MOZAMBIQUE                                                         Maputo,


Maputo, Inhambane, Praia do Tofo, Vilanculos y archipiélago de Bazaruto

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Datos prácticos

 Tofo, estampas

 

Enlaces de interés

 

 MOzguide con buenas guías en PDF y foro de consulta. La página más completa

Timeout otra excelente web, con versiones en inglés y portugués

OfRoadandSea guía de la costa Mozambiqueña

Travel Tips to Mozambique

Amigos de Moçambique en fracés, pagina de info genreal con buen apartado de viajes

Kanimbo, en portugués. Destaca el directorio de las mejores web de Mozambique en portugués y la extensa relación de alojamientos y eventos especialmente de Maputo.

Africa guide sección Mozambique

Futur web oficial bastante pobre

Ilha de Moçambique web específica

 

bus

 

Cómo llegar

 

En avión desde Europa. TAP Portugal y Air France

 

En avión desde Sudáfrica:

LAM

SA Airways

Pelican Air

 

En bus desde Sudáfrica:

Intercape 

Greyhound

Translux

Pantera Negra

 

meninhas

 

 Vuelos internos...

 

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Aircorridor

 

 

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Nelspruit la capital de la provincia sudáfricana de Mpumalanga, marca el inicio de la segunda parte del viaje. Aquí dejamos el vehículo de alquiler e iniciamos  con desigual fortuna el periplo en transporte comunitario, también aquí hacemos el visado de entrada en Mozambique y nos subimos al autobus que nos conduce a Maputo.

 

Miércoles 22 de agosto

 

Después de un pequeño desayuno incluido en el precio de la habitación, nos llaman a un taxi que nos deja en el consulado de Mozambique (30 rands, 3 euros). Nuestra intención inicial era coger el primer bus de la mañana para Maputo y hacer el visado en la frontera, pero en el albergue nos aconsejan que es más seguro y más barato hacerlo en Nelspruit. Nos sale en 280 rands, unos 30 euros, a una ciudadana tailandesa que coincide con nosotros le cobran 165 rands. No termina de convencerme la conveniencia de gestionarlo en Nelspruit.

 

Mostrando el resguardo que nos dan en el consulado adquirimos un billete de bus para Maputo en las oficinas de Greyhound (140 rands, 15 euros), que se encuentran a unos 150 metros de consulado, alli dejamos el equipaje. Nos han advertido que la zona es peligrosa y nos movemos con cautela.

 

Resulta llamativo como los sudafricanos de raza blanca cuando nos ven por la calle hablando con un negro “acuden en nuestra ayuda”, son muy amables y nos aconsejan en todo, pero no sé hasta que punto la situación roza la paranoia. Los negros con los que nos encontramos en Sudáfrica son también realmente amables. Nos habían comentado que suelen ser muy mal encarados con los blancos, pero no encontramos esa presunta aversión por ningún lado.

 

Teniendo muy presente las advertencias, hacemos tiempo hasta las doce, la hora de recogida del visado. Minutos después estamos a bordo del bus de Greyhound camino de Mozambique.

 

El viaje en bus dura algo más de tres horas, incluyendo una parada en una estación de servicio y una demora de media hora en la frontera. Llegamos a Maputo en torno a las cuatro de la tarde. 

 

 

MAPUTO 

 

Una vez cruzamos la frontera advertimos un contraste enorme, más perceptible cuanto más nos aproximamos a la capital. Las escenas de auténtica pobreza y miseria que nos muestran los suburbios y las avenidas del cinturón urbano no nos dejan indiferentes. Proliferan chabolas, por las aceras destrozadas deambulan niños con andrajos, madres cargadas como mulas, se suceden puestos ambulantes y reina la anarquía.

 

En el  Ponto final” un enjambre de taxistas espera nuestra llegada. Comienzan pidiéndonos 400 meticales por trasladarnos al hotel, conseguimos cerrar la carrera en 100 (3 euros).

 

Tenemos reservada (sin hacer depósito previo) una habitación en el Hoyo Hoyo Residencial (47 USD, 34 euros). Un tres estrellas situado en el barrio de Polana, unas de las mejores zonas de la ciudad sembrada de buenos restaurantes y locales de diversión. La habitación está limpia y cumple los mínimos sin excesivos lujos.

 

Damos un paseo por el barrio, extremando las medidas de seguridad cuando comienza a hacerse de noche. Cambiamos algunos dólares, consultamos los vuelos a Inhambane y cogemos un taxi (3 euros) para ir a Feira Popular, un recinto o zona acotada próxima a A Baixa donde se concentran gran cantidad de restaurantes y bares.

 

Feira Popular está hoy poco concurrida, pero las adyacentes calles vacías y oscuras no invitan a dar un paseo. Tomamos una cerveza y decidimos probar suerte en el afamado Escorpião. La cena (480 MET, 14 euros dos personas) a base de carne a la piedra y arroz de mariscos al estilo portugués y el ambiente de restaurante clásico con clientela variopinta nos deja un excelente sabor de boca. Nos recuerda a la genuina casa de comer lisboeta o a esos restaurantes brasileños tipo botequim que tanto nos gustan. Se masca la herencia portuguesa.

 

Regresamos al hotel en un taxi facilitado por el restaurante, que siempre cobra algo más: 150 MET, unos 4 euros.

