Arabella Salaverry 

C o m e n t a r i o s

        

                                        

Arabella Salaverry

poeta, narradora y actriz

                               

 


Algunos comentarios sobre las publicaciones de Arabella Salaverry

El escritor costarricense  y premio Magón de Cultura, Alfonso Chase.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alfonso Chase   (Breviario del Deseo Esquivo)

Breviario del
deseo esquivo*
Arabella Salaverry
Editorial Costa Rica 2006

Este libro de Arabella Salaverry pertenece a esa escritura que se da entre la brasa y el sueño. No solo es la expresión de poesía elaborada con nutrida apetencia de vida, sino, también, con el deseo de dar testimonio del encuentro con ella misma y el valor que tiene su propia naturaleza para afirmarse entre palabras. Va más allá una propuesta poética para superar las limitaciones de las heridas sobre el cuerpo vulnerable de quien escribe, sino que el deseo, tan esquivo, busca darle forma a la palabra por medio de interrogaciones, recuerdos y búsquedas, donde el reencuentro de lo otro se hace realidad en la caricia furtiva o en la plenitud del encuentro. Nada de palabras accesorias. Solo un batirse, en duermevela, consigo misma y con el mundo. No es, tampoco, el amor planteado como búsqueda o ausencia, sino el deseo real de vivirlo sobre su propio pie. El cuerpo es la piel desnuda. Es la ciudad recorrida en el antes y el después. El fuego de las apetencias nunca saciado, en un espacio íntimo para reflexionar. Como en algunos libros de otros autores, pareciera que se establece un límite histórico y la poesía fluye en la ardiente luz de la palabra, para buscar otras fuentes o iluminaciones.

Es un planteamiento consciente de ser en plenitud para encontrar respuesta solo en la palabra. Por eso no es una obra de soledad sino un poemario del compartir, truncos, las lágrimas y el beso. La observación procede de una escritora clara, definida, anémona y medusa, intentando atrapar, inútilmente, un deseo esquivo que tiene entre sus manos. Aunque existe el dolor, en muchos de esos poemas, la plenitud del conjunto nos muestra que mientras exista el futuro solo queda la esperanza. ¿De qué? Tal vez de un cuerpo, ya diluido, que canta adentro de su propia sangre.

 

Alfonso Chase

*Comentario aparecido en “< namespace="" prefix="st1" ns="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" xml="true">La Ronda de los Libros”

La Prensa Libre 3/8/2006

 

 

He visto crecer la poesía de Arabella Salaverry en el paso del tiempo, y los sucesos que acostumbran rondarla, y de los cuales ella hace poesía y cuentos. Textos que reflejan un espíritu cambiante, que asume al transformar la vida y convertirla en testimonio. De la alegría gozosa de saberse dueña de su propio lenguaje, gusta pasar a la instrospección dolorosa de lo que la limita, como abierta ciudadana de su tiempo, en que la poesía es acopio de victoria por sobre todas las circunstancias adversas.

Poesía de reflexión que busca comunicar las razones de su existencia, con palabras propias y puntos de vista a veces inusitados. Poesía seria, que se diferencia de la mucha otra que se escribe, porque viene de lo clásico hacia lo contemporáneo, en una rara simbiosis entre lo lejano y la certeza de esta época.

Escribe Arabella Salaverry sobre el aire, en palabras que no se lleva el viento, y que quedan activas en nuestra memoria, para decirnos de un mundo solitario que se hace luego solidario, al convertirse en texto. Esencial para dar razón de la escritura y el proceso de comunicar lo esencial del milagro de ser entre palabras.

 

Alfonso Chase

Presentación  del libro "Breviario del Deseo Esquivo"

 

 

Carmen Naranjo        (Breviario del Deseo Esquivo)

 

 

En la memoria del viento

 

 

 

La memoria nos marca el paso por la vida.  Hay un juego siniestro en la provocación del olvido, porque nos viste de ropajes falsos y nos siembra de invalideces que desconocen el origen y el punto de partida hacia esos excesos gloriosos que dan sentido a la vida.

