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4 minutos de historia


2 Minutos de Historia de Asturias

El periodo entre el abandono de las cuevas hasta casi la romanización asturiana es bastante desconocido. Los autores griegos o latinos hablan de tribus bárbaras y aguerridas que vivían en las selvas y montañas. Escritores romanos como Plinio el Viejo y Pomponio Mela y griegos como Estrabón hablan de dos tribus principales separadas por la Cordillera Cantábrica: los astures augustanos con capital en Asturica (la actual Astorga) cuyos dominios llegaban hasta el Duero, y los astures transmontanos que se extendían entre el río Sella y el Navia. No obstante, hoy se entiende que estas divisiones son producto de la practicidad romana a la hora de establecer sistemas administrativos y policiales, y no como muestra de identidades precisas indígenas.

Existe también constancia escrita de las duras luchas mantenidas entre astures y cántabros a lo largo del cauce del Sella. Así como de la rudeza y bravura de ambos pueblos y su resistencia a ser dominados por los romanos.

A este periodo pertenecen muestras de la presencia humana en Asturias como son los castros. Entre ellos, el castro de Coaña es un poblado astur construido a comienzos de nuestra era cerca de la capital del concejo de Coaña. Perdió importancia a partir del siglo III y se le ha relacionado con las explotaciones auríferas en el Navia. Otros castros destacados son el de Pendía (Boal), el Chao Samartín (Grandas de Salime), San Chuis (Allande), Os Castros (Taramundi); Cabo Blanco (El Franco), La Sobia y La Cogollina (Teverga), la Campa Torres (Gijón), Caravia.. y así hasta una cifra en torno a los 300.

La Romanización de Asturias

A finales del siglo I a. C. los romanos tenían la necesidad de terminar la conquista de toda la Península Ibérica. En ese momento sólo los pueblos del norte: Astures y Cántabros no estaban bajo el yugo romano. La motivación principal del interés imperial por esta región era el oro del subsuelo del área noroccidental peninsular, conocido para los romanos por la expedición contra Gallaecia de Bruto; también el joven emperador Augusto necesitaba de alguna victoria que glorificase su posición. En el año 29 a. C. se unen los vacceos, astures y cántabros en su lucha contra los romanos, y estos concentraron todo su poder militar en el norte peninsular. César Augusto tuvo que ponerse personalmente al frente de sus tropas.

Siempre según las fuentes grecolatinas, en el año 25 a. C. los astures bajaron de las montañas en donde se refugiaban acamparon en el río Astura (río Esla) y dividiendo sus fuerzas en tres columnas pretendían atacar a otros tantos campamentos romanos. Fue entonces cuando la ciudad de Brigaecium avisó a los romanos dándolos tiempo a reorganizarse y rechazar el ataque, siendo derrotados los astures por el general Publio Carisio. Los astures se refugiaron en el oppidum de Lancia que fue atacada y derrotada por el legado de Lusitania.

Después de esta victoria los romanos tuvieron que enfrentarse todavía con sucesivas rebeliones que periódicamente surgían a causa de impuestos o el trato recibido por los astures. Hubo rebeliones en el 24 a. C., 22 a. C. y una última en el 19 a. C. que fue la más dura. Augusto con el deseo de una rápida pacificación le dejó el mando de sus tropas a su mejor estratega: Agripa.

La monarquía Visigoda

La caída y desmembración del Imperio romano se produce en el siglo V. En el siglo VI, se produce la llegada de los visigodos que son rechazados, en principio, por los astures romanizados.

Entre el siglo V y el VIII se instaló en Asturias el cristianismo primitivo y se produjo otro periodo sin fuentes directas de información histórica hasta la invasión árabe, que terminó con este periodo oscuro y con la dominación visigoda.

