Botswana y Cataratas Victoria

                                                                                                                                         

 Okavango, Vic Falls, Chobe y Nata

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Colaboración especial. Botswana y Namibia en 4x4, por TOMÁS.

 

En las mismas fechas de nuestro viaje el compañero Tomás visitó el norte de Botswana, el Caprivi en Namibia y las cataratas en Zambia y Zimbabwe en 4x4 con tiendas en el techo por cuenta propia. A continuación nos da las claves fundamentales para afrontar esta aventura con éxito:

 

El viaje fue de 22 días en agosto con entrada y salida por Johannesburgo. Los parques visitados fueron el Kalahari (Deception Valley), Nxai, Maun con Mokoro y vuelo sobre el Okavango, Moremi, Nata, Chobe, Cataratas Victoria, Mamili, Susuwe y Mahango


El 4x4 para entrar por todas las pistas en parques como Nxai, Kalahari, Moremi, Chobe y seguro que en Savuti es imprescindible y en cualquier caso hacen falta coches altos para no quedar embarrancados en los arenales de la mayoría de los parques.

 

El alquilarlo equipado con las tiendas, cacharrería para cocinar, etc, vale la pena porque te da una flexibilidad enorme y te simplifica la vida un montón.

 

Al alquilarlo comprobad bien como funcionan el manómetro de la bomba del aire, el estado de los neumáticos y el funcionamiento del coche cuando os lo entreguen (especialmente el control de tracción). A nosotros nos dieron un coche que tenía desalineada la dirección y los neumáticos delanteros estaban muy desgastados por el interior. Esto hacía el coche difícilmente controlable y hasta que no nos cambiaron neumáticos y alinearon la dirección nos dio problemas y llegamos a quedarnos atascados 2 veces en el Nxai. Una vez reparado ya no tuvimos ningún problema.



Lo ideal es un coche diesel y especialmente un land rover que es más alto aunque hay menos y menos recambio y un toyota hylux que es más bajo pero hay muchos más y se pueden conseguir repararlos más fácilmente.

La conducción por arenas tan profundas para novatos es estresante los primeros días. Si uno no tiene muchas habilidades en condiciones normales mejor abstenerse de plantearse así el viaje porque seguro que se sufre bastante o incluso acabaría desistiendo.

Para conducir por los parques es más que conveniente circular con la reductora (low range) especialmente con tramos muy largos de arena profunda. Si los tramos son cortos se pueden pasar sin problema en tercera e incluso en cuarta si se va rápido. Si los tramos son largos y con mucha arena es mejor entrar directamente en segunda y mantener la velocidad (las revoluciones del motor). En los diesel intentad estar siempre entre las 2000 y 2500 revoluciones porque es donde se tiene el par máximo del motor. Si veis que el coche se va frenando y que parece que se va a parar intentad que nunca patinen las ruedas porque lo que haréis será enterrar el coche y os costará más salir del agujero. En esos casos se mueve el volante de lado a lado. El motivo es que en todas estas pistas de arena por la zona que pasan las ruedas de los coches la arena esta suelta pero en los laterales de las rodaduras hay zonas duras. De esta manera al mover la dirección suavemente de lado a lado el neumático toca con los laterales de la rodadura y se consigue que el coche se impulse con el lateral de los neumáticos. Hacedlo suavemente para no salirse de la pista y evitar posibles vuelcos. Cuando vayáis por caminos lentos con curvas muy cerradas no os preocupéis, incluso se puede bajar las vueltas del motor porque el coche se comporta casi como un tranvía y al tocar los laterales de las rodaduras del camino te impulsa y redirecciona fácilmente.

Si os quedáis atascados mejor no aceleréis en vacío porque estaréis enterrando el coche y lo tendréis que desenterrar a pala. Intentad echar marcha atrás porque puede ser que se os haya quedado el coche en un hoyo. Si loconseguís intentad mover la dirección hacia los laterales cuando volváis hacia delante para evitar el agujero aunque no lo veáis. Si no se mueve bajad del coche y comprobad hasta donde os habéis enterrado y cavad hasta liberar los ejes y tubo de escape. Luego le ponéis unas ramas o los troncos de las barbacoas de la noche ponéis primera o segunda y en cuanto consigáis hacerle moverse si es en primera pasáis a segunda o si es en segunda mantenedla. Los cambios hay que hacerlos muy rápidos. Si sois muchos a veces zarandear el coche desde los laterales y un buen empujón del grupo es suficiente para salir del apuro.


GPS. Fuera de los parques no hace falta
para nada, pero en el interior si no tienes buen sentido de la orientación o por seguridad para comunicar tu posición si tienes algún problema o para poder situarse en el mapa es más que recomendable y te da unas posibilidades de elegir las rutas a seguir o para no recorrer varias veces el mismo camino que sin el no tienes. Yo he usado una PDA con GPS y protector de pantalla (por el polvo) con los planos de Verónica Roodt escaneados y otros de google earth con la información de Tracks 4 Africa y ha sido una auténtica gozada. Además te da muchísima tranquilidad.

Lo de las reservas en los parques nacionales es un cachondeo. Llevábamos las de Kalahari y Nxai pero al llegar al resto de los parques, especialmente Chobe y Moremi estuvimos en todos ellos. Estuvimos en Third Bridge, Xakanaxa, North Gate e Ihaha. Basta con presentarse en las zonas de acampada y preguntar por disponibilidad. He estado 6 meses intentando conseguirlas y siempre decían que estaba todo reservado. En algunos casos nos daban "reserve sites" que no son las plazas oficiales sino zonas más lejanas a los baños o sin los braai de rigor. En otros nos daban las plazas oficiales. En cualquier caso si podeis llevar las reservas mucho mejor. Estas es recomendable solicitarlas 1 AÑO ANTES de la visita. En caso de no conseguirlas es aconsejable llegar con tiempo a los lugares de acampada a preguntar por la disponibilidad de algún hueco y si no te lo dan salir del parque. Como para visitas durante el mismo día se permite la entrada al parque hay gente que usa la estrategia de llegar tarde a las zonas de acampada y por lo menos consiguen una noche dentro del parque.

 


Los sitios visitados...

por TOMÁS

 

Deception Valley en el Kalahari es una preciosidad con montones de oryx. El Nxai en esta época impresionante por los animales que puedes ver al amanecer y la puesta cuando van a beber agua al “Water Hole” (elefantes, jirafas, cebras, springbuck, chacales, leones, cientos de aves, buitres que estaban con un animal que habían cazado los leones la noche anterior...) y las vistas de los lagos secos en Baines Baobab impresionantes.

En todo lo que es el Kalahari y la periferia por la noche hace un frío de mil diablos. Por la mañana nos levantábamos y si dejabas agua en los cacharros te encontrabas una capa bien gruesa de hielo. Durante el día en cuanto empieza a salir el sol la temperatura sube rápidamente y puedes estar en manga corta en cualquier zona.

