El doble humano

por Bernard Lievegoed
 

Estos últimos tiempos, desde numerosos lados me han llegado preguntas sobre la acción del doble en el ser humano. Por conversaciones y la correspondencia con amigos en el extranjero, supe que muchas personas tienen que afrontar dificultades que no llegan a resolver o las proyectan sin razón sobre sus semejantes.

El problema del "doble" presenta numerosos aspectos, y entre ellos el cómo vivir la vida entera con él, como comportase hacia él.

En un ciclo de conferencias titulado "Las jerarquías espirituales y su reflejo en el mundo físico" (2º conferencia), Rudolf Steiner expone cuál es la relación humana con la naturaleza sensible por una parte y por la otra con los seres actuantes detrás de esta naturaleza, con las fuerzas formadoras, generosas, conservadoras, las manifestaciones de las leyes naturales.

Cuando un espíritu de la Sabiduría, del Movimiento o de la Forma (entidades espirituales de la 2º Jerarquía) piensa o quiere, tal pensamiento es un ser, una forma astral-etérica en el mundo elemental. Estos seres elementales del pensamiento están hechizados en la Naturaleza, o con los movimientos de rotación de la tierra y los planetas, y conocemos el efecto de sus acciones como leyes naturales; están hechizados en el mundo creado para servir a los seres humanos, que en este mundo deben cumplir su evolución.

Cuando el ser humano haya ultimado esta evolución, sobrepasará esta forma de vida terrestre, como es su día el Antiguo Sol, el Antiguo Saturno y la Antigua Luna desaparecieron para hacer posible la evolución ulterior. Es, pues, el ser humano quién ha sido colocado en el centro de la evolución de la Tierra, desde el momento en que, a consecuencia del desarrollo de su Yo, ha llegado a ser responsable de sí mismo. Gracias al desarrollo de ciertas formas de comprensión, de sentimiento y de voluntad, el ser humano será llevado a liberar a los seres elementales de sus tareas, liberándolos pues, de su hechizamiento en el mundo sensible. A consecuencia del proceso de condensación de la Tierra y del mundo de los planetas, un raudal de seres elementales pasa continuamente por el hechizamiento, es decir la densificación.

Rudolf Steiner describe cuatro categorías de seres elementales que deben ser liberados, cada uno de su manera particular.

Los seres naturales de la primera categoría llevan en los cuentos de hadas los nombres de gnomos, ondinas, elfos y seres de fuego. Posando nuestras miradas sobre la Naturaleza, acogemos en nosotros a estos seres y sus actuaciones; permanecerán ligados a nosotros hasta el momento de la muerte. Entonces se establecerá una diferencia entre los seres elementales que habremos desencantado por nuestro trabajo espiritual, percibiendo el velo de "maya" del mundo sensible y por nuestro conocimiento de la realidad espiritual, y los que no habremos liberado porque no hemos pasado sobre la Naturaleza más que una mirada puramente material, igual que el objetivo de una cámara fotográfica. Estos últimos seres no liberados permanecerán unidos a nosotros y los reencontraremos en el mundo elemental, descendiendo a la Tierra con ocasión de una nueva encarnación. Ellos entrarán con nosotros en esta encarnación, aunque experimentemos esta carga como extraña en esta vida, y al mismo tiempo como formando parte de ella. Por la sabiduría los liberaremos; faltando sabiduría estaremos obligados a arrastrarlos con nosotros, y esto nos hará siempre más difícil el acceso a los mundos suprasensibles.

La segunda categoría de estos elementales hechizados cumple las tareas de hacer pasar la Tierra a través del ritmo del día y la noche. Siendo trabajador, diligente y fecundo, el ser humano podrá liberarlos; los ligará a sí por la pereza, la indolencia y la improductividad.

La tercera categoría de seres elementales está ligada al ritmo lunar de alrededor de 28 días, con la fase de creciente y menguante. A estos seres los liberamos por la alegría de corazón, el contento interior, la serenidad del alma. Pero permanecerán ligados a nosotros para una vida posterior cuando estemos descontentos y desabridos.

La cuarta categoría está en relación con el ritmo del Sol. Así, los seres del verano son encantados en la compacidad y la oscuridad invernal. El ser humano podrá liberarlos participando religiosamente en las diferentes etapas del año (pensad en el Calendario del Alma) siguiendo con el espíritu el fluir del año, experimentando la piedad delante de los procesos de la Naturaleza. Al contrario ligaremos a nosotros estos seres atravesando el año como impíos, con el espíritu inerte.

¿Qué significa, pues, tener que arrastrar con nosotros seres elementales de estas cuatro categorías, que nos son extraños y sin embargo están ligados a nosotros? Ellos forman un lastre que pesa sobre el camino de nuestra vida.

