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26 de Septiembre de 2010  
 

        CON LA MUERTE EN LOS TALONES        
 

 
Cuando se habla de Hitchcock, no entiendo muy bien el porqué, pero invade la pulsión de decidir cuál de sus películas es la mejor. Más allá de no entender esa necesidad de listarlo absolutamente todo, quizás por lo ajeno que me resulta todo aquello que tenga que ver con la competición en el mundo de las ideas, se trata básicamente de la incapacidad de decidir entre una maravilla de filmografía.
Sería capaz, eso sí, de hablar de tres de sus películas que no puedo dejar de ver una vez al año como dosis mínima recomendada.
Una de las tres es sin duda North by Northwest. Motivos, los que se os ocurran. Se puede destacar entre ellos a un Cary Grant estelar representando uno de los iconos de Hitchcok: El hombre perseguido, el individuo alienado que navega en la corriente de acontecimientos sin control alguno. La interpretación de Grant es extraordinaria, sí, pero reconozcamos que no brillaría de la forma en que lo hace sin la lección de música de thriller que nos presenta el enorme compositor Bernard Herrmann. Maestro que Hitchcok utilizaría hasta la saciedad, consciente de la excelencia que conseguían sus planos con los compases poderosos y llenos de nervio de Herrmann.
Con la Muerte en los Talones es bajo mi punto de vista una de las tres obras maestras que creó para El tito Alfred. Disfrutadla y echadle un vistazo a la comunión entre la apertura y los descomunales títulos de crédito del nunca suficientemente alabado Saul Bass:
 

 
 
ARCHIVO DE BANDAS SONORAS DE LA SEMANA
 
 
 
14 de Agosto de 2010
 
                            TOY STORY 3                           
 
 

EL PADRINO II DEL CINE DE DIBUS
 
Decir Pixar es hablar de calidad cristalina. A todos los niveles, pero especialmente en los puntos donde suelen fallar el resto de compañías dedicadas a la animación digital.
 
La factura formal es de brillo cromado. Son el top del top de la innovación tecnológica, y a la vez hacen de motor de la misma con su evolución. Desde el corto de la lámpara de escritorio que fundó la imagen de marca de la compañía, hasta la maravilla visual de Ratatouille (para mí el cénit a nivel gráfico, no superado aún), las texturas, fondos, procesos de movimiento de personajes y "cámara" son impecables. No se les puede hacer un solo reproche, siempre hablando de una parcela especializadísima como es la animación digital.
 
Son unos cracks, lo saben y lo demuestran. Pero...¿lo hacen constantemente? Hmmm! Si hablamos de la evolución de Pixar hay que ser honestos y reconocer que, aún marcando siempre una pauta ascendente, y en ocasiones en forma de curva exponencial, ésta no siempre ha resultado sin altibajos. Iré al grano con una opinión personal probablemente polémica: Hablo concretamente de 'Up', su penúltima producción. Si digo que su visionado fue como el recalentamiento por microondas de un plato pre-cocinado, congelado, descongelado el día anterior, guardado en la nevera, envuelto con papel film, pero de forma descuidada, dejando agujeros, con lo que recibe efluvios de los alimentos adyacentes del frigorífico, demostraría no estar en consonancia con la apreciación generalizada, no? Hablo de la ganadora del Oscar a la mejor película de animación de este año.
Para mí en los diseños de personajes de la peli irlandesa The Secret of Kells, también finalista, les ganaron por la mano a los señores Pixar.
Y es que finalmente Pixar es una compañía yankee, y empezaban a mostar signos acomodaticios, imbuidos por esa manera de pensar de cadena de montaje que tienen los americanos: Una vez definido el proceso que lleva al éxito, se estandariza, eliminando el factor de riesgo humano. No importa quién lleve a cabo el producto; si lo hace siguiendo los pasos que reza el protocolo establecido, deberá conseguir un producto con la calidad de sus predecesores.
 Lo siento, seguidores de la producción industrial, pero no siempre funciona así, máxime cuando hablamos de creación artística que, por si a alguien se le olvida, eso es lo que es el Cine. ‘Up’ mantiene un nivel alto, como lo mantiene una pizza congelada de la mejor factoría de pizzas congeladas, pero si la contrapones a una artesanal casera, se le ven las vergüenzas: Puntos flacos que tienen que ver con la frescura del guión, y por encima de todo, con la sofisticación en el desarrollo de personajes.
 
Hace 15 años Pixar brilló por encima del resto de productoras de animación no por sus excelencias técnicas, sino por construir sus historias sobre una base sólida y perdurable: El desarrollo de los personajes.
 
