Cuba, año 50 de la Revolución
La Habana, Playas del Este, Cienfuegos, Trinidad, valle de Viñales y cayo Jutías

      Unos consejos antes del viaje...

 

Os voy a hablar de temas que se han tocado mil veces, aunque desagraciadamente en ocasiones creo no se han orientado de forma adecuada. Desde mi corta experiencia quiero aportar mi visión (como tal susceptible de ser errónea) y mis consejos sobre:

 

Los jineteros y “amigos”...

 

Un variado elenco de buscavidas ofrece al turista prácticamente de todo: sexo, excursiones, alojamiento, servicios de guía, cigarros del mercado negro, consejos, hasta una amistad repentina que busca sangrar al visitante...unos son más insistentes, otros más hábiles; conviene evitarlos siempre con buenos modales.

 

El cubano de a pie nos ha demostrado en mil detalles que es un personaje dispuesto siempre a ayudar, muy accesible, noble, hospitalario y hasta generoso al que vale la pena acercarse. Durante los primeros días de estancia y en las zonas turísticas hay que ser receloso con el personaje que se nos acerca por las buenas pero en poco tiempo distinguiremos perfectamente entre estos individuos y el ciudadano normal.

 

Los puros...

 

Todo los que visitamos Cuba volvemos queramos o no con al menos una caja de puros habanos famosos en el mundo entero. Aunque pueden comprarse en tiendas estatales por un precio un 20-30% menor al de los estancos en España, estos cigarros (o mejor dicho las falsificaciones de las marcas más reputadas) son el producto estrella del mercado negro.                                  

Los jineteros se agolpan en en las zonas turísticas ofreciendo los preciados Cohiba y Montecristo, los precios son elevados y la calidad normalmente deficiente. Además de la compra en establecimientos autorizados caben las siguientes opciones:

 

- Buscar los puros que fuman los cubanos. Los que venden en las bodegas son baratos (1 peso cubano) pero la calidad es baja. Alguien de confianza nos indicará dónde comprar el tabaco de buena calidad que se fuma en la isla. Por un euro nos pueden dar treinta puros tipo “bauza”; (a peso cubano el puro). La ganga es mayúscula. Pensad que un puro de similares características en España puede costar entre 2 y 3 euros. 

                   

- Comprar puros “de marca”; en cajas de madera. Presentados en lujosos estuches, con las vitolas de las marcas más exclusivas y de factura impecable son ideales para un regalo y el cebo perfecto para el gran timo. Nos jurarán que son auténticos, nos contarán la detallada historia de como los han conseguido, pero no nos engañemos: son falsificaciones. Ahora bien las hay mejores y peores: desde puros estupendos hasta infumables hojas de banano o tabaco en mal estado. Es importante asegurarse que el puro esté fresco, que tiene buen tiro y que está bien torcido. Tened como referencia que nosotros pagamos por una caja de Cohiba Espléndidos 20 CUC (15 euros), 30 CUC parece el precio razonable, a partir de ahí estamos pagando más de la cuenta.

 

Conducir...sin señalizaciones

 

Las carreteras carecen casi por completo de indicaciones. Las  pocas que hay, a veces pasan desapercibidas, así que nos veremos obligados a  preguntar constantemente, perdernos de vez en cuando y sobre todo a conducir con los ojos muy abiertos.

 

Por lo demás la conducción no extraña problemas: se circula relativamente despacio y hay poco tráfico, incluso en La Habana.

 

En las autopistas podemos ver algún animal o algún carruaje cruzando, pero se advierten con tiempo suficiente.

 

Recomiendan respetar los límites de velocidad. Las infracciones por exceso de velocidad se calculan a ojo. Los cubanos saben perfectamente donde se apostan los patrullas, si recogemos a alguno haciendo botella nos indicará donde  debemos levantar el pie.

 

El coche conviene dejarlo siempre en un parking vigilado, de noche es imprescindible si no queremos encontarlo la mañana siguente desvalijado...hay "parquedores" por todos los lados. La tarifa oscila entre uno y dos CUC.

 

 

Seguridad...

 

Cada cual cuenta su experiencia. Nosotros percibimos una Habana muy segura tanto de día como de noche. El despliegue policial es enorme y disuasorio. Sin embargo, parece que las cosas cambian a peor. Nuestra casera nos advirtió de los peligros de tirones y asaltos en la zona de Centro Habana y Malecón, otros viajeros han sido victimas de robos en los últimos meses por lo que conviene no confiarse en exceso. Los/las que mantienen relaciones con jineteros/as multiplican los riesgos de llevarse un buen disgusto.

 

 

Llevar la maleta cargada...

 

...de ropa que ya no pongamos, de bolígrafos, medicinas, móviles que no usemos, de chucherias para los más pequeños. No nos cuesta nada y ellos lo agradecerán inmensamente, porque existe escasez de estos productos y el valor que ellos le dan es inmenso. Nosotros apenas llevamos esas bagatelas y nos arrepentimos profundamente.

 

 

Moneda...pagar en pesos cubanos...

 

Encontramos en mismo cambio en todos los bancos y casas de cambio de la isla: 1€=1,31CUC, así que el tema de como conseguir CUC no tiene mucha enjundia: cambiar euros por CUC en los establecimientos oficiales.

 

En la isla se manejan dos monedas diferentes, el CUC o peso convertible(el que usa el turista) y el peso cubano.

En algunas ocasiones necesitaremos pesos cubanos 1CUC=25 pesos especialmente lejos de las zonas turísticas...estoy pensando en comprar pan en panaderías, tomar un trago o un café en un establecimiento para cubanos, un helado, una pizza en la calle, etc. Si llevamos CUC seguramente nos cobrarán barbaridades, en ocasiones equipararán peso cubano-CUC, es decir pagaremos 25 veces el valor del producto, así que conviene hacerse con unos cuantos pesos cubanos. Para ello debemos recurrir al casero, a algún personaje de confianza o simplemente pedir a algún vendedor que nos devuelva el cambio en pesos cubanos.

Precisamente una estafa habitual es que nos devuelvan pesos por CUC, conviene siempre revisar el cambio que nos entregan.

 

 

Casas particulares...

 

Como altenativa a los hoteles surge la posibilidad de alojarse en vivendas particulares acondicionadas para recibir visitantes. Los precios son muy asequilbes y oscilan entre los 15 y 30 CUC dependiendo de la calidad del alojamiento, la situación y la temporada. Los que probamos esta modalidad normalmente salimos encantados.

 

Se recomienda instalarse en establecimientos autorizados por el gobierno para evitar sorpresas.

 

Y ya que hablamos de alojamiento hablemos de LA HABANA, donde normalmente todos pasamos unos días y de Dónde quedarse?

 

Tres son los barrios que normalmente eligen los viajeros como centro de operaciones.

 

Vedado al oeste, es el barrío más moderno, tiene estupendos hoteles (Nacional, Melía Cohíba) y acumula una buena parte de las casas particulares de la ciudad. Dicen que las más lujosas (35-40 CUC) se encuentran aquí. También es una importante zona de servicios y cuenta con muchos locales nocturnos y restaurantes.