 

En el Okavango el vuelo escénico es una pasada y la excursión que hice con Audi Camp de un día esta muy bien porque te das el paseíllo en mokoro pero luego haces un paseo a pie en el que ves montones de pájaros y algunos elefantes, hipos, jirafas y varios tipos de antílopes. Hay gente que no encuentra muy interesante esta excursión aunque si te interesan las aves vale la pena.

 

Moremi es impresionante. Para ver animales la mejor zona es Xakanaxa y North gate con Khwai. Para estar en zona solitaria y más remota Third Bridge. Al atravesar South Gate me sorprendió ver tantos animales porque no suele tener muy buena reputación. Los que quieran ir de Xakanaxa a North Gate a través de Paradise Pools ahora y habitualmente no se puede hacer. Tienes que visitar Paradise y volver a la oficina de Xakanaxa para ir por un camino más interior sin necesidad de volver a South Gate hasta alcanzar North Gate.

 

Tened cuidado los que vayáis a Moremi. Hay leones y hienas especialmente que buscan su oportunidad con niños pequeños en las zonas de acampada, con los mayores no se suelen atrever. Cuando estuvimos en Third Bridge puede que la misma hiena que casi correteó entre nosotros 2 semanas más tarde se intentó llevar a un niño. Este comentario no es para asustar sino para que seamos conscientes de las cosas que pueden suceder en estos sitios y tomemos nuestras precauciones. Normalmente asumimos riesgos en nuestra vida diaria urbanita pero este riesgo es nuevo y es bueno ser consciente del problema y tomar las precauciones que tomamos para cualquier otro riesgo que asumimos.

 


El viaje en barca por el río en el Chobe entre las tres y las seis lo mejor. Estáis tan cerca de tantos animales y aves sin que se sientan molestados y les puedes observar tan bien que hasta se puede repetir. El coche por el interior del Chobe también muy interesante.

Para grandes mamíferos podrás encontrar más cantidad y variedad en Chobe que en la franja del Caprivi. Octubre es final de temporada seca y los animales estarán aún más concentrados en los grandes ríos como el Chobe o el Kwando.

 

La franja lineal del Caprivi tiene malos accesos y poca concentración de animales y no vale la pena la visita.

 

El Mamili el más salvaje y menos visitado aunque con menos animales que los demás. Además hay que cruzar un puente o vadear dos canales que te ponen los pelos como escarpias.Si tienes poco tiempo yo no iría tampoco al Mamili que es más complicado y queda más lejos.

Susuwe y todos los alrededores del río Kwando son preciosos. Se puede ir a los campings o lodges que hay al este del río Kwando (Namushasha campsite/lodge, Camp Kwando). Para visitar Susuwe (oeste del rio Kwando) tienes que pagar la entrada al parque desviándote justo por un camino de arena a la izquierda antes de cruzar el río Kwando según accedes por la franja del Caprivi desde el oeste. Luego tienes que volver a la carretera y hay otro camino justo frente a esta salida que te lleva a la zona de acampada. Si vas allí es más que interesante ir a la hora de la puesta al Horseshoe que es un lago grande más al sur del camping donde podrás ver casi seguro alguna manada de elefantes bajando a beber.



Mudumu por lo que me han contado tiene grandes mamíferos y puedes dormir en Namusasha o Camp Kwando con unas vistas preciosas del río Kwando. Yo estuve en el camping del primero y tienen montones de plazas vacías al final del camping con unas vistas preciosas. La desviación hacia el Mudumu desde la carretera de asfalto del Caprivi creo recordar que la encontraras señalizada por Mamili o Linyanti y hay una gasolinera y un bottle store. Allí comienza una pista de arena enorme y unos 15 o 20 Km. más adelante tienes el desvío a Mudumu.


Popa Rapids está bien si te queda de camino para comer y visitar el Mahango. No vale mucho la pena aunque hay muchos pájaros y a mi me resulto curioso. Mahango depende de la suerte que tengas. Nosotros vimos a unos grupos de roanes y sables con los que valía la pena el viaje.

 

Las cataratas Victoria valen la pena la visita desde los 2 lados a pesar de la pasta de las visas, entradas y el tiempo para cruzar las fronteras.Yo hice las cataratas entrando por Zambia. Visado Zam 25 USD por una entrada y 40 USD por 2 entradas si piensas visitar también el lado de Zimbabwe. Visado de Zimbabwe 30 USD. La entrada al parque en Zambia eran 10 USD y en Zimbabwe creo que 20 USD. Pasar con el coche creo recordar que eran 150000 Kwachas el carbon tax (30 euros) otro tanto el seguro a terceros. El paso del barco desde Botswana y el certificado de no llevar un coche robado eran poca cosa en comparación de lo demás. La mejor luz la tienes en Zambia por la mañana y en Zimbabwe por la tarde.

 

Por cierto, algo muy importante, el que vaya por su cuenta debe leer muy atentamente lo que hay que hacer cuando uno se encuentra con elefantes en su camino. La guía Bradt es perfecta para esto aunque supongo que la Lonely también tendrá su apartado. Si vais a estar varios días en la zona, especialmente en Moremi donde los caminos y accesos al agua son más cerrados para los animales y los caminos están muy cerca del agua, vais a poderos encontrar con alguno de ellos demasiado cerca sin quererlo y es muy importante saber actuar para no meternos en líos.

 

Fue curioso ver como en tres semanas solo coincidimos con un grupo de españoles en la excursión del mokoro al Okavango. A ver si este texto sirve para animar a visitar la zona por nuestra cuenta.

 

 

 

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IMPRESCRINDIBLE.                                                                        No te pierdas en la columna izquierda la estupenda Colaboración Especial de TOMÁS, que nos da todas las pistas para hacer un viaje totalmente independiente en 4x4 por los parques de Botswana y Namibia...

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2ª parte Mozambique

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Esta es la historia de la primera parte de nuestro viaje. La historia de cuatro mil kilómetros por las carreteras del sur de África descubriendo algunos de los paisajes más asombrosos de este vasto continente.

 

 atardecer en Chobe

 

ON THE ROAD. RUMBO A BOTSWANA

 

Como la inmensa mayoria de los itineranarios que discurren por el Africa Austral el nuestro comienza en Johannesburgo, la ciudad más grande de Africa al sur del Cairo, apelativo del que presumen pomposamente sus habitantes.

 

El aeropuerto de Tambo es una especie de lanzadera de viajeros que  procedentes de todos los rincones del mundo aterrizan en Johannesburgo y se esparcen por la extensa región meridional del continente: desde las cataratas Victoria a Ciudad del Cabo, desde las dunas del Namib en el Atlántico sur a las idílicas playas mozambiqueñas en el Oceáno Indico, pasando por parques y reservas mundialmente reconocidas como Etosha, Kruger, Chobe o el Delta del Okavango.

 

Viernes 10 de agosto.