 

Confiábamos en que Maputo tuviese más posibilidades de diversión y entretenimiento entre semana. Nos han advertido de forma reiterada que las calles a partir de cierta hora se vuelven inseguras, así que las alternativas una vez que oscurece se limitan a desplazarse en taxi de un sitio a otro.

 

No vemos muchos alicientes en prolongar nuestra estancia una noche más y le pedimos al recepcionista que avise a un taxi para que nos recoja de madrugada y nos lleve al punto de partida de los autobuses con destino Inhambane (469 km).

 

frutas y capulanas

 

Jueves 23 de agosto

 

El taxi que acude puntual, nos cobra unos seis euros por trasladarnos a las dependencias de transportes Oliveiras en las afueras de la ciudad. Aunque es todavía de noche y no hay mucha claridad nos quedamos perplejos cuando vemos el estado de las instalaciones de la compañía de transportes. En la nave hay unos veinte autobuses, todos desguazados, afuera dos en un estado lamentable que se supone que son los que todavía se mueven: los asientos destrozados, los portones del equipaje rotos y atados con cordeles, la chapa podrida…foto

 

En parte por dejadez, en parte por las malas indicaciones del personal del hotel recalamos en un auténtico basurero con ruedas. A todo aquel que llegue a Maputo y tenga la intención de alcanzar Inhambane o cualquier ciudad de la costa norte le aconsejo que o bien recurra al avión o vaya a União y allí busque una chapa que lo lleve al norte. También conocimos a tío bastante serio que recoge con su chapa a la gente en el hotel y la deja en Inhambane o el mismo Tofo.

 

Cuando hablaba de dejadez por nuestra parte, me refería a la poca importancia que le prestamos a la preparación de la etapa mozambiqueña de nuestro viaje. Nos fiamos de la desastrosa guía Lonely que menciona, si bien no ensalza, a Oliveiras y fija en siete horas la duración del viaje de Maputo a Inhambane.

 

Apostaría cualquier cosa a que la sonriente autora de la guía no ha cogido jamás un transporte público en sus viajes por el país y menos un Oliveiras. Los cálculos de la duración de los viajes que hace esta señora a lo largo de la guía son completamente erróneos, están pensados para desplazamientos en vehículos privados, nunca para las chapas y menos aún para los Oliveiras.

 

Sea como fuere, absolutamente ignorantes de lo que nos podía esperar caímos en las garras de Transportes Oliveiras. El precio del billete es barato, no lo recuerdo con exactitud (quizás 200 meticales y 60 o 70 más por el equipaje). De cualquier manera es un dato que tampoco creo que pueda ayudar mucho, porque nadie debe subirse a un carraca semejante, con que lo hayamos hecho nosotros y podamos advertir a los demás es suficiente.

 

Dentro del bus, todo está sucio, los asientos descarnados presentan un aspecto demencial. Sin aparente motivo salimos con casi una hora de retraso y a medida que avanzamos nos damos cuenta que cumplir el horario previsto es absolutamente utópico. Semejante cacharro es incapaz de alcanzar los 60/70 km/hora.

 

Pensamos en abandonar el “buque” pero quedarnos tirados en medio de ninguna parte no nos hace mucha gracia. Después de sufrir durante toda la mañana la penosa experiencia llegamos Xai-Xai, ciudad que se encuentra casi a medio camino de Inhambane. Allí sucede lo inevitable y en bus se rompe, nos dicen que en una hora arreglaran la avería y dejan al pasaje dentro del vehículo sin dar más explicaciones.

 

Es la oportunidad que estábamos aguardando y nos piramos sin más contemplaciones. Me pregunto ahora que habrá sido de aquella pobre gente que nos acompañaba, cómo los habrán engañado dándoles largas y dejándolos en la estacada, si habrán dormido en el bus o quizás en la calle...desde luego en un hotel no los han alojado.

 

Tras un cuarto de hora de espera en la parada de las chapas destino a Inhambane, sucede el milagro. Una chapa que viaja con retraso motivado por una avería (!qué raro!)  nos hace un hueco y para más fortuna el conductor nos dice que tienen servicio hasta Tofo, que allí nos dejarán. El vehículo está a reventar, pero no tenemos otra opción que la subir y apretujarnos como sardinas en lata. Pagamos 250 meticales por cabeza (siete euros). Video de un viaje en chapa

 

Relatamos al resto de los pasajeros y al conductor nuestra particular desventura, nos confirman que Oliveiras es un auténtico desastre, no renueva las flotas desde el jurásico y las averías y retrasos están a la orden de día.

 

A pesar de que la carretera ha empeorado, en algunas zonas los baches parecen cráteres, la pegadiza música y la charla con los locales hacen que las horas se nos pasen volando. Llegamos cuando cae la noche a Tofo.

mercado central de Inhambane

 

PRAIA DO TOFO E INHAMBANE

 

La chapa nos deja en el camino que se sigue hasta el Bamboozi, justo a la altura del Fatima´s Nest, como no tenemos habitación reservada para esa noche y llegar al Bamboozi supone caminar durante dos kilómetros por una pista de arena, nos quedamos en la mejor habitación que tiene el Fatimas, una cabaña de palma construida sobre una duna, que no es nada del otro mundo (1.150 met, 35 euros).

