Absolución Papal al Temple y el Pergamino de Chinón

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Un descubrimiento en el Archivo Secreto Vaticano revoluciona siete siglos de calumnias [1]

 

El día 13 de septiembre de 2001, dos días después del desastre de las torres gemelas de New York, la historiadora y paleógrafa Bárbara Frale encontraba en los archivos secretos del Vaticano, mal archivado un precioso documento que revolucionaría la historia de la Orden. Se trata de un  Acta original, aparentemente de una investigación conducida por autoridad del propio Papa Clemente V que contiene la única confesión del Maestre Jaques de Molay frente a la autoridad pontificia. Y tras ello nada más ni nada menos que la absolución fechada en el verano de 1308, a todos los cargos de herejía y apostasía de que habían sido objeto Jaques de Molay y los altos dignatarios.

El documento fue hallado en un lugar impensado, por un error de catalogación. Lo importante del documento es que restituye la absolución con fórmula plena, impartida por el Papa Clemente V a ese Maestre y a los grandes dignatarios del Temple, quienes habían hecho contrición y enmienda, logrando así el perdón de la Iglesia.





De Izquierda a derecha: Fr+ Horacio Amadeo Della Torre, Preceptor Internacional de la Orden y Prior General de Argentina; Fr+ Rosario Tomarchio, Bailío de Sicilia; P. Sergio Pagano, Prefetto del Archivo Secreto Vaticano; Fr+ Fernando de Toro-Garland, Maestre Internacional de la Orden; Dra. Bárbara Frale (quien descubrió los documentos), Fr+ Antonio Paris, Senescal Internacional de la Orden y Prior General de Italia  y  Fr+ José Antonio Cabrera Díaz, Prior General de España.






Naturalmente el importante descubrimiento fue tratado inicialmente con extrema cautela. El 30 de noviembre de 2001, el Prior General de Italia y Senescal del Consejo Magistral, Fr+ Antonio Paris, concertó una reunión del Maestre de la Orden Fr+ Fernando de Toro-Garland con el Prefecto de los Archivos Secretos Vaticanos, R.P. Sergio Pagano.

De esa manera, fue preparada una reunión para las vísperas de Semana Santa de 2002, para el viernes 22 de marzo. A las 4 de la tarde de ese día se hicieron presentes por la puerta de Santa Ana, el propio Maestre del Temple (Fr+ Fernando de Toro-Garland), el Prior General de Italia y Senescal del Consejo Magistral (Fr+ Antonio Paris), el Prior General de Inglaterra y Gales y Maestro de Ceremonias del Consejo Prioral (Fr+ Leslie Payne), el Prior General de Argentina y Preceptor del Consejo Magistral (Fr+ Horacio Amadeo Della Torre) y Fr+ William MacCallum, en representación del Prior General de Australia y Oficial de Registros del Consejo Magistral, Fr+ Malcom Ferguson. Además estuvieron el Prior General del Priorato Internacional de Comunión Templaria (Fr+ Juan Galo Della Torre), el Comendador General de Francia (Fr+ Michel Melendre), el Prior General de España (Fr+ José Antonio Cabrera Díaz) y el caballero francés Fr+ Jean-Luc Rossi.

 La comisión fue recibida en un primer momento por la propia historiadora Bárbara Frale, quien explicó el argumento que luego se expone, para pasar luego al 4° piso, a las oficinas del propio Preceptor R.P. Pagano, quien mostró el valioso documento a todos los visitantes. Se sucedieron los flashes y los cliks de las cámaras durante largo rato. Finalmente, la Orden entregó banderines con el Baussant al Prefecto Pagano y a la Dra. Bárbara Frale.

Unos pocos días después (el 30 de marzo) la edición por Internet de la revista norteamericana TIMES anunciaba el importante acontecimiento en un artículo firmado por el analista Richard Owen. Asimismo, el hecho fue ampliamente informado y comentado en nuestro Boletín, con noticias de la Orden de todo el mundo con soporte Internet Res Templi. La revista española Año Cero, edición para Sudamérica, se ha ocupado también del tema, sin arriesgar opinión propia [2]

 

Algunas preguntas lógicas

La noticia resulta verdaderamente revolucionaria. ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Cómo fue entonces condenado y quemado el Maestre Molay? ¿Tenía conocimiento de esta absolución el rey Felipe IV? Si así fue, ¿ por qué murió en martirio como se estilaba con los herejes relapsos?. ¿Fue un error de catalogación o fue escondido a propósito allí cuando la invasión francesa, para evitar fuera hallado y llevado a Francia?