 

Los vuelos de Iberia Santiago-Madrid y Madrid-Johannesburgo transcurren sin incidencias y cumplen los horarios. Aterrizamos en la metrópoli sudafricana a las 10.30 horas. Hacemos los trámites aduaneros, cambiamos algo de divisa  y recogemos el vehículo que previamente hemos alquilado a través de Web Car Hire en la oficina de National.

 

Nos entregan un Nissan Tiida, mayor que el Micra reservado previamente por el mismo precio. En el devenir del viaje comprobaremos la idoneidad de este vehículo con un maletero bastante espacioso.

 

A las doce menos cuarto emprendemos la marcha hacia Botswana, los cielos están despejados y la temperatura es muy agradable. Vamos adaptándonos poco a poco a la conducción por la izquierda por las buenas autopistas sudafricanas.

 

A pesar de no haber estudiado debidamente el recorrido, de no llevar mapa, de las escasas indicaciones de las carreteras y de la confusión creada por el doble nombre de algunos lugares, conseguimos con más suerte que intuición y destreza llegar a Mokopane (también conocido por Potgietersrus), donde hacemos una parada para comprar unas botellas de vino sudafricano y algunos víveres.

 

Continuamos rumbo norte por una carretera que poco tiene que ver con las autopistas de varios carriles a las que ya nos estábamos acostumbrando. El paisaje se muestra cada vez más árido y despoblado. No hay arcén, la carretera está mordida y como no me me habitúo a medir bien las distancias desde la nueva posición del volante, en un par de ocasiones meto la rueda en el morrillo.

 

Una vez que alcanzamos la frontera de Martins Driff, hacemos los trámites de entrada en Botswana con relativa celeridad (pagamos 60 rands, 6 euros de tasas por entrar con vehículo en el país). Aún no ha caído la noche y a pesar de que la conducción nocturna no es recomendable por la presencia de animales salvajes que invaden la calzada, creemos necesario continuar y nos adentramos cien kilómetros en territorio botswano hasta llegar a Palapye, donde nos quedamos en el primer alojamiento que encontramos, el Harmony Lodge. Pagamos 180 pulas (22 euros) por una habitación decente aunque modesta, a primera hora de la mañana reemprendemos nuestro camino rumbo a Maun.

 

Jirafas

Sábado 11 de agosto.

 

Botswana es uno de las naciones con menor densidad de población de África, ocupa una superficie algo mayor que la de España y acoge a apenas dos millones de habitantes. El gran desierto del Kalahari domina el corazón del país creando un medio hostil al ser humano.

 

Apenas circulan coches, la monotonía de los grandes espacios se ve interrumpida por los paradas obligatorias de los controles veterinarios, minúsculas aldeas de chozas, termiteros, vacas y burros en las proximidades de la carretera o incluso en el propio asfalto. Los accidentes provocados por las colisiones contra animales, domésticos o salvajes, son la primera causa de muerte en las carreteras del país. Visibles marcas de neumáticos en el asfalto causadas por bruscos frenazos advierten del peligro.

 

La escasez de lluvias se deja sentir en el paisaje, el monte bajo de la sabana está completamente seco, los tonos pajizos de las praderas herbáceas dominan las grandes llanuras, mientras espinosas acacias y mopanes resisten con estoicismo los rigores de la implacable sequía.

 

 Delta del Okavango

 

DELTA DEL OKAVANGO

 

Las rectas sin fin, la ausencia de vehículos y el buen estado del firme animan a pisar el acelerador. Devoramos kilómetros y kilómetros, y antes de las dos de la tarde llegamos a Maun, la población turística más dinámica del país, antesala del delta del Okavango y de la reserva Moremi.

 

El río Okavango nace en Angola y al alcanzar el noroeste de Botswana se expande formando un gran delta interior que se divide en brazos y canales que terminan absorbidos por las arenas del desierto. El esfuerzo no es vano, el agua fluye creando meandros, charcas, islotes y humedales que son el escenario de uno de los ecosistemas más ricos y mejor preservados del mundo, que acoge a los grandes felinos depredadores, manadas de herbívoros, decenas de otros mamíferos y reptiles, así como una variedad asombrosa de aves.

 

Continuamos 10 kilómetros más en dirección norte hasta que llegamos al Audi Camp. Recomendado por todas las guías de viajes y por la mayoría de los viajeros, este complejo ofrece un ensalzado camping y distintos tipos tiendas de lona bien equipadas sobre la ribera del río.

 

Hemos reservado la bedded tent en suite (con baño), una espaciosa tienda foto (435 pulas, 50 euros) que descansa sobre una base de troncos de madera mirando al río perfectamente integrada en el entorno.

 

El Audi también organiza safaris y salidas en mokoro. Hemos hecho una reserva provisional para un safari de dos días en la Moremi Wild Life Reserve condicionada a que consigan reunir un grupo de seis personas. No ha sido posible y como el precio para dos es el mismo que para seis personas, nos vemos obligados a cancelar el safari y a buscarnos la vida.

 

Después de instalarnos y debatir con la recepción los flecos pendientes, nos dirigimos al aeropuerto de Maun, con el propósito de alquilar una avioneta que nos lleve esta misma tarde a hacer un vuelo escénico sobre el delta.

 

Lo idóneo es alquilar un aparato de 5 plazas, que cuesta 1500 pulas más las tasas (210 euros total), pero no nos queda otro remedio que alquilar una de tres plazas para nosotros solos, pagamos 1200 pulas (145 euros la avioneta) y nos descuentan el importe de las tasas.

 

bufalos en OkavangoLa pequeña avioneta nos da más seguridad de lo que en principio cabría esperar. Ocupo el asiento del copiloto y disfruto una visión perfecta del Delta. A medida que nos vamos alejando de Maun e internándonos en el entramado fluvial, la panorámica se hace más impresionante.

 

Sobrevolar  este ecosistema nos aporta una perspectiva única, la indudable belleza paisajística se ve enriquecida por la gran abundancia de vida salvaje. Observamos manadas de búfalos, elefantes e hipopótamos refrescándose, cebras, jirafas y varias especies de antílopes. También puede sorprendernos alguna que otra hiena o leona.

 

El vuelo tiene una duración de una hora y es conveniente realizarlo a primera hora de la mañana o al atardecer. Varias compañías ofrecen el servicio en iguales condiciones económicas y de seguridad. La reserva puede hacerse a través de la mayoría de los alojamientos o bien en las oficinas que las compañías tienen abiertas en el aeropuerto de Maun. En temporada alta es aconsejable, contactar previamente por email.

 

Con los pies ya en el suelo, pero con el cerebro aún procesando todas las sensaciones e imágenes que han desfilado por nuestras mentes en tan corto espacio de tiempo, tanteamos las posibilidades de Maun.

 

Lo que creíamos iba a ser un hervidero de agencias dándose codazos por ofrecernos el mejor y más económico safari es un polvoriento pueblo bastante tranquilo con un par de pequeños centros comerciales y menos actividad de la esperada.