 

Tomamos una Laurentina en el animado bar de mochileros del Fatima y decidimos ir a cenar al pueblo que está a medio km. No estoy muy seguro de que sea correcto llamar pueblo a Tofo: cuatro calles con algún restaurante, casitas unifamiliares, algún negocio orientado al turismo y un pequeño mercado al aire libre que termina en la playa.

 

Si caminamos por la arena hacia la derecha encontramos varias moradas de pescadores y dos lujosos complejos encima de una duna. Hacia la izquierda se abre una interminable playa con algún hotelito protegido por las dunas.

 

Praia do Tofo se ha convertido en una parada clave para aquellos que exploran la costa este africana. Punto de reunión de mochileros, muchos de los cuales acuden simplemente para “estar en la pomada”, es ante todo y sobre todo una ventana con vistas al océano única en el mundo.

 

Varias especies de atunes, ballenas, delfines y tiburones ballena que reinan en estas aguas tropicales pueden verse con frecuencia desde embarcaciones o desde tierra firme. No debe sorprendernos si algún cetáceo nos advierte su presencia soltando un chorro de agua mientras jugamos con las olas, paseamos por la playa o nos relajamos en cualquiera de las terrazas enclavadas en las dunas.

 

Esta exhibición de riqueza marina que da bienvenida al visitante, es una irresistible invitación a inspeccionar las entrañas de semejante vergel. Varios centros de buceo compiten por satisfacer la demanda de buceadores de todo el mundo que acuden a Tofo con la intención de descubrir de los misterios de sus fondos marinos

 

Fuera de la temporada alta, que coincide con las vacaciones escolares en Sudáfrica, se respira tranquilidad no exenta de cierto ambiente nocturno.

 

Acudimos a cenar al recomendado Casa de comer (810 MET, 24 euros dos personas), es casi el único restaurante de Tofo que no depende algún pequeño resort. Comemos algo de pescado y un kebab de marisco (nada del otro mundo) con unas cervezas, caerán otras en el bar del Fatima antes de retirarnos.

Tofo cabaña

 

Viernes 24 de agosto

 

A pesar del viento que azota la duna, dormimos plácidamente. Tan pronto nos levantamos caminamos hasta el Bamboozi, donde tenemos una reserva para tres noches en un chalet (40 euros noche, precio temporada baja). Aprovechamos para dejamos caer por su centro de buceo llamado Liquid Advertures y calibrar las posibilidades. Transitar por el camino de arena con nuestro equipaje es imposible, así que nos recogerán a las 11 en la puerta del Fátima.

 

Son las once y media, no han aparecido y tengo que volver a patas para refrescarles la memoria. Se disculpan por el olvido y nos dejan acceder a la habitación antes de la hora del check-in.

 

El complejo del Bamboozi, goza de un emplazamiento de auténtico privilegio en la playa de Tofo. Las espaciosas cabañas de dos dependencias, baño incorporado y encantadora balconada, situadas en el lomo de una gran duna que se levanta sobre la playa son el lugar idílico que todos hemos soñado.

 

El cambio de propietario no le ha sentado del todo bien al complejo, pero pesar de lo descoordinado que anda el personal y de la distancia que lo separa del pueblo, el Bamboozi bien merece una parada.

 

El viento ha soplado toda la noche con fuerza y el mar está bastante picado. En el centro de buceo nos han dicho que harán una salida shallow (poco profunda) y hemos preferido que nuestros maltratados cuerpos descansen en la famosa playa de Tofo.

 

Nuestra prioridad es ver a los tiburones ballena bajo el agua, para ello no es necesario bucear con botella. Lo apropiado es unirse a cualquiera de las salidas en neumáticas que se suceden sobre las diez de la mañana para rastrear el mar en busca de ballenas jorobadas y tiburones ballenas. Se conocen como Ocean Safari, duran unas dos horas y su precio es de 30 euros por persona.

 

Las mantas rayas son otro de los grandes atractivos de Tofo, para observarlas lo más indicado es hacer buceo con botella en el Manta Point situado a más de media hora un zodiac de Tofo, entre los 25 y 30 metros de profundidad. Si las condiciones del mar no mejoran es improbable que se organicen salidas al alejado Manta Point.

 

Almorzamos ligero en la estupenda terraza del Dinos (15 euros dos), tomamos otra ración de playa y ya al atardecer cogemos una chapa (medio euro) que nos lleva a Inhambane, la capital de la provincia mismo nombre, situada a 20 km. de Praia do Tofo.

 

De gentes amables, influencias hindúes y árabes, Inhambane, a terra da boa gente, todavía conserva en sus calles y edificios el encanto dejado por la huella colonial. La actividad gira en torno al colorido Mercado central, un estupendo escaparate de la artesanía, la huerta y los afamados frutos del mar de la región.

 

La incursión en Inhambane resulta gratificante. Vagabundeamos por el centro, recorremos los puestos del mercado y cuando ya ha anochecido regresamos a Tofo en el cómodo machibombo.

 

A la hora de cenar nos dejamos atrapar por el señuelo del buffet libre de marisco y pescado del Bamboozi (7 euros por persona), que resulta ser bastante pobre. Tomamos una copa en el bar situado sobre la duna antes de retirarnos a descansar.

Praia do Tofo

 

 

Sábado 25 de agosto

 

El viento ha soplado con increíble fuerza toda la noche. Amanece medio nublado y lo que es peor: el mar está bastante picado. No es el mejor día para bucear, pero si querernos mojarnos en Tofo tendremos que probar suerte.