 

Centro Habana entre Vedado y Habana Vieja, barrio con buenos hoteles de época que ocupa el centro neurálgico de la ciudad. La zona de Prado es elegida por muchos visitantes.

 

Habana vieja al este, concentra la mayor parte de atracciones turísticas de la ciudad. Tiene varios hoteles boutique preciosos y un puñado de casas particulares que son las más demandadas de la ciudad. Es el barrio que nosotros recomendamos para instalarse.

 

Dejo un enlace con casas particulares de todo el país. Aunque parezca extraño que reseñe una web en alemán, la verdad es que tiene la mejor selección de casas que he encontrado, recomiendo tener muy en cuenta los nombres que dan y si acaso después buscar información de esos alojamientos en páginas en castellano.

 

 

Precios y presupuesto...

 

Llevamos la idea preconcebida de que Cuba era un país muy caro, donde tratan de sacarle constantemente dinero al visitante. Es cierto que algunos servicios tienen precios elevados (alquiler de coche, entradas), que existen tasas que gravan al turista bastante difíciles de justificar y que el personal relacionado con el turismo trata de arañar algunas monedas al extranjero. Sin embargo, otras partidas compensan el presupuesto.

 

Nosotros gastamos en torno a los 65 euros diarios por persona, donde incluimos todo excepto la compra de cuatro detalles en los que tampoco invertimos demasiado…

 

Sólo el alquiler del coche y la gasolina (unos 350 euros en total) prorrateados suman más de 20 euros al día por persona… El resto se nos fue en alojamiento, copas, comidas, entradas, taxis, tasas de salida…

Con un poco de sentido y evitando que te timen, Cuba resulta barato o al menos asequible. Hay que tener en cuenta que nosotros viajamos en la temporada más cara del año, nos movimos un montón, trasnochamos a tope, bebimos decenas de mojitos y cubalibres, cenamos donde nos apeteció y nos dimos el “lujo” de disponer de coche propio para salir a provincias…

 

Si invitas a jineteros a beber y a paladares, pagas “guías”, caes en el timo de los pañales o la leche del bebe, la ruina es inevitable.

 

Nos decía nuestra casera de La Habana, que la aspiración de todo buscavidas es toparse con un extranjero, no dejarlo a sol ni a sombra, si es necesario acompañarlo por toda la isla y no soltarlo hasta que dejarlo completamente tieso... una película que ella había visto miles de veces.

 

 

 

Nuestra planificación...

 

Compramos los pasajes en marzo por 495 euros cada uno (más 3000 puntos Travel Club), tasas y cargos incluidos.

 

El visado lo tramitamos a través de On Line Tours, 25 euros por persona, más 13 euros de gastos de envío, agencia que también nos tramitó el alquiler del coche. Previamente nos pusimos en contacto con varias agencias cubanas, que no tenían autos disponibles seis semanas antes del viaje. Sirva esto de advertencia a quien quiera alquilar coche en temporada alta, también conviene saber que cuanto antes se reserve más barato saldrá. Los precios oscilan mucho. Pagamos 60 euros/día por un Hyundai Athos más 10 CUC diarios de seguro obligatorio. En La Habana todo el mundo nos decía que únicamente pagando más de 100 CUC diarios y con mucha suerte era posible encontrar un coche en Navidades.

 

 

Curiosidades...nos ha llamado la atención...

 

La economía paralela

 

La ineficiencia del sistema económico socialista propicia la existencia una economía paralela en la que cada ciudadano participa de algún modo.

El mercado negro es sólo una parte de ese intento del cubano de a pie de buscarse la vida.

Un aspecto muy llamativo de esta realidad es el saqueo sistemático de los bienes estatales por parte del que tiene acceso a esos recursos. Una dinámica plenamente normalizada en la vida cubana, que además es defendida y justificada por el resto: aquel que pueda echar mano a la caja, que lo haga. Roba el taxista, el responsable de la bodega, los trabajadores de las fábricas... Resulta difícilmente defendible la bondad de un sistema que obliga a sus ciudadanos a convertirse en delincuentes, aún cuando ese tipo de delincuencia esté socialmente aceptada.

En un país con sueldos medios de 20 euros mensuales, la justificación de un régimen igualitario se vuelve perversa cuando algunos ciudadanos alcanzan sin esfuerzo los caros productos del mercado negro y otros especialmente campesinos de zonas rurales viven en una sufrida miseria. Viva la Revolución!

 

Estética Urbana

 

Cincuenta años de socialismo o Régimen Castrista han propiciado que Cuba haya evolucionado de forma distinta a los países de su entorno. Hoy en día sistema capitalista modela la fisonomía de cualquier ciudad, uniformizándolas. La globalización, el imperio de las multinacionales y la publicidad que despliegan multiplican su influencia. Desde el punto de vista estético el socialismo ha salvado a las ciudades cubanas de convertirse en clones de urbes del otro lado del planeta. No hay rótulos de Coca Cola, ni tiendas de Zara, ni MacDonals en La Habana, tampoco malls, ni carteles publicitarios con la foto de Beckham o de un perfume de Dior. La publicidad se ve sustituida por la propaganda castrista, y los modernos establecimientos por tiendas con sabor y personalidad.

Guardamos esas imágenes en la retina porque seguramente la avalancha capitalista pronto invadirá Cuba.

 

Sin embargo la estética de los más jóvenes ya se ve afectada por las modas de la región. Los looks regetoneros importados de USA y Puerto Rico hacen furor entre los adolescentes y los líderes más admirados del barrios lucen todos los accesorios y complenmentos de marcas americanas.

El bloqueo y el régimen castrista no han podido impedir que estas influencias se extiendan como la pólvora por territorio cubano...si El Che levantase la cabeza y viese al  "nuevo Hombre Nuevo"!!!. 

 

La propaganda...

 

Todo dictadura se cimienta en una intensa propaganda política, Fidel Castro ha demostrado manejar este arma de forma magistral. Los carteles con consignas

revolucionarias, el culto de la imagen del Che y la suya propia, y la feroz crítica al gobierno americano inundan avenidas y carreteras.

Uno de los temas recurrentes es la protesta por la detención en Miami de Los cinco héroes ...héroes para los castristas y espías según los contrarrevolucionarios, los rostros de estos señores amenazan con quitarle al Che el puesto de icono propagandístico.

 

El número de ciudadanos americanos que visitan la isla

 

El bloqueo norteamericano y las restricciones de Washington a sus ciudadanos para visitar la isla que pasan por la tortuosa obtección de un visado y por las duras sanciones a quienes vulneren la legislación anticastrista, no impiden que exista importante presencia de visitantes estadounidenses en Cuba. La mayor parte son viajeros independientes que no pueden resistir la tentación de conocer de primera mano lo que se cuece en el vecino comunista, pequeño gran enemigo de su gobierno y de forma ilegal entran en Cuba a través de terceros países.

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Así como en otros relatos publicados en esta página hemos puesto especial énfasis en datos prácticos que pudiesen resultar útiles a futuros viajeros, ahora como no vamos a descubrir nada nuevo, nos hemos centrado en nuestra vivencia personal, en el impacto que nos produce el contacto con la realidad cubana y en definitiva en aportar nuestra visión personal y subjetiva de la isla.

