CAPITULO6

 

  • ¿Te lo dije o no? - la dejó pasar sosteniendo la puerta del garage, venía corriendo desde el auto que la dejó a unos metros de la entrada - ¡Minga de primavera!, hasta el cambio de luna, a cagarse de frío. ¡Ufff!

  • Colgá la campera en el perchero ése, arriba te sacás las zapatillas y las ponemos frente a la chimenea. Dame el bolso, te lo tengo.

  • Sudestada de las buenas – entregaba el bolso, se sacaba la campera, las gotas de agua relucían en su tez bronceada, el cabello sujeto en coleta, con ese mechón ensortijado cayendo sobre la frente.

  • Creí que tenías auto. - indicándole “hacia la escalera, allá” con la mano.

  • Tengo, un jeep Land Rover, modelo 78. Está en el mecánico, me quedé sin líquido de frenos y lo tuve que parar contra un médano. - subiendo las escaleras detrás de ella.

  • ¿Por qué no me llama la atención? - sonriendo - ¿Lo cuidás?

  • Como a un hijo, no te deja nunca a pata. Era de mi viejo, me lo donó cuando me recibí. ¡Guau! ¡Esto es un despelote! - entrando al piso, los ojos sorprendidos y la sonrisa aprobatoria. - Y eso que te falta guardar cosas, pero está buenísimo. ¡Mirá esas nubes! Se nos cae el cielo. - yendo directo al ventanal.

  • Ese ventanal es el mejor adorno del piso. - dejaba el bolso sobre la mesa, iba a la cocina - ¿Café, té, mate?

  • Café, soy adicta a la cafeína. - se sacaba las zapatillas sin dejar de admirar la tormenta desatada fuera.

  • Pensé que no ibas a venir, con semejante temporal.- ponía el Nescafé en las tazas, el agua en la pava, la pava sobre el fuego.

  • Juanjo me trajo, le encanta manejar con tormenta, no me preguntés por qué. - llevaba las zapatillas frente a la chimenea. - Esta chimenea es el sueño de mi vida, alfombrita, un Bailey's y mirar cómo se queman los leños una noche romántica, música suave.

  • ¡Jajajaja! ¡Sos novelera!

  • No me digás que no se te cruza por la cabeza. Seguro en alguna novela lo ponés.

  • Si querés secarte, aquella puerta es el baño, hay unas ojotas también.

  • ¡Qué lindo está esto! Te aviso, te acabo de declarar mi clienta ídola. - yendo hacia el baño.


Sonreía mientras ponía unos alfajorcitos de maicena en un plato y veía que el agua comenzaba a hervir. Para cuando Nuria volvió del baño, el café estaba listo y la mesa servida.


  • ¡Alfajorcitos de maicena caseros! Hace años que no comía de éstos... -sentándose, bajando el bolso al suelo.

  • Los vamos a vender en la cafetería, los hace Lily. ¿Leche, nutrasweet?

  • Mmmm... ¡qué buenos! Y chiquititos, mi abuela los hacía así... nutrasweet y nada de leche, cafeína pura...mmmm... tienen el gustito como áspero de la maicena, me gustan así.... mmm.... ¿ya les pusiste precio? - tomaba un sorbo de café para ayudar a bajar el alfajor por su tráquea.

  • Los hace con la vieja receta de la Petrona, la mejor de todas.

  • ¿La Petrona?

  • Jeje. Me olvidé que sos más joven. La Petrona C. de Gandulfo, la primer gran dama de la cocina argentina, enseñaba sus comidas por la tele y tenía un libro de recetas que era algo así como la Biblia, con tapas duras. Tengo uno herencia de mi madre, mi tesoro más preciado.

  • ¡Andá! Mmmm.... ¡qué buenos! No paro, esta noche a dieta con ensaladita de brotes de soja... mmmm.

  • Después te llevás algunos para el desayuno de mañana.

  • No llegan, me agarra la angustia oral mirando la tele y no quedan ni las miguitas. mmm...

  • Creo que los vamos a poder vender a buen precio. Lily estaba averiguando cuánto cobraban por algo parecido en las cafeterías de Necochea.

  • ¿Ya hicieron los costos? - otro sorbo de café, servilleta.

  • Aproximados, me falta calcular algunas cosas, el gas, el coco rallado, el dulce de leche ... - un sorbo de café.

