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Brancellao por el mundo...en la antigua Constantinopla

 

Fotos del viaje

Cisterna Yerebatan, Cisterna Basílica

 

 PLANIFICACIÓN

Compramos el vuelo en el mes mayo a través de la web de AirFrance. Hicimos la ruta Vigo-Paris-Estambul y pagamos 320 euros por persona.

Nos alojamos en el hotel Golden Crown situado en el barrio de Sultanahmed, 30 euros la habitación doble con desayuno a través de GTA. Está bien ubicado, las habitaciones son decentes pero es bastante simple.

Elegimos ese hotel para coincidir con unos amigos que decideron acompañarnos a última hora. Pagaron por el paquete de vuelo (charter Santiago-Estambul), hotel y transfer más de 600 euros por persona.

 

Gran Bazar

 

 MONEDA

 Durante nuestro viaje un euro equivalía a 1,90 liras turcas aproximadamente. Para traducir el precio a euros lo dividía por dos y redondeaba al alza. Los mejores lugares para cambiar los encontramos en la zona de Sultanahmed y en la entrada del Gran Bazar.

 

columnas de Santa Sofía

 

 MOVERSE EN ESTAMBUL

 

Recorrer la ciudad es muy sencillo. Es una ciudad agradable para caminar aunque las grandes distancias obligan a buscar otras alternativas.

El transporte público funciona bastante bien. Utilizamos el tren desde el aeropuerto, el metro de Tünel,  el tranvía, el autobus y el ferry. El precio es fijo: 1,30 liras.

Al ser cuatro personas, el taxi nos podía salir incluso más barato que el transporte público. Para regresar de noche desde Taksim a Sultanahmed nos cobraban entre 7 y 8 liras. Exigimos siempre el taxímetro.

 

ventana en el Palacio Topkapi

 

DIRECCIONES ÚTILES 

 

Hay una cantidad ingente de información sobre Estambul y Turquía en general en castellano, podríamos destacar muchas páginas útiles, entre ellas:

 

Viaje a Estambul

www.aturquia.com

Página oficial de la oficina de turismo. Enviadles un email, os mandarán por correo varios folletos, lo mejor es el mapa de Estambul.

Web de alumnos del Instituto Cervantes en Estambul. Excelentes reportajes

 

En Inglés:

Turkey Travel Planner

Guía virtual de la ciudad

 

 

 

Primero fue Bizancio, después Constantinopla y actualmente la conocemos por Estambul. La carta de presentación de la ciudad no deja a nadie indiferente: capital del Imperio Romano de Oriente y del Otomano después, “cuna de civilizaciones”, punto final de la ruta de la seda, encrucijada entre Asia y Europa. Un dilatado bagaje histórico que ha legado a la ciudad un asombroso patrimonio histórico-artístico que merece la pena saborear con detenimiento.

 

Mezquita Azul desde Santa SofiaLa Estambul de hoy es un gran monstruo de más de doce millones de habitantes, pero a los ojos de un viajero occidental se presenta como  una ciudad hospitalaria, acogedora y fácil de explorar. Además de la calidad humana de sus habitantes, Estambul cuenta con una infraestructura completa y eficaz preparada para recibir al turismo más exigente; una red de transportes eficiente y muy barata; la grandeza de sus palacios y mezquitas; y por supuesto el embrujo de sus tabernas, hammanes, bazares, mercados y retorcidas callejuelas. Puede sorprender, apasionar pero nunca defraudar o dejarnos indiferentes.

 

Invertir cinco días del puente del mes de diciembre en conocer Estambul es una buena forma de aprovechar el tiempo. Eso mismo debieron pensar siete mil españoles que entre los días 6 y 10 de diciembre inundaron literalmente las calles más turísticas de la ciudad. La secuencia no por repetida, deja de resultar ilustrativa:

 

-          Hola, Mari Carmen.

-          No me llamo Mari Carmen, me llamo Luisa.