 

Estaba prevista la inmersión el Manta Point, pero las condiciones del mar no aconsejan bucear en este spot y han elegido el Giants Castle (40 euros).

 

Las olas rompen con fuerza en la playa y salir en la neumática tiene sus complicaciones: hay que botarla, poner la proa en dirección al mar mientras soportamos el envite del oleaje, empujarla y subirse lo más rápido posible. Una vez en marcha, el motor ruge sobre el mar encrespado y tenemos que sujetamos los pies con las cinchas y agarramos con fuerza al cabo para evitar salir disparados. foto

 

De camino al Giant Castle avistamos ballenas jorobadas y cuando vemos un tiburón ballena, nos invitan a saltar al agua. Me lanzo como un resorte detrás del dive master, nadamos durante unos metros pero somos incapaces de encontrarlo, se ha esfumado.

 

La maniobra me ha ayudado a entrar en calor y cuando llega el momento de la inmersión estoy listo. El plan es sencillo: una vez en el agua, bajar a cañón hasta los 30 metros detrás de la guía del dive master.

 

A pesar de las olas de varios metros conseguimos reunirnos y descender según lo previsto. En contra de lo esperado en la pared apenas hay corriente y el buceo discurre plácido.

 

Vemos una enorme variedad y riqueza de fauna acuática: grandes meros patata, morenas, peces escorpión, peces ángel emperador, peces loro, león, payaso, trompetas, cofre, etc, pero no se produce el esperado encuentro con las mantas rayas. El coral es discreto y  la visibilidad no alcanza los doce metros.

 

En la playa sopla bastante, así que por la tarde volvemos a Inhambane en la chapa. Como tenemos intención de hacernos la cena, perdemos el tiempo por la ciudad y aprovechamos para comprar productos de la huerta, langostinos y almejas que sabiamente cocinados nos regalarán una inolvidable velada en la terraza de nuestro chalet en compañía de un buen blanco sudafricano.

 

praia do Tofo

 

Domingo 26 de agosto

 

Nos hemos dado cuenta que el centro de buceo del Bamboozi estos días tiene problemas para reunir gente para las salidas. Recurren a la disculpa del mal tiempo pero vemos a las neumáticas de otras operadoras salir y entrar de la playa.

 

Como queremos hacer a toda costa el Ocean safari optamos por preguntar en el pueblo y decidimos contratar la salida con Diversity Scuba, el centro de buceo más dinámico de Tofo.

 

En la charla previa nos aseguran que las posibilidades de avistar el tiburón ballena son prácticamente del cien por cien. No es de extrañar que nuestro estado de ánimo esté próximo al entusiasmo. El tiburón ballena siempre ha sido un animal que nos ha fascinado y los deseos de observarlo en vivo y en directo dentro de su habitat natural tienen en gran parte la culpa de que estemos haciendo este viaje.

 

Las olas son mayores que días atrás, aseguran que alcanzan los cuatro metros, me parece una exageración pero no dejan embestir brutalmente contra la embarcación mientras tratamos de enderezarla. Una vez a bordo salimos en dirección a Tofinho a toda pastilla dando enormes botes.

 

El gigante tiburón nada cerca de la superficie a poca velocidad con la boca abierta para filtrar su principal fuente de alimento, el plancton. La consigna que nos dan es muy sencilla: en cuanto se avista la aleta dorsal del animal, el barco se acerca y todos al agua. No debemos tocarlo, tenemos que mantenernos fuera del alcance de su cola y nunca debemos colocarnos delante de él, simplemente nadar a la par.

 

Después de un cuarto de hora buscando el deseado whale shark entre el mar picado, localizamos el primer ejemplar. Todo sucede muy rápido pero cuando estoy en el agua veo que el compañero de mayor edad está pasando dificultades y parece ahogarse. Me considero un buen nadador y me siento en la obligación moral de socorrerle.

 

Lo ayudo agarrándolo por detrás para que no me hunda y cuando llegan a nuestra altura dos miembros de la tripulación con una boya, lo dejo en sus manos ya más tranquilo y nado lo más rápido que puedo hacia el tiburón.

 

No hay palabras para describir las sensaciones que experimento. Es maravilloso, mucho más impresionante de lo que hubiera imaginado. Calculo que mide unos seis metros, pequeño si tenemos en cuenta que algunos ejemplares superan los quince metros,  pero me parece majestuoso.

 

Me recreo unos instantes en su contemplación, disfrutando del efecto producen en su piel unos tímidos rayos de sol que se filtran, consigo olvidarme del resto de compañeros, de las enormes olas y siento como me transmite esa tranquilidad que despliega en su avanzar cadencioso.

 

Son sólo unos segundos porque cuando consigo ponerme a la altura de su ojo y recupero el aliento para hacer una inmersión que me permita observarlo desde otros ángulos, se esfuma. Desaparece en las profundidades y no vuelve a dar señales de vida.

 

Cuando subimos a la embarcación observamos que el hombre que casi se ahoga, está azul y está vomitando, pone los pelos de punta mirarle para la cara. Nos enseña varias cicatrices de las múltiples operaciones que ha sufrido. La verdad en ese momento, pienso que quien lo habrá mandado meterse en semejante berenjenal, ahora con la cabeza más reposada considero que cada uno tiene derecho a elegir la vida que quiere hacer y que es mejor agotarla disfrutando de las emociones que nos puede brindar nuestra fugaz existencia, que prolongarla inútilmente entre algodones.