Sábado 29 de diciembre. Llegada a La Habana

Los vuelos de  Santiago a Madrid y Madrid La Habana se desarrollan con normalidad y cumplen los horarios. La comida de Iberia como es habitual variadísima: pollo o paella (de pollo, claro).

Es de noche cuando salimos de la terminal del aeropuerto, pero se impone una temperatura agradable. Hay una larga hilera de taxis que recorremos buscando un precio aceptable. Los taxistas comienzan pidiéndonos 25 o 30 CUC y a medida que los alejamos de la salida de la terminal las pretensiones bajan hasta 20 CUC, cuando uno acepta 15 CUC subimos al coche.

En el trayecto que nos lleva al centro no perdemos detalle de las imágenes que se suceden. Cuba es un país que provoca reacciones muy diversas y contradictorias, como realmente no sabemos que efecto va a causarnos, estamos expectantes intentando formarnos una primera impresión que desvanezca dudas e interrogantes.

 

Para nuestra estancia en la ciudad hemos escogido Casa Migdalia casamigdalia@yahoo.es, una casa particular situada al lado del Convento de Santa Clara, a menos de cien metros de la Plaza Vieja en pleno corazón del barrio Habana Vieja. Conectamos vía email con un mes de antelación, acordando el precio de la doble en 30 CUC por noche. Migdalia se irá descubriendo como una persona agradable, accesible, seria y muy formal. Su casa es una buena parada en la mejor zona de la ciudad. Otras casas gozan de gran reputación, pero seis semanas antes de nuestro viaje estaban completas para navidades. Recomendamos reservar con bastante antelación si el viaje coincide con la temporada alta y queremos alojarnos en el barrio histórico.

 

Migdalia nos explica que para la primera noche la habitación disponible es menor que la que pretendía asignarnos y que por lo tanto pagaremos un precio menor: 25 CUC, mañana nos pasará a la habitación grande con balconada (30 CUC).

 

El cansancio acumulado no impide una primera toma de contacto con la noche habanera. Un par de cañas en la acogedora terraza de La Muralla al ritmo de los sones que interpreta el quinteto y los primeros mojitos en uno de los pocos locales que queda abierto a estas horas cerca de La Bodeguita, dan por clausurado el inicial escarceo que augura grandes momentos.

 

Domingo 30 de diciembre. Habana Vieja y playa de Santa María del Mar

 

La luz del día expone a nuestros ojos la descarnada realidad que la noche ayuda a esconder. Las que fueron lujosas casas y residencias de familias influyentes presentan un pobre estado de conservación, sobreviven con dificultad el medio siglo de Revolución poco benevolente con sus cansadas fachadas.

 

El panorama cambia de forma radical dos cuadras más adelante cuando llegamos a la Plaza Vieja, una de las cuatro plazas históricas de la ciudad que forma parte del sector favorecido por las obras de rehabilitación acometidas en los últimos años. Suntuosos edificios y palacios han recibido una delicada puesta a punto que ha sacado a relucir su indudable majestuosidad.

 

Un hermoso día acompaña nuestro deambular por los hitos más importantes de la ciudad. Camino de la Plaza de Armas, escudriñamos lujosos palacetes ahora reconvertidos en hoteles, cafés y restaurantes destinados a turistas. Visitamos el Palacio de los Capitanes Generales, que hoy acoge al Museo de la Ciudad (3 CUC), donde en torno a un fabuloso patio interior porticado se distribuyen las distintas salas de exposición que albergan una heterogénea colección que abarca desde muebles y finas porcelanas, hasta calesas  y trofeos de caza de Fidel traídos de Siberia o Canadá.

 

Mientras disfrutamos del sol mañanero en la bahía de La Habana, un jubilado entabla conversación y nos describe los puntos de interés del otro lado de la ensenada. Continuamos en dirección a la plaza de la Catedral, dominada por la imponente fachada barroca, campo de trabajo de una buena parte de los buscavidas de la ciudad.

 

Comienza a ser trabajoso desembarazarse de los jineteros: intentan llevarnos a un local donde dicen que se celebra el aniversario de la muerte de Compay, ofrecen puros, paseos en carruajes y todos quieren ser amigos nuestros e invitarnos a cenar con su familia la noche de fin de año. Cuando dan la batalla por perdida, intentan arañar alguna propina.

 

Recorremos la calle Obispo en dirección al colosal Capitolio, réplica de la Casa Blanca, que domina el barrio de Centro Habana. Antes de comer intentamos entrar en el desbordante edificio neobarroco del Centro Gallego (cerrado hasta el día 3) que testimonia la influencia y la enorme importancia que cobró la comunidad gallega a principios del siglo XX.  

 

De la misma época y de estilo arc deco es el Edificio Barcardi, su mirador (2 CUC) es una inmejorable plataforma para comprender la disposición de la ciudad.

 

Al frente y mirando hacia el Malecón y el océano surge el Museo de la Revolución, hacia la izquierda aparecen las destartaladas azoteas de las casas de Centro Habana, más al fondo grandes edificios dominan el barrio de Vedado, la zona residencial surgida a mediados del siglo pasado.

 

De espaldas al mar vemos los barrios periféricos, como El Cerro y la zona del parque Lenin. Hacia la derecha, el aspecto de la Habana Vieja a vista de pájaro no es demasiado seductor pero una esperanzadora mancha de tejados restaurados y fachadas pintadas de colores pastel resalta sobre el gris panorama de edificios ruinosos.

 

Nuestra intención es regalarnos una comida en la Cocina de Liliam, el restaurante más reputado del país, situado en el barrio de Miramar. Cuando llamamos para reservar mesa nos informan que permanecerá cerrado durante nuestra estancia en la ciudad, así que recurrimos al recomendado Los Nardos, ubicado en el Centro Asturiano, justo en frente del Capitolio.

 

En un ambiente de penumbra nos sirven una comida aceptable. Las raciones son demasiado grandes, una es suficiente para dos personas. Sin saberlo pedimos dos primeros, dos segundos y tenemos que dejar más de la mitad de la comida en el plato. Los cubanos tampoco pueden terminar las pantagruélicas raciones y marchan con el resto en un tapper. Acompañamos todo de unas Bucanero (cerveza nacional) y pagamos 30 CUC.

 

Antes del viaje, consultamos las predicciones meteorológicas que no auguraban buen tiempo para los últimos días de nuestra estancia, hoy que el sol nos brinda un hermoso día lo aprovechamos para acudir a las Playas del Este.

 

Cogemos un Panataxi (15 CUC) en la plaza de San Francisco que nunca se me olvidará. No sé realmente como ocurrió. Llevo la cámara en la mano, cuando salimos del taxi un chico que entra me indica que unas monedas me han caído en el asiento. Las recojo y continuamos en dirección a la playa. En menos de un minuto nos damos cuenta de que nos falta la cámara de fotos.

 

En un momento del trayecto seguramente la he dejado en el asiento. Lo más grave es que al recoger las monedas inexplicablemente me pasa desapercibida. Resulta incompresible, pero entre el jet lag y las pocas horas de sueño estoy bastante atontado.