-          Luisa, ¿de qué parte de Espania eres?

-          Soy de…, ¿cuánto cuesta esta lámpara?

-          ¿En liras o en euros?

-          En euros.

-          Para ti que eres amiga, espaniola amiga, 100 liras.

-          ¿Y con regateo cuánto?

 

Mezquita azul de noche

 

Miércoles 6

 

Son las cuatro de la tarde cuando llegamos al hotel situado en el  barrio de Sultanahmed concretamente en el número 30 de la calle Pierre Lotti.

 

Hemos estado a punto de perder la conexión en Paris, las malas lenguas aseguraban que el avión no podía despegar porque al controlador del aeropuerto de Vigo se le quedaron pegadas las sábanas. Cierto o no la demora fue de casi una hora y sólo un retraso del segundo vuelo y una agotadora carrera por el Charles de Gaulle evitaron que nos quedásemos tirados en Paris.

 

Nada más llegar al aeropuerto Ataturk, hicimos el visado (10 euros) y subimos en el tren hasta Zeytinburnu (1,30 liras, 0.70 euros), donde cogimos el tranvía a Sultahamed (1,30 liras).

 

En el hotel nos esperan nuestros amigos que han llegado hace apenas un cuarto de hora en un charter directo desde Santiago de Compostela. Un primer bocado en una taberna cercana al hotel, todos estamos hambrientos, es el primer contacto con Sultahamed.

 

mosaico en Santa SofiaLa turística calle por la que discurre el tranvía, nos conduce al epicentro del barrio histórico y en su día la plaza más importante de la ciudad: el Hipódromo; allí comienza el itinerario más transitado, que sigue por la Mezquita Azul continúa hacia la vecina Santa Sofía y la Cisterna de la Basílica, bajando después hasta el Palacio Topkapi.

 

La noche ha caído cuando nos acercamos en tranvía a los muelles de Eminönü, uno de los enclaves más peculiares y genuinos de la ciudad. En el muelle de ferrys más transitado, se conjuran al atardecer en torno a los viandantes que entran y salen de los ferrys, pescadores que ofrecen bocadillos de caballa a la brasa, fruteros y otros que personajes que sirven te, venden falsificaciones, salchichas o pistachos.

 

Estratégicamente situado en la boca del Cuerno de Oro, Eminönü, está unido a la otra orilla por el Puente Gálata, en su seno se suceden los restaurantes de pescado. Cuando lo atraviesas dejando a tus espaldas Santa Sofía, con la Torre Gálata enfrente, no resulta difícil fabular sobre los decisivos acontecimientos que ocurrieron sobre las oscuras aguas.

 

A la altura del actual puente, los bizantinos extendieron una gruesa cadena que protegía el Cuerno de Oro de las ambiciones otomanas. Mehmet el Conquistador, consciente de la inquebrantabilidad de la defensa ideó un astuto plan para sortearla ordenando que sus barcos fuesen transportados por tierra hasta el interior del Cuerno de Oro, la bahía y puerto natural de la ciudad. Constantinopla caería poco después, era el fin del Imperio Bizantino y con él, la decadencia de las rutas comerciales entre Europa y Asia.

 

café en el barrio de TünelEn la orilla opuesta nos espera el barrio de Beyoglu. El metro de Tünel célebre por cubrir el tramo más corto del  mundo, es seguramente uno de los de mayor desnivel, toda una reliquia que continúa ofreciendo el acceso más cómodo a una de las calles más animadas: Sofyali Sokak, repleta de encantadoras tabernas y cafeterías. Allí hacemos una parada antes de girar hacia Istiklal Cadesi, la artería más vigorosa de la ciudad que se extiende a lo largo de un par de kilómetros hasta la plaza Taksim y se ramifica en retorcidas callejuelas llenas de sabor que conforman el Estambul más cosmopolita y animado, sin perder personalidad.

