

 

Paraty es un pueblo colonial que presume de atesorar uno de conjuntos históricos mejor conservados del país. Situado doscientos sesenta kilómetros al sur de la ciudad de Río de Janeiro vive su apogeo durante los siglos XVII y XVIII cuando se convierte en Entreposto Comercial y su puerto se erige como escala clave en la ruta del café y del oro. Su espectacular bahía plagada de recortes y estupendas playas, salpicada de mil islas y cercada por elevadas montañas pobladas de mata atlántica, y el armonioso conjunto colonial la han convertido en uno de los destinos turísticos más valorados de Brasil.

 

Inmortalizada cuando sus empedradas calles fueron elegidas para rodar los exteriores de la celebérrima telenovela Gabriela, cravo e canela, basada en el romance homónimo de Jorge Amado; famosa igualmente por su teatro de bonecos y su pinga (cachaça), recibe hoy un turismo exigente procedente de las cercanas mega urbes São Paulo y Río. Una legión de argentinos comanda la presencia extranjera en la villa, donde también se dejan ver muchos franceses y alemanes.

 

calles de ParatyAyer después de hacer el check-in nos fuimos a descansar. Habíamos

reservado por internet una habitación tipo "apartamento" ( 155 R$ la diária precio temporada baja, más 10% tasa de servicio) en la pousada Hotel Coxixo, una de las más renombre del centro histórico de Paraty.  

 

La pousada-hotel situada en una casa colonial cuenta con instalaciones cuidadas, amplias zonas comunes y un jardín tropical en torno a la piscina. El personal es profesional, eficiente y amable. Nuestra habitación es amplia y cómoda, el café da manhá (desayuno) variado y ofrece buenos productos.

 

Lo peor es la ridícula obsesión de la propietaria, una actriz brasileña retirada, de poner fotos suyas por todas las esquinas. Se atreve además, a vender un libro que supongo que contendrá sus memorias.

 

Después del desayuno, salimos a explorar el pueblo y a buscar un passeio en saveiro por la bahía de Paraty. Intercambiamos impresiones con varias personas que ofrecen excursiones, después visitamos la oficina de turismo, para que nos ayuden a planificar el día, y Paraty Tours, que es la agencia más importante del villorrio.

 

Mientras esperamos que salga la excursión en barco damos un relajado paseo matutino. Todo el centro está orientado al turismo: pousadas, tiendas de recuerdos, de artículos de baño, de ropa, restaurantes...El estado de conservación de las casas es excelente y la decoración de los distintos negocios abiertos al público está muy cuidada.

 

Desde el muelle las vistas de Paraty son magníficas, el día es precioso. Nuestro barco es una gran escuna con capacidad para 50 personas, pero hoy sólo saldrá con cinco pasajeros: nosotros, dos francesas y un brasileño.

 

El paseo dura cinco horas, hace cuatro paradas y cuesta 25 reales (9 euros). Las pequeñas islas de la bahía, cubiertas de exuberante vegetación son el refugio de pequeñas playas y  pousadas que han sabido encontrar los parajes más idílicos. Las estampas de las escunas en medio del espectacular entorno parecen sacadas de otra época.

 

Praia de Jurumirim, ParatyLas playas que visitamos como Jurumirim (isla propiedad del aventurero brasileño Amyr Klink), Vermelha o da Lula se encuentran rodeadas de frondosa selva, son de aguas tranquilas, algunas con el agua realmente caliente y fina arena blanca o dorada. Aún en las playas del continente el acceso por tierra es realmente difícil lo que nos permite disfrutarlas en soledad.

 

Hacemos también una parada en Ilha Comprida, una zona de remanso con buena visibilidad subacuática. Los fondos son discretos y la vida submarina tampoco es muy variada. Veo salir del fondo una preciosa raya de gran tamaño pero no me da tiempo ni a parpadear.

 

una de los centenares de islas de la bahía de Paraty

Comemos en el barco y pagamos menos de 50 reales dos personas, caipirinhas aparte. Cuando regresamos a Paraty y como todavía quedan unas horas de sol, decidimos visitar una de las cachoeiras (cascadas) que esconde la selva que rodea el pueblo. La mejor opción que se nos plantea es el transporte público y en la rodoviária nos dan todos los detalles que precisamos para llegar a nuestro destino.

