Una Arteria con Sangre Española


 

Sus imponentes fachadas muestran el esplendor cultural y económico de una Argentina muy distinta de la actual. Por sus veredas caminaron y se admiraron personajes como Federico García Lorca, Carlos Gardel, Nijinsky, Le Corbusier, Jorge Luis Borges, José Ortega y Gasset, Giaccomo Puccini, la infanta Isabel de España, Georges Clemenceau, Albert Einstein, Arthur Rubinstein, Josephine Baker, Claudio Sánchez Albornoz y otros destacados personajes mundiales del arte, la cultura y la política. En 1920, el mexicano José de Vasconcelos dijo que, al recorrerla, había tenido la certeza de lo que era realmente "una gran metrópoli".

La Avenida de Mayo nació como consecuencia del espíritu progresista que existía en la Argentina de finales del siglo XIX. Hacia la segunda mitad de ese siglo, presidentes como Domingo Faustino Sarmiento dieron la clara señal de querer una nueva imagen para la ciudad que se iba perfilando como la capital de una pujante y gran nación. Tocó en suerte al primer intendente de la ciudad, don Torcuato de Alvear, que hacia 1880 se inició la apertura de una avenida que unía la tradicional Plaza de Mayo con la Plaza del Congreso, con anchas veredas bordeadas de plátanos, con mesas de café que invitaban a la pausa y edificios monumentales exquisitamente trabajados. La avenida sintetizaba el espíritu de una ciudad con vocación de grandeza.