CAPITULO3

 

Siesta. Tres horas largas. ¡Qué lindo! Tibio, apenas una manta no muy pesada, las sábanas con esa fragancia de los jabones que había metido en los cajones del placard. Estirarse, encorvarse, intentar la “del gato” en la cama, a ver si las vértebras mejoraban algo, sonaban ¡y cómo!


  • Se nubló, el viento debe soplar con todo. Mmmmm… La chimenea es una pasada, qué lindo calienta. Bueno, ¡arriba! ¡Up!


Se puso la tanga y una remera de mangas cortas. Esa costumbre de dormir en cueros... No aguantaba ropa alguna bajo las sábanas, no sólo eso, invierno o verano, frío o calor, los pies afuera por el costado, como si fueran una nariz de su cuerpo que necesitaba respirar.


Cuatro y media, timbre, bajar a abrir al garage, Juan y Laura en la Kangoo.


  • ¡Qué frío, loco! Cambió a viento sur y volvió el invierno. Hola. ¡Muak! Estás más flaca, ¿cuántos kilos bajaste? – Laura, tiritando, beso en la mejilla, metiéndose rápido adentro.

  • En total van como doce. Hola Juan.

  • Ahora se te notan, corréte que meto la aspiradora, ¿la subo o la dejás acá para el negocio? - beso en la mejilla también.

  • No, arriba, quiero hacer limpieza a fondo, después me compro una común para la casa. ¿Pesa mucho?

  • No. Che, Laura, ¿bajaste la pasta frola?

  • Sí, acá la tengo, en el bolsón. – ya entrando en la casa.

  • ¡Qué ventolina! Tan lindo que estaba a la mañana.- cerrando la puerta del garage.

  • Quequén, siempre igual.- Juan, ya arriba, con la aspiradora.

  • See. – subiendo las escaleras.

  • Esta chimenea te quedó de película. Con el fuego encendido luce un montón. – Laura, sacándose el frío frente a los leños chispeantes.

  • ¡Mirá el mar! Está bravo, mirá esas olas. – Juan admirando desde el ventanal.

  • ¿Mate o café? – encendiendo la cocina, poniendo la pava a calentar.

  • Mate. Había subido dos veces aquí, pero no había visto nunca el mar así. ¡Qué vista impresionante, parece una postal! - Laura estaba maravillada por una escena que se repetía en sus vidas desde hacía más de veinte años.


Los tres ahora, parados frente al ventanal, protegidos del frío y del viento, hechizados por el cielo que se desplomaba en copos de algodón sucio sobre el mar picado. Agitado, rompiendo aquí y allá, en la playa, en los acantilados, olas enormes, olas pequeñas, espuma volando, espuma en la arena, espuma marrón, espuma blanca.


  • Cuando te surgió la idea de esta casa, ¿te imaginabas algo así? - Laura le pasaba la mano por el hombro.

  • Sí, lo soñaba así. – emocionada.

  • Todos te decíamos que era una locura, que no iba a quedar bien. ¡Nos equivocamos eh!

  • Te recibiste de arquitecta. – sonriendo, Juan.

  • No, el mérito es de Wenceslao. Le dio estructura, cimientos, medidas, hizo realidad lo que era un sueño.

  • Bueno, preparo el mate.

  • Laurita, sin azúcar ¿eh?

  • No empieces Juan.


Chismes varios del pueblo costero, algún viejo que se murió, algún jubilado al que robaron, los escandaletes de la rubia del almacén cercano a la universidad y su novio veinte años más joven, el ex marido cornudo que penaba contando su drama a cuanto cliente llegaba, “traer al amante a la casa que queda enfrente del almacén, qué jodida la mina”, “no seas puritano Juan” le recriminaba Laura, y así entre sonrisas, mates y pasta frola ponerse al día. Luego, los planes para la semana.


Quedaba mucho por hacer, los permisos municipales que venían con atraso, “tenés que untar a alguno, no te van a salir a tiempo aunque tengas todo en orden” le advertía Juan, “país de coimeros” puteaba Laura mientras cambiaba la yerba para una nueva ronda de mates, “¿conocés alguno?” y ante la afirmación de Juan, hacer la lista y con cuánto “ponerse”. A renglón seguido, el mobiliario para el negocio. “Lo pasé a ver al turco, lo tiene listo, trabajó bien”, cuándo traerlo, gente para instalarlo, hacer otra lista, llamarlos, éstos llamo yo, éstos vos, cuánta guita pagar por el día de trabajo, ¿no es muy poco, Juan?”, “en Buenos Aires, acá es una fortuna, no lo paga nadie”. Último tema, por ahora, la conexión de internet.


