La campaña de los Arapiles



Mirar antes: Combate de Bornos (1 de junio de 1812) , golpe de mano en Almaraz

El ejército de wellington se pone en movimiento (13 de junio de 1812)

Rumbo cierto, y que conducia á puerto más seguro y cercano, tomó ahora la guerra peninsular. Decidido lord Wellington á obrar activamente en lo interior de Castilla, constituyóse, por decirlo así, centro de todos los movimientos militares, que si bien eran ántes muchos y gloriosos, carecian de union, y no estribaban en una base sólida, cual se requiere en la milicia para alcanzar prontos é inmediatos resultados.Empezó el general inglés su marcha, y levantó sus reales de Fuente-Guinaldo el 13 de Junio. Llevaba repartido su ejército en tres columnas; la de la derecha, mandada por el general Graham, tomó el camino de Tamámes; la del centro, á cuyo frente se divisaba lord Wellington, el de San Muñoz, y se dirigió al de Sancti-Spíritus la de la izquierda, mandada por Picton. Agregábase á la última la fuerza de D. Cárlos de España, que formaba como una cuarta columna. 

Despliegue francés justo antes del comienzo de la campañade los Arapiles


Asedio a los fuertes de Salamanca (17-27 de junio de 1812)

El 16 se pusieron los aliados sobre el Valmuza, riachuelo á dos leguas cortas de Salamanca, cuya ciudad evacuó aquella noche el ejército enemigo, yendo la vuelta de Toro, despues de dejar unos 800 hombres en las fortificaciones erigidas sobre las ruinas de conventos y colegios que los mismos franceses habían demolido.
Tres eran los puntos fortalecidos que se contaban en Salamanca, defendiéndose uno á otro por su posicion y distancia: el principal el de San Vicente, trazado en el sitio del colegio de benedictinos del propio nombre, que se hallaba colocado en el vértice del ángulo anterior de la antigua muralla sobre un peñasco perpendicular al rio. Habían los franceses tapiado y aspillerado las ventanas del edificio, y unídole por cada lado con el antiguo recinto, tirando unas líneas que amparaban foso y camino cubierto, con escarpas y contraescarpas revestidas de mampostería. No resultaba encerrado dentro de aquéllas el ángulo entrante del convento, y por eso le cubrieron con una batería de faginas, protegida de una pared ó muro atronerado, que tenía, ademas, por delante una empalizada.
A la distancia de 250 varas levantábanse los otros dos fuertes ó reductos, el de San Cayetano y el de la Merced; el último cercano al rio. Llamábanse así por haberse formado con los escombros de dos conventos de la misma denominacion, dispuestos por los franceses de manera que se convirtieron en dos fuertes con escarpas verticales, fosos profundos y contraescarpas acasamatadas. Construyéronse várias obras á prueba de bomba, y otros reparos.
En el espacio intermedio de los puntos fortificados y en su derredor, como igualmente en otros parajes, habian derribado los franceses, para despejar el terreno ó con otros intentos, muchos de los famosos edificios que adornaban á Salamanca. De veinte y cinco colegios hubo veinte y dos más ó ménos arruinados, señaladamente los de Cuenca y Oviedo, fundacion de los ilustres prelados Villaescusa y Muros; y el del Rey, magnífico monumento erigido en el reinado de Felipe II, segun el plan del muy entendido arquitecto Juan Gomez de Mora. ¡Suerte singular yadversa, que cuanto la piedad y la ciencia de los  españoles habia levantado en aquella ciudad, morada célebre del saber, casi todo fuese destruido ó trastornado por la mano asoladora de soldados de Francia, nacion, por otra parte, tan humana y culta!
Servian las fortificaciones allí construidas, no precisamente para reprimir á los habitadores de Salamanca, sino más bien para vigilar el paso del Tórmes y su puente, antigüedad romana de las más notables de España. Como le dominaban los fuegos del enemigo, tuvieron los ingleses que pasar el rio el dia 17 por los vados del Canto y San Martin, asediando despues é inmediatamente los fuertes; para cuyo objeto destinaron la sexta division del cargo del general Clinton. Al penetrar los aliados por la ciudad, prorumpieron los vecinos en increíbles demostraciones de júbilo y alegría, no pudiendo contener sus pechos, aliviados repentinamente de la opresion gravosa que los había molestado durante tres años.Corrian todos á ofrecer comodidad y regalos á sus libertadores; y á la hora del pelear hasta las mujeres anduvieron solícitas, sin distincion de clase, en asistir á los heridos y enfermos. Superabundaron á los aliados en Salamanca víveres y todo lo necesario, especialmente buena y desinteresada voluntad, muestra del patriotismo de Castilla, que les causó profunda y apacibilisima sensacion.
