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Motivación y Gesto

Procesos cognitivos de la comunicación corporal

Para externalizar una idea es preciso un proceso cognitivo, que esencialmente consiste en la planificación y toma de decisiones para buscar los movimientos más adecuados que codifiquen en clave de lenguaje corporal la idea o sentimiento que pretendemos comunicar. Cualquier acto de expresión corporal, y la danza lo es, presenta dos niveles: 

a) expresivo o acción externa (actividad manifiesta, movimiento, gesto), 

b) cognitivo o acción interna (actividad oculta, idea, sentimiento o imagen mental). 

Asimismo Tomás Motos (1998) se ocupa de la expresión corporal como proceso de simbolización, a veces olvidado tras la cortina de lo puramente expresivo. Para este autor, si contemplamos la potencialidad de las dos vertientes de la expresión corporal, expresiva y cognitiva, entonces su virtualidad educativa se magnifica y se convierte en una herramienta potente de enseñanza-aprendizaje y de desarrollo personal. Así (Motos, Tomás, 2003) el campo de la expresión –y de cualquier acto de la expresión corporal- es el espacio de las cinco “c”: primero hay que reaccionar con los sentidos (cuerpo), después con los sentimientos y las emociones (corazón) para terminar con la reflexión, el conocimiento y la voluntad (cerebro), sobre unos contenidos culturales (cultura o contexto) y todo ello impregnado en un clima de creatividad (Sobre la creatividad conviene recordar que es una capacidad que en principio todo ser humano posee independientemente de su mayor o menor grado de conocimientos).

Vamos a centrarnos en las “ces” de “cerebro” y “corazón” centrando al atención en el cerebro emocional y su ejercitación a través de la práctica de la danza, ya que “cada vez hay más indicios de que el movimiento resulta crucial para cualquier otra función cerebral, entre ellas, la memoria, la emoción, el lenguaje y el aprendizaje…” (John J.Ratey, 2003). Está demostrado que nuestra funciones cerebrales superiores (situadas en el neocórtex) han evolucionado a partir del movimiento y siguen dependiendo de él. Igualmente se han encontrado pruebas de que el cerebelo, que coordina los movimientos físicos, coordina también el movimiento de los pensamientos.

Estos argumentos confirman la idea de que una de las vías directas para el desarrollo cognitivo en cualquier área, y en consecuencia para el aprendizaje es el movimiento. Esta es una poderosa razón para defender la enseñanza y la práctica de la danza como estrategia didáctica, especialmente en la educación de los más jóvenes.


Los tres cerebros. Aspectos estructurales y funcionales del cerebro emocional

En última instancia, el cerebro es el responsable de toda nuestra actividad, sea ésta del tipo que sea. Pero el cerebro es un sistema altamente complejo y con estructura de red formado por, aproximadamente, unos cien mil millones de células nerviosas o neuronas de las que, de cada una de ellas, salen unas prolongaciones: los axones y las dendritas. Cada neurona posee un axón, mediante el cual pasa información a otras neuronas y hasta cien mil dendritas, mediantes las cuales obtiene información de otras neuronas. Así las neuronas pueden conformar una red interconectada de más o menos cien billones de conexiones, siempre cambiantes, ya que los axones y las dendritas, y sus conexiones, pueden ser parcialmente modificadas, fortalecerse e, incluso, regenerarse.

El cerebro humano es muy diferente al de los ordenadores y computadoras diseñados por éste, no es digital, sino que funciona como un procesador analógico, es decir, que trabaja básicamente con analogías y metáforas, mediante mapas neuronales, conjuntos de neuronas que parecen representar objetos enteros de la percepción o de la cognición o, si no al menos, cualidades sensoriales o cognitivas de esos objetos.

Es sabido que el genoma y el entorno interaccionan continuamente con el cerebro y éste puede modificar su estructura y fisiología dada su cualidad de ser a la vez plástico –puede cambiar cuando nuestro entorno y experiencias cambian-  y resistente, capaz siempre de nuevos aprendizajes, aunque esta flexibilidad del cerebro disminuya con la edad, por lo que podemos inferir que la estructura cerebral no está totalmente predeterminada ni fijada y se va reestructurando a lo largo de la vida con todo aquello que aprenda.

Según el cerebro envejece, las neuronas que no se usan o no sirven para la labor que ha de realizarse, sencillamente son eliminadas facilitando unas conexiones más eficientes para las neuronas activas. El cerebro funcionaría como un músculo, las neuronas inactivas se debilitan y las neuronas que se ejercitan se hacen más fuertes y desarrollan más conexiones entre si. A más uso de las conexiones, más potente y eficaz será esa ruta de información y procesamiento.

Si bailando desarrollamos simultáneamente aspectos cinéticos y cognitivos y sus componentes se estructuran entorno al cuerpo, al espacio, al tiempo y a la energía, la práctica de la danza favorecerá los circuitos que usa el cerebro para pensar y razonar, pues se activan patrones de conexiones neuronales a lo largo de grandes regiones de la corteza cerebral usados también para el pensamiento. Cuanto más bailes mayor será tu desarrollo mental.