  • ¿No comés?

  • No me tira el dulce, me gusta más lo salado. A esta hora tampoco me llama mucho comer, en dos horas almuerzo.

  • ¡Qué metódica!

  • Me quedó de la dieta, seis colaciones por día, te acostumbrás y la verdad, te sentís mejor.

  • ¿Qué dieta hiciste? Me vendría bien, porque tengo un flotador que no me puedo sacar.

  • La de Cormillot, bah, la que hizo él para los de ALCO. Lo único que no cumplo, lo del vino. Dice que las mujeres sólo podemos medio vaso por día. Yo, una copa en cada comida.

  • La de los gordos anónimos, sí. Ahhhhhh, ¡basta!, no como más. - empujaba el plato hacia el centro de la mesa. - Dejo algo para esta noche. Bueno, a laburar, que ya tuve demasiado recreo. Mostráme lo que tenés.

  • Ahí, al costado, esa carpeta. Te imprimí todo.


Nuria abría la carpeta e iba revisando los impresos.


  • ¡Paaaaa! ¡Qué ordenada!

  • Maestra, te acostumbrás. Planillas, registros, planificaciones...

  • Igual estos excel no son de maestra, entendés de computadoras. ¿Sabés contabilidad?

  • Del secundario, por lo menos debe y haber entiendo. - seguía tomando su café y la observaba.

  • Con foto y todo de las empleadas, no cualquiera, ¿eh?

  • Con la digital es fácil, las imprimí en la láser.

  • Si te vas a la quiebra y buscás laburo, avisáme. Necesito una secretaria eficiente.

  • ¡Jajajaja! Espero que no, porque te quedás sin clienta.

  • No lo había pensado, qué boluda. - sacaba un diskette del bolso que yacía en el piso. - Cargo los datos y luego los imprimimos, ¿te parece bien?

  • Bueno, te traigo la notebook así trabajás. Cuando terminés te conecto la impresora. - iba hasta el desayunador, agarraba la HP y se la llevaba.

  • ¡Qué notebook! ¡Quiero una así! ¿Cuánto te costó?

  • Tres mil dólares. A principios del año que viene la conseguís por un tercio menos, sale el modelo nuevo. Mientras vos laburás, sigo acomodando cosas. Llamáme si no entendés algo.

  • ¡Oki doki.- mirando la notebook con ojos de niña ante chiche nuevo. - Tres lucas verdes, imposible...


Una hora después, firmados los formularios y acabado el trámite de las empleadas, leía detenidamente el borrador del testamento mientras Nuria tomaba otro café frente al ventanal, disfrutando de truenos, relámpagos, cielo plomizo, lluvia y olas encrespadas.


  • ¿Pueden disputar este testamento en los estrados judiciales? - sacándose los anteojos.

  • Sí. - seguía mirando el paisaje, como hipnotizada mientras tomaba su café.

  • ¿Cómo evito eso?

  • Donación en vida, con usufructo permanente tuyo, hasta que te mueras no tienen nada. Tiene un problema, los que se van a quedar con tus cosas saben que si te morís se adueñan de todo, es un riesgo.

  • ¡Qué mal pensada!

  • Hay una parte que podés dejar en herencia y es inapelable, el 20% de todo. Luego, lo demás, te lo discuten siempre, la ley de herencia es medio jodida con lo de los parientes consanguíneos y esas cosas. Da lugar a interpretaciones. -la vista en las nubes.

  • Bueno, la guita que tengo es un poco más del 20% de todo. Hagamos así, la guita en testamento, lo demás, eso de la donación.

  • ¿Ya sabés a quién la guita? - se giraba y la miraba.

  • Sí. Las cooperadoras de las escuelas en las que trabajé, exclusivamente para ampliar las bibliotecas. Son tres. Redactálo de forma que si no se llaman cooperadoras, vaya a la escuelas directo, no quiero que vaya nada al ministerio de educación.

  • Te entiendo. Sé cómo. - se sentaba. -¿La donación a quién?

  • Juan, Laura, Patricia, en partes iguales. Te doy los datos. ¿Eso se puede cambiar después?

  • No. Donás, se acabó. - la miraba a los ojos. - Tenés duda con la gente.

  • Ahora no, no sé si después... Lo del testamento era bueno por eso, lo podía cambiar.

