NUEVAS ESPIRIRITUALIDADES
Por Daisaku Ikeda
 La época del soft power y de la filosofía de la motivación interna

Si volvemos la mirada al Japón moderno, nos costará bastante hallar ejemplos significativos de lo que podría definirse como "la manifestación del espíritu motivada en su interior".Como bien se sabe, una vez que el Japón se abrió al resto del mundo a mediados del siglo XIX, se lanzó de lleno al cumplimiento de políticas que tenían por fin equiparar y superar a las naciones industrializadas de Occidente. El gran escritor japonés Soseki Natsume llega a la raíz de la cuestión, cuando define este período como un proceso de civilización externamente impuesto. Y, sin duda, todos los modelos y las metas de la modernización provinieron desde afuera. Los japoneses de dicha época, en su prisa por ponerse al día, no podían tomarse el tiempo necesario para elaborar las ideas de la modernidad en su interior.

Aquí desearía dar a conocer un episodio de la vida de Inazo Nitobe, educador del período Meiji que contribuyó al mejoramiento de las relaciones entre el Japón y Norteamérica. Una vez que Nitobe dialogaba sobre religión con un conocido belga, se le preguntó si el sistema japonés brindaba educación religiosa. Tras pensarlo detenidamente, Nitobe llegó a la conclusión de que la fuerza fundamental que dio forma al desarrollo espiritual del pueblo japonés, desde principios del siglo XVII hasta el siglo XIX, no había sido la religión en sí, sino el bushido, o el camino del samurai. Luego, Nitobe escribió un libro en inglés, que lleva por título Bushido: The Soul of Japan (Bushido: El alma del Japón) y, por subtítulo, An Exposition of Japanese Thought (Análisis del pensamiento japonés).

No me extenderé aquí sobre el contenido de este libro. Pero será suficiente con decir que hay varios puntos en común entre la espiritualidad del bushido y la filosofía del Protestantismo y el Puritanismo. Esto explica, en parte, el entusiasmo con que fueron acogidos en el Japón los escritos de Benjamin Franklin durante el período Meiji.

Sin embargo, lo más importante para los fines de esta alocución es el hecho de que la formación espiritual que inspiró el bushido en el pueblo japonés fue, en gran medida, motivada en el interior y proveniente de la vida interior de los individuos. La motivación interior implica autocontrol, actuar de un modo correcto y responsable, no porque seamos obligados a hacerlo, sino por propia voluntad y espontáneamente. Durante el período Edo, la incidencia de todas las formas de criminalidad y de corrupción fue incuestionablemente menor a la que se registra actualmente. Esto me mueve a pensar que la espiritualidad motivada en el interior ejerció una influencia concreta en el funcionamiento de la sociedad japonesa. En tal sentido, recuerdo la observación de Tocqueville: "No hay país donde la justicia criminal se administre con tanta indulgencia como en los Estados Unidos".

Como el pueblo japonés de dicho período estaba motivado desde el interior, pudo alcanzar un admirable grado de auto-control y de dominio propio, cualidades que dan una prueba esencial del humanismo. Estas cualidades espirituales contribuyeron a establecer relaciones humanas más fluidas y menos conflictivas, lo cual dio origen a una cultura única de belleza singular.

Edward S. Morse, graduado de Harvard que descubrió importantes sitios arqueológicos en el Japón, encontró una sorprendente belleza en la vida y en las costumbres de los japoneses. Walt Whitman también percibió un aire de dignidad en los emisarios japoneses que veía caminar por las avenidas de Manhattan. Los rasgos que señalaron estos agudos observadores se originan en una cultura arraigada en el auto-control y la motivación interior.

A partir del crecimiento económico relativo que alcanzó el Japón, las relaciones actuales entre los Estados Unidos y este país, si bien continúan siendo básicamente amistosas, se han visto teñidas, en años recientes, por una desarmonía que va en aumento. Los niveles más profundos de esta tensión entre ambas potencias se revelaron el año pasado, en las gestiones de Iniciativa sobre Impedimentos Estructurales, que tendieron a evidenciar fricciones de naturaleza más cultural que económica. Como es obvio, las culturas no siempre reaccionan amistosamente cuando se encuentran. Cuando se producen contactos entre las culturas, que comprometen a las costumbres culturales propias, profundamente arraigadas en la vida cotidiana de los pueblos, es muy fácil que surjan reacciones de aversión o inclusive de hostilidad. Nunca se exige de un pueblo tanto auto-control y disciplina motivador en el interior como cuando éste se enfrenta con la confusión y las tensiones que genera el choque cultural. Y es imposible lograr una participación legítima, a menos que haya un esfuerzo por crearla sobre la base del auto-control recíproco, en este plano espiritual interior.