 

Un poco de historia y el desfasaje de las fechas

El Maestre Molay y algunos otros altos dignatarios de la Orden se encontraban prisioneros en Chinon hacia 1308. De esa fecha es la absolución papal y sin embargo Molay fue ejecutado en 1314. ¿Por qué el desfasaje?, se preguntará el atento lector.

Trataremos de transmitir lo informado por la Dra. Frale, publicado además en su libro (L´ultima Battaglia dei Templari, Ed. Viella, Roma). Desde que fueron detenidos, tanto el Maestre como sus hermanos no cesaron de solicitar ver al papa y la confesión papal. Recordemos, por si es necesario, que la Orden estaba únicamente subordinada al papa. Por diversos motivos, Clemente no estaba dispuesto o no podía trasladarse a entrevistar a los detenidos. Finalmente, algunos de los prisioneros son trasladados hacia la sede papal en Avignon. Al parecer Molay y los demás representantes de quienes se habla, enferman en el camino (o al menos ese es el argumento esgrimido para que queden allí) y por ende son derivados, de buena o mala fe, hacia el castillo de Chinon, donde quedarán detenidos por largo tiempo. Es entonces cuando el Papa Clemente V envía a tres Cardenales a tomar la confesión solicitada. Es posible que sean los cardenales Berenguer Fredol, Esteban de Suisy (que ya había estado con el Maestre Molay en el Temple de París) y Landulfo Brancaccio. La misma es llevada en forma escrita a Clemente, quien tras algún tiempo vuelve a enviar a esos cardenales con la absolución, por escrito, de los prisioneros, liberándolos de los cargos de apostasía herejía y otras calumnias e injurias de que habían sido objeto.

 

 

 

¿Por que no fueron liberados de inmediato?

En el lapso transcurrido entre octubre de 1307 y el verano de 1308 Felipe IV había llegado muy lejos; pues se había apoderado de cuantos bienes de la Orden del Temple había podido. Es muy probable que haya recibido de muy mala gana y pésimo talante la infausta noticia (para él) de la absolución de Molay y la cúpula templaria. Se encontraba imposibilitado de liberarlos sin caer en el más majestuoso ridículo. Más aún, desde el punto de vista material ya no contaba seguramente con los bienes que había incautado a la Orden. El dinero, los papeles, las monedas o las joyas (nunca se sabrá a ciencia cierta) se habían hecho humo.

Recordemos que Felipe IV es reconocido en la historia como falsificador de moneda, una vil estafa al reemplazar en la moneda metal noble (plata) por níquel, de menor calidad y precio. Poco le costaba entonces, si como muestra basta un botón, no falsificar sino simplemente esconder un documento. Es muy probable, al decir de la Dra. Frale, que ante esa imposibilidad y el riesgo que significaba la liberación de todos los (dolidos) templarios, Felipe haya reaccionado mal y haya amenazado a Clemente con un Cisma en el Cristianismo si insistía en la inocencia de Molay y la cúpula templaria.

Es probable también que entonces Clemente haya procedido como quien juega al ajedrez y sacrifica un par de peones para salvar la reina.

 

Conclusión final

Sin duda no podremos resolver estos y otros interrogantes. Pero por la razón que fuere, y cualesquiera fueran las respuestas, el descubrimiento efectuado por Bárbara Frale se transforma en el hecho más importante en la Orden del Temple, desde el 18 de marzo de 1314, es decir en el curso de los últimos 688 años transcurridos.

Entendemos que la cristiandad entera y quienes bien quieren a la Orden del Temple festejarán con íntima y profunda alegría, con todos nosotros, este descubrimiento que espanta los fantasmas agitados de la apostasía y herejía que han levantado desde siempre algunos grupos esotéricos y ocultistas. Preocupados estarán, sin duda; se han quedado sin el principal argumento.



[1] Por Fr+ Horacio Amadeo Della Torre. Versión revisada y corregida por el Prefecto del Archivo Secreto Vaticano Rdo. P. Sergio Pagano B.

[2] Luis García la Cruz, Templarios; absueltos por la Iglesia, condenados por el Rey. Revista Año / Cero, Edición para Sudamérica, año XIII,  Nro. 05 – 142. Junio de 2002.





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