El cerebro ha evolucionado y desarrollado mediante capas o cortezas superpuestas, desde el cerebro heredado de nuestros antepasados los reptiles. El cerebro humanos ha sido clasificados (Paul Donald Mac Lean, 1990, “Les Trois Cerveaux de l´Homme” y Elaine de Beauport y Aurora Sofía Díaz, 1995, “Las tres caras de la mente”) en “tres cerebros” dentro de uno:

a)El cerebro reptílico o córtex original

Es la estructura cerebral más profunda y antigua evolutivamente hablando. Encargado de controlar el estado general de vigilancia y de gestionar la sensación de peligro mediante la fuga o la agresión. Regula las funciones básicas imprescindibles para la supervivencia como la respiración o el ritmo cardiaco y es el encargado de asegurar las necesidades básicas como la sed, el hambre, el sueño o el sexo. A este cerebro se le atribuye la memoria a largo plazo y la de ciertas reacciones simples adquiridas por aprendizaje. Le correspondería la rutina, los itinerarios prefijados, los rituales, los sustos automáticos o el marcaje del espacio personal o del propio territorio. Se comporta según esquemas rígidos y su funcionamiento es del tipo estimulo-respuesta. En el cerebro reptílico tienen su origen la formación de rutinas, rituales, hábitos y valores, responsable del ritmo básico, del movimiento y de la acción.

Beauport y Díaz proponen distintos tipos de inteligencia para cada uno de los tres cerebros. Las       inteligencias asignadas a este cerebro son:

-       Inteligencia básica: capacidad de alejarnos o acercarnos a algo.

-       Inteligencia de los patrones: capacidad de concienciarnos de las influencias que condicionan               nuestro comportamiento.

-       Inteligencia de los parámetros: capacidad de reconocer, transformar y extender los ritmos y         las rutinas.

 

b)El cerebro límbico o mesocórtex

Cerebro heredado de nuestros antepasados, los mamíferos, también conocido como cerebro visceral, ya que gobierna a través de sus conexiones con el sistema nervioso autónomo todos los órganos del cuerpo; o cerebro emocional, ya que rige nuestras emociones. Filtra la información de modo selectivo, según la experiencia sea agradable o desagradable. Si es desagradable -si el organismo va a sufrir- la reprime; si es agradable la envía al córtex para que dé la orden de actuar. No se expresa verbalmente pero excita en el córtex la expresión verbal.

Este cerebro está implicado en los procesos de la memoria y en nuestra relación con el entorno, ya que una de sus más importantes funciones es la supervivencia mediante la adaptación al entorno social. Rige nuestras capacidades de empatía o de integración grupal. También es la sede de nuestras creencias, de los sentimientos de seguridad o inseguridad, de la autoestima. Recordemos –apartado 8.2.- que este cerebro también es el encargado de los mecanismos de motivación.

Las estructuras que conforman el cerebro límbico son: el tálamo, relacionado con el afecto; la amígdala, asociada con la agresión oral; el hipotálamo, asociado con el placer y el dolor; los bulbos olfatorios, asociados con los olores y la respiración; la región septal; relacionada con la sexualidad y el afecto; y el hipocampo, relacionado con la memoria a largo plazo.

Las inteligencias propuestas por Beauport y Díaz para el cerebro límbico son:

-       Inteligencia afectiva: el proceso de dejarse afectar por algo o alguien.

-       Inteligencia de los estados de ánimo: capacidad para entrar y salir de un rango de sentimientos que va desde el placer al dolor.

-       Inteligencia motivacional: es la capacidad de movernos, de lograr lo que queremos y continuar haciéndolo a lo largo de la vida. Su función es que tomemos conciencia de lo que realmente nos mueve. El secreto de la motivación es el amor, el deseo, el querer y la pasión. Por ello, el querer y desear son elementos básicos de la actividad del sistema límbico.

 

c)El cerebro neocórtex

El neocórtex o corteza cerebral es la estructura más reciente de la evolución y conforma la capa más externa del cerebro. En la mayoría de las especies es muy pequeña comparada con otras zonas cerebrales, pero en el ser humano constituye el 80% de la masa cerebral, diferenciándonos del resto  de los animales que habitan la Tierra, ya que nos capacita para la reflexión y la planificación.

En el córtex se ubica nuestra habilidad para la discriminación sensorial, la interpretación y el análisis, de la conciencia simbólica y el lenguaje, del pensamiento abstracto,  la reflexión,  la invención,  la voluntad y  la creatividad. Nos permite afrontar situaciones complejas, proponer soluciones múltiples, dar respuestas originales y conscientes, razonar y seleccionar, adaptarnos al lenguaje y a la palabra.

El neocórtex está formado por dos hemisferios cerebrales conectados por el cuerpo calloso. El hemisferio izquierdo con un funcionamiento más secuencial, lógico, convergente, lineal, temporal, el de las partes. El hemisferio derecho: el del todo, simultáneo, espacial, asociativo, atemporal, divergente, intuitivo. Ambos hemisferios están divididos a su vez en lóbulos: frontales, temporales, parietales y occipitales, de capital importancia en el desarrollo de lo que conocemos como cerebro cognitivo.

Las principales funciones del hemisferio derecho son:

 

o   Imaginación: capacidad de asociación de imágenes y visualización mental de las ideas.

o   Intuición: comprensión de los estados anímicos y resolución de problemas sin análisis de los hechos, dejándonos llevar percepciones y presentimientos.

o   Estructuras espaciales: comprensión de mapas y planos, memoria visual.

o   Lenguaje emocional: capacidad para expresar sentimientos, vivencias y emociones.

o Precisión y reflejos: capacidad para realizar actividades que requieren gran coordinación visual y motora.

 

Las principales funciones del hemisferio izquierdo son:

 

o  Lógica: resolución de problemas que requieren seguir un proceso, paso a paso, de forma organizada, con más rigor que creatividad, sin salirse de lo establecido.

o   Raciocinio: evaluación de la realidad de forma objetiva.

o   Cálculo mental: planteamiento de problemas matemáticos y operaciones secuenciales.

o   Lenguaje racional: capacidad de análisis y deducción.

o   Puntería: cálculo mental de distancias.

 

Los tres cerebros, a pesar de sus diferencias en el procesamiento de la información, se complementan para la producción de un pensamiento global, holístico. 

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