Los seres de la primera categoría son la causa de un sentimiento de vacío, hasta de angustia, que experimentamos frente a la Naturaleza. Pensad en los ciudadanos que incluso el domingo no llegan apenas a alejarse de la autopista para volver a la Naturaleza.

Los seres de la segunda categoría suscitan en nosotros sentimientos de miedo; son la causa de una especie de parálisis de la voluntad, de una resistencia profunda ante lo que trata de llegar a ser activo.

Los seres de la tercera categoría provocan el descontento profundo del alma, el desaliento, la imposibilidad de ser verdaderamente alegre y feliz.

Los seres de la cuarta categoría provocan la impotencia ante la vida religiosa, incitan al odio ante toda experiencia espiritual, a un materialismo agresivo.

La primera categoría forma un obstáculo para el desarrollo del pensamiento, la segunda para la voluntad, la tercera en la esfera del sentimiento y la cuarta para el desarrollo del Yo en general.

¿Quién no conoce a estos seres humanos alrededor de los cuales flota una especie de nube de melancolía y oscuridad y que sufren ellos mismos? ¿O aquellos que muestran un odio agresivo desde que se anuncia una experiencia religiosa o espiritual? ¿Y los que proyectando su propia gravedad, su impotencia sobre los que le rodean, hacen a los demás o a las circunstancias de la vida responsables de su propia pesantez y oscuridad?

Se trata de un primer aspecto del doble. Las nubes de seres elementales nos traban, nos entorpecen y deprimen, mientras los seres elementales desencantados nos ayudan a aumentar nuestras facultades de pensar, sentir y querer espirituales. Estos seres en conjunto toman una forma etérica, que en circunstancias particulares pueden desgajarse de nosotros y entonces la sentimos como un ser a la vez amenazante y sin embargo formando parte nuestra. En el Kamaloca también permanece un residuo de experiencias terrestres no espiritualizadas.

Los seres espirituales liberados por nuestro trabajo espiritual se integran en nuestro karma y nos conducen a encuentros que pueden llevar a una armonización kármica. Los seres no liberados se insertan en el doble, al cual confieren una fisonomía personalizada y una fijación sobre problemas determinados, diferentes para cada cual.

¿Debe desanimarnos este relato? Al contrario, es penetrando el ser del diablo por el conocimiento como nos será posible ponernos a la obra de liberar a estos seres elementales aprisionados, y a nosotros mismos a la vez. Para llegar a ello, lo principal a hacer es cultivar sentimientos de agra-decimiento profundo hacia estos seres que por nosotros se han hecho encantar en las leyes y los procesos de la Naturaleza. Por ello estos seres elementales están enganchados en las fuerzas de la materia. Cuando el ser humano los encadena con él en su subconciente, sin conocerlos ni comprenderlos, se convierten en la presa de Arhimán, que podrá utilizarlos para suscitar en el ser humano (equivocadamente) pensamientos, senti-mientos e impulsos volitivos materialistas. Por esta razón, en la época del alma de conciencia, estos seres comienzan a manifestarse como seres tenebrosos, opositores.

Sin embargo el Yo, desde que reconoce el doble y lo afronta con valor, es de una jerarquía de tal suerte elevada, que la radiación de su fuerza solar hará desaparecer estas tinieblas y podrá reconducir a los seres elementales a su verdadera patria cósmica. Para llegar a ello es preciso el valor y el entusiasmo de establecer una relación espiritual entre nosotros y la Creación. Todo lo que Rudolf Steiner ha escrito en y a propósito de su libro "La ciencia de lo oculto" puede ayudarnos en esto.

¿Cuál será durante la vida terrestre nuestro comportamiento hacia el doble?

Podemos distinguir en la vida humana tres períodos de 21 años; lo que se puede añadir después debe ser considerado como un regalo. Se pueden caracterizar los tres períodos de esta manera: recibir - asimilar - dar.

Durante el primer período de 21 años recibimos todo lo que hace de nosotros un ser humano, las jerarquías superiores edifican el cuerpo en el período embrionario, el medio inmediato hace de nosotros en miembro de una comunidad de semejantes; la vida cultural obra de una serie de generaciones, nos transmite una imagen del mundo. En esta fase el doble está presente en segundo plano, favorece o estorba nuestras posibilidades de recepción y adaptación.

Los casos extremos nos acercan al ámbito de la Pedagogía Terapéutica. ¿Qué se piensa de los autistas, que al principio comienzan a hablar normalmente y enseguida, de golpe y sin causa aparente rompen todo contacto humano, cesan de hablar y se repliegan sobre un mundo de ellos, sombrío y solitario, donde se convierten en esclavos de toda suerte de acciones forzadas?