 

El mar está imposible y más de la mitad del pasaje echa la papa, no volvemos a encontrar otro tiburón ballena, pero alucinamos con las ballenas jorobadas. Primero vemos a un hermoso ejemplar que parece querer saludarnos mientras echa el chorro de agua, después a una gran madre con su cría que siempre trata de mantener las distancias con el barco.

 

Media hora antes de lo previsto, iniciamos el retorno a la playa, el patrón explica que el mar está bravísimo y que es imposible ver las aletas de los tiburones ballena con tanto oleaje. Nos quedamos con ganas de más.

 

Vamos a comer a Inhambane, de camino sopesamos la oportunidad de quedarnos un día a mayores para hacer la inmersión en el Manta Point. Auguran una ligera mejoría de las condiciones climatológicas pero sabemos que de llevarse a cabo la salida mañana por la mañana será bastante incómoda. Decidimos mantener los planes iniciales y partir a primera hora hacia Vilanculos.

 

Almorzamos en A Maçaroca (600 MET, 17 euros dos personas) pescado y matamos la tarde entre Inhambane y Tofo. Desde la terraza del bar del Bamboozi le decimos adios, hasta siempre a las ballenas de Praia do Tofo. Como no tenemos ganas de bajar al pueblo cenamos en el bar-restaurante.

 

Lunes 27 de agosto

 

Abandonamos Tofo buscando la ciudad de Vilanculos, casi trescientos km. al norte. Primero hay que coger una chapa hasta Inhambane, cruzar la bahía en un barco hasta Maxixe y seguir en otra chapa hasta Vilanculos.

 

Hacemos el check-out tan pronto abre la recepción. Ayer hemos cambiado dólares a rands en Tofo pues nos beneficia pagar con la moneda sudafrcana en el Bamboozi, con cualquier otra divisa hubiésemos perdido entre un 10 y un 15%.

 

La mayor parte de hoteles de playa de Mozambique están regentados por sudafricanos  que dan preferencia a su propia moneda frente a los meticales, lo que hace recomendable ir previstos de rands.

 

Aunque avisamos en recepción que necesitábamos un transporte a Tofo, nos vuelven a dejar tirados. Hoy alegan que se ha averiado el motor de un camión. Como recorrer los más de 2 km. de la pista de arena con el equipaje es imposible, nos vemos obligados a abordar a unas chicas que salen hacia Inhambane en un vetusto VW Polo para que al menos nos lleven el equipaje a Tofo. Aunque se quedan un poco sorprendidas y el coche no está para muchos trotes finalmente acceden a dejarnos los bultos en el inicio de la pista de tierra que dista medio km. de la parada de las chapas.

 

Nos damos un respiro cuando llegamos a Tofo, un taxista nos ofrece sus servicios, pero sus pretensiones son muy elevadas y no las baja. Cogemos la chapa a Inhambane y pagamos un euro a mayores para que nos lleven hasta el puerto, que se encuentra un km. más allá de la parada habitual en el mercado central, donde aprovechamos para cambiar 200 dólares. Pagan el billete verde a 25 MET.

 

La barca (el ferry) es el medio más económico de cruzar la bahía hasta Maxixe, funcionan de manera ininterrumpida y salen cuando están llenos. Los bultos van en la cubierta y se pagan aparte. No recuerdo exactamente el precio pero todo es muy barato. Otra opción, a mi juicio innecesaria, es alquilar un barco pequeño. Es necesario regatear y las tarifas son considerablemente más elevadas.

 

A pesar de que los asientos del ferry no son muy cómodos la travesía transcurre con placidez por las aguas resguardadas de la bahía que atravesamos mientras los mariscadores recogen los codiciados frutos en los bancos de arena, los pescadores lanzan sus artes desde estrechas canoas y los dhows de vistosas velas surcan las azules aguas sobre un exótico telón de playas de arenas blancas invadidas por cocoteros.

 

Nada más salir del muelle de Maxixe, subimos a una chapa que nos conduce a Vilanculos. Nos cobra 150 meticais por persona (4 euros) y 50 por bulto, un total de 400. Cuando llegamos nos quieren subir la tarifa 100 meticales y tenemos que ponernos bastante serios para que nos cobren lo acordado.

 

a vela II

 

VILANCULOS E ISLAS DE BAZARUTO

 

La primera impresión de Vilanculos no es demasiado halagüeña. Una ciudad dispersa, bastante pobre, sucia y poco acondicionada. Cuando descendemos hacia el sendero de arena que discurre paralelo a playa en compañía de un improvisado “amigo” que nos quiere vender una excursión en barco, observamos el desolador aspecto que tiene la que se supone que es la playa de la ciudad.

 

La huella dejada por el devastador huracán Flavio persiste a pesar de los meses transcurridos y raíces arrancadas de cuajo, casas derruidas, escombros o árboles derribados atestiguan el infierno por el que pasó esta pobre gente durante el mes de marzo.