La monarquía Asturiana

En el momento en que los musulmanes ganaron, en la batalla de Guadalete, al reino visigodo de Toledo, los cristianos de Toledo huyen para buscar refugio en Asturias. Es en este momento cuando las reliquias que hoy se guardan en la Cámara Santa de la Catedral llegan a Asturias. Primero se guardaron en el Monsacro, (Montes de Morcín) y luego en Oviedo. Esta región nunca sufrió una intensa arabización ya que las ocupaciones por parte de los musulmanes eran eventuales y tenían más un carácter de razzias.

En el año 718 en Asturias se produce una primera revuelta contra el poder musulmán, al mando de un caudillo, (probablemente noble) llamado Don Pelayo. Esta revuelta fue controlada y Pelayo detenido y encarcelado.

Don Pelayo consigue huir, y en 722, tiene lugar un segundo enfrentamiento en la Batalla de Covadonga contra el general árabe Munuza. Ésta fue más una victoria guerrillera que militar. Don Pelayo con intención de consolidar su triunfo se proclama rey en Cangas de Onís fundando el Reino de Asturias.

La monarquía asturiana, a base de varias escisiones y reagrupaciones daría paso en los siglos siguientes a los Reinos de León, de Galicia, de Castilla y de Portugal. A partir de ese momento y hasta 1492 la Península Ibérica estará dividida en una parte musulmana y otra cristiana.

Con Fruela la capitalidad pasó a Oviedo. Allí, el abad Máximo y su sobrino Fromestano habían construido un cenobio benedictino sobres las ruinas de un castro romano. Castro que, en tiempos de Augusto, protegía la cercana ciudad de Lucus Asturum (probablemente en la zona de Lugones) y se situaba en lo alto de la colina Obetao. Alfonso II el Casto amuralla la ciudad, construye la primitiva basílica de San Salvador y la basílica de San Julián de los Prados.

Durante el siglo IX entre los reinados de Ramiro I y Alfonso III el Magno se construyen: San Miguel de Lillo, Santa María del Naranco, la iglesia de San Salvador de Valdediós y Santa Cristina de Lena.

El Reino de Asturias se fracciona tras la muerte del rey Alfonso III el Magno, quien reparte sus dominios entre tres de sus cinco hijos. Estos dominios incluían, además de Asturias, el condado de León, el de Castilla, el de Álava, el de Galicia y el de Portugal (que entonces era solo la frontera sur de Galicia). García se quedó los dos primeros condados fundando el Reino de León. Ordoño II se quedó Galicia y Portugal, y Fruela II se quedó Asturias y heredó, más tarde, el reino de León de su hermano García I que no tuvo descendencia.

Edad Media

Tras la unión de los dos reinos el de Asturias y el de León, la capitalidad pasó a la bien amurallada y romana ciudad de León. Con lo que Asturias se convirtió en una región apartada y de difícil acceso, únicamente visitada con objeto de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, cuando los peregrinos del Camino de Santiago se desviaban hasta Oviedo para visitar las reliquias de la Catedral.

La pérdida de esta influencia provocará varios movimientos secesionistas; unos de los más importantes serían, en el siglo XII, el levantamiento del Conde Gonzalo Peláez en contra del Rey Alfonso VII y de Doña Urraca, que gobernaba Asturias en nombre del Rey.

En 1388, mediante el Tratado de Bayona, Juan I de Trastámara y Juan de Gante ponen fin a sus disputas por el trono de Castilla pactando el matrimonio de sus hijos Enrique III de Castilla y Catalina de Lancáster. A ambos se les otorga la condición de Príncipes de Asturias, quedando así instaurado el Principado de Asturias y el título que en adelante ostentará el Heredero de la Corona de Castilla y de España. Además, se vinculaban de este modo a la corona una serie de territorios que, debido a su aislamiento, constituían un foco constante de rebelión.

En los primeros tiempos de la institución al Príncipe de Asturias le pertenecía el territorio asturiano como patrimonio y podía nombrar jueces, alcaldes, etc. que gobernaban en su nombre. Esta situación cambió con los Reyes Católicos, que redujeron el título de Príncipe de Asturias a una condición honorífica.