 

Queda la remota esperanza de que nos haya quedado en la habitación, que pocas horas después se desvanecerá, también las posibilidades de localizar al taxista a pesar de las gestiones, sin muchas ilusiones la verdad, que hacemos hasta el final de nuestra estancia.

 

Este estúpido despiste nos amarga la sesión de playa, pero nos prometemos olvidar el incidente y continuar disfrutando del viaje. La playa de Santa María supera lo esperado; a pesar de contar con zonas plagadas de sombrillas, vendedores, jineteros y turistas, se extiende por franjas desiertas y alejadas del bullicio. Quizás no responda a la imagen de playa paradisíaca pero sus cálidas aguas turquesa y las palmeras que la flanquean le dan una impronta genuinamente caribeña. Un baño nos sirve de revulsivo, ayuda a espabilarnos y a dejar atrás el mal trago.

 

Regresamos a la ciudad con un taxista pirata, un conductor de autobús que intenta obtener un sobresueldo con el que sacar adelante a su familia los días libres. Pagamos 10 CUC.

 

Al anochecer nos dejamos caer por los bares de la Habana Vieja. No podemos resistirnos a la inevitable Bodeguita de en Medio (mojito bastante mediocre 4 CUC). En nuestra búsqueda de un lugar para pasar el Fin de Año nos acercamos a la plaza de la catedral donde se celebra un ensayo del espectáculo de Nochevieja (120 CUC con cena y barra libre incluida). Desde la terraza de restautante El Patio observamos el show a medio camino de la revista musical y la danza que, sin discutir la calidad de los bailarines, nos aburre soberanamente.

 

Cuando regresamos para acostarnos nos topamos con otro ensayo está vez en el restaurante David, de la Plaza Vieja. El escenario y las mesas de clientes están acordonados, pero ese delgado cordón no impide que la música del Buena Vista Social Club deleite a toda la plaza. Parejas de habaneros bailan al ritmo del mejor son cubano, también los extranjeros son atraídos por la música de la legendaria banda. Si había alguna duda acerca de nuestro flechazo con La Habana, queda disipada en esos momentos.

 

Lunes 31 de diciembre. Centro Habana y Vedado. Nochevieja

 

La Habana  manifiesta en multitud de detalles, a veces incluso surrealistas, que es una ciudad verdaderamente singular e irrepetible. Cuando al filo del amanecer escuchas por primera vez el canto del gallo crees que estás soñando, cuando el canto se convierte en coral, caes en la cuenta de que los sonoros cacareos son muy reales, provienen de los edificios de viviendas donde conviven humanos y un variado catálogo de animales domésticos. El habanero aprovecha todos los recursos a su alcance para sacar adelante la familia, haciendo suyo el lema del Comandante “Derroche Cero”.

 

Cualquier producto proveniente de la economía capitalista es oro; un artilugio electrónico un tesoro, un juguete el sueño de cualquier niño, una humilde camiseta un objeto de deseo para el adolescente. Las cosas tienen otro valor en un día a día marcado por la estrechez y la necesidad. Nada se desperdicia, nada se tira, todo se aprovecha.

 

La escasez material no puede frenar la avalancha de alegría, simpatía, música y sensualidad derrochada a raudales y que contagia al visitante. Desde primera hora de mañana el ambiente festivo del día de fin de año invade las calles de La Habana Vieja. Los más impacientes salen bien temprano hacia las playas, botella de ron en mano.

 

Hemos decidido desayunar fuera, el desayuno de la casa es caro (4 CUC por persona) y no ofrece nada extraordinario. Tomamos un café solo en un local para cubanos llamado El Cubano, está sublime y tan sólo cuesta 1 peso cubano (4 céntimos de euro). Justo enfrente tenemos el Museo del Chocolate, este local sí que es para turistas, el chocolate caliente es muy bueno y lo sirven con pastas (cuesta sobre medio euro), al salir compramos bombones que devoramos mientras decidimos donde pasar la Nochevieja.

 

Seguimos por Obispo hasta llegar al Parque Central, para conocer algunas de las joyas del barrio Centro Habana, con una parada en un puesto al aire libre para cubanos en la calle San Rafael donde nos relajamos con el primer cubalibre del día.

 

Intentamos sin éxito visitar la fábrica de Tabacos Partagás, está cerrada y sólo podemos entrar en su tienda. Doblando hacia El Malecón por Prado buscamos el hotel Sevilla, hotel de época con una arquitectura de inspiración nazarí, centro en su momento de la vida social de la capital.

 

Por tres CUC un cocotaxi nos lleva a Vedado, barrio que alberga el hotel más deslumbrante de la ciudad: el Nacional. Lujosos salones aún conservan la esencia de los tiempos dorados, los jardines con vistas al Malecón son ideales para dejar que el tiempo pase despacio. 

 

Para comer seleccionamos Los Amigos, un paladar con bastante renombre y predominio de la clientela cubana. Probamos la pasta, acompañada de unas Bucanero y pagamos 20 CUC (8 euros por cabeza). No salimos demasiado contentos de la comida.

 

Reservamos la visita a la heladería Copelia para el momento del postre. En estas fechas mantienen servicios mínimos pero conseguimos probar sus famosos helados.

 

Vedado es un barrio de amplias avenidas en pendiente orientadas hacia el mar, más habitable que Centro Habana y más relajado que la zona histórica pero a mi modo de ver algo anodino. Recorremos algunos locales interesados por la programación de Fin de Año o con el simple propósito de tomar un mojito antes de caer al Malecón.

 

Caminamos durante varios kilómetros por el famoso paseo observando como  las fachadas de lujosas residencias con vistas al mar del barrio Centro Habana, mal apuntaladas, luchan por mantenerse en pie testimoniando un fastuoso pasado, el difícil presente y un incierto futuro.

 

Esa estrecha separación entre la grandeza y la miseria, el lujo y el derrumbe, la añoranza del esplendor de tiempos pasados mezclada con un exhibición de vitalidad y colorido arrollador le otorgan a la ciudad la pócima mágica que rinde irremediablemente a sus pies a cualquier visitante con una pizca de sensibilidad.

 

Comienza oscurecer cuando alcanzamos La Habana Vieja,  pero aún tenemos tiempo de saborear el enésimo mojito en el Museo del Ron antes de prepararnos para la noche de Fin de Año.

 

Es la primera vez que pasamos la Nochevieja lejos del invierno europeo, una antigua aspiración que hoy vamos a ver cumplida en un escenario muy apropiado. Un creciente rumor festivo enormemente contagioso invita a la diversión. El habanero vive el momento, quiere olvidar sus problemas y celebrar su propia felicidad.

 

Tardamos un mundo en llegar a casa Migdalia, allí nos paran, aquí nos invitan a beber brebajes insanos o nos dejamos llevar por la música que fluye por todas las esquinas. La fiesta ya ha empezado. La temperatura ambiental no desentona con el calor emocional que se respira en las calles.