Puede decirse que el Japón moderno ha mostrado la falta de este auto-control generado en el interior. Como resultado, el Japón ha tendido a vacilar entre el exceso de confianza propia, por un lado, y la ausencia de confianza en sí mismo, por el otro. O bien el Japón se ha mostrado innecesariamente obsequioso en sus relaciones con los países extranjeros, en especial con Occidente, o bien, como vemos hoy, incurre en un singular resurgimiento de su arrogancia sin otro fundamento que las últimas estadísticas del Producto Bruto Nacional. En vísperas del quincuagésimo aniversario del ataque japonés a Pearl Harbor, recuerdo con dolor la destrucción y el horror que puede generar la falta de una base filosófica que nutra el auto-control.

Dicho sea de paso, la obra de Nitobe Bushido desempeñó un grato papel en la "Conferencia de Portsmouth", donde se negoció el fin de la guerra ruso-japonesa. Poco después de que se iniciaran las hostilidades, el gobierno japonés envió a Kentaro Kaneko, miembro de la Cámara de los Lores, rumbo a los Estados Unidos, para conseguir los buenos oficios del presidente Theodore Roosevelt en pos de negociar un arreglo. Kaneko había sido compañero de Roosevelt en Harvard, y los dos habían mantenido y fortalecido su vínculo en los años subsiguientes. Cuando el Presidente solicitó un libro donde se explicara la fuerza motriz subyacente en la personalidad y en la educación espiritual de los japoneses, Kaneko le ofreció un ejemplar de Bushido. Meses después, durante una reunión, el presidente Roosevelt dijo a Kaneko que la lectura del libro le había proporcionado una clara comprensión de la personalidad japonesa. Provisto de tal conocimiento, emprendió, con placer, la tarea de mediar en las negociaciones de paz. En la historia de las relaciones modernas entre los Estados Unidos y el Japón --que distaban de ser pacíficas--, el episodio resplandece con la luz vivificante del entendimiento mutuo.
Como dije, Nitobe fue un pionero de la educación. Y, en tal sentido, me gustaría expresar mi esperanza en que el Centro de Investigaciones de la Cuenca del Pacífico, de la Universidad Soka de Los Ángeles, contribuya con sus esfuerzos a crear una nueva era en las relaciones entre ambos países, bajo la dirección del profesor Montgomery.

La tarea que hoy tenemos por delante es la de revivir las fuentes innatas de la energía humana, en un mundo de fin-de-siècle marcada por la "desertización" espiritual. No es empresa fácil, ni para el Japón ni para los Estados Unidos. En cuanto a esto, siento que la doctrina budista del origen dependiente puede efectuar un aporte valioso, en tanto revela el grado profundo e inextricable en que se entrelazan nuestros destinos.

El origen dependiente es uno de los conceptos budistas más importantes. Sostiene que todos los seres y fenómenos existen u ocurren en relación con otros seres o fenómenos. Todo se halla entrelazado en una intrincada red de causas y conexiones. Nada puede existir u ocurrir --en el mundo de los asuntos humanos ni en el de los fenómenos naturales-- sólo por su única disposición. Según este enfoque, se otorga mayor importancia a las relaciones interdependientes entre los individuos que a cada sujeto en forma aislada.

Sin embargo, ciertos sagaces observadores de Occidente, como Henri Bergson y Alfred Whitehead, quienes impartieron cátedra en esta distinguida universidad, notaron que el énfasis excesivo en la interdependencia puede conducir a que se diluya la esfera de lo individual y a que disminuya la capacidad de participación activa en el mundo circundante. De hecho, esta suerte de pasividad que señalaron ha sido una pronunciada tendencia histórica en las culturas influidas por el pensamiento budista. Con todo, la esencia profunda del Budismo trasciende este nivel y ofrece una idea de la interrelación planteada en términos singularmente dinámicos, holísticos y generados en el interior.

Como mencioné al analizar los encuentros entre culturas distintas, no todas las relaciones son amistosas. Hay que reconocer la existencia real de intereses opuestos y hasta de cierta hostilidad. ¿Qué hacer para alentar y promover las relaciones armoniosas? Considero que podría ser valioso citar aquí un episodio de la vida del Buda Shakyamuni.