 

Cachoeira da Penha, ParatyEl autobús con destino a Cunha sube las escarpadas pendientes de las primeras estribaciones de la Serra da Bocaina dejando pasajeros a cada paso, después de ocho kilómetros de viaje bajamos en la Igreja da Penha, desde donde parte un sendero que nos conduce al río.

 

El entorno es más impresionante de lo que cabía esperar, dos pequeños saltos de agua enmarcados en un puente colgante de madera dan paso a una enorme piedra lisa que termina en una pequeña piscina natural. La gran atracción consiste en deslizarse por la piedra cayendo en la piscina. Después de mucho meditarlo probamos la experiencia y descargamos una buena dosis de adrenalina. Un niño se lleva un buen topetazo con una peligrosa roca que despunta en la piscina natural.

 

Lo sorprende acontece cuando unos chavales virgueros exhiben una maestría fuera de serie bajando la piedra de pie a una velocidad que pone los pelos de punta. La hazaña la registramos en unos cortos videos que testimonian la audacia (I y II)

 

Merodeando por los alrededores encontramos el inicio del empedrado Caminho do Ouro construido por esclavos en el siglo XVII que aún hoy presenta un admirable estado de conservación. Visitamos también un alambique donde compramos cachaça artesanal antes de que unos argentinos que conocimos en la cachoeira nos acerquen a Paraty.

 

El centro histórico florece al anochecer, cuando los visitantes que han pasado la jornada por las playas, islas y montañas de la zona se congregan en los locales de música en vivo, restaurantes, comercios o simplemente pasean.

 

Cenamos en Punto di vino (100 reales couvert artístico incluido) mientras debatimos si permanecemos hasta el viernes en Paraty o partimos el día siguiente hacia Ilha Grande. El fondo de la cuestión está relacionado con la imposibilidad de encontrar alojamiento el Jueves Santo en Paraty. En Ilha Grande tampoco será todo de color de rosa.

mula

Miércoles 4 de abril. De Paraty a Ilha Grande, a vueltas con los pacotes.

 

Ninguna agencia, ni particular nos garantiza un alojamiento malo o bueno, caro o barato para hoy y mañana. Hoy no tendríamos problemas en ninguna pousada de Paraty, para mañana los mejores alojamientos están reservados para el puente de Páscoa y los peores aún aspiran a vender el paquete. Creo haber tenido pesadillas de noche con la frase: "Para a Páscoa, o pacote mínimo é de três diárias".

 

Antes del viaje no habíamos creído oportuno concertar alojamiento para éstos dos días entre semana, queríamos tener un poco de flexibilidad, sabíamos de la existencia de los pacotes pero no nos lo tomamos muy en serio. El caos aéreo que está sufriendo Brasil esta semana, primera página de todos los periódicos e informativos, ha vuelto hacia los balnearios de toda la Costa Verde las miradas de paulistanos, mineiros y cariocas, que buscan disfrutar de buenas playas sin necesidad de pisar un aeropuerto.

 

Hemos decidido marcharnos a Ilha Grande. Esta decisión supone que no podremos conocer Trindade ni la Praia do Cachadaço que tanto nos había recomendado nuestro amigo Tony y que seguramente nos quedemos sin espacio para hacer al menos una salida de buceo con botella. El tiempo de los traslados es irrecuperable, pero en el fondo me alegro de volver a Ilha Grande, un paraíso que en nuestra primera visita al país que nos había causado gran sensación.

 

Después del mediodía tomamos el bus Coltur con destino a Angra dos Reis (es muy barato creo que 6 reales, 2 euros). El tramo de costa que recorremos es sencillamente asombroso. En Angra cogeremos la barca de las tres y media (6 R$) que atraca hora y media después en Abraão, la población más importante de Ilha Grande.

vila de Abraão, Ilha Grande

 

Ilha Grande es sin ningún género de dudas la joya de la corona de la costa sur del Estado de Río de Janeiro (ver relato anterior estancia). Casi doscientos kilómetros cuadrados de superficie cubiertos de espesa mata atlántica intacta, sólo rasgada por senderos de apabullante belleza; santuario de aves y mamíferos; más de cien playas de aguas cristalinas coronadas por una estampa con techos que superan los mil metros que pone los pelos de punta. 