 

Queremos un hotel confortable para los últimos días de viaje. Con el plano que manejamos en la mano el Residencial Palmeiras nos parece el más idóneo. Lo vistamos y convenimos pernoctar las próximas cuatro noches, la tarifa asciende a 70 dólares (90 en temporada alta) por cabañita con desayuno incluido.

 

El Palmerias ofrece chalets individuales bien acondicionados, dispuestos en un jardín muy cuidado con piscina y agradables zonas comunes. El servicio es atento, el desayuno bueno, pero su localización delante de una playa impracticable y distanciado más de un km. de la zona de servicios a la que se llega caminando por un camino sin iluminación donde se han producido asaltos a turistas de noche, es un serio inconveniente. foto

 

La dueña nos aconseja que visitemos a su yerno, el propietario del Smuglers, para que nos asesore sobre la mejor forma de distribuir nuestro tiempo.

 

El Smuglers es una especie de centro social para los expatriados de Vilanculos. Punto de reunión de los turistas, está bastante bien situado, dispone de un animado bar y un restaurante aceptable. Las habitaciones son más baratas que las del Palmeiras y aunque intuimos que son inferiores, la situación puede compensar otras desventajas.

 

El propietario nos desvelará una evidencia que tendremos la oportunidad de constatar durante nuestra estancia. Las posibilidades de Vilanculos se reducen a tres alternativas: una excursión en barco a la isla Magaruque; otra que incluye la visita a la Ilha de Bazaruto y el buceo con o sin botella en el Two Miles Reef próximo a la Ilha de Benguerra; y por último paseitos a caballo, que ni nos planteamos hacer.

 

Reuniendo un grupo de gente, puede resultar interesante arreglar con alguna embarcación o algún pescador una salida a las islas del archipiélago, aunque hay que hilar muy fino a la hora de buscar el barco.

 

Tanto la guía Lonely Planet, como la MozGuide recomiendan fervorosamente los servicios de Sailway, que anuncia salidas de varios días y diferentes alternativas para visitar las islas. Sin embargo actualmente únicamente ofrece una excursión de un día a la isla de Magaruque, que hace exactamente el mismo recorrido, da la misma comida y sigue los mismos horarios que su competidora: Dolphin.

 

La excursión cuesta 50 dólares (40+10 tasas del parque) y hemos decidido hacerla mañana mientras cenamos en el Na Sombra (500 mets., 14 euros). Tomamos una copa en el Smuglers y la ex mujer del dueño de Sailway que habla un perfecto portugués nos lleva en coche al Palmeiras. Un alivio la verdad, transitar por ese camino oscuro durante la noche no nos hace ninguna gracia.

 

Martes 28 de agosto

 

El día amanece espectacular: cielos despejados y ni una pizca de viento. Nos reunimos a las ocho y media con el resto de los clientes en la sede de Sailway, a las nueve bajamos a la playa y salimos a motor en un dhow rumbo Magaruque. Ocupamos la proa del barco para disfrutar mejor del paseo.

 

La franja de mar que separa las islas del archipiélago de tierra firme, presenta una espectacular paleta de tonos de intenso azul turquesa. Surcamos las aguas calmas y poco profundas avanzando sobre auténticas praderas submarinas y en apenas cincuenta minutos arribamos a la plataforma coralina que parece amurallar Magaruque, la pequeña isla situada en el sur del archipiélago de Bazaruto, destino  preferido de las excursiones que parten de Vilanculos por su proximidad a la ciudad.

 

Cuando desembarcamos facilitan gafas y aletas para el buceo. Una fuerte corriente marina discurre de sur a norte a lo largo del arrecife. Nos dejamos arrastrar por ella mientras disfrutamos del espectáculo que nos brinda el coral y la vida que acoge. El buceo en superficie es sorprendente bueno.

 

Nos dan la comida en la protegida playa de arena blanca que mira continente, un guiso de calamares que reparte raciones pequeñas. Nosotros lo acompañamos de una botella de un buen blanco sudafricano que nos hemos traído.

 

El tiempo comienza a cambiar mientras exploramos la isla. La débil brisa, da paso a una fuerte rasca que arrastra unos nubarrones amenazadores. Pateamos la amplia y espectacular playa de mar abierto entre un viento cada más fuerte. Cuando nos reunimos con el resto del grupo nos comunican que han decidido adelantar media hora la partida.

 

Con el viento de popa en media hora llegamos a tierra firme, las olas nos han duchado a base de bien y desembarcamos el muelle de Vilaculos calados hasta los huesos, nadie se ha salvado. Video

 

Buscando una conexión a internet, llegamos a Complexo Ancora que dispone de una pizzería halal y aprovechamos para cenar algo, 500 met. Tomamos una copa en Smuglers en espera de encontrar alguien que nos lleva al Palmeiras.

 

Hoy no tenemos suerte y como no hay taxis en la ciudad, volvemos a patas por el peligroso camino donde hace pocos días un grupo de turistas fue asaltado. No llevamos mucho dinero pero camuflamos una parte, dejando otra para entregarla sin rechistar si llega el caso. La caminata es inquietante, parece no terminar jamás a pesar de que imponemos una marcheta exigente. Cualquier ruído, cualquier viandante nos alerta. Afortunadamente alcanzamos el Palmeiras sanos y salvos, pero nos convencemos de que este tipo de riesgos innecesarios, hay que evitarlos a toda costa.