 

En “Breviario del deseo esquivo”, con un lenguaje rotundo en luminosidades y ritmos acariciantes de permanentes arrullos, Arabella se desnuda para liberarse de cualquier artificio.

 

Libre su piel tropical, sudorosa y cálida, se aferra a recuerdos reales, irreales, sueños en siestas apoltronadas, duermevelas que la sumergen en años sin fechas, con almanaques carentes de números sobre días y semanas.  Así se mueve entre enero y diciembre sin necesidad de precisión alguna, inventa meses que atraviesan siglos, años que atrasan el presente, atisbos premonitorios sobre las cuerdas del pasado que latigarán el futuro.

 

En un ambiente cargado de magia y misterio, de sudor y de sed, el deseo acampa en cualquier parte, no necesita reloj, se nutre de caprichos que no figuran en las fotografías ni aparecen en los recuentos familiares.  Arabella los atisba, los huele en la luz de la luna, los encuentra en el sabor del mar, en la renovación constante de las olas y en las esquinas oscuras de la lluvia nocturna.

 

Corre por sus poemas, hilados armónicamente por voces redondas de lirismo, una fiebre de altas temperaturas eróticas que fluyen con la libertad del viento.  Le ha costado romper el silencio, ha preferido callar ante los escabrosos signos de aplausos inmerecidos.  Sin ser persona de brazos cruzados emprendió actividades interesantes y creativas.  A su encuentro se le preguntaba con ocioso interés: ¿Estás escribiendo algo nuevo?  Su respuesta fue tan esquiva como su deseo: “Algún día volveré a hacerlo”.  Sin fecha comprometedora, pero con la seguridad territorial de que las frutas maduran a su tiempo, lo que es tan incierto como cierto.

 

Imbuida en su memoria la autora no decae ni languidece, sólo esquiva lo intrascendente y se apoya en el incendio inofensivo de los atardeceres, sobre un oleaje espumoso acompañado de aves marinas y de esas arenas diestras en crecer decreciendo.

 

Surge una petición de silencio, Arabella nos pide que callemos para que su voz hecha de suaves y lacerantes plegarias, frases vehementes y frágiles, lamentos sutiles y asfixiantes, encuentre en nuestros corazones la armonía cordial de las tempestades:

 

¡Aquí,

una con la luz!

 

Con el cuerpo de par en par.

 

Recuperada la inocencia

viviendo una vez más

en la premura del deseo.

 

Aquí.

Sola con el sol.

Cubierta de luna.

Una con el mar.

Atenta,

alerta

dispuesta.

 

¡De fiesta con todos los sentidos!

 

 

 

En la memoria del tiempo y en silencio heredamos la inolvidable voz poética de Arabella.

 

 

 

 

                                       Carmen Naranjo

                                       22 de abril del 2004

 

 

 

Marjorie Ross   

(Breviario del Deseo Esquivo)

 

 

 

Marjorie Ross, novelista, poeta y periodista

 

 

 

Arabella Salaverry, esta poeta extraordinaria

 

Si ayer alguien hubiese preguntado: ¿quién es Arabella Salaverry?, quizás la respuesta habría sido “una mujer multifacética, llena de talentos, excelente en los escenarios, magnífica con un micrófono en la mano, eficaz como consultora; escritora y poeta”.

Pero hoy, después del nacimiento del Breviario del deseo esquivo, aunque todo eso siga siendo verdad, la respuesta es más corta. Arabella Salaverry es una excelente poeta, todo lo demás le viene por añadidura; y hace todo ello tan bien como lo hace, precisamente porque es tan buena poeta.

Ahora que se ha decidido a publicar, se ve que nunca dejó de escribir, porque esta pluma de hoy no surge por accidente, y su fluidez y luminosidad son tanto inspiración, como oficio. Si con “Arborescencias” lo supimos, hoy lo comprobamos sin sorpresa, pero con enorme placer.