Los 800 franceses que guarnecian los fuertes habian sido entresacados de lo más granado del ejército, y sus jefes eran mirados como selectos: al paso que los aliados, azarosos en esto del sitiar, se sorprendieron al ver obras más robustas de lo que se imaginaban, hallándose, por tanto, desprevenidos para atacarlas, sin municiones ni tren correspondiente.
Conociendo la falta, dieron modo de abastecerse de Almeida, principiando, empero, los trabajos y el fuego, que continuaron hasta el 20, en cuyo dia tornó á aparecer el mariscal Marmont, apoyada su derecha en el camino real de Toro, su izquierda en Castellanos de los Moriscos, y colocado el centro en la llanura intermediata. Los aliados se situaron enfrente, teniendo la izquierda en un ribazo circuido por un barranco, el centro en San Cristóbal de la Cuesta, y la derecha en una eminencia que hacia cara al Castellanos nombrado. Permanecieron en mutua observacion ambos ejércitos el 20, 21 y 22, sin más novedad que una ligera escaramuza en este día.
Tomaron, por su parte, diversas precauciones los sitiadores de los fuertes, desarmaron las baterías, y pasaron los cañones al otro lado del rio. Sin embargo, el 22 levantaron una nueva, con intento de aportillar la gola del reducto de San Cayetano, y con la esperanza, de apoderarse de esta obra, cuya ocupacion facilitaria la toma de San Vicente, la primera y más importante de todas. Maltratado el parapeto y la empalizada de San Cayetano, resolvieron los sitiadores escalar el fuerte el 23, como asimismo el de la Merced, mas se les malogró la tentativa, pereciendo en ella 120 hombres y el mayor general Bowes.
En el propio dio Marmont, que ansiaba introducir socorro en los fuertes varió de posicion, tomando otra oblicua, de que se siguió quedar alojada su izquierda en Huerta de Tórmes, su derecha en las alturas cerca de Cabezavellosa, y el centro en Aldearubia. Lord Wellington, para evitar que al favor de este movimiento se pusiesen los enemigos en comunicacion con los fuertes por la izquierda del Tórmes, mudó tambien el frente de su ejército, prolongando la línea, de forma que cubriese completamente á Salamanca, y pudiese ser acortada en breve, caso de una reconcentracion repentina: se extendian los puestos avanzados á Aldealengua.
El 24, ántes de la aurora, 10.000 infantes franceses y 1.000 jinetes cruzaron el Tórmes por Huerta; contrapúsoles Wellington su primera y séptima division, que pasaron tambien el rio al mando de sir Thomas Graham, juntamente con una brigada de caballería: se apostó lo restante del ejército inglés entre Castellanos y Cabrerizos. Hora de mediodía sería cuando avanzó el enemigo hasta Calvarasa de Abajo; mas vislumbrando á sus contrarios apercibidos, y que éstos le seguian en sus movimientos, paróse, y tornó muy luégo á sus estancias del 23.
Entre tanto recibieron los ingleses el 26 las municiones y artillería que aguardaban de Almeida, y renovaron el fuego contra la gola del reducto de San Cayetano, en la que lograron romper brecha á las diez de la mañana del día siguiente: al propio tiempo consiguieron tambien incendiar, tirando con bala roja, el edificio de San Vicente.
En tal apuro, los comandantes de todos tres fuertes dieron muestra de querer capitular; pero sospechando Wellington que era ardid, á fin de ganar tiempo y apagar el incendio, sólo les concedió cortos minutos para rendirse, pasados los cuales ordenó que sin tardanza fuesen asaltados los reductos de San Cayetano y la Merced. Se apoderaron los aliados del primero por la brecha de la gola, del segundo por escalada. Entónces el comandante del fuerte de San Vicente pidió ya capitular, y Wellington accedió á ello, si bien enseñoreado de una de las obras exteriores. Quedó prisionera la guarnicion, y obtuvo los honores de la guerra. Cogieron los ingleses vestuarios y muchos pertrechos militares, pues los enemigos habian considerado por muy seguros aquellos depósitos, en cuyas obras habian trabajado cerca de tres años, y expendido sumas cuantiosas.
Eran acomodados los fuertes para resistir á las guerrillas, comprimir cualquier alboroto popular y evitar una sorpresa, no para contrarestar el ímpetu de un ejército como el aliado. Despues de la toma se demolieron por inútiles, lo mismo que otras obras que habian levantado los franceses en Alba de Tórmes, de donde, escarmentados, sacaron á tiempo la guarnicion. El mariscal Marmont, que no parecia sino que había acudido a Salamanca a presenciar la entrega de los fuertes se alejó la noche del 27, llevando distribuida su gente en tres columnas, una la vuelta de Toro, las otras dos hácia Tordesillas. Al retirarse, pusieron fuego los franceses á los pueblos de Huerta, Bavila-Fuente, Villoria y Villoruela: causaron estrago en los demas, y talaron y quemaron la cosecha, que ofrecia rico y precioso esquilmo.