Una vez, se le formuló la siguiente pregunta a Shakyamuni: "Se dice que la vida es preciosa. Pero toda la gente vive matando y consumiendo otros seres vivientes. ¿Cuáles seres vivos debemos matar y cuáles no?". A esta sencilla expresión de duda, Shakyamuni respondió: "Es suficiente con aniquilar el deseo de matar".
La respuesta de Shakyamuni no constituye una evasión ni un engaño. Se basa en el concepto de origen dependiente que mencioné antes. Lo que nos dice es que, para buscar la relación armoniosa contenida en la idea del respeto por la dignidad de la vida, no debemos limitarnos al nivel fenoménico donde el conflicto y la hostilidad adquieren existencia innegable. El conflicto, en este caso, era saber cuáles seres vivos se podía matar y cuáles no. En cambio, debemos buscarla en un plano más profundo, donde sea realmente posible "aniquilar el deseo de matar". Esto trasciende la conciencia objetiva; se refiere a un estado de misericordia que va más allá de las distinciones entre el yo y el otro; se refiere a una energía misericordiosa que palpita en las profundidades de la vida subjetiva del hombre. Es aquí donde se funden la vida individual y la del universo. No se trata de la negación simplista o la extinción del yo individual que critican Bergson y Whitehead, sino de la fusión del yo y del otro en el nivel más profundo. A la vez, es la expansión del yo limitado por el egoísmo a un yo más vasto, de magnitud tan infinita e ilimitada como el universo mismo.

Las enseñanzas del Budismo que proclamamos contienen este fragmento: "Sin la vida, no puede existir el ambiente...". En otras palabras, el Budismo considera la vida y su ambiente como dos aspectos integrales de una misma entidad. El mundo subjetivo del yo y el mundo objetivo del entorno no son vistos como opuestos o como una dualidad, pues mantienen una relación de inseparabilidad y de indivisibilidad. Esta unidad entre el ser y su ambiente no es una instancia estática, en la que una vez objetivados ambos se fusionan. El medio, que abarca todos los fenómenos universales, no puede existir si no es en relación dinámica con la actividad de la vida en sí, generada en el interior. Para nosotros, en términos prácticos, la pregunta más importante es cómo activar la fuente interna de energía y de sabiduría que existe en el seno de nuestra vida.

Para brindar un ejemplo familiar que continúe con los "precedentes de la conciencia", ya mencionados, a menudo se me pide que ofrezca orientación a parejas que piensan en divorciarse. Desde luego, el divorcio es una cuestión de índole privada que sólo puede ser decidida por las partes en juego. Sin embargo, yo aliento a que las parejas en esa situación recuerden que, según la perspectiva budista, es imposible construir la felicidad personal sobre los sufrimientos de los demás, y les pido que tengan esto en cuenta al tomar su decisión.
Para enfrentar de lleno una difícil situación como esta, hacen falta una reflexión penosa y paciencia. Pero, es a lo largo de este proceso, donde uno puede fortalecer y disciplinar las funciones interiores de la conciencia, que Pascal tanto valoró, y minimizar la destrucción y la ruptura de las relaciones humanas que podrían resultar.

En la sociedad contemporánea, no hay necesidades tan acuciantes como el dominio propio y el auto-control basados en una espiritualidad motivada en el interior. Estos valores no sólo alentarían un mayor respeto por la dignidad de la vida, sino que ayudarían a restaurar y rejuvenecer cualidades tan en jaque como la amistad, la confianza y el amor, esenciales para forjar lazos gratificantes y significativos entre los hombres, en un mundo donde las relaciones humanas se tornan cada vez más insípidas.

Mi deseo y mi convicción son que pronto veamos una restauración de la filosofía, en el sentido más amplio y socrático de la palabra. Sobre la base de una filosofía de esta naturaleza, podría dar su fruto más rico y genuino una época de soft power. En este período "sin fronteras", esta filosofía de la motivación interna servirá como insignia de los ciudadanos del mundo. Estoy convencido de que Emerson, Thoreau y Whitman, esos grandes abanderados del Renacimiento Norteamericano cuyos ideales me inspiran un respeto sin mengua, fueron ciudadanos del mundo de este calibre.

Por último, quisiera compartir con ustedes esta estrofa del poema "Amistad", de Emerson, que gozó de mi predilección durante los años de mi juventud.

Oh, amigo, dijo mi pecho,
sólo por ti el cielo se enarca,
por ti se encarna la rosa,
por ti adoptan todas las cosas
su forma más excelsa
y miran allende la Tierra,
y nuestra suerte, como molino que gira,
se ve en tu valía como la senda del Sol.
También a mí me has enseñado,
con tu nobleza,
a domeñar la desazón;
y cuánto más bellas se vuelven,
por gracia de tu amistad,
de mi vida las más recónditas fuentes...


Ikeda es el presidente de la Soka Gakkai Internacional (SGI), una organización mundial con más de doce millones de miembros en 190 países y territorios, y fundador de varias instituciones educativas, culturales y de investigación.
Es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.