  • Mirá, no sé cuál es tu problema con eso de que los herederos tengan que defenderse contra tus parientes en la justicia. Al fin de cuentas, la ligaron de arriba, vos estás muerta, no te enterás de nada. Que se la laburen.

  • No me gusta dejar las cosas mal hechas, que la gente que reciba esto tenga problemas por mi culpa. Si se los dejo, se los dejo bien.

  • Si es tanto lío para ellos, que se lo regalen a los otros y chau pinela.

  • No quiero que mis parientes reciban nada de esto, ni siquiera porque los otros son tan boludos de no pelear.

  • Dejáselo a la iglesia o a Cáritas, ahí interviene la Curia y seguro no ganan.

  • Antes que a la Iglesia, se lo dejo al estado.

  • Dejáselo al estado, a las escuelas entonces, difícil de ganar un litigio contra una donación filantrópica.

  • No es justo.

  • Bieeeen. - suspiraba.

  • Ya sé, soy la gata flora.

  • No. Te ofrezco alternativas que no te sirven, para lo que querés. Vos sabés mejor que yo.... mirá, ahora no tengo una solución a lo que me decís. Dejáme preguntar, hay abogados que saben más que yo. Por ahora, para que te quedés tranquila, por si te atropella una gaviota cuando vas a la playa y te quedás dura, hagamos el testamento tal cual lo pensaste. - la miraba y sonreía a la par que Lucía – Cualquier cosa, la culpa es de la gaviota, que te mandó pal otro mundo antes de tiempo.

  • Sos buena, muy buena – con una gran sonrisa.

  • No te creas, me defiendo. Dame los datos de los beneficiarios, los cargo en el word, lo imprimimos, lo firmás y se lo llevo al escribano. Vas a tener que pasar a ratificar la firma y esas boludeces. ¡Ah, andá con guita en mano! No te hacen nada si no te ponés.

  • Le voy a mandar una caja de vino a Llorente, se la merece por recomendarte.

  • ¿Y yo no podía ligar algo de eso? - le pasaba la notebook para que cargara los datos.

  • Me lo pienso y te digo. - se ponía los anteojos bajo la atenta mirada de Nuria y su gran sonrisa.


Terminado todo, bajaron a ver el negocio y de nuevo los ayes y los elogios de Nuria. La reconocía sincera, especialmente cuando le repetía “¡qué lástima, te vas a fundir con el ciber y la librería, tan buen negocio!”, “dale, poné tragos a la noche en el verano, se te llena de gente, está buenísimo”, “no, no sé lidiar con gente que ha bebido de más, no quiero quilombos”, “contratá unos guardias privados, unos patovicas y listo, te aseguro, los surfistas que vienen en verano te lo llenan todas las noches y son tipos con guita”, “no Nuria, quiero tranquilidad, hacer algo con un sabor, con un estilo”, “te fundís, no aguanta”, “me fundo, pero en lo mío”. Más de una vez notó que la miraba con asombro, y hasta con cierta admiración. “Me gusta eso del estilo, el cafecito con alfajorcitos de maicena, el club del libro, los diarios para leer, sí”, “recién me decías que me fundía”, “la costumbre, todos buscan la guita rápido, vos no”. “¿entonces creés que puede andar?”, la miraba llena de ansiedad, “para nada, pero me gusta, a la tarde, después de las olas, alguno te voy a traer”, le sonreía mirando embelesada un lugar que daba para muchos negocios rentables, menos para esa “quijotada” que tenía en mente Lucía. Le había gustado a Nuria y no sabía por qué, le importaba que a esa mujer le gustara.


Se tiró a dormir la siesta a las dos de la tarde. Afuera seguía gris, oscuro, tronando y lloviendo a baldes. La espalda le pasaba factura de tanto esfuerzo estos días, el ibuprofeno a las dos horas ya no existía, como si ni lo hubiera tomado. Sabía la cura, dos días sin moverse mucho, descanso horizontal varias horas por día, hasta que se desinflamaran las lumbares. A la media hora, el ring del celular nuevo, “insoportable, tengo que ponerle un ringtone”, la despertaba de mala manera, estaba cogiendo sueño profundo.


  • Sí.

  • ¿Señora Zanone?

  • Sí, quién es.

  • Del banco Nación, la secretaria del señor Galante. Me pidió que le recordara que no se olvide de avisar apenas esté instalado todo para mandar el inspector del seguro.