 

Sondeamos los precios en los chiringos de la ciudad y en las agencias de algunos lodges de las afueras sin sacar nada en limpio. Cae la noche cuando nuestro vehículo termina atrapado en una pista camino del Island Lodge. Una chica encantadora nos ayuda a sacarlo de la trampa de arena y nos facilita el teléfono de dos compañías locales que no tienen establecimiento abierto, pero que pueden acomodarse a nuestras necesidades.

 

Volvemos al camp, tomamos unas cervezas namibias en el agradable bar al aire libre y cenamos entrecot en el Sports bar (165 pulas, 20 euros dos personas). El vacuno botswano es sabroso: carne hecha, con un ligero sabor dulzón que recuerda al aroma que se filtra en la sabana. Tomamos una copa de vuelta al Audi y dormimos como piedras.

mokoro en el Delta

 

Domingo 12 de agosto.

 

Uno de los grandes atractivos que ofrece el Delta es surcar sus canales en mokoro, la canoa indígena fabricada a partir de los troncos del mopane. Las incursiones de dos o tres días son la opción más recomendable y permiten disfrutar de la experiencia de pasar la noche en una tienda a cielo raso entre la fauna salvaje, aprovechar las mejores horas para observar animales y minimizar el tiempo perdido en traslados. No obstante, la alternativa más utilizada por los visitantes es la excursión de un día de duración, conocida comercialmente como One day mokoro trip.

 

Aunque la opción más económica y la que permite que nuestro dinero llegue a las comunidades indígenas es hacer el paseo con Okawango Polers Trust of Serowa (12 euros por persona), las dificultades logísticas que nos plantea el acceso a la aldea han hecho que nos inclinemos por reservar la excursión con antelación a través del Audi Camp (54 euros por persona tasas de entrada al parque incluídas).

 

A primera hora de la mañana desayunamos en el comedor al aire libre del camp, hace un frío que pela, más perceptible una vez que subimos al camión que nos transporta a la aldea de los mekoro (plural de mokoro). El traslado que dura unas dos horas, discurre en su mayor parte por pistas de arena rasgadas en el paisaje árido de la sabana y es amenizado por algunas jirafas, cebras y avestruces que se cruzan en nuestro camino.

 

En una gran charca que marca el inicio de los humedales nos esperan los mokoros; navegamos por espacio de media hora entre los estrechos canales hasta que ponemos pie a tierra. Si la sensación de surcar las aguas del delta es una mezcla de placidez y tranquilidad con una inicial inquietud ante la aparente fragilidad de la embarcación, caminar con el guía a campo abierto resulta excitante ante la posibilidad de que se produzca cualquier encuentro con la vida salvaje. Ayer mismo veíamos desde el aire animales que no nos gustaría entontrar ahora a menos de 100 metros.

 

La charla previa de advertencias que nos da el mokorero, suponemos que sirve fundamentalmente para darle un poco de emoción a la experiencia y con nosotros consigue su propósito. El primer encuentro con un elefante cara a cara resulta realmente intenso: el elefante, nosotros tres, 30 metros de distancia y ningún refugio en cientos de metros a la redonda. La presencia de huellas de otros animales como búfalos o hipos, también ayudan a inquietarnos.

 

Durante el resto del día tendremos encuentros con otros elefantes y algún huidizo antílope, también disfrutamos de las hermosas charcas llenas de hipos y cocodrilos. Con el regreso en mokoro a la aldea concluye la incursión en las aguas del delta.

 

Teniendo en cuenta que no incluye la comida, que a los polers les pagan 100 pulas por dos personas (12 euros) y que el camión sufrió una avería en el retorno y ni siquiera se dignaron a proporcionarnos un nuevo vehículo, el Audi Camp hace un negocio redondo y cobra bien cara la excursión. La relación calidad precio del alojamiento que dispensa es excepcional, las actividades no están, ni de lejos, a la misma altura.

 

La avería nos hace llegar con más de una hora de retraso a Maun, una simple anécdota si no fuese porque no hemos cerrado el safari al Moremi y el tiempo se nos acaba.

 

Tras diversas gestiones y llamadas concertamos una reunión con Custros en el Audi, una agencia llevada por locales con la que ya habíamos intentado contactar por email antes de viaje sin éxito. Tras varios tiras y aflojas cerramos un safari de dos días/una noche al deseado Moremi por 2650 pulas (unos 160 euros por persona). Nosotros llevaremos la comida, pero las tasas del parque están incluídas. Más contentos que unas pascuas cenamos en el Audi (150 pulas dos personas, 19 euros) y nos tomamos unas copas.

 

Creemos haber cerrado un buen trato, vistos los precios que se estilan en Maun donde nos han llegado a pedir cifras más altas por la excursión de un solo día.

mirada inquietante

 

Lunes 13 de agosto.

 

Demasiado bueno, quizás, pues los amigos de Custros dan la espantada y no acuden a recogernos, quedamos tirados por completo, perdiendo la posibilidad de conocer el Moremi.

 

La poca seriedad de Custros nos obliga a recomponer nuestros planes. Afortunadamente conseguimos adelantar para hoy la reserva que teníamos para la noche de mañana en el Audi. Partiremos de esta manera, mañana a primera hora para Zimbabwe. Teniendo en cuenta las circunstancias es la decisión más razonable que podemos tomar.

 

A lo largo del día conseguimos que desde las oficinas de National en Johannesburgo nos envíen por fax la autorización para cruzar con el coche la frontera de Zimbabwe y cuya tardanza nos tenía preocupados. El resto del tiempo lo dedicamos al dolce far niente: tomamos el sol en la piscina del Audi, bebemos unas cervezas en los logdes próximos y eligimos para comer la terraza del Okawango River Logde. Cenamos en el Bull&Bush (100 pulas, 12 euros dos personas).

hipos

 

Martes 14 de agosto.

 

Despedimos Maun con una sabor agridulce. Tenemos por delante 690 kilómetros: hemos de atravesar el país de oeste a este, luego continuar rumbo norte hasta el puesto fronterizo de Kazungula, situado a 90 kilómetros de nuestro destino: la ciudad zimbabua de Vic Falls, base de operaciones para todos aquellos que pretenden visitar las Cataratas Victoria. Nos alternamos al mando del volante y sólo paramos para repostar o para recoger algún local que espera el transporte comunitario.

 

Africa nos hace un guiño durante las primeras horas de la mañana, mientras recorremos las interminables rectas que atraviesan las grandes  planicies, observamos algún avestruz y antílopes en las proximidades de la vía. Estás fugaces apariciones, se convierten habituales a medida que nos acercamos al parque nacional de Nxai Pans. Elefantes, manadas de cebras, babuinos, jirafas y alguna hiena se cruzan en nuestro camino. Paramos varias veces el vehículo asombrados ante semejante profusión de vida salvaje en la carretera Maun-Nata. No cabe duda de que todo el país es un gran parque natural.video de unas jirafas en el medio de la carretera

 

A medida que el sol se levanta los animales van desapareciendo, lo que nos permite mejorar las medias de velocidad que sólo se ven afectadas por algunos tramos bacheados entre Nata y Kasane.