  • Me llamó la piba del telecentro, ya está el tendido listo, quieren saber cuándo te pueden hacer la conexión de la fibra óptica. Te repito lo que me dijo, no entiendo un joraca de qué hablan. –Juan, chupando la bombilla del mate.- Lauri, se tapó la bombilla.

  • ¿Listo? No vi los postes ni los cables.

  • Lo hicieron bajo tierra, por los vientos, como es frente al mar y no hay casas que paren un poco la ventolina. ¿Me cortás otra porción de frola, Laurita?

  • Pará un poco, Juan, el mondongo te llega a la esquina casi. Tomá, no está tapada. - volviendo de hacer “destape urgente” a la bombilla.

  • Es una panza sexy, ¿no te parece Lucía?

  • Sí, muy sexy, con ese pullover encima, parecés de nueve meses y medio.

  • Anduvieron por el barrio ofreciendo la conexión de Internet y cable, un poco más caro que el satelital. – cortaba la porción para Juan. – Dijeron ciento cincuenta mangos con conexión de un mega o algo así.

  • Un mega, ciento cincuenta pesos, buen precio. ¿Se suscribieron? – tomando su mate.

  • Lily esperaba tu opinión.

  • Tenés menos canales que con el satelital, pero con Internet, sí, te conviene. ¿Tenés acá el teléfono de la mina así la llamo? Esta semana llegan los equipos y Hernán viaja el fin de semana, viene a instalarlos.

  • ¿Hernán? Uy, cuando se entere Lily, quedó boluda con el pibe cuando lo conoció en tu casa hace dos años. ¿Tiene novia? – Laura, cebando otro mate.

  • Ni idea, cuando venga, así como así, le pregunto y te digo. Che, Juan, hoy a la mañana había una tipa en la playa, con un perro. No la vi nunca, venía de la bahía. ¿Se mudó gente nueva por ahí?

  • Que yo sepa. – negaba con la cabeza.

  • El año pasado, ¿te acordás la casa esa de las torres, la estilo Punta del Este? – Laura lo rectificaba, se cortaba otra porción de pasta frola, ahora para ella.

  • Ah, cierto, el año pasado. ¿No la viste este verano? - Juan devolviendo el mate vacío a Laura.

  • Si la vi, ni la noté porque no me acuerdo. En el verano hay más gente que no conocés. ¿La casa que estaba en juicio?

  • Ésa. De pronto la empezaron a arreglar, la pintaron, le hicieron un garage cerrado y empezaron a bajar cosas. Una tipa, de unos treinta y cinco, vive sola con el perro. No sale nunca, salvo a la playa con el pichicho, no se la ve ni en las mellizas ni en el almacén. Tiene una cuatro por cuatro negra, le traen la compra desde Necochea, del supermercado Toledo. Un misterio, algunos fines de semana viene un coche grande con los vidrios blindados, con custodia.- Laura la ilustraba con los datos vox populi de la susodicha.

  • ¿Con custodia? ¡Guau! Algún pez gordo… - le devolvía el mate a Laura.

  • El amaaaaaaaante… - Juan, abriendo muy grandes sus ojos celestes.

  • Reíte, seguro que es el amante.- Laura, poniéndole agua al mate.

  • Ahí tenés tema para una novela, ya veo los titulares del Ecos Diarios... - hacía gestos con las manos de gran titular de un diario. - La gran escritora quequenense doña Lucía Zanone firmará ejemplares de su best seller La Dama Del Perro. Un amante misterioso, una pasión desbocada, un secreto que los condena, un mar bravío rompiendo sobre los acantilados de la casa...

  • ¡Qué boludo que sos! - a Laura no le gustaba que no se tomaran en serio sus comentarios.

  • No sé Laura, ¿eh? Mmmm, ¿por qué no? – sonriendo.

  • Porque acá no pasa nada, los titulares de los diarios son... le robaron la tele a una anciana, se llevaron dos chanchos de una chacra, el intendente se peleó con los concejales, bajó el precio del girasol en el puerto Quequén… - Laura, quejándose como siempre de la rutina diaria del pueblo y alrededores.

  • Pueblo chico, infierno grande, no te olvidés. Mirá el drama del pobre almacenero– imaginando las pasiones escondidas tras las puertas de las casas bajas.

  • Pueblo chico, infierno aburrido… y con mucho viento. Bueno, Juancito, vemos el negocio y nos vamos a casa, que tengo que cocinar la cena. – levantándose sonriente.

  • Mañana me paso a la vuelta de Necochea, te cuento cómo me fue con los permisos Juan. Ah, no te olvidés, tenemos que ir a la comisaría, a “conversar” con el comisario sobre la custodia.

