Operaciones del 2º ejército: la segunda batalla de Castalla



Despliegue del 2º ejército


Alojábase por lo comun el cuartel general del segundo ejército en Murcia, á las órdenes de don Francisco Javier Elío, apoyándose para sus operaciones en las plazas de Cartagena y Alicante, y consistiendo su fuerza en 34.900 hombres de infantería y 3.400 de caballería, distribuidos en seis divisiones, que regian D. Francisco Miyares, D. Pedro Villacampa, D. Pedro Sarsfield, D. Felipe Roche, don Juan Martin el Empecinado, y D. José Durán, si bien alguna de ellas varió despues de jefe. Contábanse por separado, y pernanecian en Alicante y sus alrededores, la expedicion anglo-siciliana y la division mallorquina del mando de Whittingham.

Las de Sarsfield, Villacampa, el Empecinado y Durán fueron las que, sosteniéndose en Aragon, guerrearon más en el invierno, arrimándose las de los dos primeros á Cataluña para favorecer aquellas maniobras, la del tercero á Soria y Navarra, y la del cuarto y último á Castilla la Nueva, poniéndose á veces todas de concierto para hacer incursiones, que distraian al enemigo y le hostigaban. Parecidas estas peleas á las muchas ya referidas del mismo linaje, inútil se hace entrar aquí en sus pormemores, particularmente no habiendo entre ellas ninguna muy señalada, aunque molestas siempre al enemigo por doquiera, y en Madrid mismo, á cuyas puertas acercábase el Empecinado á la manera de ántes, é interceptaba las comunicaciones con pueblos tan vecinos como Alcalá y Guadalajara, burlándose de los ardides y evoluciones que para destruirle verificó en Abril el general Soult.

La división anglosiciliana y la división mallorquina de Whittingham


Hubiera valido más se redujesen á semejantes correrías las operaciones de este segundo ejército hasta que se abriese la campaña general proyectada por lord Wellington; pero el acaso, ó más bien reprensible negligencia, empeñóle en refriegas, en las que tocó desgraciadamente la peor parte á las divisiones suyas, que se albergaban en Murcia, cuyos cuerpos habian comenzado á moverse en Marzo, de acuerdo con la division mallorquina del mando de Whittingham y la expedicion anglo-siciliana. Aquélla tenía ahora unos 8.939 infantes y 1.167 caballos, hallándose la última reforzada con 4.000 hombres que en Diciembre anterior habia traido de Palermo el general J. Campbell: mandaba á ésta en la actualidad sir Juan Murray, despues de haber pasado su gobernacion por las manos de Clinton y del mismo Campbell, ausente ya su primer caudillo el general Maitland por causa de enfermedad. Lord Guillermo Bentinck era el destinado para ponerse al frente, mas retardó su viaje, ocupado en Sicilia en otros asuntos: por manera que á esta porcion del ejército británico le cupo la misma suerte, en cuanto al mando, que al otro suyo de Portugal en 1808, pendiendo la sucesion rápida ocurrida en los jefes, de accidentes inesperados y de abusos y descuidos que nunca faltan áun en los mejores gobiernos.

Avance aliado


Avanzando los aliados, formaron una línea que corria desde Alcoy á Yecla por Castalla, Biar y Villena, conservando tropas en Sax y Elda. Aquí estaba el general Roche con su division; en Yecla, ocupando la izquierda, D. Fernando Miyares, de que era centro Castalla, guarnecida por el general Murray; y la derecha Alcoy, que cabria D. Santiago Whittingham, quien primero se habia posesionado, en 15 de Marzo, de aquel pueblo, arrojando á los franceses y dilatando sus movimientos hasta Concentaina, en donde hizo un reconocimiento de venturosas resultas, con pérdida para el enemigo de anos 100 hombres. La reunion amenazadora de estas tropas, y el temor de que se engrosasen cada vez más, obligó al mariscal Suchet á vivir muy sobre aviso, y dispuesto á no desperdiciar ocasion de precaver los intentos hostiles de los españoles.