 

cataratas Victoria

 

LAS CATARATAS VICTORIA

 

En torno a la una y media llegamos a la ciudad fronteriza de Kazungula. Hacia el noroeste a apenas 6 kms. se encuentra  Kasane, base logística del parque Chobe que visitaremos días después, ahora nos encamnamos a la frontera con Zimbabwe situada a escasos 2 kms.

 

Cuando el viajero llega en coche a Zimbabwe debe llenarse de paciencia y traer el bolsillo bien lleno de dólares para transitar por un cúmulo ilimitado de ventanillas pagando en cada una de ellas una tasa o impuesto más cuestionable que el anterior: primero 30 US$ de visado, después la tasa de derecho a circular (10 US$ por vehículo), seguimos con la carbon tax (11 US$ por vehículo, aunque varia en función de la cilindrada del coche) y cuando crees que tienes ya vía libre para entrar en el país, te reclaman el pago de un controvertido seguro a terceros (pagamos en rands, unos 15 euros).

 

Un par de kms. después del puesto fronterizo un control policial se encarga de verificar que el sufrido turista a cumplido religiosamente con el fisco zimbabuo.

 

Zimbabwe es un país que ha sufrido un deterioro económico y social alarmante en los últimos años. La que en un pasado no muy lejano fue una de las economías más prósperas y estables de Africa, ostenta el dudoso honor de sufrir tasas de hiperinflación merecedoras de un puesto en el libro Guinness; records acompañados de índices crecientes de pobreza, desabastecimiento e inestabilidad social.

 

El turismo se ha resentido de la crítica situación y gran parte de los mejores lodges y hoteles han echado el cerrojo. Las infraestructuras están en franco deterioro y la carestía de combustible hace que apenas transiten coches por las excelentes vías construídas en las añoradas épocas de vacas gordas.

 

Los paisajes que disfrutamos camino de Vic Falls son de innegable belleza. Atravesamos suaves lomas pobladas de bosque, sólo unos tímidos kudus, alguna jirafa y un par de camionetas se cruzan en nuestro camino.

 

Las gentes caminando por los bordes de la carretera anuncian la proximidad de la ciudad. Vic falls es una población un tanto anárquica, a la sensación de abandono que muestran las infraestructuras, se une el trazado circular de muchas de sus calles que hacen bastante complicado orientarse cuando salimos de las dos arterias principales.

 

Llegamos un día antes de lo previsto al Vic Falls Backpackers, un albergue legendario en todo el sur de Africa. Nos alojan en una habitación doble con baño compartido (30$ unos 22 euros), es pequeña y poco ventilada, pedimos el cambio a una en suite (50 $), pero están todas ocupadas.

 

La charla previa y los consejos de dueño son célebres entre los mochileros y forman parte de un ritual que ejecuta con gran pompa. A su favor hay que decir que ofrece excursiones al mejor precio, es medianamente honesto con el cambio (160.000 ZIM$ por dólar) y da buenas indicaciones. Nos sugiere que presenciemos el atardecer desde Vic Falls Safari Lodge y que nos olvidemos del timo que supone acudir al hight tea en el Vic Falls Hotel (40$).

 

Obedeciendo los consejos recibidos, nos apostamos en la espectacular terraza del lujoso hotel. Las vistas sobre el Zambezi NP son de excepción. La puesta de un sol de amarillos y naranjas intensísimos tiene como escenario una colina que dominan varias docenas de buitres desde las copas de los árboles; bajo el montículo surge una charca que con su reflejo va delatando la presencia de los animales que acuden a beber con el ocaso. 

 

Cenamos algo de embutido al vacío en el albergue con una botella de un buen tinto sudafricano mientras intercambiamos impresiones con el resto de los huéspedes. Mañana será un gran día.

rafting Zambeze

 

Miércoles 15 de agosto.

 

Efectivamente, el día en el que afrontamos el famoso rafting del Zambeze, uno de los más célebres y salvajes del mundo. Después de tantear los precios en la ciudad, decidimos contratarlo por mediación del albergue; nadie nos ha ofrecido mejor precio: 90 dólares por persona (80+10 de entrada al parque).

 

Un camión nos viene a buscar temprano, después recogemos a más gente en otros hoteles y nos dirigimos a la base de la operadora Wild White Water Rafting, situada un kilómetro río abajo de las cataratas, en un emplazamiento espectacular con unas asombrosas vistas del cañón del Zambeze y del puente que lo atraviesa uniendo Zimbabwe y Zambia.

 

Dependiendo de la época del año, el rafting se inicia donde ahora nos encontramos o desde el rápido 11. El caudal del río de enero a finales de agosto hace intransitable el famoso rápido 5 y obliga a acortar el descenso.

 

Nos ofrecen un café para hacer tiempo antes de trasladarnos unos kilómetros río abajo, desde donde descendemos el abrupto cañón a pie hasta un remanso del río, allí nos esperan las neumáticas.

 

Formamos parte de un equipo internacional, que parece bastante equilibrado. Nos acompañarán en la balsa un japonés con aires de samurai, dos kiwis bien bravos y un veterano californiano curtido en estas lides.

 

Dos ingredientes hacen del descenso una experiencia a mi juicio recomendable:

 

- Unos panorámicas irrepetibles que combinan los espectaculares cañones del Zambeze encerrado en las verticales paredes volcánicas; sorprendentes playas de arena blanquísima que contrastan brutalmente con el negro azabache de la roca; la belleza de las riberas del río pobladas por cocodrilos del Nilo y la inmensa fuerza de los rápidos.

 

- La vibrante experiencia que supone enfrentarse a la incontenible fuerza de unas aguas que minutos antes se han precipitado al vacío formando uno de los espectáculos naturales más vigorosos que puedan existir. Cada rápido es pura adrenalina, una lucha contra los elementos donde no siempre salimos vencedores.

 

En efecto, el río de vez en cuando quiere salirse con la suya. Negociamos el rápido 17 cuando una ola nos manda a todos al agua sin apenas enterarnos. Las frías aguas nos advierten de nuestra situación. El vuelco quedaría en una anécdota más, sino fuese porque pierdo una pieza de la carcasa de la cámara que nos impedirá hacer fotos subacuáticas en Mozambique. video de un momento del descenso

 

La exigencia física del rafting es moderada, si exceptuamos el ascenso a pie que hay que realizar por la pared del cañón con el material a cuestas y que deja exhausto al más pintado. Nos reponemos con un pequeño buffet y unas bebidas antes de regresar a Vic Falls.