 

Miércoles 29 de agosto

 

Despertamos convencidos de que nos merecemos un día de sol radiante. Vamos a bucear al Two Miles Reef con el único centro de buceo que opera estos días en Vilanculos. El precio es caro, 70 euros dos tanques, pero los spots están a muchas millas de tierra firme, la salida ocupa todo el día y ofrece la oportunidad de conocer las islas de Benguerra y Bazaruto.

 

Mientras desayunamos, observamos la neblina que parece querer estropear el día. El personal de la operadora nos traslada al centro de buceo ubicado en el hotel Aguia Negra, uno de los complejos más renombrados de Vilanculos. La larga playa sobre la que se asienta es bastante más agradable que la del centro.

 

Salimos un grupo de siete en la neumática, sólo nosotros vamos a hacer buceo con botella, el resto aprovecha el paseo para bucear en superficie (50 euros). Afortunadamente el tiempo ha mejorado y las nieblas matinales se disipan dejando paso al deseado “sol radiante”.

 

El potente motor impulsa la zodiac sobre las aguas poco profundas del canal, pronto distinguimos las hermosas playas de arena blanca y las formaciones dunares de la isla de Benguerra, donde hacemos un alto en la isla antes de encarar la primera inmersión en el Two Miles Reef.

 

 Two Miles Reef, es el arrecife de afuera que alberga en su seno los mejores fondos marinos de todo el archipiélago. En nuestro primer contacto admiramos una gama interminable de vistosos corales y la inmensa variedad de peces incluyendo unas enormes morenas. El descenso es tranquilo y la visibilidad de unos doce metros.

 

La segunda inmersión nos reserva los mejores tesoros del arrecife: grandes meros, langostas, tiburones (guitar shark) y una fantástica manta raya apostada en el lecho marino.

 

Entre ambos buceos visitamos la isla de Bazaruto, la mayor de todas y la que da nombre al archipiélago, aquí se concentra la práctica totalidad de la población y un puñado de los lujosos resorts. Paraíso ecológico de gran diversidad que alberga una larga lista de aves y especies como el cocodrilo del Nilo, luce uno de los paisajes más bellos e insólitos que puedan imaginarse.

 

Desde las aguas color turquesa, emergen grandes dunas que parecen robadas de un paisaje desértico y que crean un contraste casi surrealista con el mar tropical que las rodea surcado por los típicos dhows.

 

Ascender las fabulosas dunas hasta la cima nos aporta una panorámica difícil de igualar. Cualquier calificativo se queda corto para describir las sinuosas lenguas de arena blanca inundadas por los diferentes tonos de azules que dibujan las corrientes marinas. Video panorámica 360º

 

Al atardecer retornamos a tierra firme. Visitamos el poco acogedor mercado de la ciudad, somos los únicos blancos y por supuesto nos sentimos bastante observados. La ida y la vuelta desde el barrio Mukoke la hacemos en coche: si un blanco nos ve caminando por la carretera, para su vehículo dando cualquier disculpa y se brinda amablemente para llevarnos a donde deseemos. A estas horas no nos sentimos nada inseguros, pero no hacemos ascos al transporte gratuito.

 

 Compramos unos enormes langostinos y un par de buenas langostas que cocinamos en la acogedora cocina al aire libre del Palmeiras, como hemos agotado las reservas de vino que compramos en Neilspruit nos conformamos con acompañar el marisco de unas Laurentinas.

 

Ilha Santa Carolina, Arquipélago de Bazaruto

Jueves 30 de agosto

 

Santa Carolina a pesar de estar considerada la isla más bella y con mejores fondos para el buceo en apnea del archipiélago, es la menos visitada, pues no es sencillo llegar hasta ella desde Vilanculos.

 

Coincidimos con unos españoles que quisieron conocerla pero les pedían más de 300 dólares por el alquiler de una lancha rápida que los llevaba en dos horas. Reuniendo un grupo numeroso siempre puede ser una posibilidad interesante.

 

Nosotros hemos decidido intentar alcanzarla desde Inhasoro, un pueblo de pescadores situado 70 km. al norte de Vilanculos y desde donde nos han dicho que los barcos de pescadores pueden acercarnos en hora y media.

 

Tras casi dos horas de chapa (50 met, euro y medio), llegamos a Inhasoro y nos dirigimos al hotel Seta, que organiza traslados a la isla. Tiene un barco que sale todas las mañanas a primera hora y cobra una cantidad fija independientemente de los pasajeros (4000 meticales sino recuerdo mal, ciento veinte euros).

 

Según nuestras cuentas aunque saliésemos en la primera chapa de la mañana nos hubiese sido imposible coger el barco, de modo que para llegar a tiempo hay que pernoctar en Inhassoro.

 

Nos internamos entre las casas de pescadores, hasta que encontramos un grupo que está reparando las redes. Nos piden 3500 meticales por llevarnos, esperamos en la isla y traernos, sin límite de tiempo. Son cien eurotes y nos parece mucho, regateamos todo lo que podemos, hasta los 2.750, 78 euros. Disponen de todo lo necesario y en veinte minutos salimos con dos marineros.

 

Las gentes de Inhassoro son sencillas y agradables, no están acostumbradas a tratar con turistas pero conseguimos conectar fenomenal. Los pescadores que nos acompañan nos relatan como faenan en mareas de tres días  a bordo del barco de poco más de cinco metros de eslora, hasta que las bodegas están rebosantes de pescado.

