"Biblioteca de Babel"

Goethe-Institut Montevideo

del 12 de noviembre al 18 de diciembre de 2008


Sobre libros posibles o sobre las fabulaciones de lo imposible.

Un homenaje a Jorge Luis Borges.

 

Curaduría y texto: Alfredo Torres

ARTISTAS PARTICIPANTES
(click en el nombre de cada artista lo llevará a la obra y su texto correspondiente) >>

MABEL ANGELONI

INES ARMAND UGON

SUSANA ARRONDO

ANA ATANASIO

OLGA BETTAS

HELENA BONO

MARTA BRAUN

ANA MARIA BRUM

BERNARDO CARDARELLI

ANA MARIA CASNATI

SONIA CASTELLI

SILVIA DE LA BARRERA

NILAD DELFINO

MARTHA DE SOTO

ANA DOLDER

GLORIA FIORELLI

JOSE GOMEZ RIFAS

VIVIANA GURIDI

ELOISA IBARRA

NAZAR KAZANCHIAN

ALMA KOPL

CRISTINA LLAMBI

LILIAN MADFES

FELIPE MAQUEIRA

ENA MARTINEZ

CLAUDIA OLASO

ELENA PORTEIRO

CUCA RICHERO

ANA MARIA RODRIGUEZ

EUGENIA SILVA

AIDA SOCOLOVSKY

MARIA TORRENDELL

JACQUELINE VARES

JULIA VICENTE

VIRGINIA YUR

ROSA ZIEGLER

 

Fotos: Lilian Madfes y Mabel Angeloni

Lo repito: basta que un libro sea posible para que exista. Sólo está excluido lo imposible. Por ejemplo: ningún libro es también una escalera, aunque sin duda hay libros que discuten y niegan y demuestran esa posibilidad y otros cuya estructura corresponde a la de una escalera.

Jorge Luis Borges: “La Biblioteca de Babel”

 

La idea de esta exhibición, se inspira en un cuento utópico, uno de los tantos, gestado por Jorge Luis Borges.  Intenta, de paso ser un tangencial tributo al vigor narrativo del célebre escritor argentino. Importa aclarar que desde el guión curatorial, desde las diversas estrategias creadoras elegidas por quienes participan, no se planteó un tributo que fuese una imposible ilustración del cuento, ni siquiera un tributo que reflejase las esquivas atmósferas que emergen del mismo. Lo ilustrativo hubiese sucumbido ante la desmesurada solidez descriptiva que Borges instaura en ese texto ideado en la ciudad de Mar del Plata hacia 1941. Descripción extremadamente minuciosa en su relevamiento de los parámetros arquitectónicos de la mítica Biblioteca. Describe las galerías hexagonales con sus pozos de ventilación, los anaqueles, los estrechos zaguanes y su correspondiente par de gabinetes, los espejos que duplican apariencias y refuerzan la presencia desasosegante de lo infinito, y tantísimos detalles más. Pero, además, por su carácter utópico describe rasgos físicos inaccesibles. El escritor mismo juega en toda la obra con la ambivalente reciprocidad de lo posible y de lo imposible.

La Biblioteca existe ab aeterno. De esa verdad cuyo corolario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar”, afirma. “El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrina para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios”.  Más adelante insinúa como la incertidumbre puede devenir certeza en zonas marginales, o no tanto, de la infinita Biblioteca: “Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños y en las líneas caóticas de las manos”.      

De esa Biblioteca borgeana se llega a esta otra biblioteca, con minúscula e inevitablemente finita, que funda dimensiones diferentes, otras cartografías, otros itinerarios. El homenaje a Borges se conecta con un modo disciplinario de las artes visuales que, salvo excepciones, ha sido poco frecuentado en nuestro medio: el libro de artista y el libro objeto. En el primer caso, el nombre responde a la presencia de textos o palabras, propias o ajenas, que de alguna manera, tienen un valor singularizado en cada planteo. En el segundo, cuando la identidad objetual resulta condición necesaria y suficiente para la emisión de significados, sin la necesidad del refuerzo literario. Como ocurre siempre en las categorías artísticas, hay ejemplos que deciden afincar en un terreno absolutamente fronterizo, donde la división no es tan clara. El objeto es una consecuencia del texto, o el objeto limpio y puro evoca delicadas memorias poéticas.