 

Aprovechamos que aún son las tres de la tarde para visitar el mercado de artesanía situado a 10 km. de la ciudad, en la carretera de Bulawayo. De camino paramos a dos locales, que agradecidos hacen las veces de improvisados guías. La gente en Zimbabwe es sensacional, apenas compramos un par de tonterías pero disfrutamos de un rato realmente agradable.

 

De vuelta a la ciudad, decidimos visitar el elegante Vic Falls Hotel, de ambiente colonial y cuidados jardines donde parece que se ha detenido el tiempo, goza de un privilegiado emplazamiento. Es posible disfrutar del atardecer en la magnífica terraza del hotel sin tener que tributar los 40 dólares del hight tea, basta con pedir un refresco (2 euros) y recrearse en el entorno entre una legión de camareros elegantemente uniformados. 

 

No tenemos ganas de cenar fuera y arreglamos la cena en el albergue con los víveres traídos de Botswana, los supermercados en Vic Falls están literalmente vacíos. Mañana dedicaremos el día a visitar las cataratas, después regresaremos a Botswana, para visitar el parque de Chobe; unos chicos franceses que conocemos en el hotel nos acompañarán.

 

Jueves 16 de agosto.

 

el humo que truena, lado zambianoTras el pobre desayuno del hostel, hacemos el check-out y nos dirigimos al Vic Falls National Park (entrada 20 dólares). El Zambeze, uno de los ríos más caudalosos del continente discurre plácido extendiendo sus aguas por un cauce de varios kilómetros de anchura hasta que en el encuentro con una profunda y estrecha grieta se precipita con gran estruendo formando las Cataratas Victoria.

 

 El río a partir de ese momento cambia por completo su fisonomía al verse obligado a amoldarse a un angosto cañón de paredes verticales formadas por lava volcánica. Aseguran que el cauce alcanza en las temporadas de lluvias más de cien metros de profundidad.

 

Las cataratas se encuentran en la frontera de Zimbabwe y Zambia, cada país tiene su propio parque, la perspectiva es distinta desde cada lado, y al igual que sucede con los saltos de Iguazú, complementaria.

 

En Zimbabwe recorremos la grieta desde el borde opuesto a la caída de las aguas, observando cara a cara cada uno de los saltos. La presencia del “humo que truena” es tan cercana que el vapor del agua nos empapa en los diferentes balcones haciéndonos partícipes del espectáculo. video 

 

El punto culminante y final del recorrido del lado zimbabuo, es la roca situada a 100 metros altura sobre el recodo del río, el llamado Danger Point. La panorámica es mejor cuanto más nos acerquemos al precipicio donde ninguna barrera impide que nos despeñemos. La intensa sensación de vértigo combinada con el disfrute del estruendo y del desplome convierten la visita al Danger Point en el momento álgido de  las cataratas.

 

Aún conmocionados, por el espectáculo visitamos el big tree, un gigantesco baobab situado a dos kilómetros del parque, sobre la marcha optamos por visitar el “otro lado”.

 

Como nuestra rent a car prohíbe entrar con el coche en Zambia, lo dejamos en el aparcamiento situado justo enfrente de la entrada del parque y seguimos a pie. A pesar de las largas colas de ambos puestos fronterizos, los turistas, los blanquitos, tenemos preferencia y no perdemos demasiado tiempo tramitando el visado de un día.

 

En el parque de Zambia, el Mosi-oa-Tunya Park, obtenemos una perspectiva más completa,  apostándonos en uno de los extremos de la gran grieta por la que se precipita el agua. Río arriba,  el Zambeze discurre plácido y a pasar de la presencia de cocodrilos es posible cruzarlo a nado casi en su totalidad, justo antes de su violenta caída.

 

En especial el parque zimbabuo, nos dejó gratamente impresionados, creíamos que la ausencia de lluvia en la temporada seca iba a mermar su espectacularidad. Constatamos que cada época tiene sus alicientes, el aumento del cauce permite disfrutar de unos saltos más vigorosos que a su vez provocan un exceso de vapor, que merma las opciones de conseguir buenas vistas desde los miradores más cercanos, convirtiéndolos literalmente en duchas de agua fría.

 

A toro pasado puedo afirmar con rotundidad que el viajero que se molesta en llegar a Zimbabwe para ver las cataratas no tiene disculpa posible para no acercarse a conocer el lado zambiano. Razones no faltan, comenzando por escaso coste económico. El visado zambiano de un día cuesta 10 dólares y la entrada en el parque zambiano otros diez.

 

Tampoco podemos excusarnos una eventual falta de tiempo disponible: sólo precisamos un par de horas  para ir  y volver de un parque a otro (incluyendo los trámites fronterizos) y el lado zambiano se recorre con relativa de celeridad.

 

Si la panorámica que se divisa desde el puente que cruza el río y que une ambos países vale por si sola la visita, la perspectiva diferente y complementaria terminan por hacerla indispensable. Si alguna duda queda en la mente del viajero amante de las compras, ha de saber que un colorido mercado de artesanía le espera en la entrada del Mosi-oa-Tunya Park.

 

De vuelta a Vic Falls recogemos a la pareja de franceses en el albergue y ponemos rumbo a Botswana, en menos de una hora llegamos a la frontera. Abonamos otra vez la tasa (ahora 40 pulas) que grava la entrada con vehículo en Botswana.

trío bufalos

 

CHOBE

 

Kasane, la base de operaciones de los que se adentran en el parque Chobe, está a seis kilómetros del paso fronterizo. La carretera que nos conduce a la pequeña población discurre paralela al río Chobe, en cuyas riberas de asientan diferentes lodges. No tenemos alojamiento para esa noche, así que desfilamos uno a uno por los hoteles en busca de una habitación.

 

 Conseguimos las dos únicas habitaciones disponibles del Chobe Safari Logde; nosotros que teníamos una reserva para el sábado, la modificamos para quedarnos hoy (16), mañana (17) y el domingo (600 pulas, 75 euros por día y habitación), dejando en el aire la noche del 18 libre con intención de pernoctar dentro del parque Chobe.

 

Nuestros compañeros de viaje nos invitan a cenar en el lodge, la cena buffet, servida en un comedor al aire libre cubierto por una carpa e iluminado por antorchas es “muy africano”. 

 

Viernes 17 de agosto

 

leonaMadrugamos como gallinas, a las 6 nos esperan en recepción para hacer un “game drive” en Chobe (130 pulas, 15 euros). Hace un frío del carajo, con las manos trato de tapar mis delicados oídos que precisan con urgencia la protección de un gorro.

 

El safari en camión por las riberas del río nos muestra una variada fauna salvaje y nos brinda un hermoso amanecer, aunque pronto nos damos cuenta de que hay un overbooking bestial: más de media docena de camiones hacen el mismo recorrido, pelean por situarse en la mejor posición para divisar un grupo de leones o un leopardo y todos hacen una pequeña parada en el mismo punto para tomar un café.