 

A medida que nos separamos de la costa vemos algún resort escondido entre las playas de arenas blancas. Navegamos por aguas de poca profundidad protegidas de las olas y corrientes oceánicas por las islas y arrecifes del archipiélago de Bazaruto.

 

En este día espléndido, la travesía transcurre plácida mientras algún delfín curioso nada en torno a nuestro barco o se luce con alguna cabriola. Barcos a vela esperan a buceadores que pescan en apnea, y donde afloran los bancos de arena faenan mariscadores “de a pie”.

 

Santa Carolina, "paradise island"

La pequeña Santa Carolina es la única isla del archipiélago de origen coralino. La arena de un blanco nuclear forma una larga y paradisíaca playa adornada por cocoteros y bañada por las aguas transparentes que le confieren el indiscutible sello de islote idílico.

 

En los arrecifes coralinos la vida marina es abundante, variada y colorida pero bajo mi percepción hay un detalle que hace a Santa Carolina una isla especial y no está precisamente en sus transparentes aguas o paradisíacas playas: nos aguarda cuando decidimos aventurarnos en su interior.

 

Corría la década de los cincuenta, en plena época colonial, cuando el visionario magnate portugués Joaquim Alves emprende un ambicioso proyecto hotelero que convierte a Sta. Carolina, bautizada con el sobrenombre de Ilha do paraíso en el destino preferido por los recien casados adinerados.

 

Este sueño finaliza con la independencia de Mozambique, el complejo es abandonado a su suerte y las ruinas del lujoso hotel que había acogido a lo más selecto de la sociedad, son utilizadas por los rebeldes de la RENAMO como guarida durante la cruenta guerra civil.

 

Las antiguas propiedades de Joaquim Alves en la región que incluían el flamante Hotel Doña Ana en Vilanculos y las villas de la isla de Magaruque fueron adquiridas recientemente por un grupo inversor inglés que pretende devolver a los inmuebles su antiguo esplendor.

 

Podemos considerarnos unos privilegiados por recalar en la isla antes de que la ley del progreso convierta a Santa Carolina en una "isla bonita" más, con otro carísimo y lujoso resort que sepulte para siempre el encanto especial que atesoran las ruinas del antiguo hotel.

 

En las destrozadas dependencias podemos todavía encontrar guiños de aquel pasado glorioso y el contraste de los tiempos dorados con el implacable presente: pianos abandonados que aún suenan desafinados, pisos de rica madera llenos de cristales rotos, elegantes muebles y lámparas caídas, terrazas al mar desgajadas por las olas, quemas controladas en las antiguas avenidas del complejo, suntuosos dormitorios medio podridos...foto

 

Tras la concienzuda inspección del que fuera el bien más preciado de doña Ana y don Joaquim, disfrutamos de la solitaria y paradisíaca playa de la isla.

 

Cuando el sol empieza a caer y decidimos volver al continente, surge entre la maleza un guarda del parque que tememos que nos quiere cobrar la tasa ambiental de 200 MET por persona (8 dólares), 10 dólares cobran las agencias que hacen  excursiones a las islas.

 

Nos extrañaba que no nos hiciesen pagar la tasa, pero al no ver a nadie en la isla de uniforme pensamos que aquí no habría que pagar. Le lloramos un poco al guarda y le pedimos un recibo con el fin de poder sobornarlo, finalmente nos baja a la suma a 200 met. sin recibo por dos personas.

 

En la chapa de vuelta coincidimos con unos italianos que también vienen de la isla y que conocemos del día de Magaruque. Su viaje también está terminando y pasamos las dos horas de trayecto contándonos batallitas y echando unas buenas risas.

 

Uno de ellos es realmente espectacular y se pregunta porque motivo colocan los termiteros al lado de las aldeas, el compañero se afana en explicarle que quienes los construyen son las propias hormigas, pero él no atiende a razones.

 

La chapa nos deja en el Smuglers y allí cenamos buena carne de ternera con unas Laurentinas (800 MET). El dueño nos traslada después al hotel. El viaje se acaba.

 

 Ilha de Bazaruto

 

Viernes 31 de agosto

 

El viernes por la mañana damos un paseo completo por el pueblo y un baño en la piscina del hotel. Nos han dejado la habitación hasta después de la hora del check out, en otro detalle más de la dirección del Palmeiras. Pasa a recogernos una van antes del medio día (creo que son 2 euros por persona) que nos deja en el aeropuerto para coger el vuelo de Pelican, 160 euros por persona con tasas, Vilanculos-Joburg que compramos en la web de la compañía hace dos meses.

 

En la facturación, nos dicen que nos hemos pasado del límite permitido de veinte kilos por persona, incluyendo el peso el equipaje de mano.  Comienzan pidiendo 70 dólares, después 30 y finalmente viendo que vamos a seguir dando la vara en el mostrador, nos dejan ir en paz. Los chicos italianos que vienen detrás pagan 160 dólares sin rechistar.

 

Pagamos 20 dólares por persona de tasas aeroportuarias de salida y nos subimos al avión que en algo más de un par de horas nos pone en Joburg. Llegamos con margen cómodo para coger el vuelo a Europa, es fin de mes, es agosto, conclusión hay over-booking. A nosotros nos toca volar en bussiness, se agradece.