Y es precisamente alrededor de ese hermano gemelo del placer, ese deseo que suele ser esquivo, que la poeta nos ha congregado hoy.

 

Un “breviario” es un compendio de oraciones anuales, y el título no pudo ser mejor escogido. Cada página es una oración a ese deseo que es presencia y ausencia; es un rezo dirigido a vivir la libertad dentro de la propia piel.

Es que Arabella escribe sobre su piel. Una piel que, en sus palabras, es fuego, frío y “puede ser mortaja”.

Diría yo que la piel es el taller literario portátil de Salaverry, es su pluma, es la palabra misma.

Pero, al mismo tiempo, es sobre ella que escribe. Esto es, el poema es un tatuaje sobre su desnudez, que surje desde adentro; una figura cambiante que se metamorfosea según ella musite las palabras amor, soledad, mar o  luna.

La transfiguración puede llegar muy lejos, tanto así, que suele ocurrir una hora en la que la misma poeta se mira y no se reconoce.

 

Aquí la piel lo es todo.

Es “espejo” y “altar de sacrificio”, “la memoria viva de todas las presencias”, y, fundamentalmente, el camino hacia ese deseo esquivo que se asoma, se presenta y se difunde.

 

Tan dúctil es esta piel, que puede ser sustituida por el deseo del otro, porque, nos dice la poeta, es una piel que vive en el recuerdo y que resguarda la “identidad inconclusa de la ausencia”, que es ausencia de la poeta y ausencia del otro al mismo tiempo.

Una ausencia cuyo dolor se condensa, mediante el oficio impecable de síntesis poética del que les hablaba antes, en el levísimo verso que dice: ”Ay de la lágrima, sustituta del sabor a sal de tu saliva”.

 

En la parte titulada “San José, ciudad ausente”, la autora lanza un lamento por la ciudad que se perdió en el vacío. San José se convierte en lo que me atrevería a llamar una mala albacea del deseo, a la que la autora le reclama haber dilapidado el tacto, enfriado la piel, y en la cual hoy la poeta ya no se reconoce.

Cuando los lectores creemos que el deseo va a quedar únicamente “en la memoria de todo lo pasado”, escondido entre el cemento, el hollín y las calles con olor a marisma de una ciudad que ya le es ajena, Arabella nos sorprende con el capítulo titulado “Trópico ardiente luz”, donde se asume “frutal, sin estaciones”, y se define como una mujer que se averana “a pura voluntad de los sentidos”, cuya carne al madurar adquiere el perfume de mangos y guanábanas.

En el último poema de esa parte, con la misma certeza eterna del movimiento de las mareas, el deseo está de vuelta con alegría, y ella es una con el mar “¡de fiesta con todos los sentidos!”.

 

En muchas páginas, más que breviario del deseo, el libro pasa a ser un catecismo de la libertad femenina.

Arabella instruye a la mujer sobre cómo nadar en el vasto mar del deseo, danzando entre las olas hasta mar adentro, a pesar del miedo, del día después, y del ardor de la huella indeleble en la memoria.

 

Rebelde, no con rebeldía adolescente sino con la decisión de una mujer madura que ve a la distancia, se libera de las amarras de siglos y, en el proceso, nos libera a todas sus congéneres, cuando expresa:

“Deseo que el deseo me viva/ me invente/ me anegue/ me tenga…/Deseo al deseo inventándome/. Que dibuje mi cuerpo/ con un solo trazo de cuchillos”.

Más adelante, va más allá cuando ahonda: “ya no guardo secretos/ cuchillo a cuchillo/ el tiempo cortó las amarras”; y hace claro su anhelo de no ser más nido, ni pájaro, sino ala.

Muchas gracias, Arabella por este breviario para vivir el deseo.