  • ¡Jajajaja! Ahora a la coima se la llama “custodia”. ¡jajajaja!- Juan, abriendo la puerta de la casa para bajar al garage.

  • La alarma satelital está instalada, tenés que activarla y poner las claves. – Laura, ya en la escalera.

  • Lo hago ahora, voy a leer las instrucciones. ¡Ufff! ¡Qué frío! ¡Cómo se nota la diferencia de temperatura en el garage! - tiritando ante el aire frío que la recibía en la escalera.

  • Ni te cuento en el negocio, vos andás muy livianita de ropa, en mangas cortas y con un chaleco. ¿Tenés las llaves? - Juan, ya frente a la puerta lateral que daba al negocio.

  • Sí, tomá.


Juan metía las llaves en las cerraduras, abría la puerta y encendía el tablero de luces. No había anochecido aún, pero los negros nubarrones anticipaban la oscuridad. Todas las luces encendieron casi al mismo tiempo y a pesar del polvo, los restos de materiales aquí y allá, alguna bolsa de Klaukol o cerámicos cortados esparcidos, el salón se veía fabuloso.


Las paredes en un amarillo muy claro, los pisos en un rojo rústico, el mostrador de la cafetería con sus ladrillos a la vista y su mesada clara en imitación mármol, los cuatro boxes para instalar las terminales de computadoras a un costado, adelante, casi a la entrada. La gran chimenea que sería el lugar de reunión de sofás y sillones y mesitas para la lectura tranquila de los futuros integrantes del club del libro. Las estanterías de madera ya colocadas donde se ubicarían los libros en venta, el receptáculo del gran televisor de plasma en una de las paredes, en el sector que ocuparían mesitas y sillas de los clientes de la cafetería.


Coqueto, espacioso, al fondo, tras una pared que Lily iba a decorar especialmente, las puertas de los baños. Los matafuegos reglamentarios colgaban de sus soportes, los caños de los rociadores anti incendio cruzaban el techo sostenidos por soportes firmes desde el cielorraso. Ningún cable por fuera, todo cubierto, señalizado, ordenado, seguro. La iluminación era pareja, no había lugar con sombras, pero era tenue en algunos rincones, dando una cierta sensación de intimidad. Los boxes con lámparas en la pared por si alguno necesitaba más luz.


  • ¡Wenceslao es un genio! – sonriendo, emocionada, con lágrimas en los ojos.

  • Le fue sacando fotos a cada etapa de construcción de la casa, algunas creo que viste cuando empezó con los pilotes y la losa, hizo un álbum, me lo mostró, está tan orgulloso de su trabajo. - Juan sonreía recordando la felicidad de Wenceslao cuando pasaba las páginas de fotos.

  • ¡Este local es un lujo, Lucía! Te pasaste, seguro que del diario vienen a la inauguración, te van a hacer propaganda gratis.- Laura, también emocionada.

  • ¡Me encanta, me encanta! – las lágrimas bajaban por la mejilla.

  • Andá atrás del mostrador, te dejó un regalito. – sonreía Juan.

  • ¿Un regalito? – secándose las lágrimas con un pañuelo.- iba hacia atrás del mostrador que corría perpendicular a la cristalera, a un metro de la puerta de entrada hasta la mitad del negocio.


Le había construido un escritorio en L, también ladrillo a la vista con la tapa en gris claro, frente a la cristalera del negocio, que le permitía ver el mar y a la vez controlar el movimiento en el local a través de los monitores de seguridad ya instalados, que recibirían las imágenes de las cámaras estratégicamente colocadas en sus soportes. A un costado, le había hecho una gran biblioteca con estantes de madera empotrada en la pared y con puertas de gabinetes en la parte inferior. Las tapas de las conexiones eléctricas y de Internet relucían en la parte inferior de la pared.


  • Le dije la idea que tenía, que se la iba a comentar al carpintero y mirá, la hizo él, mucho más bonita y espaciosa, este Wenceslao… - otra vez las lágrimas emocionadas.

  • Te aprecia mucho, Lucía. No se olvida cómo lo ayudaste. – Laura le pasaba la mano por el hombro y le daba un apretón sincero.

  • ¡Ufff! Estoy blandita, lloro por nada. –secándose nuevamente las lágrimas.

  • Pasado mañana vienen Noemí y dos de sus cuñadas, arreglá con ella los días que querés que limpien el negocio por ahora.

  • Bueno. ¿Le dijiste que quiero ponerla en blanco, con aportes y obra social? Con eso de los planes trabajar, me había dicho que quería cobrar en negro, pero no me parece Juan, quiero tener todo en orden, por derecha.