  • Gracias, la semana que viene creo. ¿Algo más?

  • Nada más, hasta luego.


“¡Qué ganas de joder la paciencia!, ahora que me dormía, ¡ufff!”. Se quedó un rato mirando el techo, de a poco la volvía a ganar el sueñito, la tibieza del ambiente, la oscuridad del día, se iba... El ring de nuevo. “Hoy no quieren que duerma la siesta, nunca joden tanto”.


  • ¡Hola!- de mal modo.

  • ¿Señora Zanone? De Rodríguez y Portierra, por el generador.

  • No vinieron ayer como dijeron, los llamé y no contestaba nadie. - peores modos que antes.

  • Disculpe señora, estuvimos instalando un generador en un silo y se nos complicó la cosa. Hoy con la tormenta, imposible. ¿Le viene bien mañana temprano?

  • ¿A qué hora?

  • A eso de las once.

  • Está bien, pero a las once, no a las cinco de la tarde. - le empezaba a doler la cabeza.

  • A las once, sin falta. Hasta mañana.


Cortó sin saludar. “Lo desconecto, me tienen podrida, quiero dormir un rato”, qué malhumor. Apagaba el celular y lo ponía sobre la mesita de luz. Se acomodaba en la cama, se tapaba con la manta y sacaba los pies afuera. Apenas unos minutos y se dormía plácidamente. A las dos horas, el dolor de espalda la despertó. No había posición, de un costado, del otro, le molestaba. Se levantó en bolas, vaso de agua, nuevo ibuprofeno, llenó la bañadera con agua caliente, buscó las sales en el botiquín, las echó, se metió con la esperanza de relajarse un poco, “qué mierda de dolor”. Eran las cinco cuando salió, se secó, se puso la bata, se fue a encender las luces de afuera y de adentro, ya parecía de noche. Un yogur con cereales, mirar por el ventanal, “aplacó el viento, a ver si mañana está mejor, tengo que ir a buscar a Hernán a la terminal, linda hora a las doce de la noche, podría venirse el sábado a la mañana”. Un relámpago, se iluminó el mar, bravío, espumoso, rompientes a diestra y siniestra, oscuridad total de nuevo, a los segundos el trueno, de nuevo algún relámpago perdido en la inmensidad oscura, un ruido más lejano. “Adiós nonino”en el aire, significaba Buenos Aires, sabía quién, no la había llamado desde que llegó.


  • Hola, cómo estás.

  • Ah, todavía te acordás que existo. Llamé mil veces, no atendiste nunca.

  • No empecés con las recriminaciones, ¿cómo estás?

  • ¿Te interesa?

  • Si no, ni te pregunto. - suspiró hastiada.

  • Estoy por entrar a la clase de Sociales I, quería saber si estabas bien, dijeron en la tele que hay un temporal fuerte por allá.

  • Estoy bien, sí, el temporal es fuerte, como los que conocés, nada nuevo bajo el sol.

  • ¡Qué graciosa!

  • ¿Qué querés que te diga?, un temporal de los que suele haber aquí. Yo no tengo drama, te envié un mail para que vieras las fotos en el Yahoo, la casa aguanta de todo. El problema es de los pobres, los de las casas de chapa o que viven al lado del río.

  • No empecés con el mapa de la pobreza de ahí, lo conozco.

  • Bueno.

  • Entonces, ¿todo bien?

  • Sí, todo bien, te conté en el mail, ¿lo abriste?

  • Claro, pero como decía la tele...

  • La tele dice tantas boludeces, Patri. Igual, gracias por llamar.

  • Ya entro a clase. ¿Cuándo hablamos tranqui?

  • El fin de semana, no sé, el sábado vos laburás y a la noche voy a lo de Juan, juega Independiente. ¿El domingo?

  • No sé, te confirmo, tenemos un asado y después...

  • Bueno, avisáme por mail cuando estás libre.

  • Escucháme, te llamé yo, vos ni siquiera te dignás a responder, no te enojés ahora porque el domingo tengo algo.

  • Patri... gracias por llamarme, tenés razón, yo ni te llamé. - suspiro de hastío más que hastío. - ¿Me avisás? Un beso, chau. -ni esperó respuesta, para qué. Cortó y dejó el celular sobre la mesa.