fuertes de Salamanca


Los ejércitos maniobran

Prosiguieron los ingleses en su marcha el 28 tras sus contrarios, y poniéndose sobre el Trabancos, se alojó su vanguardia en la Nava del Rey.
Tampoco se pararon aquí los franceses, juzgando prudente, ántes de emprender cosa alguna, aguardar refuerzos de su ejército del Norte, por lo cual, hostigados de los ingleses, atravesaron el Duero en Tordesillas el día 2 de Julio por su hermoso puente, de estructura, segun se cree, del tiempo de los Reyes Católicos. Situáronse en esta nueva estancia, apoyando su derecha enfrente de Pollos, el centro en el mismo Tordesillas, y la izquierda en Simáncas sobre Pisuerga. No desaprovechó Marmont aquí su tiempo, y tardando en llegar los refuerzos del ejército del Norte, viendo tambien que la superioridad inglesa consistia principalmente en su caballería, trató de aumentar la suya propia, despojando de sus caballos á los que no correspondia tenerlos por ordenanza, y lo mismo á los que gozando de este derecho se hallaban con un número excedente de ellos, por cuyo medio aumentó su fuerza con más de 1.000 jinetes. Tambien se aumentó ésta con la division de Bonnet, que se juntó al ejército frances el 7 de Julio, viniendo de Astúrias por Reinosa. Animado con esto Marmont, y sabedor ademas de que el sexto ejército español, saliendo de Galicia, daba muestra de venir sobre Castilla, decidió repasar el Duero, y acercarse al inglés para empeñar batalla. Pero receloso de cruzar aquel rio en presencia de ejército tan respetable, efectuó ántes marchas y contramarchas desde el 13 al 16 de Julio, encaminándose orilla abajo hácia Toro, en donde empezó á ocuparse en reparar el puente que habia destruido.
Durante este tiempo, lord Wellington había colocado en un principio su derecha en La Seca, y su izquierda en Pollos. Aquí existe un vado, no muy practicable entónces para la infantería, así por su naturaleza, como por el lugar en que se alojaba el enemigo. No ofrece el Duero en su curso desde la union del Pisuerga, y quizá desde más arriba hasta la del Esla, muchos parajes cómodos y apropiados para cruzarle delante de un enemigo que ocupe la derecha. Corre en gran parte por llanuras bastante anchas, sólo ceñidas por ribazos y alturas más ó ménos lejanas del rio, resultando de aquí que el sitio más acomodado para pasarle en todo aquel terreno, teatro a la sazón de los ejércitos beligerantes era el de  Castro-Nuño, dos leguas corriente arriba de Toro, en donde se divisa un buen vado y una curva que forma el terreno, propicia á las operaciones de tropas que enseñoreen la márgen izquierda.
Pensaba lord Wellington en verificar el paso, cuando advirtiendo el movimiento de Marmont hácia Toro, y áun noticioso de que algunas fuerzas francesas atravesaban el Duero el dia 16 por el puente de aquella ciudad, se corrió sobre su izquierda, y trató de reconcentrarse á las márgenes del Guareña. Con efecto, hizo maniobrar en este sentido á todo su ejército, excepto á las divisiones primera y ligera, con una brigada de caballería á las órdenes de sir Stapleton Cotton, fuerza apostada en Castrejon.