La condición común a ambas vertientes es la evocación directa o indirecta del libro. Dicho de otra manera, de un elemento manipulable, caracterizado por una cierta serialidad, por la repetición de hojas o símiles aproximados, y, porque de alguna manera, nos invita a participar en una historia. No es una historia lineal, que cuenta los pormenores de sucesos vinculados. Es una historia que cuenta sin contar, que, como nunca, propone mecanismos de comprensión absolutamente abiertos. Una historia, al decir de Borges, descree de la inútil pretensión de desentrañar un claro sentido en los libros, la misma inutilidad que implicaría buscarla en lo sueños y en la azarosa cartografía que devuelven las palmas de cualquier mano. La muestra supone, gracias al esfuerzo de hacedoras y hacedores, un despliegue de rigurosos sinsentidos. De manera sutil esa ausencia de sentidos pretendida como hecho racional deja lugar a sentidos otros, sutiles, apenas asibles, traviesamente esquivos. Visitando distintos territorios habitados por la memoria, por lo secreto, por obsesiones y anhelos, por la ironía, aun por el humor, por las circunstancias de lo humano, por los testimonios expuestos con mesura y sin didáctica, por cuestiones relativas a la identidad individual y a la colectiva, por investigaciones formales, por las travesías míticas.

Por fortuna, los creadores decididos a comprometerse con el proyecto, lograron un saludable nivel creativo, permitiendo una densidad escenográfica que se siente imprescindible. Quien escribe, además orientador curatorial de la muestra, entiende, y así lo ha demostrado en casi todos sus trabajos, que el montaje de una exposición debe tener mucho aire, silencios espaciales que mejoren el acto contemplativo, debe evitar acumulaciones físicas, saturaciones visuales. Sin embargo, en este caso, defiende la tesitura contraria.  En esta excepción, lo esencial  es ofrecer el clima de una biblioteca tan intimista como recargada. De manera diferente, comunicar la saciedad agobiante que emana de la narración borgeana, esa promesa de lo imposible tendida desde lo posible y sin objetivos accesibles, comprensibles.

Una última consideración: este tributo supone una muestra de arte textil. Pero es un ejercicio textil que debe interceptar con el libro de artista y el libro objeto. Por lo tanto y salvo excepciones, no recurre a medios tradicionales, como el gobelino y otras técnicas de tejido. Como ha venido sucediendo con esa disciplina desde la modernidad al presente, se producen complicidades, convivencias, fluidas fusiones con otros modos. Con la pintura, con reminiscencias escultóricas, con pequeñas instalaciones, con la fotografía, con creaciones digitales, Lo textil puede aparecer sólo por el uso de materiales, telas, que se incorporan a la obra. Por la aparición de hilos que simplemente se muestran e insinúan, otra vez el juego borgeano sobre las oscilaciones entre lo imposible y lo posible. Por fragmentos previamente tejidos que ofician de soporte o de elementos co-protagónicos. Por fibras nada convencionales, por materiales impensables. Por la insinuación de transferencias digitales o por series fotográficas. Por presupuestos que multiplican posibilidades. Que extienden, sin forzarlos, los límites de las estrategias hacedoras. Dentro de ese encuadre, deben recibirse las propuestas con amable,  dúctil flexibilidad. En última instancia, lo que define un hecho creativo no es el cómo sino el qué, el por qué y el para qué. Redefiniendo el alcance de la frase elegida para finalizar el cuento borgeano: “Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza”.

 

Alfredo Torres