Fue hasta el equipo de música, buscó entre los Cds, revolvió, ninguno le parecía, “tengo que bajar música nueva”, al final lo dejó. Prendió la tele, la había conectado a la ficha del cable, puso un canal de noticias de Buenos Aires, se fue hasta la mesa, tenía que ordenar papeles y gastos, hacer el listado de los equipos con sus identificadores de fábrica para el seguro, buscó las instrucciones que le había dado Galante en un folleto, buscó el archivo de excel con la lista que ya tenía, las boletas de compra, empezó a pasar los números, tedioso. Guardar como, nombre nuevo seguro_informatica.xls, carpeta seguros, se estiró con los brazos hacia arriba. “Café”. La voz estridente del locutor, “voz de pito tiene éste” mientras ponía el agua a calentar. “Un fuerte temporal azota las costas bonaerenses, se han reportado olas de hasta seis metros de altura, hay un alerta por un pesquero que no ha retornado al puerto marpla...”


  • La puta madre que lo parió a Rodríguez y al Portierra ése. Lo sabía, se iba a cortar la luz y los guachos de mierda me dejaron en pelotas. - un insulto a toda voz, con la rabia de la oscuridad casi noche que la rodeaba. - Ahora dónde mierda puse la linterna, la puta madre que los remilparió. -se siguió llenando la boca de insultos.


Fósforos, una vela del cajón de los cubiertos, a buscar. La linterna, ahí en el cajón de herramientas, “¿será sólo esta zona?, ¿dónde estarán los sol de noche?”, encender el celular local, a Juan, “debe saber”.


  • ¡Ufff! Seguro sin luz, eso es lo malo de los inalámbricos, sin luz sin teléfono. - esperó sonando un rato largo. - A ver el celular de Lily...

  • Hola, ¿quién es?

  • Lucía, Lily. ¿Están sin luz?

  • Hoooooooola. Todo a media luz, la casa parece un velorio, lleno de velas. ¡jajajaja! Nos íbamos a poner a jugar al truco, ¿querés que te vayamos a buscar?

  • No, gracias, ¿tu viejo anda por ahí?

  • Protestando, iba a ver el partido del Barcelona contra no sé quién y se quedó sin fútbol, sabés lo que es eso para él.

  • Sí, ¿me das con él?

  • ¡Vieeeeeeejo! ¡Mi jefa quiere hablar con vos! - casi le estalla el oído de los gritos. - Te lo paso. Besotes jefa.

  • Chau, besitos. - sonreía.

  • No se ve un joraca, se cortó en todos lados, la usina debe haber hecho caput.

  • Sí, veo por la ventana que no hay luces en Necochea, sólo el puerto.

  • Tienen usina propia.

  • Che Juan, ¿vos sabés dónde están los sol de noche?

  • Los dejé en el negocio, ¿no subiste ninguno?

  • No, boluda como siempre.

  • Están debajo del mostrador, en la punta que da hacia la calle.

  • Bueno, bajo a buscar uno. Gracias.

  • Che, ¿no te ponían ayer el generador? ¿No funca?

  • No vinieron, hoy a la tarde llamaron que vienen mañana.

  • La ley de Murphy.

  • Vos lo dijiste. Gracias, Juan.

  • Chau, ah... esperá. No te conté de la Kangoo que fui a ver.

  • Verdad. ¿Y? ¿Buena?

  • Motor a nuevo, hay que hacerle el ablande. Alguna cosita de chapa, se ve que tuvieron un toque y lo arreglaron, pero no le hicieron pintura. Tendrías que cambiarle los neumáticos, los de atrás están lisos. Ah, frenos y amortiguadores. Lo demás bien, entera.

  • ¿Qué color?

  • Gris metalizado.

  • Ah, me gusta. ¿Y cuánto?

  • Dieciocho mil, al contado, uno arriba del otro.

  • ¿Y a vos qué te parece? ¿Está en precio?

  • Ofrecéle diecisiete y te la llevás, anda necesitado de guita. Muy buen precio.

  • ¿Los papeles en orden, impuestos pagos?

  • Me dijo que sí, pero cualquier cosa, se lo descontás, vos sabés cómo es eso.

  • Bueno, si mañana mejora el día podría ir a verla. ¿Me acompañás? ¿Podés a la tarde?

  • Le aviso que vamos, ¿a eso de las dos te viene bien?

  • Sí, bárbaro.