 

A pesar de que en su agitado pasado fue guarida de piratas, refugio de traficantes de esclavos y posteriormente  penitenciaría, la isla se ha conservado como un auténtico e incontaminado paraíso natural, cuyos moradores viven hoy de la pesca y del turismo.

 

Tan pronto desembarcamos nos damos cuenta de que vamos a ser pasto de los tiburones. Venimos escuchando desde el ferry el rumor de que no hay quartos libres en toda la isla, así que decidimos dividir fuerzas: uno se queda en el muelle con un comisionista que ofrece una habitación muy buena y otro pregunta en el mostrador de la oficina de turismo.

 

Como por arte de magia aparece en escena un hombrecillo que dice ser dueño de un camping ofreciendo una suite por 50 R$. Mi primer amigo le recrimina haberle espantado a su presa (soy textualmente el gringo). El intercambio de pareceres que simulo no entender no tiene desperdicio: estoy en buenas manos.

 

En la oficina de turismo tampoco nos dan una solución, así que nos vamos a ver la suite. Sospechamos que nos espera un bungalow cutrillo. !Qué optimistas!. Nos muestra una tienda de campaña, suponemos que sucia porque ni nos asomamos a inspeccionarla. Me contengo, trato de contener a mi compañera y le digo que tenemos al hombrecillo que pensarlo. En realidad, persigo que nos permita dejar los bultos mientras localizamos una habitación que reúna los mínimos. Acepta. Respiramos aliviados.

 

Liberados del equipaje exploramos la oferta hotelera de la isla con poco éxito, subimos las enormes pendientes de la rúa do Bicão hasta las últimas casas dentro ya del Parque Natural. Allí se produce el milagro: semi escondida, en un encantador entorno natural encontramos la Pousada da Cachoeira. Tienen una habitación disponible  para hoy y mañana a 70 R$ la diária (veintipocos euros). Un regalo del cielo. Aceptamos sin pestañear.

 

Tras subir nuestras pertenencias con ayuda de un carretilleiro (7 R$) y recrearnos  contemplando el exuberante entorno de la pousada, bajamos con los deberes cumplidos al pueblo de Abraão.

iglesia de Abraão

 

La mayor afluencia de visitantes en estas fechas, crea una atmósfera diferente a la que recordábamos. El ambiente es más bullicioso pero las calles de tierra, la ausencia de vehículos motorizados, la simpatía de los locales, los pequeños negocios ambulantes, las originales tiendas y pousadas de colores vivos le siguen aportando cierto aire desenfadado a la pequeña población.

 

Como apenas hemos comido un petisco en la rodoviária de Paraty decidimos enfrentarnos a una enorme pizza en la terraza de Marbella Bistrô que sacia nuestro apetito (menos de 40 R$ con una cerveza), mientras charlamos sobre la forma de optimizar nuestro tiempo.

 

Ilha Grande combina playas tropicales protegidas de una arena de sorprendentes tonos dorados y aguas transparentes que miran al continente, con otras de impoluta arena blanca, solitarias, interminables, a veces expuestas al oleaje  o protegidas por pequeñas bahías en el llamado Mar de Fora.

 

Desde Abraão es factible, aunque dificultoso, alcanzar a través de trilhas señalizadas algunas de las mejores playas del Mar de Fora. Por su cercanía, la excursión en barco a la playa de Lópes Méndes es la más recurrida, aún así requiere realizar una corta caminata de veinte minutos entre la selva.

 

En temporada alta y con buena mar las lanchas rápidas se aventuran a dar la vuelta a la isla en una excursión de diez paradas que dura cerca de nueve horas. Según la Guía Quatro Rodas 2005 que manejamos cuesta 90 reales, para mañana está prevista una sola salida, piden 150 R$ (54 €) y no rebajan ni un real. Nos parece terriblemente caro, pero es el único medio de acceder a las playas míticas más alejadas que tantas ganas tenemos de disfrutar.

la espectacular Praia de Dois Ríos, Ilha Grande

 

Jueves 5 de abril.- La vuelta a la isla.