 

 

 

 

 

     Alfonso Chase                            ( Arborescencias)

 

Presentación  Arborescencias

Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes

Dirección General de Cultura

Dirección de Publicaciones

San José, Costa Rica

1999

 

La poesía de Arabella Salaverry es eclosión de sentimientos. Pero dentro de ellos se encuentra viva la razón de su canto. Parte de su propia vitalidad para enfrentar el caos y ordenarlo en íntima comunicación con la naturaleza. El amor es la base de su propia sustancia pero a través de él y con el paso de los años, la maduración constante de su lenguaje testimonia la trasmutación de su visión del medio.

La riqueza verbal de su trabajo literario ha sido el norte de su extraño ejercicio, al través de largos silencios. Siendo una joven estudiante nace al arte y lo recrea y mantiene como un rito de existencia. Su propia vida ha sido el deseo de permanecer activa a través de su intensidad dramática como persona y como mujer. En ese crecimiento interior, a veces dubitativo, es que se encuentra la verdad de su poesía que ella elabora como comunicación intensa entre su propio mundo y el deseo de ser entre los otros. Durante muchos años guardó los poemas y fueron siempre como joyas escondidas, tropismos de insomnio, verdades que se escapan en lo cotidiano y entre las palabras con las cuales ella nombra el mundo.

Su poesía, su persona, su proyección hacia nosotros, está siempre llena de musgosas esperanzas y ese estilo suyo de no parecerse a nadie y ser oportuna en la palabra, el gesto la comunicación que alza delante de nuestros ojos para decirnos que existe. Eso ha sido la verdad de su poesía, que la madurez ha convertido en el arte de sobrevivirse a sí misma, para contemplar la naturaleza de su personalidad literaria mediante la reflexión, el ánimo de comunicar, la secreta discreción de escribir para salvarse.

 

Alfonso Chase

 







516,61
520,68








San José, Costa Rica, Sábado 25 de agosto de 2007, 03:59:45.

Germinal

Año 1, No. 31

Alfonso Chase

1. Arabella Salaverry en verdad no existe. Es un invento de una mujer llamada Arabella Salaverry para intentar mirarse en un espejo y descubrir una pariente lejana de ella misma. Contradiciendo así las normas tenidas por lógicas, entre la gente que dice escribir pero solo emborrona cuartillas. Ella no solo las emborrona, sino que también las inventa escribiendo.

2. Arabella Salaverry empezó a escribir siendo una niña, para liberar fantasmas y termina escribiendo, ya sin edad posible, para encerrarlos de nuevo, luego de que vagaron por el mundo, sin rumbo fijo, pero siempre envueltos en palabras.

Ella es, en realidad, una cazadora de fantasmas niños, pero con alma de ancianos.

3. Arabella Salaverry empezó a convertirse en persona cuando, vuelta actriz, hizo de la máscara un espejo prescindible y se dedicó a amar, crear hijos, actuar con esa máscara de Arabella Salaverry y a escribir, ya madura, lo que habría querido escribir cuando era una especie de nínfula, enfundada en mallas negras, subida a la roca de alguna playa desierta, llamando sigilosamente a Melusina y a las náyades, recorriendo el mundo con la corona de Ofelia, o la turbación de Julieta, buscando un público para hablarle de otras mujeres, pero siendo ella misma siempre.

4. La literatura que escribe Arabella Salaverry tiene la impronta de ser poesía cuando en verdad es un diario abierto, empezado en el Parque Vargas de Limón, o cualquier sitio abierto del mundo, y que ella se empeña en darle forma con la ayuda de los fantasmas del punto 2) y de todos los seres vivos del planeta, incluida ella misma, pero acompañada del mundo.

5. Detrás, y delante, del placer de escribir, el rigor de la lógica cartesiana es destruido por nuestra poeta, para descubrir el amor, el dolor, la insatisfacción o la plenitud de estar viva para buscarse un espacio para decir, ahora, de lo que nunca pudo hablar, en dominio pleno de la palabra, que no es lo mismo que estar dominada por las palabras. Ejerce el oficio de ser poliedro, donde todo el mundo busca el cuadrado o el triángulo, y ha descubierto en la sororidad un sustituto pasajero de ser ella misma.