 

Nos resulta imposible resistirnos a un döner kebak y a una sabrosa sopa de lentejas, antes de retornar pasada la media noche a Sultanahmed  (taxi 7 liras. 3,5 euros).

 

 

 Jueves 7

 

Mezquita azul, cúpulaNos levantamos temprano y seguimos los pasos de ayer hasta el Hipódromo Romano, presidido por el imponente obelisco egipcio de Tutmosis III, con más de tres mil años a sus espaldas. Entramos en la Mezquita Azul o Sultán Ahmet Camii. Sus dimensiones y su lujo interior delatan que su construcción coincidió con el periodo de apogeo del Imperio Otomano. La porcelana de tonos azulados que recubre buena parte de su interior y su excelente luminosidad la convierten en la más fotografiada.

 

Santa SofiaA apenas doscientos metros se divisa la Basílica de Santa Sofía (Aya Sofía; entrada 10 liras, 5 euros). El fabuloso capricho de Justiniano, hoy convertido en museo, es un verdadero prodigio que nos revela toda su majestuosidad cuando accedemos al interior. La colosal cúpula y sus extraordinarios mosaicos nos tienen embobados buena parte de la mañana.

 

Culminamos nuestro recorrido en la Yerebatan Sarayí, la Cisterna Basílica (entrada 10 liras, 5 euros), la mayor estructura del género conservada en Estambul. Construida en la época justinianea y utilizada para almacenar agua, se encuentra sostenida por un espectacular patio de columnas de distintas épocas excelentemente iluminadas.

 

puesto del Gran BazarDicen que el arabista francés Antoine Galland se encontró con un misterioso libro en el Gran Bazar que luego tradujo al francés alcanzando gran éxito en toda Europa bajo el título de Los cuentos de las Mil y Una Noches. Quizás la historia real de ese hallazgo sea menos romántica, de lo que no cabe duda es que el embrujo, el misterio y el exotismo que pudo tener en otro tiempo el Gran Bazar han pasado a mejor vida y desde luego hoy en día emular a Galland es tarea difícil.

 

 

Sin embargo que a nadie se le ocurra volver de Estambul sin recorrer su laberíntico entramado y dejarse querer en alguno de los miles de puestos de joyería, especias, orfebrería, alfombras, muebles, lámparas, cuero, cerámica o artículos de moda occidental de imitación. Para soportar una larga jornada de compras hay teterías, cafés y numerosos restaurantes. Nosotros elegimos el afamado Havuzlu, la comida es buena pero los camareros están demasiado estresados y no miman a la clientela (70 liras, 4 personas)

 

Gran Bazar, lámparasMercado Egipcio, dulcesCuando a las seis de la tarde el Gran Bazar echa el cerrojo, bajamos las calles llenas de tiendas, puestos callejeros y mercaderías, hasta que un mercado de pescado y frutos secos al aire libre, da paso a otro cubierto donde todo el mundo habla castellano. Hierbas, especias, quesos, azafrán iraní, lokum, frutas disecadas, té, caviar (¿iraní?), cafés, aceites esenciales y golosinas. Es el vistoso y colorido mercado Egipcio o de las Especias.

 

Después de devorar un bocata de caballa en Eminönü, ascendemos complicadas calles bastante oscuras, hasta que alcanzamos la orgullosa Mezquita Suleymaniye, la mayor de la ciudad, construida por el más grande de los sultanes otomanos, Solimán el Magnífico. Nuestro objetivo es algo más mundano: la escondida tetería Lale Bahçesi. Fumamos en narguile (7.5 liras) mientras tomamos unos çhais (1 lira), es el merecido descanso de un guerrero. La pipa nos sabe a gloria, especialmente a un servidor que después de dos años sin fumar, se permite este pequeño pecado.