 

El desayuno de la pousada es discreto, mientras bajamos al muelle observamos el cielo parcialmente nublado que permite pronosticar un buen día para navegar.

 

Nos reunimos en la playa de Abraão con el patrón (a mi me gusta llamarlo capitão y a él también) y el resto de tripulantes: un londinense cuarentón y políglota que está dando la vuelta al mundo, dos parisinas que hoy lo acompañan, dos paulistanas (madre e hija), y otro par de parisinos que se confiesan enamorados de España. 

 

pez ángel en CachadaçoEl potente motor de la embarcación  nos permite alcanzar enseguida el Mar de Fora, avistamos sin acercarnos una largísima franja de arena blanca: es Lópes Méndes. La primera parada será Praia do Cachadaço, pequeña, adornada por gigantescas rocas de las que cuelgan cocoteros, resguardada del oleaje por un pronunciado recodo que le proporciona un remanso de agua transparente con gran diversidad de fauna marina, ideal para el buceo.

 

Unas nubes amenazantes parecen vislumbrarse en el horizonte cuando ponemos rumbo a Dois Ríos, que junto con Parnaioca y Aventureiro forman en mi opinión la terna de playas más espectaculares de la isla: oceánicas, desiertas, de fina arena blanca, ideales para olvidarse del mundanal ruido.

 

En las proximidades de Dois Ríos, todavía se conservan las ruinas del penal y a través de un sendero que atraviesa una diminuta aldea se alcanza una estupenda cascada. El sugerente nombre procede de los dos ríos que desembocan en los flancos de la playa formando preciosas lagunas pobladas de una variada avifauna.

 

Parnaioca, legítimamente merecedora del calificativo de playa virgen, es la más protegida de las tres pero también la más solitaria y Aventureiro, coronada por un jardín natural selvático e invadida por cocoteros es el paraíso por excelencia para los mochileros que peregrinan a su camping como si de lugar de culto se tratase.

 

Los nubes negras que tenemos ya encima, obligan al patrón a suspender la parada en Aventureiro, minutos después nos atrapa el diluvio universal. La lluvia nos acompañará el resto de la travesía. El agua hace su aparición el día más inoportuno.

 

tortuga verde (Chelonia midas)La climatología nos impide conocer la famosa Gruta do Acaiá, una cavidad parcialmente inundada por el agua que según parece sirve de conductora de la luz exterior creando un efecto sorprendente. Antes de comer unas gambas (camarões) en Maguariqueçaba nos zambullimos en las proximidades del pequeño asentamiento pesquero de Provetá, donde tenemos la oportunidad de observar  una media docena de tortugas verdes.

 

La lluvia que no cesa ha minado un poco la moral del grupo, los más frioleros están deseando poner pie a tierra, no obstante la mayoría decide parar en Lagoa verde y Lagoa azul, donde nos encontramos con numerosos grupos que a bordo de grandes escunas hacen el clásico passeio.

 

Somos testigos de un desagradable episodio cuando un aspirante a Tarzán atrapa una hermosa tortuga, la exhibe como trofeo, la maltrata durante un buen rato subiéndola a un barco para enfado de unos y regodeo de la mayoría. El personaje resulta ser uno de los marineros de la escuna, que desde luego ha demostrado una comprometida conciencia ecológica y ha dado una gran lección a los visitantes de como respetar y preservar el medio marino de su isla. Con independencia de las secuelas físicas que haya podido dejarle el incidente, esa tortuga nunca jamás permitirá que un humano se le acerque para observarla.

 

Es noche cerrada cuando desembarcamos en Abraão y tanto: se ha ido la luz y sólo unos pocos establecimientos disponen de generadores propios. Aunque no hace frío el agua nos cala hasta la médula y no nos queda otro remedio que intentar alcanzar nuestra pousada.