  • Te paso a buscar por tu casa, cualquier cambio te aviso, si no a las dos estoy por ahí. Chau.

  • Chau, que disfruten el truco.

  • Sí, gran entretenimiento, hoy jugaba el Barcelona y me lo pierdo, puffff...

Escalera, garage, “¡qué frío!, siempre igual, nunca me abrigo”, las luces de emergencia prendidas en el garage y en el negocio, “¡qué acierto!, ocho horas aguantan”, con esa luz encontró los sol de noche debajo del mostrador, se llevó uno. Miró por la cristalera del negocio hacia afuera, todo oscuro, “una boca de lobo”, notó por primera vez los ruidos, no distinguía, siseaba el viento colándose por las rendijas, los truenos lejanos, alguna rama golpeando sobre algo, ¿pasos?, imposible que haya gente caminando con semejante tormenta, ¿voces?, no, ideas suyas, golpean, ¿qué golpean?, relámpago, fantasmal todo se ilumina afuera por una fracción de segundo, un cierto temblor en el cuerpo, ¿eran sombras de personas?, “no te pongas loca, ideas tuyas” decirse sin mucho convencimiento, salir, cerrar, subir rápido, prender el sol de noche, iluminaba bien gran parte de la estancia.


Sin la tele, sin la radio, sin música, sólo los sonidos de la tormenta, el viento, algún golpe aquí o allá, tratar de identificar uno y otro, por primera vez la noche negra fuera y sin que nada funcione, el gas sí, el agua la que había en el tanque, sin luz no funciona el motor cuando se vacía y te quedas sin agua, llenar bidones, eso, “¿dónde están los bidones?”, buscar en el bajo mesada, ahí están, llenar dos, uno para el baño, otro para la cocina, algunas botellas de agua en la heladera para beber.


  • Más leña en la chimenea, lo único que me falta, cagarme de frío después porque se apague.


Juntar los papeles que estaban en la mesa, guardar, ordenar, una luz en la ventana, “¿alguien afuera con una linterna, con este día?”, asomarse, no se ve nada, “me cambio, no puedo andar en bolas”, el temblor del cuerpo, ¿miedo?, por primera vez la soledad absoluta llegaba con el corte de luz, muy sola, en medio de la tormenta, en medio de los médanos y el mar, qué importa que la casa resista, muy sola, en la nada, sin nadie a cientos de metros, no funcionan las alarmas, sólo el celular para gritar, llorar, pedir, rogar.


  • ¡Qué mierda me pasa! No es la primera vez que estoy sola en el medio de una tormenta aquí. Siempre pasa lo mismo, tormenta, te quedás sin luz, por qué tan cagona hoy. - la tanga, una camiseta, un pantalón, alpargatas de lona.


Otro café, dos rodajas de pan de salvado con tomate y queso, sentarse en el desayunador, observar por el ventanal mientras merendaba. Los ruidos, pequeños, inidentificables, “son los primeros, hay que acostumbrarse”, consolarse con eso. Esa luz en la ventana que va y viene, el faro no es porque apunta al mar el haz de luz. Hay alguien afuera, ¿pedirá ayuda? Animarse, ponerse un rompeviento, abrir la ventana, asomarse al balcón. Oscuro, nada, tormenta, viento, lluvia copiosa. Hacia Necochea, todo oscuro, salvo las luces del puerto y las pequeñas claridades de velas y linternas moviéndose a lo lejos, algún edificio con ventanas más luminosas. Hacia bahía de los vientos oscuridad salvo la casa, esa casa, esas torres que se adivinan blancas, bastante luz.


  • ¿Tendrá generador? Tiene mucha luz para velas o sol de noche. ¿Estará sola? ¿Tendrá cuiqui como yo?- temblar de frío, pegar saltitos, refregarse las manos - No creo, hace rato que vive acá. Está sola, bueh, no tan sola. Tiene al perro. Necesito un perro, de mañana no pasa.


Adentro, la radio, tiene pilas, algo de otro lugar que tenga electricidad seguro se capta. Prenderla, radio Mitre, de noche se corta, va y viene, algo es algo, a ver Continental, se escucha mejor. No pensar en los ruidos, no pensar en esa luz, no pensar en la soledad, no pensar. “El hacha, ¿dónde está el hacha?”. Caja de herramientas, el hacha filosa, sacarla, ponerla cerca. “Esta noche duermo con el hacha al lado.”

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