 

Tardamos pocos minutos en tomar una ducha y salir otra vez al ruedo, recorremos locales de la Habana Vieja que vibran con los ritmos más calientes. Aunque tenemos una reserva para cenar en un local de Vedado, el Gato Tuerto, el ambiente que se respira en lugares como la Lluvia de Oro, hace que nos planteemos seriamente nuestro futuro inmediato.

 

Finalmente cogemos un coco taxi que nos lleva al Vedado (4 CUC). La cena (30 CUC persona) en la terraza con vistas al Malecón acompañada con música de piano no defrauda, la comida a base de pescado con mariscos raya a gran nivel, pero poco a poco el cansancio acumulado va haciendo mella. Cuando bajamos al club de música nos encontramos con un tío que canta divinamente boleros, pero que hace que nos durmamos...hoy necesitamos otro tipo de ambiente.

 

En el Gato Tuerto, se portan fenomenal, cuando decidimos marcharnos nos devuelven 10 CUC del importe de la entrada. Pronto encontramos un taxi que nos devuelve al bullicio callejero.

 

Seguimos la fiesta hasta altas horas, frecuentamos los garitos más concurridos y nos mezclamos con los grupos que se divierten al aire libre, en plena calle, donde retumba la música que sale de las entrañas de las casas.

 

Martes 1 de enero.  Más La Habana y Playas del Este

 

Hoy empieza el año 50 de la Revolución, cuarenta y nueve años atrás las fuerzas revolucionarias doblegaban las defensas de la capital y se hacían con el poder. Varias películas americanas recrean el suceso dramatizando el momento en que tropas del Comandante irrumpían en los lujosos salones de baile que celebraban la llegada del nuevo año. Era el comienzo de una nueva era.

 

Por estado de las calles tras las fiesta de la nochevieja, podría pensarse que aquellas tropas que cambiaron irreversiblemente la historia del país hace casi medio siglo, han vuelto a invadir anoche por la ciudad.

 

Paseamos entre el silencio y el desorden hasta que damos con la Dulcería Santa Teresa, próxima a la Plaza de Armas donde desayunamos unos dulces y unos zumos y pagamos menos de dos euros a pesar de que la camarera nos hace mal la cuenta. Lo pasamos por alto, no merece la pena molestarse por unos céntimos.

 

Nos sucede en otro detalle parecido en un café donde nos cobran el doble que ayer. Le pregunto con ironía al camarero si es que han doblado los precios por el cambio de año y él todo digno me responde: "No es que este café es más fuerte". Me ha sableado cuatro insignificantes céntimos de euro y ha estado muy ocurrente, así nos reimos del detalle sin darle más importancia de la que tiene.

 

Pasamos el día de Año Nuevo en la playa, otra vez en Santa María del Mar, llegamos en un Panataxi (15 CUC), alquilamos unas tumbonas y nos dedicamos a vaguear  aprovechando el espléndido sol entre una fauna bastante curiosa donde predomina el turista italiano, sobre todo masculino que intima con bastante facilidad con las jóvenes cubanas.

 

Al atardecer regresamos en un taxi pirata (12 CUC), un Skoda de antes de la Revolución que parece que se va a caer a trozos por la autopista.

 

Habíamos previsto salir hoy hacia Trinidad, pero optamos por permanecer una noche más para evitar el tener que conducir tras la caída de sol.

 

Como la agencia nos obliga a recoger hoy el coche de alquiler, nos vemos obligados a encontrar un lugar seguro para dejar el vehículo hasta mañana, no hay problemas para localizar cerca de nuestro alojamiento un aparcamiento estatal que cobra un CUC. También tenemos que desplazarnos para recoger el coche a las oficinas de Cubacar situadas enfrente al Meliá Cohiba en el barrio del Vedado, nos lleva un taxi pirata (3 CUC).

 

Solucionado el asunto de vehículo y después de un merecido descanso volvemos otra vez al ruedo con la misión de despedirnos de la ciudad.

 

Saliendo por la calle Santa Clara hacia la dársena, tropezamos por casualidad con un garito bastante genuino llamado Dos Hermanos; aunque está prácticamente vacío, atraídos por la buena onda de la banda y la estética prerrevolucionaria que combina suelos de cemento pulido, con mobiliario negro americano que parece sacado de una película de cine negro, nos sentamos y pedimos un trago. El barman, un negro ancho, rapado al cero, de sonrisa fácil prepara con destreza estupendos mojitos (2 CUC) y acentúa el aire clásico del local. Me descolocan estas sorpresas que nos depara La Habana, nada es producto del marketing, no hace falta recrear una atmósfera para trasladarnos a la Cuba de los años cincuenta, existe y de forma espontánea podemos sumergirnos en el túnel del tiempo.

 

Una cena en la terraza interior del restaurante Hanoi (15 CUC dos personas) nos da fuerzas para un último recorrido por los bulliciosos bares de la Habana Vieja: café Paris, La Mina y por supuesto el vibrante Lluvia de Oro.

 

Cuando atravesamos la Plaza Vieja por última vez nos damos cuenta que antes de abandonar La Habana ya la estamos extrañando...

 

Miércoles 2 de enero. Cienfuegos, Trinidad.

 

Las sábanas se nos han pegado más de lo previsto y arrancamos pasadas las nueve. La ciudad carece de indicaciones y salir en la dirección correcta es como encontrar una aguja en un pajar. Cuando enganchamos la Autopista Nacional, paramos a uno de los muchos autoestopistas que hacen botella para que nos de un poco de conversación, pero nos toparmos con el único cubano callado que existe...el hombre es un mar de silencio.

 

Enseguida conseguimos una media de velocidad aceptable. El Hyundai Atos apenas tiene motor, pero lanzado alcanza los 120 km./h. sin dificultad. Como su apelativo indica (ochovía) la autopista tiene cuatro carriles en cada sentido, encontramos algunos baches pero su estado es aceptable. La conducción es cómoda porque apenas circulan coches, aunque nos vemos obligados a adelantar por izquierda y derecha y estar alerta con algún animal o vehículo lento que podamos encontrarnos.

 

El paisaje es realmente bello, las elegantes roystoneas despuntan en las suaves lomas cubiertas de verde mientras delgadas nubes alargadas en el horizonte azul terminan componiendo la clásica estampa del campo cubano. Plantaciones de cítricos, caña y algunas granjas se alternan en el paisaje.

 

Dejamos la autovía que sigue hacia el Oriente cuando alcanzamos la provincia de Cienfuegos, tomando una secundaria que por el sur enlaza con la ciudad de Cienfuegos.

 

Poco después del mediodía llegamos a la “perla del sur”. Dejamos el coche en el parque José Martí, donde se concentran los edificios más importantes de la ciudad: palacio provincial, catedral, museos...

 

De aire señorial, calles bien alineadas flanqueadas por casonas coloniales de columnas pintadas de blanco y fachadas en tonos pastel, Cienfuegos posee uno de los conjuntos arquitectónicos más armoniosos y mejor conservados de la isla, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

Sus habitantes son amables y hospitalarios y en sus calles se respira el ambiente tranquilo y acogedor de una ciudad de provincias. Comemos por 14 CUC (11 euros) dos personas en el restaurante Doña Yulla incluyendo unos mojitos; comida algo floja.