 

Subimos a tientas las pronunciadas pendientes del estrecho camino que parece que no quiere acabar nunca. Cuando llegamos por fin a la pousada nos encontramos sentados y bien juntitos a dos huéspedes jovencitos con cara de estar pasando bastante miedo. En recepción nos facilitan una vela y nos cambiamos casi a oscuras mientras esperamos a que el fluido eléctrico se reestablezca. Se hace esperar más de la cuenta pero finalmente podemos bajar a Abraão y cenar en un viejo conocido, el Casarão da Ilha (65 R$).

 Viernes 6 de abril.- De las olas de Lópes Méndes a la samba de Río Scenarium.

 

Dejamos la habitación después de desayunar, podremos cambiarnos y darnos una ducha antes de coger barco a Mangaratiba: un detalle más de la dirección de la pousada.

 

Hoy conoceremos Lópes Méndes, la playa más famosa de la isla y considerada por muchos la mejor de la costa Sudeste y Sur del país; antes llamamos por teléfono al Río Scenarium y conseguimos una reservar una mesa para las diez y veinte de la noche.

 

A Lópes Méndes podemos acceder desde vila de Abraão en una caminata de dos horas o bien haciendo un tramo por mar (escuna hasta praia do Pouso 15 R$ y 30´) y otro por tierra a través de una trilha de veinte minutos. En temporada alta suelen salir varios barcos cada media hora en cada una de las direcciones lo que permite cierta flexibilidad a la hora de planificar el paseo.

 

Aunque la trilha de dos horas (cada trayecto) a través de la espesa mata atlántica, es sin duda la mejor forma de saborear la isla, optamos por la variante más sencilla combinando la escuna (que hoy navega hasta los topes) con el tramo terrestre.

 

Desembarcamos en un pequeño cais de Pouso, una playa bien resguardada de la preciosa Bahía de Palmas donde se encuentran los establecimientos y servicios que atienden a los visitantes de Lópes Méndes, el paseo hasta ésta última es corto pero exigente.

 

El camino de acceso desemboca en un extremo donde se concentra el agito: surfers, algún ambulante, mochileros, rapaziada y algunas parejas; más allá, hasta donde se pierde la vista, sólo encontramos buenas olas, aguas transparentes, selva virgen y  una inmensa franja de arena blanca únicamente interrumpida en el punto final por una escénica laguna contenida por enormes rocas pulidas características de la región.

 

Un largo paseo (casi tres kilómetros) hasta la otra punta permite apreciar la auténtica dimensión de Lópes Méndes, hoy convertida en un símbolo de resistencia ante las garras de incontrolado urbanismo que pretendió sin éxito convertir este espacio en un mastodóntico resort.

 

garceta nívea en Lópes MéndesLaguna en Lópes Méndes 

Pasadas las dos regresamos a Palmas y esperamos pacientemente conseguir una mesa en cualquiera de los abarrotados chiringos donde comeremos unas simples gambas. La travesía de regreso en el abarrotado saveiro es tan lenta que apenas tenemos tiempo para retirar nuestras pertenencias de la pousada y sin ducharnos ni cambiarnos, cazar por los pelos la fast-connection con Río: 10 reales la escuna y 30 reales la van desde Mangaratiba al hotel de Río, también es posible combinar el ferry ordinario y la van.

 

Llegamos a la ciudad en el tiempo previsto, pero el conductor se pierde varias veces buscando los hoteles donde va apeándose el pasaje. El nuestro es de los últimos y llegamos al filo de las diez de la noche.

 

En el  hotel San Marco se portan como unos impresentables cuando nos dicen que no aparece en el ordenador nuestra reserva. No tiene sentido cuando habíamos hecho una conjunta para los primeros días en Río y la que iba a ser la última noche. Un despiste originado, a buen seguro, por nuestra negativa a pagarles la tasa del 5% el lunes pasado después de haber cerrado un precio por email. Al darse cuenta de que han pinchado hueso nos dan una habitación en el último piso al que no llega el ascensor.

 

Nos arreglamos a la velocidad del rayo pero surge una nueva complicación: los cajeros no operan, según parece a partir de las diez de la noche cierran los cajeros de Río. ¿Todos? Montamos en un taxi a la caza y captura de alguno abierto. Al fin nos informan de que el de la farmacia de Leme trabaja 24 horas, aunque el límite máximo por operación son 100 reales. Continuamos la carrera hacia Lapa.