Asturias desempeñó un papel importante en la sublevación que tras la muerte de Enrique IV inició el rey Alfonso V de Portugal en favor de los derechos sucesorios de su sobrina Juana y contra Isabel la Católica. Alfonso V se apoyó en nobles castellanos descontentos e Isabel en las tropas enviadas por Asturias y Vizcaya.

Renacimiento

Durante este periodo se terminan las obras de la Catedral de Oviedo, iniciada por el obispo don Gutierre de Toledo en el siglo XIV y a finales del siglo XVI, el obispo asturiano Fernando Valdés Salas funda la Universidad de Oviedo.

Ilustración

Cuando Napoleón Bonaparte invadió España en 1808 con el apoyo de los afrancesados se inició la Guerra de la Independencia, la Junta General del Principado de Asturias se declaró soberana y reunida en la Sala Capitular de la Catedral tomó la decisión de declarar la guerra a los franceses, formando un ejército para batirse con ellos en el Pajares.

Asturias fue escenario de algunas batallas durante la Primera (1833-1839) y Tercera Guerra Carlista en 1873-1876. En esta última Oviedo fue sitiado por las tropas carlistas aunque resistió, dando este hecho, probablemente, origen a la tradición gastronómica local del Día del Desarme.

En 1852 se abrió oficialmente el primer tramo de una línea de ferrocarril entre Gijón y Langreo (Ferrocarril de Langreo). Este tramo unía Gijón y Carbayín y fue la tercera línea de España y la primera de Asturias. Comenzó en este Siglo XIX la industrialización de las Cuencas Mineras, muy especialmente Mieres y La Felguera (Langreo). Por otra parte el carbón venía explotándose en esta zona desde el Siglo XVIII.

La nueva concepción que llega por influjo francés va a intentar modificar los usos y costumbres en España y en Asturias. Hasta entonces el atraso en la mentalidad y en la enseñanza general, experimental y científica era muy notable. A ello habían contribuido los poderes fácticos (gran parte de la nobleza y el clero no quisieron asumir la dirección de las reformas) y los males endémicos de la población (preocupación por la subsistencia entre el campesinado sumido en la miseria, las supersticiones, la ignorancia, el inmovilismo social, etc.). En Asturias, además, se sumaba a esto el plurisecular aislamiento y la falta de instrucción pública, que soto recaía en las clases privilegiadas. La creación de la Universidad de Oviedo en 1608, no resolverá el problema por estar desvinculada de las transformaciones en los estudios superiores que se habían ido produciendo en otros lugares.

Incluso durante el siglo XVIII, a pesar de que la iglesia cede la tradicional hegemonía en las iniciativas culturales y educativas, los cambios no serán profundos. Por otro lado, la prensa (gacetas, diarios, ensayos, etc.) tan importante en otros lugares en Asturias no será elemento dinamizador por la ausencia de industrias impresoras en la región. Así la cultura ilustrada solo llegará a grupos muy reducidos.

La minoría ilustrada trató de introducir sus ideas a través del poder (despotismo ilustrado), en Asturias formarán parte ella pequeños sectores de la nobleza terrateniente y el clero, es decir, círculos reducidos y elitistas de la sociedad que se reunirán en salones, tertulias y conferencias y mantendrán contacto con la intelectualidad europea.

El Siglo XX

Los grupos que tradicionalmente habían detentado el control sobre las clases más deprimidas emprenderán también durante esos años algunas medidas. Así, por ejemplo, por iniciativa de M. Arboleya y el obispo Martínez Vigil, se fomenta el Catolicismo Social que emanaba de la encíclica Rerum Novarum de León XIII. En ciertos sectores de la burguesía se emprenden medidas encaminadas a la fundación de centros de enseñanza destinados tanto a adultos como a jóvenes: Universidad Popular, Ateneos, etc.
Pero la clase obrera asturiana ya desde los primeros años del siglo XX toma conciencia y participará en los conflictos que estallan en 1901, 1903 y 1906 en Gijón, La Felguera o Mieres. Todos ellos terminan en fracaso lo que provocará que la Unión General de Trabajadores (UGT) pierda 5/6 de sus afiliados.