 

El postre lo tomamos en una sucursal de la Copelia de La Habana, esperando con el resto de clientela cubana en la calle Prado a que se abran las puertas de la heladería.

 

Mientras paseamos por el parque Martí entablamos conversación con un grupo jubilados, intrigados por el excelente aroma de sus puros les preguntamos de donde proceden.

 

Al escuchar la palabra “puros” un jinetero aparece en escena y es separado por uno de los señores, que nos indica que lo sigamos. Nos conduce dos cuadras más allá a casa de una mulata que vende puros y  que asegura haber recibido una remesa de cigarros frescos. El hombre nos pregunta que cuántos vamos a comprar, un poco sorprendidos y sin preguntar el precio pedimos veinticinco. El asiente e informa: “son a peso”. Claro que no sabemos si cubanos o convertibles (25 pesos cubanos=1 peso convertible o CUC) y le preguntamos si podemos pagar con pesos convertibles…sonríe y concreta “son pesos cubanos”.

 

Nos miramos impasibles y pedimos veinticinco más, de los cuales le damos la mitad a nuestro acompañante, que termina por aceptarlos tras nuestra insistencia. Salimos de la casa encantados de la excelente compra de puros que luego resultarán espléndidos, por menos de dos euros el lote.

 

Antes de reemprender la marcha visitamos Punta Gorda. Un complejo caribeño que alterna un horrible edificio de los años cincuenta con el fastuoso Palacio de Valle de inspiración mudéjar, levantado en el siglo XIX por un nuevo rico y hoy convertido en hotel. La planta baja cubierta de lujosos bronces y mármoles alberga el restaurante donde los turistas husmean entre las mesas de molestos comensales. En una escena surrealista el pianista toca un bolero, seguido a coro por un grupo de japoneses que no para que grabar y  hacer fotos a todo lo que se menea.

 

Tras una odisea conseguimos encontrar la carretera de Trinidad y llegamos sin quererlo a Rancho Luna, una de las playas más renombradas de la provincia. De camino subimos en el coche a un marinero que nos invita a tomar café en su casa. Se ofrece para conseguirnos unas langostas por 5 CUC y acordamos cenarlas en su vivienda.

 

En Trinidad visitamos un par de alojamientos y decidimos quedarnos en la casa de Norlys, por 25 CUC, tal vez regateando con más intensidad la hubiésemos conseguido mejor precio, pero estamos bastante cascados. La habitación tiene entrada independiente, es amplia, con una pequeña terraza y muy limpia, aunque dista unas cuadras del centro histórico.

 

El dueño de la casa se muestra sumamente complaciente, su objetivo es que todo el gasto del turista pase por sus manos. Aún no sabe que ha pinchado hueso. De momento nos dejamos llevar y nos acompaña a casa de un amigo suyo que hace buceo, también se ofrece sin costo alguno para llevarnos y traernos a la discoteca que hay en las afueras si nos pasamos de copas…y no para de alabar sus habilidades culinarias.

 

A la hora acordada nos plantamos en la casa del Pollo, así se llama el marinero; llevamos en una botella de albariño que nos hemos traído desde casa y que hemos enfriado en la habitación. Las langostas son gigantescas, unas piezas enormes que sacian nuestro voraz apetito.

 

El Pollo y su mujer nos hablan de sus aspiraciones y sueños, los de una familia de cubanos normal y corriente, nos muestran con orgullo una minicadena musical que les ha enviado la madre que trabaja de profesora en Venezuela y su frustración ante la dura realidad del país.

 

A pesar de que ya ha anochecido, Trinidad no puede ocultar su indudable encanto. Las empedradas calles en pendiente donde aparcan vencidos coche de época, las elegantes casas coloniales de altos techos y amplios ventanales enrejados destinadas en su mayoría a alojamientos para turistas, su exquisita plaza mayor que quizás sea la más encantadora del mundo y que alberga cada noche actuaciones al aire libre de música tradicional. Por mucho que nos cuenten, por muchas fotos que hayamos visto, Trinidad hay que verla, sentirla, es única.

 

A partir de las 10 de la noche la gente sale de los restaurantes y se agrupa en los puntos de diversión de la ciudad. Subiendo las escaleras de la plaza mayor se encuentra la Casa de la Música. Trinidad no sería la misma sin este local. A un extremo de la calle se encuentra el escenario al otro la pequeña barra y la terraza que se extiende hasta invadir casi por completo la vía pública dejando un pequeño espacio que es utilizado como pista de baile. Las escaleras  son ocupadas por visitantes que contemplan embobados los bailes de los cubanos.

 

La noche está fría y necesitamos unos mojitos y cubalibres (a 2,50 CUC) para animar el cuerpo, seguimos la fiesta en la Casa de la Trova (entrada 1 CUC, copas a 2.50), el otro lugar de reunión y música en vivo de la ciudad.

 

Cuando volvemos a la casa observamos una escena muy reveladora y que nos dará mucho que pensar. El dueño de la casa nos aconsejó por la tarde que era recomendable que nos vigilasen el coche de noche, él ya se encargaría de hablar con unos vecinos, que normalmente cobraban 2 CUC. Retornamos sobre la una de mañana y vemos en la puerta contigua a una señora tirando de frío tratando de abrigarse con una pequeña una toalla por encima. Nos saluda sonriente y nos damos cuenta que es la vigilante, que por unas míseras perras pasa la fría noche en vela. La vida para esta gente no es de color de rosa.

 

Jueves 3 de enero. Área de Trinidad: valle de los Ingenios, playa Ancón.

 

El coche está por supuesto sano y salvo por la mañana. Desayunamos en Casa Norlys, 3 CUC por cabeza, caro para lo que ofrece. El día está feo, no llueve pero atraviesa la isla una intensa ola de frío inusual en estas latitudes, nos aseguran que incluso de noche nevó en Florida un par de cientos de kilómetros más al norte. En Trinidad no llegamos a ese extremo pero los termómetros bajaron de los 10º y ahora de mañana nos movemos en los 14 grados, una temperatura agradable para recorrer la ciudad a pie.

 

Atrapada entre la abrupta sierra de Escambaray y las playas del mar Caribe, Trinidad atesora un magnífico conjunto colonial. Manteniendo el difícil equilibrio entre el desarrollo turístico y la conservación de su patrimonio, los palacios se han convertido en museos o locales sociales, las casonas con elegantes patios interiores en residencias para visitantes o refinados restaurantes. Perderse por sus calles nos transporta a un lugar atemporal donde las gentes no han perdido su frescura y hospitalidad.

 

Las fachadas recién pintadas, las puertas bien barnizadas y los cuidados patios interiores reflejan la influencia positiva de un turismo sostenible que ha ayudado a lavarle la cara a la ciudad. Incluso las incursiones de los grandes grupos hoteleros han aportado notas positivas. Un claro ejemplo es el recién inaugurado Iberostar, ubicado en un palacete del XIX que muestra una apariencia envidiable.

 

Callejear, vagabundear sin rumbo fijo es la mejor manera de descubrir los rincones y las sorpresas que nos reserva el núcleo histórico fácilmente abarcable a pie por sus dimensiones. De los diversos museos que acogen las calles más céntricas entramos en el Museo Nacional de la lucha contra los bandidos (2 CUC), un monumento a la propaganda castrista cuya visita considero prescindible.