 

Durante el resto del día exploramos las posibilidades de hacer un safari overnight, visitando alguna que otra agencia. Kasane no es un hervidero de actividad, las pocas agencias independientes son poco eficientes y  profesionales, las alternativas escasas.

 

Visitamos a Walter, un uruguayo propietario de Janala safaris y del Walter Lilly Lodge, que se compromete a hacer alguna gestión para ayudarnos pero nos advierte que va a ser complicado encontrar algo mejor que un programa previsto para el día que nos marchamos. Decidimos hacer el sunset cruise esa misma tarde con él para mantener el contacto.

 

Una pequeña agencia regentada por Joyce promete encontrarnos un guía conductor, nosotros tendremos de llevar la comida, alquilar las tiendas y unos sacos. El comportamiento de Joyce es lamentable: promesas incumplidas, mentiras, largas... hasta el último momento nos hace albergar esperanzas de dormir en el parque rodeados de animales como ya hiciera Custros en el Delta.

 

Tomamos un tentempié en Gallery africana (50 pulas) y al atardecer disfrutamos de uno de los platos fuertes del parque Chobe, el crucero al atardecer, Sunset Cruise (115 pulas, unos 14 euros) con Janala.

 

La travesía en barco al caer la tarde por el río Chobe ofrece al viajero uno de los espectáculos más aclamados del Africa salvaje. La posibilidad de observar la importante presencia de vida salvaje que se acumula a beber en las zonas ribereñas en un medio natural de irrepetible belleza, es coronada por unos atardeceres memorables.

 

Las islas que emergen en medio del río ofrecen pasto abundante que atrae a los grandes herbívoros a estas auténticas llanuras rodeadas de agua. La variedad de aves acuáticas es inmensa, cocodrilos e hipopótamos se encuentran con facilidad; desde el barco podemos verlos a escasa distancia. Manadas de herbívoros, capitaneadas por importantes grupos de elefantes que cruzan el río al caer el sol ofrecen una de las postales más famosas de Botswana.

 

El paseo en barco dura tres horas y es una actividad ineludible para cualquier visitante. Existe la posibilidad de alquilar el barco completo por horas por precios bastante módicos, excepto a las horas más demandadas (amanecer y atardecer) en las que se ven más animales.

 

Después del crucero Walter nos invita a una copa y charlamos varias horas con él, nos cuenta su novelesca vida y sustanciosas anécdotas. Su mujer hace un par de gestiones infructuosas para agenciarnos el overnight safari y nos anticipa que Joyce no será capaz de cumplir lo prometido.

 

Cenamos en el agradable y animado The Old House, buena carne de ternera con unas cervezas (118 pulas, 12 euros dos personas), mientras tratamos de aclarar nuestro futuro. Nuestra amiga Joyce nos ha prometido arreglar todo mañana, pero como a los desesperados sólo la necesidad nos hace otorgarle un débil voto de confianza.

 Sábado 18 de agosto

 

Nos personamos a primera hora en la agenciucha, su estúpida hija consigue que por primera y última vez en todo el viaje perdamos la paciencia. Hace méritos sobrados para que la mandemos a la mierda.

 

Las alternativas en Kasane son muy limitadas y en nuestra posición se pueden considerar agotadas. La situación se complica cuando en el Chobe Safari Lodge nos confirman que no podemos cambiar la reserva de pasado mañana para esta noche al estar todo completo, pues tampoco tiene sentido quedarse dos días mas en Kasane. Improvisamos una escapada a la franja de Capribi en Namibia para cubrir la noche libre y aprovechar al máximo el tiempo.

 

La carretera al Mboma Brigde, el puente sobre el río Chobe que une Botswana y Namibia, atraviesa literalmente el parque Chobe y es habitual cruzarse con animales a cualquier hora del día. Excrementos en la carretera, árboles derribazos, ramas destrozadas y incluso la propia presencia física  son pruebas indiscutibles de que estamos un territorio donde abundan los elefantes. Dos puestos de control registran las entradas de vehículos en tránsito dentro del parque, anotando minuciosamente las horas de entrada y salida. Cuando anochece se prohíbe circular y el tramo de vía queda cerrado.

 

Unos enormes baobabs presiden la hermosa estampa que ofrece el tramo del río sobre el que se levanta el puente internacional. En la frontera Namibia realizamos los trámites son rapidez. La entrada en el país con vehículo está gravada con un impuesto (casi 20 eurotes) que curiosamente no se abona en la frontera sino en  puntos diseminados por las diferentes poblaciones, lógicamente el justificante de pago nos será requerido cuando abandonemos del país.

 

Recorremos a buena velocidad la llanura sobre la que se traza la carretera, apenas interrumpida por aldeas de chozas y alguna escuela. Pronto alcanzamos las pistas que conducen a los lodges asentados en el Zambeze, con cabañas que penden espectacularmente sobre el río.

 

Algún hotelito está completo, otros como el Rhino pese sus fantásticas instalaciones presenta un deplorable estado de conservación y un personal algo extraño. Basta decir que el elemento que hace las veces de recepcionista nos recibe con el dedo metido en la nariz. Espectacular, cuando salimos de allí nos cansamos de imitarlo entre incontenibles carcajadas.

 

Recalamos en una habitación ubicada en una casa flotante prefabricada del Mukusi Logde (394 dólares namibios, 40 euros). La habitación está muy conseguida, pero el emplazamiento ya en las afueras de Katima Mulilo no es tan idílico como otros que habíamos examinado.

 

Tenemos en mente visitar el importante mercado de artesanía de la ciudad y hacer un crucero por el río al atardecer, pero es sábado y casi todo está cerrado, mercado incluído. Con el paseo por el Zambeze tampoco hay suerte. La fenómena que regenta el Mukusi en ausencia del jefe, se ofrece para encontrarnos un barco y finalmente nos deja en la estacada.

 

Nos tomamos con bastante deportividad los plantones que estamos recibiendo y nos echamos unas buenas risas repasando cada uno de los episodios mientras paseamos por la polvorienta ciudad, que no tiene mucho que ofrecer: un local de comida grasienta (el único abierto) donde nos inyectamos una dosis de triglicéridos; el mercado donde reina el pescado seco, que nos recibe con su característico olor penetrante, y poco más.

Regresamos a Botswana después de la improvisada incursión en tierras namibias que nos deja la agradable experiencia de dormir mecidos por la corriente del Zambeze y el hermoso atardecer que degustamos desde la terraza del bar del Mukusi con una buena cerveza namibia en la mano.

 

Zambeze en Katima Mulilo, Namibia

 

Domingo 19 de agosto

 

A nuestra llegada al Chobe Safari Lodge, nos alojan en una safari room, tienen el mismo precio (600 pulas, 72 euros) que las river rooms, la ubicación sobre la orilla del río es la misma, pero las habitaciones son mucho más espectaculares con techos de más de cinco metros de altura y gran amplitud.

 

Comemos en el vecino Chobe Marina Logde, uno de alojamientos más caros de la zona, el buffet del almuerzo es aceptable y el precio es muy razonable: apenas 25 euros dos personas.