6. En ese proceso de transformaciones, Arabella Salaverry se ha convertido en una voz con pleno dominio de su impacto, pero combinando la madurez que da la vida para enfrentar algún día a la muerte, siendo en realidad una chica mala saltando del redil, para convertirse en una dama circunspecta jugando a las estatuas. Seis razones muy válidas para no ser presentada nunca en sociedad y sí para aceptarla como debutante. Dejando perdido el tú de los diálogos, el vos de las conversaciones coloquiales y conquistar el yo de esa niña que lucha por entenderse por medio del mirarse entre inciertas pestañas. O envuelta en el papel de seda que oculta la canción sonora de todos los lenguajes: verbo hecho carne para espantar a algunos fantasmas imprevistos.

• Arabella Salaverry

Chicas malas

Fuimos las chicas malas

Asustamos a los vecinos
Y escandalizamos a las señoras
de misal y rosario

Siempre de negro
diluidas entre las sombras
y desapareciendo en los espejos

Tomábamos coñac
en tardes infinitas
mientras el jazz
nos cubría
escurriéndose luego
por los poros

ttttt

Disfrutábamos la hierba
ocasionalmente
sin compulsiones
sobre todo cuando queríamos
abrir los ventanales del cielo
acostadas sobre el pavimento
de nuestra ciudad amable
para mirar infinitamente a las estrellas

ttttt

Hicimos de nuestros cuerpos
una fiesta

Cursamos invitación
en exclusiva a los iniciados
Nacimos despidiendo una guerra
vivimos Viet Nam
otro acto obsceno
y el recuerdo de Nagasaki
junto a Hiroshima
igual a una herida expuesta

Nos desvelamos con Sartre
Pero fue Simone quien nos ayudó
a hilvanar nuestra protesta.


ttttt

Consideramos a los Beatles
un tanto pueriles
pues era Piaff
quien nos alimentaba

Trenzamos flores
Y nos pusimos guirnaldas
pero fuimos siempre suspicaces
con las exportaciones del Norte

ttttt

Nunca pensamos
que seríamos reinas
más bien
quisimos con el Che
ser compañeras

Compartimos cuerpo y alma
sin pedir nada a cambio

La vida ha sido nuestro manifiesto

Encendimos lámparas
para apagar la angustia
la simple y limpia angustia
de estar vivas

Vivimos
tan intensamente
que ningún dolor nos fue
ni nos podrá ser jamás ajeno

ttttt

Fuimos las chicas malas
olíamos a incienso
a pachulí
y otras veces a menta fresca
mas el olor
que nos acompañó
siempre
fue el olor de la tristeza

Fuimos las chicas malas
y aunque no lo confiese abiertamente
por el qué dirán
los hijos
los amigos sensatos
el perro
los parientes
seguimos y seguiremos siendo
chicas malas

ttttt


Mis hijas

Tengo dos presencias
Para completar mis sueños

Tengo dos mujeres
igual a dos antorchas
que iluminan la vida
y van quemando
a fuego intenso
sus propios maderos

Dos llamas que tengo sin tenerlas
que arden
ondean
viven
sueñan

Dos mujeres enteras
luminarias de sus propios destinos

Tengo dos mujeres
no mías
sino de sus propios caminos

Tengo dos luces
para acompañar el viaje

Tengo dos hijas

Cada una fogata de su propia madera
dos luces para iluminar la vida

ttttt


Tu reloj

A Leo, cachorro que fue

Hijo
me afano en complacer tu anhelo
de un reloj para detener el tiempo

Pero no sé bien por cuál intransitado camino
debo dirigir mi paso

Tampoco sé
a quién pedir consejo

Tal vez Alicia
la de las maravillas
pueda darme una pista

Pero te prometo que para mañana
o ayer
o en el mínimo lapso de un segundo
de hoy o de hace un siglo
tendrás tu reloj
donde el tiempo se acurruque
y duerma una infinita siesta

Parte de la Sociedad Periodística Extra Limitada.
DIARIO EXTRALA PRENSA LIBRECANAL 42RADIO AMERICA