Auspiciantes:

Hábitat y arquitectura popular en _Falcón, Venezuela y el Caribe

Ecosistema natural y  arquitectura popular en Venezuela: Falcón, región del barro.

 

         Por José Millet*

 

La casa de vivienda de bahareque – o de varilla-, fue una invención de los humildes para que vivieran en ellas los pobres que carecían de recursos para pensar en otra cosa  que no fuera apropiarse de los que ofrecía  la naturaleza.  La idea respondió a su necesidad  extrema y constituyó un acto de creación que debe ser evaluado con justicia, en toda su  trascendencia, a nivel de la Humanidad.

 

Cuando me hablan de patrimonio de la humanidad, desde Coro, donde vivo, se me instala, casi automáticamente, en la mente la imagen del  “hombre de barro “, a la manera del “hombre de maíz” de Miguel Ángel Asturias.  No dejo de pensar en los saberes acumulados en su espíritu y en los valores de su creatividad ilimitados, que lo condujeron a aprehender de la tierra, a asirla, a transformarla en barro con que guarecerse de la lluvia, del frío y del calor inclemente, a un mismo tiempo, porque la región donde estamos ubicados es semidesértica, batida por el viento juguetón y, en ocasiones, muy fresca.  

 

Esos poderes de la creación llevaron al pueblo a descubrir y aplicar el principio económico de construir, con las propias manos y el cuerpo, empleando los recursos de la naturaleza muy próxima.  De ahí nació la vivienda económica, en cuya construcción no interviene el  dinero  ni  los pagos  por el trabajo ajeno, si no el gasto de la energía individual, familiar y amiga, que entraña la valía de la solidaridad.  Esto, junto al trueque, es otro valor que demuestra que se puede vivir al margen del sistema capitalista, de su principio económico basado en la explotación del trabajo ajeno, aún viviendo dentro de él.    De ahí también nació la vivienda  ecológica, hecha sin la intervención del fuego como fruto de la industria humana, ya que se emplea solamente la  energía solar, el viento, los elementos de éste clima prodigioso adaptándolos  a la  necesidad de un hábitat humano sencillo, funcional y adaptable.

 

El otro tipo de casa de vivienda   de barro es la de adobe, afincada también en la naturaleza y concebida, más o menos, con el mismo concepto de apropiación primaria de sus recursos, sin causar ningún daño al ambiente ni a ninguna criatura viviente, incluido el ser   humano.  Pero fue inventado desde otra situación social, más holgada, más segura y respondiendo a  una regla de seguridad dirigida a darle mayor resguardo al grupo humano o a la clase social a la que el hombre pertenece individualmente.

 

El bahareque es una estructura de barro y vegetal, en lo básico, muy bien concebida y ejecutada según un plan de la propia naturaleza, y, nos atreveríamos hoy a decir, del cosmos.  Responde al principio de resguardo intrínseco de la propia naturaleza en cuyo  interior  “viven “en tensión o contraposición las  fuerzas  de signos opuestos.  Esa inventiva humana sigue el curso de lo pautado por la lógica de la naturaleza, sin que en su creación deje de haber valor, en tanto es un fruto estrictamente de la producción e ingenio humano.

 

La vivienda de adobe es un resultado más bien de aplicación técnica de los saberes acumulados; de conocimiento, más que de saber.  Es así porque parte de la invención previa del ladrillo, que es obviamente posterior al empleo de la piedra articulada con tierra, arena o arcilla, en sus diversos tipos de mezclas.

 

Aunque tampoco en la pared o el muro de adobe, afortunadamente hay  “pega”, como material concebido  para unir elementos de  diversa naturaleza con la estructura en éste caso del muro o pared.

 

Aquí hay que hacer la siguiente aclaración: tanto  en el bahareque como en el adobe existe un tipo de pega que responde a un “saber natural”: la pega que proporciona el propio barro, mezclado con otros materiales de parecida índole a la suya.

 

Seamos más descriptivos:   en el frisado del  barro son empleados cagajón de burro - ¡el burro hasta en su caca es prodigioso!-, cal y “caliche”.  Pero en ningún caso es empleada esa pega maldita que es el cemento, resultante precisamente del procesamiento industrial de  la cal con químicos  y  con los desastrosos atentados al medio ambiente, incluidos.  ¡Oído al tambor, muchachos.  ¡

 

El bahareque es una “telaraña”, red  integrada por elementos vegetales, orgánicos de animales y de barro; el adobe es una estructura hecha, casi íntegra y exclusivamente, de barro, pero que obliga al frisado,  y el frisado incluye la cal.  El adobe centra su atención en la unidad física que es el ladrillo;  el bahareque es la unidad plural de diversos elementos que se integran en ella, sin mostrarse individualmente.  Lo común en ambas es la mano del hombre: son creaciones de parecida dimensión y valor, y tenemos la dicha  de preservar en esta obra, promocionar como aportes representativos, de alcance universal, del ingenio creador del pueblo  venezolano.

 

Aceptado este valor de trascendencia planetaria, el sujeto colectivo que creó el bahareque y el adobe debe  ser elevado a Patrimonio de la Humanidad, con independencia de que la UNESCO  lo incluya o no en su célebre listado.  Por supuesto, ese sujeto tiene nombres y apellidos situados en diversos  “ejes “de la geografía del actual Estado  Falcón: son los maestros del barro Chucho Coello, Chucho Morillo, Yayo García, etc. y los imprescindibles artesanos, todos armados con los tesoros inapreciables  que son sus saberes étnicos, ancestrales,  tradicionales y modernos.   Cada quien aporta ese legado del pasado, que fue colocado en sus manos, su inteligencia y su espíritu creador, tanto para edificar diversos  tipos de monumentos  como para orientar su arreglo, conservación o restauración, precisa y oportuna, para preservarlos de caras  al disfrute de las presentes  y futuras generaciones.

 

Coro, Mayo 18 de 2008

*Antropólogo, director del Centro de Investigaciones Socioculturales del Instituto de Cultura del Estado Falcón, Venezuela.

milletjb2007 gmail.com

 

 

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