 

Intentamos sin éxito hacer un safari a pie por la tarde: unos nos dicen que están prohibidos por la amenaza que suponen los leones, otros que se pueden hacer en la isla namibia de Mpalila pero que la salida precisa un número mínimo de personas. Es obvio que los esquemas de las agencias turísticas de Kasane son muy rígidos y las opciones bastante limitadas.

 

Como tampoco conseguimos plazas para hacer un drive in al atardecer, decidimos dar un paseo por la carretera que cruza el parque en dirección a Namibia, donde ya hemos observado la presencia de variada vida salvaje. Los franceses que se han venido con nosotros de Zimbabwe deciden acompañarnos en la improvisada experiencia que resulta muy provechosa. Elefantes, antílopes, cebras salen a nuestro encuentro durante el recorrido.

peatones II

 

Lunes 20 de agosto

 

El comienzo de la semana viene marcado por el traslado a Nata. Termina el periplo por los grandes parques de Botswana, retornamos a Sudáfrica, plataforma  desde donde iniciamos la segunda parte de nuestro viaje con la costa mozambiqueña como escenario.

 

Hemos diseñado el retorno de forma que nos permita  disfrutar de otra de las grandes atracciones de Botswana, las planicies de Makgadikgadi. Hoy cubriremos apenas trescientos kilómetros hasta Nata, mañana vamos a afrontar una jornada realmente exigente en la que debemos recorrer más de mil kilómetros.

 

flamencos y pelicanos, Makgadikgadi

 

NATA

 

Atravesamos la Kasane Forest Reserve, la Sibuyu Forest Reserve y continuamos en dirección sur, discurriendo paralelos al río Maitengwe que delimita la frontera con Zimbabwe. Alcanzamos Nata en dos horas y media y seguimos la carretera de Francistown una decena de kilómetros más hasta llegar al Nata Lodge.  

 

Cuando mostramos en la recepción el fax con la reserva pagada meses antes, nos damos cuenta de que hemos cometido un error y que la reserva esta hecha para mañana. Cuadrar itinerarios complejos, vuelos y hoteles requiere una extrema precisión pues un descuido puede traernos desagradables consecuencias. Tenemos la enorme fortuna de que disponen de chalets libres y nos asignan uno sin problema. Si el lodge estuviese completo, perderíamos el dinero pagado y nos hubiésemos quedado en la calle. Respiramos aliviados.

 

Las instalaciones del Nata Logde hacen honor a su justa fama. De las zonas comunes rodeadas por un cuidado jardín sobresale la estupenda piscina, el comedor al aire libre y el elegante bar adosado al edificio principal. Hay varios tipos de alojamiento, nuestro chalet cubierto por techo de paja y con una cuidada decoración es un excelente refugio foto (478 pulas, 60 euros).

 

Aprovechamos las instalaciones disfrutando de la piscina y comiendo a la carta al aire libre (110 pulas dos, 14 euros). De tarde hacemos la excursión al Nata Bird Santuary, llamado Pan Trip, que consiste básicamente llevarnos en camión al borde de la laguna que constituye el habitat un millón de flamencos, observando de camino algún que otro herbívoro y una amplia variedad de aves.

 

El paseo tiene un precio elevado (120 pulas, 16 euros), pero sino  se dispone de GPS es el único medio de ser testigos del espectáculo que brinda semejante acumulación de aves, experimentar el vacío de la llanura salada y contemplar un puesta de sol inolvidable. Nos acostamos pronto, mañana será un día duro.

Martes 21 de agosto

 

ON THE ROAD. DE NATA A NELSPRUIT

 

Estamos preparados para partir antes de que abra la recepción del lodge. Despunta el amanecer cuando iniciamos la marcha de más de 1000 kms. que afrontamos con mucho brío. La vía esta sembrada de pájaros que levantan el vuelo cuando advierten la presencia del coche, algunos pasan a menos de un metro del parabrisas haciendo la conducción algo estresante.

 

Devoramos kilómetros: 180 hasta Francistown, 158 a Palapye (donde cometemos un despiste absurdo que nos obliga a hacer 20 km. a mayores), 82 a la frontera. Ya en territorio sudafricano hacemos casi 200 kilómetros más hasta Potgietersus (Mokopane), allí paramos para sacar dinero y comprar algo de comida. 

 

La ciudad carece de indicaciones, tenemos la fortuna de preguntar que dirección tomar a quien resulta ser un transportista que nos desaconseja hacer la ruta más larga por autopistas y nos sugiere una alternativa que nos ahorrará bastante tiempo. Emprendemos la marcha siguiendo sus sugerencias pero no tenemos mapa, no hay nada señalizado y es muy fácil perderse. Preguntando aquí y allá y logramos no desviarmos un metro de la ruta.

 

Transitamos por Pietersburg (Polokwane), Burgersford, Lyndenburg…atravesamos majestuosos paísajes de espacios abiertos, formaciones que recuerdan a las del sudoeste de Estados Unidos, dejamos atrás minas de platino, grandes plantaciones de frutales; Sudáfrica se insinúa como un país maravilloso.

 

 A medida que nos acercamos a Nelspruit el clima se vuelve más húmedo, la orografía más montañosa: surgen pinares, mesetas de paredes verticales similares a los tepuyes de la selva venezolana. Subimos puertos, los bajamos sin querer mirar hacia los precipicios que asoman. La noche se echa encima pero sólo nos separa de Nelspruit un puñado de kilómetros.

 

Gracias a nuestra calamitosa previsión del tramo sudafricano del viaje, ignoramos cómo seguir hasta el aeropuerto donde debemos dejar el coche y cómo llegar al hotel. Afortunadamente el aeropuerto aparece señalizado y todo indica que no tendremos que cruzar la ciudad para alcanzarlo. Está bastante lejos del centro, creemos no llegar nunca y para colmo cuando por fin lo logramos la oficina de National está cerrada, aunque podemos dejar las llaves en una caja de la puerta destinada al efecto.

 

En todo el aeropuerto sólo hay un par de guardias de seguridad y una chica en información que nos llama un “taxi”, que pide 24 euros por llevarnos al hotel. Llamamos al hotel para cotejar el precio y nos confirman que a esa hora no lo encontraremos por menos. El tío que viene a buscarnos no es taxista profesional, es un amigo de la empleada del aeropuerto que no tiene ni idea donde está el hotel. Damos más vueltas que una peonza, llama varias veces para que lo orienten y por fin damos con la escondida calle de un barrio residencial donde se halla el Old Vics Travellers Inn (30 euros habitación con baño).

 

El lugar está francamente bien y hace honor al elevado nivel del que presumen los bed&breakfast y backpackers sudafricanos. La hiperactiva dueña nos explica en 5 minutos todo lo que debemos saber, incluyendo cómo hacer el visado en el consulado mozambiqueño y donde coger el bus de Maputo.