 

Sobre las diez ponemos rumbo al Valle de los Ingenios, conocido así por las numerosas industrias azucareras que durante varios siglos convirtieron esta provincia en una de las zonas más pujantes de la isla. Quedan hoy muestras bien conservadas de la actividad y ruinas de las antiguas haciendas están siendo recuperadas como reclamo turístico.

 

Otra de las grandes atracciones de la sierra que se alza a espaldas de Trinidad es el Tope de los Collantes, donde se encuentran las cascadas más espectaculares del Caribe enmarcadas en una zona de enorme belleza paisajística, pero hoy la climatología no anima mucho a buscar las tierras altas y bañarse en pozas.

 

A tres kilómetros de Trinidad nos detenemos en el mirador de la Loma del Puerto con bellas vistas sobre el valle. El siguiente destino es la Casa Iznaga y su torre vigía desde donde se vigilaban los esclavos. Seguimos hasta casa Guachinango explorando de camino las aldeas y los hermosos parajes que ofrece el valle de San Luís.

 

Cuando se acerca la hora de comer, ponemos rumbo a Trinidad. Después del éxito de la langosta de ayer, queremos repetir y buscamos en el cercano pueblo pesquero de Puerto Casilda una casa particular que nos prepare una buena comida. Hacemos unas averiguaciones y terminamos en la mesa de un cómodo jardín donde nos sirven un pargo estupendo, camarones (langostinos) y por supuesto dos hermosos ejemplares de langostas que aún sin cabeza no caben en los platos. Pagamos 22 CUC más las bebidas, para un total de 28 (sobre 22 euros dos personas). El puro y el café se hacen imprescindibles en la sobremesa.

 

Aunque el tiempo no mejora, no queremos perder la oportunidad de asomarnos a la vecina Playa Ancón. Como es habitual las indicaciones brillan por su ausencia y conseguimos perdernos un par de veces antes de llegar dando tumbos a la playa que hoy está casi desierta.

 

Es una estupenda playa y a pesar de tener un par de grandes hoteles encima, luego continúa hasta hacerse interminable.  Es ancha, de fina arena fina y aguas bastante transparentes aunque el mar  hoy está algo revuelto.

 

Tenemos negocios pendientes con el Pollo y al caer la tarde le hacemos una visita. Ha quedado en traernos unos puros y un café de la Sierra de Escambray que quita el sentido. Necesitamos una caja bien presentada para un regalo y nos ofrece unos cohibas espléndidos con bastante buena pinta. El pobre hombre que se llevará una comisión por la venta se desvive en colocárnoslos…que si son auténticos, que si se dan una caja a su cuñado cada mes, bla, bla, bla.

 

No nos sentimos con fuerza para rechazarlos y nos los quedamos al caja de veinticinco por 20 CUC (15 euros). Resulta ser una gran compra, la caja de madera tiene una apariencia fantástica, seguramente no son auténticos cohibas pero el agasajado ha quedado agradecidísimo y reconoce que son unos grandes puros habanos en perfecto estado.

 

En nuestros planes iniciales figuraba terminar el viaje en la llamada Cayería del Norte (Ensenachos, Sta. María, Las Brujas), como el frío se mantendrá al menos mañana no tiene mucho sentido aventurarse en los cayos donde no hay nada que hacer salvo bucear y estar en la playa. Las predicciones apuntan a que el sábado mejorará, pero desde los cayos del norte, precisaremos salir temprano hacia La Habana sino queremos perder el avión de regreso. De esa forma mañana no disfrutaremos de las playas por la climatología y el sábado por falta de tiempo. Se estando gestando otra alternativa que debatimos mientras buscamos donde cenar.

 

Aburridos de la repetitiva comida cubana, las cartas de los restaurantes ofrecen una limitada variedad de platos, donde el pollo y el cerdo cobran gran protagonismo, recurrimos a unas pizzas de la Cremería Las Begonias.

 

En torno a las diez estamos como clavos en la Casa de la Música, hoy seguimos la noche en el Palenque de los Congos Reales y en la Casa de la Trova, con el firme propósito de no abandonar Trinidad sin pasar por la discoteca Ayala, enclavada en la cueva de un monte a las afueras, de la que nos han hablado maravillas. Pero el cansancio hace mella y nos retiramos sobre la una de la madrugada resignados.

 

 

Viernes 4 de enero. Rumbo a Viñales, valle de Viñales.

 

Con el clima todavía inestable y aprovechando la autonomía que nos brinda disponer de vehículo propio, decidimos atravesar medio país hasta alcanzar Viñales.

 

La provincia de Pinar de Río, situada en la parte occidental de la isla, nos ofrece la posibilidad de explorar el valle de Viñales con sus plantaciones (vegas) de tabaco y su caprichosa orografía. El sábado si las temperaturas suben, podremos dedicarlo a  perdernos en alguna playa que no se encuentre demasiado lejos de La Habana.

 

Emprendemos la marcha, siguiendo la misma ruta que usamos para venir desde  La Habana (vía Cienfuegos). Recogemos autoestopistas que nos va haciendo más ameno el viaje y que se quejan del desastroso estado del transporte.

 

El cubano de a pie no tiene prácticamente opciones de acceder a un vehículo propio, el transporte público es escaso y no hay plazas para todos en fechas de mucho movimiento como son las navideñas; muchos se quedan en tierra. 

 

Los que no han conseguido una plaza en el autobús inundan las carreteras haciendo pacientemente botella durante horas. A  veces nadie los para y tienen que resignarse con probar suerte al día siguiente. Las bajas temperaturas de estos días aumentan su sufrimiento.

 

Todas las personas que suben a nuestro coche terminan por quejarse de la situación, la mayoría critica con dureza a la clase dirigente. Otros incluso, van más allá y se desahogan deseando la muerte de Fidel con rabia. La penuria económica es su principal preocupación, por encima incluso de la asfixia que provoca la represión política; muchos no han conocido otro régimen y están acostumbrados a la dictadura. En la charla sosegada con el extranjero se sienten liberados y capaces de decir lo que sienten.

 

En torno a la una de la tarde bordeamos los suburbios de la capital, ahora tenemos que rezar para encontrar la forma de enlazar con la Autopista La Habana-Pinar del Río sin liarnos y entrar en la ciudad. La falta de indicaciones como siempre es nuestro peor enemigo pero preguntando aquí y allá encontramos la salida correcta.

 

El tramo hasta Pinar se hace en un soplo, un poco antes tomamos un desvío a la derecha que nos conduce a Viñales. Las llanuras van dejando paso a perfiles más ondulados, la carretera comienza picar hacia arriba y se retuerce, la vegetación muda y los pinares dominan las laderas.

 

Como una aparición surge ante nuestros ojos el valle de Viñales, parece salido del lápiz de un dibujante de cuentos infantiles extendiéndose en una verde llanura punteada por mogotes, las caprichosas formaciones que confieren un aspecto casi mágico al protegido valle.