Los planes de Suchet: combates de Yecla, Villena y Biar


Acechábala el frances, y le pareció llegada en los primeros dias de Abril, bien informado de la distribución de las tropas de los aliados y de cuáles eran las más flacas por su organizacion y disciplina. Creia se hallaban en este caso las de la division apostada en Yecla á las órdenes de Miyares, y trató Suchet de cogerla entera, confiado, ademas, en nuestro habitual descuido y en la distancia que la separaba de los otros cuerpos. Escogió con este propósito lo más florido de su gente, y juntóla el 10 de Abril por la noche en Fuente la Higuera, en cuyo pueblo repartida en dos trozos, mandó marchase uno de ellos, en donde él iba, compuesto de la division del general Habert y de otras fuerzas con golpe de caballería, la vuelta de Villena, y que el otro, formado de la division que regía Harispe, cayese rápidamente y á las calladas sobre Yecla y sobre los españoles allí situados. No pudieron los enemigos marchar tan silenciosamente que no fuesen sentidos de los nuestros, los cuales al aparecer aquéllos poníanse ya en camino con direccion á Jumilla. Eran los de Miyares de 3 á 4.000 peones y pocos jinetes; más los franceses, quienes atacando el 11 muy de mañana y de recio, encontraron en los nuestros resistencia hidalga, trabándose la pelea dentro del mismo pueblo, áun no evacuado del todo, cuyas calles defendieron á palmos los regimientos de Búrgos y de Cádiz, replegándose en seguida á una ermita cercana. Junta entónces la division, pasando de loma en loma, retirábase en buen órden, disputando con brío cada puesto, cuando impaciente Harispe, y queriendo desconcertar á los españoles , apresuró su carga é hizo punta de sus tropas sobre el centro nuestro, que cansado y perdiendo la conveniente serenidad, flaqueó en disposicion, que, rota la línea, cundió el desánimo, echándose unos atrás precipitadamente, y arrojándose otros al llano, en donde, si bien lidiaron largo rato sustentando la militar honra, rodeados y opresos, muertos y heridos muchos, tuvieron los demas que deponer las armas en número de unos 1.000 con 68 oficiales y el coronel D. José Montero.

Entre tanto, siempre en vela Suchet, manteníase en Caudete, ya para reforzar, si era necesario, á los suyos de Yecla, ya para impedir cualesquiera socorros que enviasen Murray y Elío. Continuó en aquel sitio miéntras alumbró el sol; pero adelantándose á explorar su estancia caballería inglesa, movióse el frances á la caida de la tarde, y llegó á Villena despues de oscurecido. Retiráronse á su avance los jinetes británicos; mas Elío, á pesar de instancias juiciosas que se le hicieron, dejó en el antiguo y mal acomodado castillo de aquélla ciudad, sito en la cumbre del cerro apellidado de San Cristóbal, al batallon de Vélez Málaga, que mandaba su coronel, D. José Luna. Imaginóse se hallaba éste provisto de suficientes municiones de boca y guerra para mantenerse firme durante dos ó tres días, y sobre todo, que el enemigo no acometeria aquel sitio antes de que despuntase el dia 12. Persuasion liviana tratándose de contrarios tan audaces y prestos como son los franceses. Fué en vano pensar en contenerlos: no dieron vagar, pues hundiendo las puertas á cañonazos, penetraron en Villena muy luégo, y á poco tuvieron que capitular los del castillo. Eran sobre 1.000 hombres.

Anhelando el mariscal Suchet no pararse en carril tan venturoso, dió principio en el mismo día 12 á sus acometidas contra los ingleses. Tenian éstos su vanguardia, capitaneada por Federico Adam, en el puerto y angosturas de Biar, con órden de replegarse á Castalla, disputando ántes al enemigo el paso. Cumpliéronlo así aquellos soldados, y su jefe mostró pericia suma, apresurando su retirada tan sólo al caer de la noche, si bien despues de haber perdido alguna gente, y tenido que abandonar dos cañones de montaña. Posesionáronse los enemigos de Biar, y se acamparon á la salida que va á Castalla; en donde, ufanos con los lauros conseguidos, aguardaron impacientes la llegada del dia, seguros casi de coger otros mayores, y de singular y gustosa prez para ellos, por ser ganados en parte contra ingleses.