  • ¿Lo pensaste bien? Vas a tener que pagarle salario familiar, las licencias por enfermedad. Hacéle un contrato y lo vas renovando.

  • No, Juan. Cuando trabajaba en relación de dependencia, era la primera en putear porque nos pagaban en negro, no, no. ¿Qué me ahorro? ¿Tres mangos? ¿Y? Con Lily lo mismo, la quiero inscribir. Siempre estuve en contra de los explotadores, no me voy a hacer explotadora ahora del otro lado del mostrador. – enfatizaba las palabras negando con la cabeza.

  • Lucía, entre los impuestos que tenés que pagar, las coimas que vas a tener que poner para los milicos todos los meses, no te va a quedar ganancia. – Laura, siempre eficiente a la hora de hacer números.

  • Si logro pagar los gastos y no descapitalizarme, con eso me alcanza. Tengo para vivir, no estoy apretada, lo único que quiero es mi lugar y la tranquilidad para escribir, nada más.

  • Como quieras, pero es una quijotada.- Laura, tal su costumbre, bajando a tierra las discusiones.

  • Siempre me gustó el quijote, soy medio romanticona, ¿no lo sabías acaso? – le sonreía a Laura. - ¿Qué cocinás esta noche para el batallón?

  • Pollo al horno con papas y sopa de espárragos.

  • ¿La hiciste vos? – iban caminando hacia el garage mientras Juan iba apagando las luces.

  • ¿Yo? Bastante que meto al cadáver dentro del horno para que se cocine y pelo las papas, sopa de sobre y gracias.

  • Me casé con una gourmet. - Juan, cerrando la puerta del negocio y dándole las llaves.

  • No te quejes, que tu panza te delata, bastante bien comés. – le sonreía, mientras le pasaba la mano por la panzota.

  • Dame las llaves del auto, panzón metrosexual. ¡Muak! Pasáte mañana, mate con bizcochitos de grasa. – tomaba las llaves y salía corriendo hacia la Kangoo.

  • No te olvides de activar la alarma, Lu. ¡Muak! – comenzaba a caminar hacia el auto y se detenía – ¡Ah! Me avisaron que el dueño del corralón de materiales vende una Kangoo como la mía, modelo 99, ¿te interesa?

  • Sí, ¿cuánto, cómo está?

  • Mañana tengo que ir a comprar pintura para pintarle la medianera a los Pérez, le pregunto y le echo una miradita. Chau.- Juan, metiéndose en el asiento de conductor de la Kangoo.

  • Chau. ¡Besos a las chicas! – agitando la mano, tiritando de frío.


Cerró la puerta del garage. Prendió las luces del frente del negocio y de la casa. “No se encendieron automáticas con las primeras sombras, le digo al polaco que las revise. Subió las escaleras, fue hasta la caja fuerte escondida detrás de la biblioteca que cubría parte de una de las paredes, la abrió y retiró las claves de la alarma. Se trajo los anteojos y una taza de café a la mesa, comenzó a leer las instrucciones. Al rato prendió el resto de las luces de la casa, ya casi era noche cerrada. Fue hasta la consola de la alarma, activó primero la de la casa, introdujo los códigos.


  • Anteojos0922, clave estúpida, no tiene nada que ver con mi vida. Se encendió la lucecita roja, bien. Ahora la del negocio...- comenzó a mirar hacia los costados, ningún objeto que le llamara la atención.- Mmmm... más o menos vamos a inaugurar el... mmm... sí, 1021misgaviotas, jeje, lindo nombre para el negocio, como la canción del Nano, bueno un poco trillado para un negocio cerca del mar, no importa, me gusta, da la idea de volar, soñar...

Sin televisor ni equipo de música, encendió la radio. Todo vendría embalado con los equipos para el negocio. También la bicicleta, varios muebles, los libros y archivos, había dejado todo preparado en el depósito de la mudadora. Dos días más y llegaría todo. Sacó la notebook de la valija y la encendió. Agarró el papel con las anotaciones que habían hecho con Juan y las comenzó a pasar a la agenda electrónica y al archivo de tareas urgentes. Luego cargó las hojas de excel con los gastos aproximados que tendría que hacer esa semana.


  • Mañana al banco, tengo que hablar con el gerente, espero que no haya problemas con las últimas transferencias que hice a la cuenta del negocio. Voy a necesitar dos chequeras nuevas para los pagos. Mmmm, también la abogada ... ¿cómo se llamaba? Nuria Ramos, a ver qué tal es.