 

Incansables, nos desplazamos en taxi al barrio de Tünel (6 liras). Elegimos para cenar en el recomendadísimo Sofyali 9, el ambiente es muy animado, turcos y extranjeros comen mezes, beben raki y disfrutan de la vida. Pagamos 90 liras por unos mezes, dos platos de cordero, dos de albóndigas, cervezas y una botella de raki.

 

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Viernes 8

 

Si hay un lugar en Estambul que refleje la auténtica grandeza del Imperio Otomano, sin ningún género de dudas es el palacio Topkapi (entrada 10 liras, harem otras 10 liras). Una especie de ciudad dentro de otra ciudad desde donde se dirigieron durante siglos los designios del vasto imperio. Puertas adentro residía el sultán, su familia y se tejían las intrigas en el famoso harem.

 

El recinto rodeado por varios kilómetros de murallas goza de un emplazamiento privilegiado en el punto de encuentro del Bósforo, el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara,  dispuesto en cuatro patios en torno a los cuales se suceden una serie de dependencias construídas con los más nobles materiales (mármoles, ricos panes de oro, azulejos de Iznik, maderas finas) que abruman al visitante por el derroche de grandeza que atesoran.

 

Image Hosted by ImageShack.usDurante toda la mañana recorremos sus interminables salas, asombrados con los tesoros que cobija: tronos de oro con incrustaciones de piedras preciosas como el de Murat III, candelabros de oro macizo, armaduras, espadas ricamente engarzadas como la de Solimán el Magnifico, cojines bordados con cientos de perlas, cofres llenos de enormes esmeraldas, el mítico puñal Topkapi, el suntuoso relicario de San Juan Bautista, el fabuloso diamante Kasikcj…la lista no tiene fin. Tras una larga espera en la interminable cola, hacemos el recorrido a través de las dependencias del harem, mítico escenario de las intrigas y conspiraciones de ambiciosas odaliscas y malvados eunucos. El día es excelente y aprovechamos para contemplar las estupendas vistas sobre el Bósforo.

 

El tiempo se evapora, son más de las tres de la tarde cuando salimos del Palacio, escogemos para comer el Doy Doy (60 liras cuatro personas) cerca de la Mezquita Azul. Por la tarde estiramos las piernas en un paseo hasta el barrio marinero de Kumkapı, con un animado mercado de pescado donde se acumulan numerosos restaurantes que rivalizan por servir el pescado más fresco de la ciudad con las mejores vistas.

 

Es viernes por la noche: el día y la hora de plaza Taksim. La instantánea es similar a la de cualquier gran ciudad europea en hora punta, la actividad es frenética. Miles de almas recorren Istiklal Cadesi.

 

Pasaje de las floresNos sumergimos en el Pasaje de las Flores (Çiçej Pasaji), la célebre calle cubierta, jalonada de restaurantes repletos de gente. Atravesamos el colorido Sahne Sokak (Calle de la escena) o Mercado de Pesca hasta que por fin damos con la bulliciosa Nevizade Sokak, aquí un público mayoritariamente joven se pelea por una mesa en las terrazas de las tabernas ambientadas por quemadores donde se bebe cerveza y se comen mezes. Conseguimos una ansiada mesa y damos buena cuenta de unas cervezas. Bien pasadas las doce y con más sueño que hambre, cenamos en Otantik, en frente de la embajada inglesa, sopa y gozleme por 50 liras, cuatro personas.

 

 

Sábado 9

 

Tranvía a Eminönü. El día es perfecto para coger el ferry: cielos despejados, temperaturas agradables y una apenas perceptible neblina que enseguida se disipa. ¿Qué más podemos pedir? Buscamos el ferry de Üsküdar en la zona asiática. Durante el trayecto nos recreamos con las vistas que ofrece el Bósforo de los distintos barrios de la ciudad. Increíble pero cierto: Asia a un lado y al otro Europa, dos continentes separados por una estrecha lengua de mar.