A pesar de ello a los pocos años, en 1910, en Gijón el movimiento anarquista aglutina a 4.500 afiliados y los socialistas a unos 3.200; mientras que en Oviedo los afiliados socialistas suponen un 72% con 1.200 obreros.
En este año es fundado por Manuel Llaneza el Sindicato Minero (SOMA) que alcanza en dos años los 12.000 afiliados. El sindicato, en la misma línea que otros movimientos socialistas combina las negociaciones con las huelgas, lo que le permite alcanzar importantes conquistas sociales.
Además participa en actividades políticas, ocupando ya desde la alianza entre republicanos y socialistas concejalías en muchos municipios entre ellos Oviedo y Gijón en 1909. En el campo surgen también asociaciones, como por ejemplo la Unión de asociaciones agrícolas de Asturias que a partir de 1911 se convertirá en la Federación Agrícola Asturiana.

Con la Primera Guerra Mundial, a pesar del dinamismo que provoca en ciertos sectores, tanto socialistas como anarquistas coinciden en la necesidad de llevar a cabo movilizaciones y protestas a causa de la subida de precios, las malas cosechas o la falta de abastecimiento. Los conflictos de 1917 serán duramente reprimidos, especialmente en las zonas mineras.

Durante los siguientes años el Sindicato Minero consigue algunas mejoras laborales: reducción de la jomada laboral, subidas de salarios (aprovechando la reactivación del sector minero por la huelga de los mineros ingleses).
El final de la huelga inglesa significara la caída de ios salarios y ia reducción de plantillas. El líder Manuel Llaneza transigirá' ante estas medidas solicitando al gobierno medidas proteccionistas para el sector hullero, lo que provoca el descontento entre los afiliados, abriéndose un periodo de conflictos internos en que el propio Manuel Llaneza será apartado de la dirección del Sindicato en 1921.

El triunfo de la revolución rusa agravará aún más la situación al desencadenarse un debate interno entre los socialistas de si incorporarse a la III Internacional (convocada por los comunistas rusos) o seguir fieles a la II Internacional socialista. Un sector, entre ellos el antiguo dirigente de la FSA Isidoro Acevedo, abandonará el partido. Los afiliados del Sindicato Minero que le siguen son expulsados del SOMA y formarán el "Sindicato Único de los Obreros Mineros de Asturias" (SUM).

Con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera, el Sindicato Minero al igual que el Partido Socialista pactará, ofreciendo su colaboración y apelando a la negociación a cambio de mantener intacta su organización. Los comunista y anarquista, entre tanto, no estarán dispuestos a la colaboración por lo que serán vigilados y su sindicato suspendido en 1924. Al final de la Dictadura, el descontento es general, incluso en el Sindicato Minero que ve como el número de afiliados en 1920 de 20.000 se reduce a 3.000 en 1928.

Los comunistas y cenetistas salen de la clandestinidad y su sindicato llega a 9.000 afiliados. En estos años Manuel Llaneza será sustituido por González Peña en la dirección del sindicato.  En 1934 Asturias vivió el ensayo general de lo que después sería la Guerra Civil Española en la llamada Revolución de octubre. Toda Asturias y en particular Oviedo y periferia sufrió una convulsión social generada desde las cuencas mineras del Nalón y el Caudal. El Sindicato Minero Asturiano, y el periódico socialista de Oviedo Avance lograron unir bajo el Frente Único Obrero a distintas fuerzas sociales. Éstas, movilizadas bajo la consigna U.H.P. (Unión, Hermanos Proletarios) iniciaron la sublevación con el apoyo de un barco clandestino cargado de armas que llegó a San Esteban de Pravia.

