Historia del Beisbol 2
 

JUAN SAKURADA UN JAPONÉS CON CORAZÓN DE IQUIQUEÑO

 

Al aproximarse un nuevo aniversario de la fundación de la Federación de béisbol de Chile que cumple el 20 del presente, nos hemos acordado de todos los trajines que mucho antes, en 1926, se cumplieron en Iquique en relación con este deporte y mucho más, de una figura que siempre estuvo entreverada en esta rama, el japonés Juan Sakurada, fallecido hace algún tiempo y muy querido en nuestro medio.

 

Sakurada formó a muchos jugadores en varios  clubes, con japoneses y chilenos en sus registros.  Sus últimos años de vida los dedicó al Olimpo.

 

Tuvo inclinaciones por el ciclismo, participando en diversas competencias como también en atletismo.  Su figura fue clásica en las mañanas, en avenida Balmaceda, por calle Vivar, trotando, manteniendo su físico, lo que prolongó  hasta avanzada edad.

 

Durante largo tiempo, después de vivir con su esposa e hijos, éstos se trasladaron a su patria, el Japón y no volvieron.  El siguió bregando en el comercio y murió en su ley, el trabajo.

 

Ahora que el béisbol está renaciendo, que hay mayor preocupación, aún cuando no tiene canchas que reúnan las condiciones más favorables, nuestra mente se trasladó hacia esa gran figura que fue Juan Sakurada, un japonés con alma de Iquiqueño.

 

HECOHE

 

Estrella de Iquique. Agosto de 1997

 

 

 

Para Juventudes Iquiqueñas

JUAN SAKURADA, FUE UN VERDADERO EJEMPLO

 

 Un día cualquiera de hace muchos años, apareció en Iquique un hijo de la nación del sol naciente, jovial, amistoso y risueño como sus paisanos que le habían precedido en la llegada a este puerto.  A los conocidos apellidos japoneses Nakagawa, Huramoto, Ito, Taky y otros, tuvimos que entrar a familiarizarnos  con el de Sakurada, porque  Juan Sakurada muy pronto se dio a conocer en el ámbito deportivo local por su participación en el ciclismo, carreras de largo aliento y porque entronizó en la ciudad la práctica del béisbol.

 

Pronto lo vimos instalado con su peluquería “La Primavera” que conjuntamente con el arriendo de bicicletas por horas y la venta de helados, refrescos y dulces, dio gran animación al  barrio de Vivar entre O´Higgins y Bulnes.

 

Pero simultáneamente  combinaba sus actividades comerciales con la práctica de sus deportes favoritos del ciclismo y atletismo, a la vez que se daba tiempo para difundir y enseñar el desconocido juego del béisbol.

 

Juan Sakurada fue todo un digno ejemplo para las juventudes de esos años, entre las que gozaba de gran ascendiente, por su dedicación a ellos y por su tenacidad.

 

Así, era cable constatar que muy de mañana encabezaba un grupo de corredores que salían a foguearse en esta dura disciplina.  Por las noches, muchos jóvenes nos dábamos cita en su peluquería-fuente de soda para charlas o para escuchar música que él difundía a través de parlantes que él había  adaptado a su electrola.

 

Todos sabemos que los japoneses no pueden pronunciar la letra “L” (ele) y la transforman en “R” (ere) y por cierto que Juan Sakurada no era una excepción a esta regla de pronunciación.

 

Le encantaba propalar la música que entonces estaba en boga, pero cuando venía la parte del estribillo cantado por Lucho Gatica, Juan Arvizú, Ortiz Tirado, José Mujica o Pedro Vargas, nuestro héroe levantaba olímpicamente el diafragma con agua y todo y lo cantaba él.  Nosotros gozábamos con la sencilla triquiñuela, pero él se sentía feliz al hacernos escuchar.

“Estoy ceroso, pero muy ceroso…”

“Voy por ra vereda tropicar…..”

“Fores negras der destino….”

“Soramente una vez se entrega er arma…”

 

Si entrábamos a su “peluquería Primavera”, nos preguntaba:

-¿Corte de pero? ¿chureta o corte pruma? ¿pero rargo y agua coronia?

 

De su persona emanaba ese hálito de cordialidad y de gran dignidad.  Atento y servicial se hacía prontamente de nuevas amistades y clientes y por eso es que tuvo muchísimos amigos y admiradores.  Tras sus ojos sesgados se escondía una gran sensibilidad y bondad muy poco comunes.  Siempre lo vimos alegre y optimista, jamás triste.  De él aprendimos a hacer de la cordialidad y benevolencia  una costumbre  o virtud que en el transcurso de la vida nos han proporcionado grandes satisfacciones.

 

Cuando murió a los 67 años de edad un 4 de Mayo d 1967, Iquique entero adhirió al duelo y ese día las campanas doblaron tristemente por él. Miles de deportistas y amigos sentimos su desaparecimiento, como si hubiese sido un pariente nuestro.

 

Han pasado quince años desde que partió hacia el más allá, pero su influencia, recuerdo y ejemplo que nos legó hacen que su memoria aún subsista entre nosotros, porque aparte del legado de su amistad que nos dejó, Juan Sakurada fue un iquiteño por adopción.

 

Sirvan estas breves líneas como un homenaje muy sentido de un amigo suyo, que siendo joven tuvo la suerte y ventura de conocerlo personalmente. Juan Sakurada descubrió el arte de ser él mismo y eso lo hizo ser un buen servidor de la comunidad en que vivió.

 

                                   LEO

Estrella de Iquique 4 de Mayo de 1982