En tales casos nada más que la profunda comprensión del pedagogo unida a su voluntad espiritual de actuar en el lugar del otro, podrá llevar a la liberación del enfermo. En la Pedagogía Terapéutica se debe desencantar el doble del niño autista, en lugar del niño mismo; un trabajo que no resultará más que dándose enteramente por amor a esta tarea. Pero es igualmente posible cumplir tal trabajo de intercesión para un adulto, acogiendo en sí su doble para liberarlo. En casos extremos, la existencia del doble puede ser, en los adultos, la causa de una escisión de la personalidad, incluso de su abrumamiento. Las etiquetas psiquiátricas en tales casos no sirven de gran cosa; sólo los que rodean a tal persona, desde el psiquiatra hasta la familia y los amigos, pueden ayudar por una profunda comprensión para su ser y por el valor de asumir el sufrimiento en su valor.

Sin embargo no queremos detenernos en estos casos extremos, sino sobre todo ocuparnos del fenómeno normal del doble.

Sabemos por Rudolf Steiner, que la Humanidad en su conjunto ha franqueado el umbral del mundo espiritual, y en consecuencia una parte del ser humano vive ya en el mundo suprasensible. La primera experiencia que se hace es la de las fuerzas, cada vez más perturbadoras, del doble. La industria química de nuestro tiempo ha sabido encontrar una respuesta a esta situación y extrae millones de beneficios. El efecto de los psicofármacos derramados en masa en la población, es cortar a las personas con su experiencia del doble, no de su realidad. Ellos no aportan ninguna solución al ser humano, ningún desarrollo verdadero.

El siguiente período de 21 años, la fase solar de la vida, es la fase de asimilación. Lo que en el período precedente actuaba aún desde la periferia, aparece ahora como problema en el alma. En esta edad se hace la experiencia retrospectiva de los acontecimientos de la juventud, teniendo como ángulo de inflexión la edad de 21 años. El doble se mezcla en la vida interior de cada uno, impregna con sus colores todo problema, toda resistencia interior. En toda etapa evolutiva, del alma sensible, del alma racional y del alma consciente, los problemas relativos al doble reaparecerán y serán revividos en los sufrimientos del trabajo interior. Los sentimientos de impotencia, de depresión, de alienación y de indiferencia, deben ser reconocidos en su origen y valientemente combatidos. Siempre es posible salir y mirar la Naturaleza con los ojos bien abiertos (acordémonos de los ejercicios del "Cultivo práctico de los pensamientos"). Igualmente siempre es posible no ceder al mal humor, ser activo a pesar de los sentimientos de parálisis interior. Sobre todo es en el ámbito social donde podemos ayudarnos mutuamente, por ejemplo organizando grupos de estudio en común o ejercicios de conjunto en el campo artístico. Así uno sostendrá al otro y el efecto de tal trabajo en común será potencialmente más elevado que el de un trabajo en solitario.

Admitamos ahora que en este período intermedio hemos liberado por nuestra actividad y esfuerzo una parte del doble. Entraremos entonces en el tercer período, descargados del peso demasiado pesado proveniente de las fuerzas del doble. Así avanzaremos progresivamente de la etapa de la receptividad y la asimilación a la del don de sí, poniendo a disposición de los demás los frutos de nuestras experiencias personales.

Si hemos omitido reconocer al doble, si lo hemos descartado a fuerza de buscar causas exteriores a nuestras propias faltas, o drogándonos con estupefacientes, alcohol o televisión, la transición hacia el tercer período será muy difícil o fracasará completamente en ciertos casos. Entonces la vida a los 50 o 60 años será una tragedia, se tornará cada vez más sombría y amarga. El doble predominará sobre la personalidad. Entre los 42 y los 49 años es cuando la acción del doble es más intensa, durante la fase marciana de la vida humana. Los demonios de Marte se unirán a las fuerzas del doble o utilizarán estas para penetrar con violencia en la vida humana y eliminar su Yo. Rudolf Steiner ha descrito que al final de la Edad Media, el Buda, por mediación de Christian Rosenkreuz, se sacrificó transfiriendo su morada sobre el planeta Marte, a fin de reintegrar en la corriente de la evolución correcta las fuerzas marcianas retardatarias. Haciendo esto, el Buda mismo pasó por una especie de muerte y resurrección, con la intención de transformar las fuerzas agresivas que posee Marte, en fuerzas de compasión. Sin embargo todos los demonios de Marte no han sido liberados, y una parte de ellos se opone siempre a la independencia del Yo humano.