Los sublevados tomaron los barrios de Oviedo próximos a la carretera de la cuenca y parte del casco antiguo (San Lázaro, Campomanes, el Fontán, la plaza del Ayuntamiento, y la de la Escandalera). La guarnición de la ciudad apoyada por algunos civiles se protegieron en zonas del centro de la ciudad. Tras cinco días de lucha y con la proximidad de refuerzos militares, los sublevados se retiraron después de dinamitar la Cámara Santa de la catedral, situando la dinamita en la cripta de Santa Leocadia, de incendiar el teatro Campoamor, la Universidad y varios edificios civiles. Tras el triunfo electoral de la izquierda en febrero de 1936 muchos de los presos de la sublevación fueron amnistiados y en julio de 1936 varios mandos del ejército se levantaron contra el gobierno salido de las urnas.

Durante la Guerra, Asturias quedo aislada del gobierno central y tuvo que formar su propia Administración. Oviedo estuvo ocupada por el coronel Aranda, de los nacionales, que la mantuvo hasta el final con la ayuda del pasillo del Escamplero y el Naranco por donde llegaba el abastecimiento. En Gijón gobernaban la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI), no existía moneda y había cierta descoordinación de las tropas entre el frente y la retaguardia. En esa ciudad, se proclamó el 25 de agosto de 1937 el Consejo Soberano de Asturias y León. En octubre del mismo año varias columnas procedentes del frente de Villaviciosa entraron en Gijón sin casi resistencia y rompieron el cerco de Oviedo.

El conflicto se prolongará durante quince meses, en los que los principales combates se librarán en tomo a la capital, asediada por los milicianos y en los límites de la región, Eo, Deva y costa del Cantábrico por donde las ofensivas del ejército nacional pretenderán liberar el cerco a la ciudad.

Tras el alzamiento, las fuerzas gubernamentales no conseguirán imponerse en la totalidad de la provincia, a pesar de que son mayoría, debido al apoyo del jefe del ejército en Oviedo, coronel Aranda a los sublevados. El coronel Aranda retrasará su decisión de su apoyo al alzamiento hasta el 19 de julio, tomándose el tiempo suficiente para conseguir varios objetivos:

   1. Hacer creer a las autoridades republicanas su fidelidad al régimen.
   2. Evitar el reparto de armas, ordenado por Madrid, entre los obreros y mineros que las reclamaban.
   3. Alejar a los mineros armados que rápidamente salieron en defensa de la capital Madrid.
   4. Reunir al grueso de las fuerzas militares y Guardia Civil de la provincia en Oviedo para su defensa, que sumarían unos 3.200 hombres a los que se sumarían después voluntarios falangistas. Mientras tanto el coronel Pinilla, animado por Aranda, sublevará los cuarteles de Gijón.

Ambos bandos fijaron sus objetivos para el gobierno republicano acabar rápidamente con los focos rebeldes, para los nacionales resistir hasta la llegada de la ayuda de la columna gallega. En el bando gubernamental, al igual que había ocurrido entre los golpistas durante la Revolución de 1934, surgen en los primeros días Comités que a las pocas semanas constituyen el Comité Provincial con sede en Sama de Langreo, cuyas principales tareas serán:

   1. Organizar las milicias.
   2. Mantener los abastecimientos
   3. Mantener la disciplina y el orden
   4. Incautar las fábricas y tierras, necesarias o abandonadas.
   5. Cancelar impuestos.

La unión del Comité Provincial con el cenetista Comité de Guerra creado en Gijón, tras el levantamiento, dará lugar a la formación de un nuevo Comité Provincial, que pronto pasará a llamarse Consejo Interprovincial de Asturias y León con sede en Gijón, dirigido por Belarmino Tomás y en el que participarán miembros del PSOE, PCE, Izquierda Republicana y CNT.