 

La zona de los Arcos de Lapa está en su apogeo, aquí iniciamos nuestro primer viaje. Inolvidable. Aquí comenzamos a descubrir Río y Brasil.  Un cientos de metros más adelante nos bajamos (taxi 27 R$). Hemos llegado al Río Scenarium, son las once de la noche y las colas ya kilométricas. Llegamos tarde y nuestra reserva no aparece por ningún lado, finalmente se apiadan de nosotros y nos dan luz verde.

 

El local es sencillamente impresionante, la atmósfera es difícil de describir con simples palabras. La decoración de esta singular amalgama de anticuario, lounge y casa de samba es extraña, exótica, irrepetible.

 

Localizado en un portensoso caserón de tres pisos, cada uno con un ambiente diferenciado. En la planta baja todos los elementos giran en torno al escenario y a la pista de baile situados justo debajo de un balcón interior que da gran amplitud y profundidad, permitiendo desde las estancias superiores contemplar los músicos y a los diestros cariocas bailar samba, forró o chorinho.

 

Cada rincón es sorprendente y en los salones de los pisos superiores, abiertos a la calle por enormes ventanales, reina un ambiente informal a la vez que sensual donde se suceden aves nocturnas flirteando; familias en torno a una mesa, unos bolinhos y un cubo lleno de cervezas heladas; grupos conversando en cómodos sofás y veinteañeros en la vibrante discoteca situada en un anexo de la primera planta. 

 

Casi sin darnos cuenta llevamos encima dos caipifrutas que con el estómago vacío hacen estragos. Tenemos que cenar algo, en una mesa del segundo nivel pedimos file mignon acompañado de ensalada que nos da fuerzas para resistir toda la noche. La comida es muy buena.

 

No nos rendimos hasta casi las cinco de la madrugada, pagamos con tarjeta 160 reales (menos de 60 euros). Nos parece muy barato teniendo en cuenta la magnitud del local, ya que al precio de las entradas (25 reales en fin de semana por persona) hay que añadirle la cena y un buen puñado de caipirinhas y caipifrutas.

Vendedor de cangas, Praia de Ipanema

 

Sábado 6.- Até Río. Resignación.

 

Una ligera resaca acompaña nuestro deambular por las calles de los barrios de la zona Sur. Las despedidas son amargas y ésta es de las peores. Como último deseo del condenado nos concedemos un rodicio en Carretão (80 R$).

 

Los cariocas indiferentes a nuestro drama continúan con su divina rutina desfilando hacia las playas. Ahora nos sentimos espectadores, extraños, foráneos. El tiempo no se detiene y es el momento de abandonar el sueño (taxi al aeropuerto desde Ipanema con poco tráfico 34 R$ con taxímetro).

 

Tratamos de grabar en nuestras mentes las últimas imágenes. Si hay una cualidad que nadie puede discutirle a Río de Janeiro es la majestuosidad del marco natural que envuelve la ciudad. De cada uno de los elementos que conforman tan singular orografía uno destaca por encima de los demás.

 

En cualquier momento y desde múltiples perspectivas: al cruzar una calle, al girar la vista en el ferry, fugazmente mientras distraídos viajamos en el autobús o mientras paseamos por la playa puede mostrarse el irrepetible el Morro del Corcovado espléndidamente coronado por el Cristo Redentor. Soy incapaz de acostumbrarme a sus fugaces apariciones, me impresiona a cada instante y cada vez con más intensidad. La ciudad lo rodea y Él la preside, Río lo adora, le rinde tributo y Él la adorna, la embellece. Es tan perfecto, tan vertiginoso, tan poderoso  que aún en la lejanía su presencia se siente con enorme vigor.

 

Estas paridas venían a mi cabeza mientras nos dirigíamos al aeropuerto, son divagaciones absurdas que sin embargo resumen y explican el estado de gracia en el que entramos cuando vivimos  A Cidade Maravillosa. La culpa de ese leve y dulce estado de enajenación mental transitoria no la tiene un morro, ni una playa, ni la música, ni el clima, ni el calor de la gente; sólo la sabía combinación de esos y otros elementos imposibles de definir hacen de Río de Janeiro la ciudad soñada.