 

Üsküdar, limpiabotas

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Parece que las hordas de turistas no alcanzan Usküdar, aquí podemos saborear un Estambul más oriental. Distraemos nuestra atención en los mercados, mezquitas, comemos un excelente kebab y nos sentamos en una tetería buscando los rayos de sol de la mañana.

 

Nuestros amigos tienen negocios pendientes en el Gran Bazar y cada cual toma su camino. Ponemos rumbo a Besiktas, donde nos topamos con una interesante exposición de bordados y trajes de época antes de entrar en el Palacio de Dolmabahce (15 liras dependencias principales).

 

Palacio DolmabahceEn plena decadencia del Imperio Otomano e influidos por el afrancesamiento y las tendencias occidentales, los sultanes abandonan el palacio Topkapi trasladándose a esta farsa oriental de Versalles. El edificio que mira al Bósforo, rodeado de estupendos jardines, es colosal. Su interior es recargado, abigarrado, una síntesis poco lograda del rococó y la tradición otomana. Las lámparas son desmesuradas, cuidada marquetería, fabulosas alfombras, jarrones chinos y lujosos muebles: el canto del cisne de la grandeza otomana.

 

Pasmamos un poco por el muelle de Besiktas antes de coger el tranvía hasta Beyoglu, donde subimos las empinadas calles hasta alcanzar la Torre Gálata (10 liras). Alzada por los genoveses en el siglo XIV es el mirador más turístico de la ciudad. A ojo de buen cubero, el balcón circular de la torre tiene un aforo para 50 personas, el doble apretaditas y doscientas enlatadas.

 

puesta de sol desde Torre GálataPara presenciar la puesta de sol han subido fácilmente unas trescientas, de las cuales el diez por ciento parece estar al borde de un ataque histérico motivado por la altura y los apretujones. Como nunca tuvimos complejo de sardinas en lata y ante el más que probable embotellamiento en el ascensor tras la puesta de sol, ahuecamos el ala sin más miramientos.

 

Para compensar la montonera somos agasajados con prodigioso espectáculo cuando cruzando a pie el Puente Gálata, escuchamos la llamada a la oración por los cuatro costados; mientras, sobre cientos de pescadores que se apelotonan con sus cañas en la baranda del puente, el sol con un fondo rojizo se esconde tras la Basílica de Santa Sofía.

 

A las seis nos reunimos con los demás en la puerta principal del Gran Bazar. El plan promete: botella de raki y hamman, pero tanto se prolonga la sesión de raki que no hay tiempo para ir a los baños. Ya después de la media noche cenamos muy bien en el Mozaic de Sultanahmed (120 liras cuatro personas) con un vino turco infame.

 

 Domingo 10 

 

Despertarnos nos cuesta Dios y ayuda, pero Eyüp nos aguarda. Nuestros amigos que tienen tres horas más en la ciudad, aprovechan la cama hasta el límite del check out.

 

Mezquita de Eyup

La operación se repite: el consabido tranvía a Eminönü y está vez autobús a Eyüp. Este barrio situado en el fondo del Cuerno de Oro, extramuros, recibe su nombre del estandarte de mahoma Eyüp El Ensari, martirizado por los "infieles" y cuyos restos recuperados en la toma de Constantinopla descansan en la mezquita que toma tu nombre, construida para cobijar sus reliquias. Su tumba es uno de los centros de peregrinación más importantes del Islam. En el recinto se respira un profundo sentimiento religioso.

 

Tras visitar el interior de la mezquita y la tumba, subimos al funicular que asciende la colina sobre la que se extiende el cementerio hasta el famoso café Pierre Lotti. Lugareños y turistas a partes iguales comparten la que aseguran es una de las mejores vistas de la ciudad, con el Cuerno de Oro como gran protagonista.

 

café de Pierre Loti

funicular del cementerio de Eyüp

El té del Pierre Lotti es un clásico de Estambul. Cumplimos el ritual antes de regresar a Eminönü. La Mezquita nueva (Yeni Camii) es nuestra última parada antes de plegar velas.