Los sublevados de los cuarteles de Gijón serán derrotados tras 33 días de asedio a pesar de la ayuda prestada por el crucero Almirante Cervera que desde la costa bombardea la ciudad. El último reducto de Simancas caerá el 21 de agosto. A partir de entonces Oviedo queda incomunicado, situación que se prolongará hasta el 17 de octubre, fecha en la que las tropas gallegas dirigidas por el coronel Tejeiro, penetran en la ciudad a través del pasillo abierto desde Grado por el Escamplero. Los milicianos que sitiaban el centro fueron incapaces de asaltar las últimas defensas a pesar de la ofensiva llevada a cabo en los primeros días de este mes.

La llegada de la columna gallega a Oviedo abrirá una crisis entre anarquistas y comunistas dando lugar al cambio de algunos consejeros y a fijar como necesidad fundamental anteponer la victoria militar sobre la revolución social.

Para evitar la actuación incontrolada del "terror rojo" de períodos anteriores se crea el Tribunal Provincial Popular. Mientras tanto Oviedo recibe más ayudas gracias al "pasillo" abierto, mejoran las duras condiciones de vida de los sitiados y aumenta el número de encarcelados y represaliados que en los primeros meses habían sido pocos.

En Febrero del 37 se lleva a cabo una nueva ofensiva en la que participan batallones asturianos y vascos con armamento soviético. Se salda con un nuevo fracaso a pesar de que se consigue penetrar en la ciudad. A las autoridades nacionales, en estos momentos, les interesaba más la ocupación de Vizcaya que la liberación de Asturias. En Agosto una nueva ofensiva republicana se dirige ahora hacia el "Pasillo de Grado" pretendiendo con ello estrangular la ayuda material que llegaba a la capital, tampoco tiene éxito.

La caída de Vizcaya y el rápida ofensiva rebelde hacia Santander, afecta a los batallones que asedian Oviedo que son destinados a Cantabria (ver batalla de Santander). Cuando Santander cae, el Consejo se proclama soberano ante la crítica situación, con el voto en contra del PCE y de las Juventudes Socialistas Unificadas y la indignación gubernamental. El Consejo nombra nuevos jefes militares, restringe libertades y amplia la jornada laboral "por necesidades de la guerra".

El avance nacionalista continua rápidamente encontrando una dura oposición en El Mazucu (Posada de Llanes) donde participan anarquistas como Higinio Carrocera. El 1 de octubre se entra en Covadonga. La ayuda republicana es cada vez menor, solo queda resistir las ofensivas que ahora se incrementan con un nuevo frente por el Sur, por donde penetran hombres y pertrechos sin apenas resistencia. El día 18 de octubre cae Villaviciosa y el 21 Gijón, toda Asturias y todo el norte queda en manos nacionalistas.

La desmoralización en los días anteriores en Gijón es total, muchos de los más significativos dirigentes huyen desde el Musel, lo que provoca innumerables deserciones y el "sálvese quien pueda". Barcos de la Armada, mercantes e incluso pesqueros se emplean en la evacuación de soldados y civiles (algunos consiguen salvar el bloqueo nacional, otros son apresados y alguno como el destructor Ciscar es hundido en el propio puerto). Otros republicanos huyen hasta Cataluña y algunos se echan al monte formando grupos de guerrilleros o "maquis" que perduran durante algunos años.

Consecuencias de la guerra en Asturias:
    * Innumerables perdidas materiales, industrias, campos arrasados (la producción descendió en los años sucesivos a niveles por debajo de los alcanzados antes de la República entre un 20 y 29 %).
    * Hambre y enfermedades (tuberculosis).
    * Edificios destruidos (en Oviedo las 3/5 partes, entre ellos sufrieron graves deterioros: la Catedral, numerosas Iglesias y conventos.
    * Se cifran en más de 16.000 los muertos, 11.500 en combate (El número de muertos en Asturias solo es superado por Madrid) y más de 5.000 represaliados.
    * Más de 2.000 encarcelados durante los primeros años de los 40 en cárceles o campos de trabajo.
    * Varios miles de exiliados.