 

Geológicamente estos montículos poblados de densa arboleda que se yerguen en vertical, son el resultado del trabajo de arroyos subterráneos que durante millones de años han horadado el subsuelo hasta provocar bruscos desplomes del terreno.

 

A las tres de la tarde aparcamos en la calle principal del pueblo, la carretera, que es también el principal centro de la actividad de esta villa rural poblada de casas con porches que le confieren un aire pintoresco. Enseguida unos cuantos jineteros salen a nuestro encuentro ofreciendo alojamiento.

 

Decidimos buscarlo por nuestra cuenta, hasta que un casero que tiene sus habitaciones ocupadas, nos acompaña por el barrio preguntando casa por casa. La búsqueda es sosegada, al ritmo cubano charlando aquí y allá con los vecinos hasta que recalamos en casa la Prieta y Mario (20 CUC), recomendada también por la guía Lonely Planet.

 

La habitación es muy agradable y la familia increíblemente amable. Nos instamos y dedicamos el resto de la tarde a descubrir los secretos del encantado valle.

 

Comenzamos con la Cueva del Indio (5 CUC), una cavidad situada en las faldas de un mogote surcada por un río subterráneo que se expande en brazos más pequeños. El recorrido comienza a pie por el túnel principal de que cuelgan estalactitas, cuando llegamos al borde del río subimos a una barca que inspecciona las cavidades subterráneas. Si se han visto otras cuevas (pienso en Valporquero y Nerja bastante más espectaculares), ésta no apunta nada especial, pero el paseo por en la barca nos da una perspectiva interesante. A la salida nos refrescamos con un zumo de naranja con unas gotas de ron, la amabla camarera no para de echarnos naranja...y ron...tiene ganas de charla.

 

En la carretera nos cruzamos con turistas que  hacen caminatas o recorridos en bicicleta; el entorno de un verde intenso, adornado de palmas reales y salpicado de bohíos es propicio. Ascendemos por una carretera tortuosa hasta llegar a La Estancia, un hotel que ofrece unas inmejorables vistas de los mogotes, otro lugar que recomendamos para divisar el paisaje  es el encantador hotel Hortensia, desde donde Federico García Lorca definió Viñales como "drama telúrico". Ambos están muy próximos al pueblo.

 

Cenamos en el recomendado La Casa de don Tomás, el local es estupendo, la comida otra vez floja (algo más de 20 CUC dos personas).

 

La noche de Viñales tiene un nombre propio, el Centro Cultural Polo Montañez. Una animada sala de baile al aire libre donde sirven buenos mojitos (2,5 CUC), escenario ideal para los apasionados amoríos entre diestros bailarines locales y enamoradizas extranjeras.

 

Sábado 5 de enero. Cayo Jutías y despedida.

 

El día de nuestra despedida amanece completamente despejado, el frente frío es afortunadamente historia y las temperaturas mañaneras son más acordes con las que cabe esperar de estas latitudes.

 

Inevitablemente nos despediremos de Cuba con un día en la playa. Nuestro destino es Cayo Jutías, un pequeño islote famoso por sus desiertas playas de arena blanca unido a tierra por un pedraplén, que está situado en el extremo occidental de Cuba, a menos de una hora de Viñales.

 

Dejamos el equipaje en la posada y emprendemos el camino muy temprano, no podemos derrochar ni un solo rayo de sol. La carretera que atraviesa la comarca de las Minas de Matahambre transcurre por unos paisajes bellísimos. 

 

Primero atravesamos las vegas del valle con las características casetas de madera destinadas al secado del mejor tabaco del mundo. Continuamos a través de los collados de la abrupta sierra donde se imponen los pinares y unos paisajes insuperables. Cuando empezamos a descender observamos intermitentemente el mar que nos está esperando. 

 

En apenas una hora estamos en el puesto de control  del terraplén cotizando 5 CUC por persona en compañía del jefe de un centro de seguridad que hemos recogido por el camino. Él nos ha devuelto el favor influyendo para que un policía no se pusiese pesadito con los pasaportes, que con las prisas se nos han quedado en la casa.

 

El señor que nos acompaña nos explica el daño ecológico que ha supuesto la construcción del pedraplén. La carretera que une cayo Jutías con tierra firme está soportada por una masa de bloques que alteraron el fluir natural de las corrientes y que han obligado al mar a buscar otra salida.

 

Poco a poco las mareas comen literalmente terreno el cayo, hasta el punto de que en algunas partes de la isla, el agua ha avanzado más de un centenar de metros. Problemas similares al parecer se han manifestado al norte, en Cayo Coco, de modo  que en la actualidad para la construcción de vías de comunicación con los islotes se buscan soluciones que minimicen el impacto en el curso de las mareas. 

 

A pesar de todos los pesares, la mano agresiva y dañina del hombre no ha conseguido destruir la belleza de este apartado paraje. La playa que recibe al visitante y donde se encuentra la infraestructura turística reducida a un chiringuito playero y cuatro hamacas no llama realmente la atención por su belleza. Es un espacio agradable protegido por la barrera de coral y bañado por aguas tranquilas ideal para familias.

 

El manglar de la izquierda esconde el auténtico tesoro de la isla. Siguiendo la selva un centenar de metros o bodeando el manglar por el agua, llegamos a una espectacular y desierta playa que se pierde en el horizonte ideal para olvidarse de todo mientras dejamos que nuestros pies se entierren bajo la esponjosa y blanca arena lamida por aguas transparentes.

 

Las excursiones en barco llegan hasta el otro extremo de la media luna que forma la franja de arena, donde aseguran que está la parte más paradisíaca del cayo: aguas bien resguardadas y poco profundas, pobladas por estrellas que mar donde se consigue la perfecta foto de postal.

 

Tras disfrutar de la hermosa playa contigua y hacer un poco de buceo, nos creemos merecedores de unos daiquiris que disfrutamos dentro del agua, los locales que consideran que el agua está helada, nos miran como a extraterrestres.

 

Comemos algo de pescado, también unas almejas crudas que hemos capturado cerca de la barrera de coral, apenas pagamos 20 CUC, incluyendo unos cuantos daiquiris que preparan de forma magistral en el chiringo.

 

Sobre las tres, emprendemos el camino de vuelta. Hemos aprovechado la  jornada de la mejor forma posible, pero ahora es el momento de plegar velas.

 

En Viñales recogemos nuestras pertenencias, como aún no la han alquilado la habitación nos permiten hacer uso de ella. En todo momento los dueños de la casa han tenido un trato increíble con nosotros. El carácter de los guajiros quizás no sea tan abierto como el de las gentes de la Cuba central, pero tratamos con gente muy noble y hospitalaria.

 

Para no perder la costumbre camino de La Habana vamos recogiendo gente, la mayor parte del recorrido nos entretenemos con un profesor de historia, castrista convencido, con el que mantenemos un vivo debate. Llegamos a la capital cerca de las siete de la tarde...queremos ver por última vez esta ciudad que nos ha embrujado antes de regresar a Europa.

 

Como colofón entregamos el coche en las oficinas de Cubacar en Vedado, compramos unas botellas de ron en un supermercado próximo y cazamos un taxi pirata (11 CUC) que nos deja en el aeropuerto.