Se echó para atrás en la silla y se refregó los ojos. El cansancio de una noche mal dormida en el micro regresaba. Miró hacia el gran ventanal. El cielo y el mar se fundían en el horizonte, muy negro todo, tormenta durante la noche lo más probable. Suspiró.


  • Mientras no se corte la luz… eso, lo anoto, 'urgente el generador eléctrico y los UPS de las computadoras'. Le mando un sms a Hernán, tenía una buena cotización de UPS para varias horas de corte de luz, a lo mejor se los puede traer en el micro, los despacha como encomienda, ahora el generador eléctrico... la casa del centro viejo de Necochea, yo tenía una tarjeta, ¿dónde mierda la habré puesto?- buscaba su tarjetero, revisaba, llegaba casi al final - Aquí, ésta, ah había pedido cotización, mmmm.... necesito las chequeras, a ver si mañana lo compro y lo traen enseguida... también 'tanque de gasoil para el generador', un tanquecito de cien litros podría andar, sí.


Un trozo de pollo a la plancha con limón, sin sal; unos broccoli salteados con cebolla; una taza de sopa de crema de arvejas, de sobre Knorr; una manzana; una copa de Torrontés a temperatura ambiente. La música de esa FM local que pasaba viejas canciones de otras épocas, no tenía ganas de música estridente, mejor boleros y baladas. Dejó los trastos en la pileta de la cocina, limpiaría mañana, demasiado cansancio en sus huesos. Baño, higienizarse, molestias premenstruales, ¿cuándo le bajaba? Después miraría en la agenda cuándo fue la última vez. Descalza, con una camiseta larga sin mangas, puso los leños para tirar toda la noche. El último café antes de dormir, un ritual. Nadie entendía cómo no la espabilaba, a todo el mundo le significaba insomnio, para ella, una adicción que adoraba. El único cigarrillo del día, antes de dormir, con el café. Había dejado de fumar hace un año y lo había logrado con ese sólo placer, un único cigarrillo. Parches, chicles, de todo había probado pero nada servía hasta que se propuso eso, uno solo por la noche. Dejó su paquete diario de Marlboro, ahora le duraba 20 días, como presidiaria iba marcando todas las noches, con una x en la parte de atrás de la marquilla. Gran logro, luego otro objetivo logrado, bajar de peso para aliviar su espalda maltrecha, orden médica.


  • Si alguien caminara por la playa ahora me vería, supongo. - con su cigarrillo en una mano y su taza de café en la otra, parada frente al ventanal, mirando hacia el reguero de relámpagos que se cruzaban en el cielo y brotaban en cada pixel de la imagen que llenaba sus ojos – La loca de la camiseta, jeje. Con el frío que hace afuera y yo en patas y camiseta sin mangas. - una pitada al cigarro- Los Marlboro cada vez más caros y más mierda. - un sorbo de café. - El perro, necesito un perro, demasiada soledad para mí misma. ¿Será verdad lo que piensa Laura, que la tipa tiene un amante? jeje Linda historia para contar, sí. ¿Cómo averiguo algo? Mmmm... - sorbo de café, pitada al faso, mirada hipnotizada por los relámpagos. - No, tengo una historia que empecé, no voy a cambiar ahora, no. Ya tengo un esquema, apenas termine con todos los trámites, me voy al puerto, sí. - pitada al faso, último sorbo de café, un trueno que rajó la tierra con su estruendo. - Menos mal que la casa es fuerte y segura, la tormenta ésta te caga en las patas, eh. - última pitada al faso, ir hasta la pileta de la cocina, apagarlo con un chorrito de agua, dejar la taza con los cacharros, nuevo trueno que sacudía los cristales con el ruido, refregarse los ojos cansados. - Mañana una buena ducha y a Necochea, lo llamo al del taxi para que me venga a buscar y me haga de chofer así no tengo que andar perdiendo tiempo.


Comenzaba a apagar las luces, gran bostezo, apagó la radio. Se fue hacia la cama. “Adiós Nonino” avisaba. El celular, Patri. No tenía ganas, lo dejó sonar hasta que seguramente respondió el contestador.


  • Mañana la llamo, seeee. ¿Será un jetón el tipo? Porque con custodia, es un pez gordo. No, debe ser un chacarero que le puso un bulín en la costa a la amante, seguro. - se metía entre las sábanas, se acomodaba. - ¿Cómo será la cara de la mina? ¿Será linda? Treinta y cinco, un amante, seguro un minón. De lejos se ve común y corriente, nada ooooooh. A ver si me la cruzo... Mmmm... ¡qué sueño! - apagaba la lámpara de su mesita de noche.

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Capítulo 5 

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