En la posguerra mucha de la población obrera permanecía encarcelada o había huido a las montañas lo que obligó al mantenimiento de una fuerza militar en la región. Pero con la declaración de la Segunda Guerra Mundial en 1939 el carbón y la industria metalúrgica tomaron una importancia extraordinaria lo que impulsó el resurgimiento de la región.

Fuente: Wikipedia.org.


2 Minutos de Historia de León

Resumir la historia de León en 2 minutos, es imposible. Pero, dado que es el título de este apartado, debo cumplirlo... asi que voy a intentarlo...

León (Llión, en Lengua Leonesa), es la capital de la provincia del mismo nombre y del Reino de León. El municipio de León cuenta con 135.000 habitantes distribuidos entre la propia ciudad de León y las pedanías de Armunia, Trobajo del Cerecedo y Oteruelo.

Los orígenes de León se remontan a la Edad Antigua, en que las tribus cisastures poblaban el territorio. Posteriormente, con la invasión romana la Legio VI se asienta entre los ríos Bernesga y Torío dando origen a uno de los asentamientos militares romanos más importantes de la Península Ibérica, la ciudad de Legio. Con el tiempo este asentamiento militar romano se convertirá en la capital militar de la Península Ibérica y el norte de África, dotado de fuertes recursos defensivos y militares para controlar, fundamentalmente, las importantes cantidades de oro extraidas de Las Médulas. Las imponentes defensas de la ciudad fueron la base de que, con gran probabilidad, el territorio de León se mantuviera en un estado administrativo de, cuanto menos, amplia autonomía hasta que en el año 910 se convierte en la capital del Reino de León.

El Reino de León será uno de los principales estados europeos durante la Edad Media, convirtiendose en imperio en el siglo XII y celebrando las primeras cortes democraticas europeas en el año 1.188 bajo el reinado del rey Alfonso IX de León. El Reino de León se dota de fueros própios, de leyes, garantiza el derecho a la inviolabilidad del domicilio, a que el rey no puede declarar la guerra ni firmar la paz sin consultar antes al pueblo, garantiza un sistema económico, desarrolla numerosas obras de arquitectura religiosa, civil y militar, y fragua una cultura propia que tiene su expresión a través de la lengua leonesa, convirtiendose en el idioma oficial de la corte del Reino de León.

La lengua leonesa (Llingua Llïonesa), una de nuestras principales señas de identidad como pueblo diferenciado, tiene en la Nodicia de Kesos su documento escrito primigenio, en el que elementos leoneses se entremezclan con el latín. El Reino de León desarrolla un modelo de latín propio, leonesizado, conocido como latín medieval leonés. La lengua leonesa se consolida como el idioma de la administración en pleno siglo XIII y a pesar de haber sido excluida de la documentación oficial tras la unión a Castilla del Reino de León, se ha mantenido viva en nuestro pueblos y ciudades.

El Reino de León, pierde su independencia en el año 1.301 en que el rey leonés Juan I entrega la corona al Rey de Castilla. A pesar de ello sigue manteniendo vivas instituciones propias, como el Adelantado Mayor del Reino de León, y una fuerte personalidad propia. El Reino de León, crea a principios del siglo XIX, la Junta General del Reino de León para luchar contra la invasión francesa, enviando representantes a las Cortes de Cádiz de 1812. León sigue coronando sus reyes hasta el siglo XIX, y con las reformas administrativas mantuvo, primero como reino y luego como región, un cierto grado de reconocimiento institucional hasta 1983 en que la provincia de León se integra junto al resto de provincias leonesas en la Comunidad Autónoma de Castilla y León.