 

La campaña de Castalla ‎(1813)‎

 La ofensiva de Suchet de abril de 1813



2º batalla de Castalla


No abatido por su lado el general Murray, preparóse á hacer rostro á sus contrarios tranquila y confiadamente. Colocó la division mallorquina de Whittingbam con la vanguardia, que guiaba el coronel Adam, en unas alturas á la izquierda, roqueñas y de escabrosa subida, que terminan en Castalla, á cuya poblacion, puesta á la raíz de un monte coronado
por un castillo, la encubria en ruedo la division del general Mackenzie y un regimiento de la de Clinton. Seguia lo restante de la fuerza de éste por la derecha, sirviéndole de resguardo naturales defensas, y de reserva tres batallones de la gente de don Felipe Roche. Habian los aliados construido por acá, y al frente del castillo, diversas baterías. No se hallaba presente, ni tampoco acudió á la accion que se preparaba, el general Elío, retirado en Petrel con algunos batallones despues de lo acaecido
en Villena.

Amaneció, por fin, el dia 13, y desembocando el enemigo de las estrechuras de Biar, desplegó sus fuerzas por la hoya de Castalla, fecunda y en productos rica. Ascendian éstas á 18.000 infantes y 1.600 caballos. No inferiores los nuestros en número, éranlo bastante en jinetes. Empezó Suchet el combate explorando el campo y enviando hácia Onil la caballería. Luégo, teniendo fijo su principal conato en trastornar la izquierda de los contrarios, soltó 600 tiradores acaudillados por el coronel d’Arbod, con órden de que trepando por la posicion arriba la envolviesen y dominasen. Al mismo tiempo amagó el mariscal frances á losaliados por lo largo de toda la línea, ostentando gallardía y mucha firmeza. Corrieron en aquel trance los nuestros algun riesgo, debilitada la izquierda por la ausencia momentánea de D. Santiago Whittingham, que se habia alejado poco ántes para hacer un reconocimiento; pero á dicha y oportunamente llegó de Alcoy con fuerza D. Julian Romero, quien reprimió la audacia de los enemigos, que ya se encaramaban á las cimas. Tambien Whittingham, noticioso de lo que ocurria, tornó á su puesto, y él y Adam y los demas arrollaron á los acometedores, quedando muerto el coronel d’Arbod. Infructuosamente envió en apoyo de los suyos el mariscal Suchet al general Robert con cuatro batallones: todos ellos bajaron desgalgados la montaña, y muchos coloraron con sangre el suelo. Whittingham y Adam, principales jefes, alentaban á la tropa, que por la mayor parte era española, dándole ellos mismos ejemplo, y lo propio los que mandaban en las cumbres, Romero, Casas, Campbell, Casteras y el teniente coronel Ochoa, brillando á cual más todos, no sólo en denuedo, sino tambien en habilidad y destreza; porque, á dicho de nuestros antiguos , «las fuerzas del cuerpo non pueden ejercer acto loado de fortaleza, si non son guiadas por corazon sabidor.» Igualmente se le malogró al frances el amago que habia hecho contra el centro y derecha de los anglo-sicilianos; por lo que recogiendo Suchet su gente, la apostó en escalones, apoyándola por retaguardia en la division del general Harispe, y defendiéndola por el frente con la artillería que plantó en las entradas del camino de Biar.

Entónces más animoso Murray, resolvió avanzar, y lo verificó en dos líneas, dejando en las alturas las tropas de su izquierda, y cubriendo su derecha con la caballería. Pero intimidado Suchet, no se detuvo en la hoya ó valle, sino que triste tornó á cruzar por la tarde un desfiladero, que, como decía Murray en su parte, habia atravesado por la mañana triunfante y alegre. Prosiguió Suchet retirándose hácia Villena, y no paró hasta Fuente la Higuera y Onteniente; volviéndose los aliados, anochecido ya, á sus estancias de Castalla. Perdieron los franceses en esta jornada algo más de 1.000 hombres, nosotros 670, la mayor parte españoles, como que representaron allí el más glorioso y sobresaliente papel, despicándose del golpe recibido en los días anteriores; que son nuestros soldados bravos é intrepidos, siempre que los guian caudillos de buen entendimiento y brío. Procuró Suchet ocultar su descalabro presentan-do con cuidadoso estudio por los caminos de Valencia y Cataluña, á manera de trofeo, los prisioneros de Villena y Yecla. Bien lo necesitaba para mantener en alguna quietud los pueblos, muy conmovidos con lo que pasaba en España y en toda Europa, y con lo que se preveia. Empezó Suchet en Castalla á probar los reveses de la fortuna, tan propicia para él hasta entónces; pero que vária y antojadiza, adversa ya á las armas francesas, perseguíalas en muchas partes, y les preparaba en todas largosdías de entristecimiento y luto

 

Batalla de Castalla ‎(13 de abril de 1813)‎

 

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