¿En qué se convierten, entre los 42 y los 49 años de la vida humana, las fuerzas del doble sin liberar? Ellas se despertarán con agresividad en nuestra alma, serán agresivamente llamadas a nuestro alrededor, a nuestro entorno humano, se hallarán pegadas, podríamos decir, contra el ambiente, y veremos el mundo a través de los anteojos coloreados de nuestros propios fracasos, nuestra impotencia, nuestras depresiones, nuestra voluntad paralizada. ¡Es fuera de nosotros donde se encuentra la culpa de esto! Todas las relaciones humanas, en especial la vida conyugal pasarán por una crisis peligrosa. En el ejercicio de mi profesión, desgraciadamente, he estado a menudo implicado en situaciones conyugales que han terminado en divorcio.

He podido tener la experiencia de que no eran dos seres humanos los que disputaban y combatían, sino dos dobles. Cada uno, entonces, no ve sino el doble del otro, y se pronuncia en este sentido. Este otro se siente pro-fundamente herido y despreciado en su ser verdadero, por lo cual deja de ver el ser verdadero del compañero o compañera de su vida, sino su doble, que se ha deslizado entre ellos de forma que los dos se sentirán heridos e incomprendidos.

Cuando se ha tenido largas conversaciones con los dos compañeros, se acaba por experimentar el sentimiento desesperante de que dos seres humanos valiosos se ven en un espejo deformante y combaten recíprocamente sus imágenes deformadas.

Estad por tanto prevenidos. Esta fase de la vida es de la mayor importancia. Jugad el todo por el todo y liberad al doble, comenzando (o renovando) un trabajo sobre sí mismo siguiendo el camino del desarrollo interior. Sin embargo estas mismas fuerzas de Marte comportan otro peligro: el de ser demasiado fanáticos en este trabajo y pasar por recaídas. Nadie puede evitar esta fase marciana de la vida, cada uno debe saber atravesarla a su manera, y saber que sólo pueden ayudar aquí las cualidades de compasión, de tolerancia, de positividad que Rudolf Steiner ha expuesto como sendero séxtuple en el libro ?Cómo se adquiere el conocimiento de los mundos superiores, o la iniciación?. Una vez atravesado este período agitado, la fase siguiente, la de Júpiter, llevará a la tranquilidad y el equilibrio. Pero a la edad de 56 años, al comienzo del período de Saturno, todos los problemas volverán. Se diría que una vez más todo debe ser revivido, padecido de nuevo y que sólo ahora todo esto puede verdaderamente pasar por una muerte y una resurrección.

Problemas que se han creído resueltos desde hace largo tiempo, vuelven a la superficie, pero en el presente aparecen bajo una forma existencial, se trata de "ser o no ser". Sentimientos de impotencia y melancolía profundas pueden reaparecer en el alma, pero también un calor y una devoción nuevas, una verdadera tolerancia en el amor del mundo.

Aquí se sitúa también la última posibilidad de liberar al doble. Las posibilidades que habrá después del año 63, que llegarán entonces, están en relación con lo que se habrá cumplido antes. La liberación o no liberación de lo imperfecto. Se podrá entonces conducir la vida haciendo don de sí, o bien llevar una vida rutinaria, convencional, banal.

Incluso entonces existe la posibilidad de desarrollarse, pero tengo la impresión de que el problema del doble juega ahora otra función. Se puede aprender a vivir no ocupándose más del antiguo doble y esforzarse en adquirir conocimientos y posibilidades en vista de la próxima encarnación.

Tiene importancia otro punto de vista. Enseñando a los niños a interesarse por al Naturaleza, a considerarla religiosamente, se despertarán en sus almas disposiciones que ayudarán más tarde a liberar el doble en el período intermedio de sus vidas, por decirlo así, sin que se aperciban de ello. Es una de las grandes tareas de la pedagogía steineriana, en la edad escolar y pre-escolar. Si el niño durante estos años no recibe una enseñanza impregnada de religión, sino al contrario, una enseñanza abstracta, no tendrá punto de apoyo interior para dominar sus humores cambiantes, sus caprichos, la inercia de su voluntad.

La liberación del doble será un problema central en los siglos venideros. Si no tuviera lugar, la Humanidad no será capaz incluso de elevarse a la conciencia del Yo Espiritual, que forma el fundamento de la evolución futura sobre Júpiter.

NOTA

El profesor Lievegoed es médico y fundador de numerosos institutos de pedagogía terapéutica en Holanda y del National Pedagogic Institute Holandés, dedicado a la organización de empresas industriales. Es el presidente de la Sociedad Antroposófica de los Países Bajos.

Este texto apareció en Mededelinguen van de Anthroposofische Vereiging in Nederland, en noviembre de 1974.

Fue traducido al francés y reproducido en Das Goetheanum. Ha sido ligeramente reducido al ser traducido al francés.

Traducción: Román García Lampayo

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