Es éste un aspecto de la creación de guiones que pide una habilidad especial. Sólo algunos elegidos tienen esa habilidad, no es algo que se pueda entrenar o aprender. Es intuitivo y por tanto, no reproducible si utilizas a otro escritor para desarrollar a los mismos personajes.
 
Aquí, percatándose de la importancia de este preciso punto, es donde los señores Pixar empezaron a gestar Toy Story 3.
 
Es una película soberbia. No por suponer un avance tecnológico significativo, sigue los estándares ya creados, sino por ahondar en el pináculo de la creación de historias: Unos personajes definidos milimétricamente. Cuando consigues eso, el guión se escribe sólo. Mejor dicho, lo escriben los personajes. Porque si están bien construidos, la trama sólo puede avanzar de una manera. Fluida y sin  artificio, sencillamente porque esos personajes, inmersos en determinada situación, sólo pueden reaccionar de la manera que marca su personalidad.
 
En esas lides los señores Pixar son los putos amos. LOS PUTOS AMOS. Simplemente los mejores. Lo demostraron cuando nos presentaron al muñeco cowboy palurdete pero de buena pasta y al astronauta cuadrado en todos los sentidos, en sus aventuras surrealistas, pero sentimentalmente hiperrealistas.
 
Quizás de eso se les pueda acusar, precisamente: La manipulación sentimental es una constante en las pelis de la Pixar. Pero joder, lo hacen tan bien…Pero tan bien, que no te importa. Uno no se siente violento ante tal evidencia porque está engrasada y ajustada como un motor de competición. Sólo emite un sonido, y es el ronroneo de la perfección mecánica.
 
El Padrino II. ¿Qué lleva a la secuela de una obra maestra a superar a su progenitora? Bueno, si lo supiera estaría en una isla de mi propiedad con la capitana del equipo nacional danés de gimnasia rítmica preparándome caipirinhas disfrazada de Supergirl, mientras veo la final de la Champions vía satélite en una pantalla de cine junto al escenario donde Zooey Deschanel despliega sus dotes interpretativas en un concierto privado, sólo interrumpido cuando una volleybolista argentina disrazada de Sayaka ( venga!... la piloto de Afrodita A, por favor!) decida que el churrasco está en su punto…Perdón, se me ha ido bastante.
Bien, el caso de El Padrino II se asemeja bastante al de Toy Story 3 en un punto clave de inflexión de la trama. Por primera vez (históricamente en El Padrino, y para el cine de animación en TS3) se muestra la maldad en estado puro. Refinada hasta eliminar cualquier impureza. Y se muestra personalizada en unos caracteres que hasta ese momento llegan a resultar hasta simpáticos, o al menos  generan cierta empatía.
Amigos, es que Darth Vader, al lado del Oso de Fresa es una hermanita de la caridad. Ciega, sordomuda y con afición por recolectar margaritas y hacer con ellas collares para las ovejitas que amablemente cría.
El Payaso Amargo. Su historia. Os aseguro que de no estar rodeado de niños comiendo palomitas hubiese creido estar viendo un dramón de John Cassavetes con Gena Rowlands hundida en la más absoluta miseria. Oleadas de amargura mezcladas con absoluto terror cuando llegamos al bebé gigante. Desde las cuerdas arañadas del apuñalamiento de Psicosis no recorría tal grima mi espina dorsal.
Todo esto en una película teorizada para niños. Y lo es, no nos confundamos. En realidad creo que estaría en el top 5 de las pelis recomendables para niños de todos los tiempos. Reirán, llorarán, se asustarán y, cuestionable o no, aprenderán a gestionar conceptos clave como la pérdida, la amistad, el deber. Sí, suena todo lo ñoño que queráis, pero es así, y tiene cierta importancia, a mi humilde entender.
En cualquier caso, y dejando este último capítulo aparte, si queréis, pues es una opinión bastante subjetiva, con toda objetividad estoy en condiciones de afirmar que Toy Story 3 es ya, ahora, a un par de semanas de su estreno, un absoluto clásico del Cine. Sí, sí, leéis bien, no del cine de animación. Incluyo todos los géneros en tal aseveración.
Así de claro me lo ha dejado su visionado. Id. A. Verla. Ya.
 
 
Sin más me despido,
 
David
 
 
 
 
 
 
 
07 de Octubre de 2010
 
                            LA MOSCA                          
 
 
1958, Vincent Price, y Ciencia-Ficción directamente salida de la Dimensión Desconocida y las revistas pulp. La versión de Cronenberg de los 80 tiene más peso, sí ( y era realmente asquerosa, todo hay que decirlo), pero el encanto inocentón de esa época no tiene rival.
 
 
 
 
 
 
  

ARCHIVO DE FOTOS 'ON SET'

 

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