Combate de Alaejos (18 de julio de 1812)

Pero el mariscal frances, contramarchando entónces rápidamente, se dirigió en la noche del 16 al 17 sobre Tordesillas, cruzó el rio, y juntó todo su ejército en la mañana del mismo día en la Nava del Rey, habiendo andado sin parar no ménos de diez leguas. Con tan inesperado movimiento, no sólo consiguió repasar el Duero y burlar la vigilancia de los ingleses, sino que puso casi á merced suya á Cotton, muy separado del cuerpo principal del ejército británico. Así fué que al amanecer del 18 le atacaron los franceses, y áun rodearon la izquierda de su posicion por Alaejos. Dichosamente pudo Cotton, á pesar de fuerzas tan superiores, mantenerse firme, y dar tiempo á que acudiesen refuerzos de Wellington, que le ayudaron á replegarse ordenadamente, si bien hostigado por retaguardia y flanco, á Torrecilla de la Orden, y de allí á incorporarse al grueso del ejército aliado.

Combate de Castrillo de Guareña (18 de julio de 1812)

Colocáronse enseguida los franceses en unas lomas á la derecha del Guareña, y Wellington, despues de situar en otras opuestas tres de sus divisiones, decidió que lo restante de su ejército atravesase aquel rio por Vallesa, para impedir que el enemigo envolviese su derecha, como intentaba. Atravesó éste tambien dicho rio Guareña por Castrillo, tratando el general Clausel, que mandaba una de las columnas principales, de apoderarse de cierta situacion ventajosa, y caer sobre la izquierda inglesa; operacion que se le frustró con pérdida de bastantes prisioneros, entre ellos el general Carrier.

Los ejércitos se aproximan a Salamanca

El 19, ya en la tarde, sacó el enemigo muchos cuerpos de su derecha y los trasladó á la izquierda, lo que obligó á Wellington á ejecutar maniobras análogas con el objeto de inutilizar cualquiera tentativa de sus contrarios. Se preparó tambien el general inglés á admitir batalla, si se la presentaban los franceses en las llanuras de Vallesa.No era todavía tal la intencion del mariscal enemigo, quien más bien quería maniobras que aventurar accion alguna. Así fué que en el dia 20 se puso todo el ejército frances en plena marcha sobre su izquierda, y obligó á Wellington á emprender otra igual por su propia derecha, de que resultó el singular caso de que dos ejércitos enemigos, no detenidos por ningun obstáculo, y moviéndose por líneas paralelas á distancia cada uno de medio tiro de cañon, no empeñasen entre sí batalla ni reencuentro notable. Marchaban ambos aceleradamente y en masas unidas. Uno y otro se observaban, aguardando el momento de que su adversario cayese en falta.

Movimientos previos a la batalla de los Arapiles



Batalla de los Arapiles

Amaneció el 21, y reconcentrando lord Wellington su ejército hácia el Tórmes, se situó de nuevo en San Cristóbal, á una legua de Salamanca, posicion que ocupó durante el asedio de los fuertes. Los franceses pasaron aquel rio por Alba, en donde dejaron una guarnicion, alojándose entre esta villa y Salamanca. Atravesaron los aliados en seguida el Tórmes por el puente de la misma ciudad y por los vados inmediatos, y sólo apostaron á la márgen derecha la tercera division con alguna caballería. Entónces se afianzó Wellington en otra posicion nueva: apoyó su derecha en un cerro de dos que hay cerca del pueblo, llamado de los Arapiles, y la izquierda en el Tórmes, más abajo de los vados de Santa Marta.
Los franceses, situados al frente, estaban cubiertos por un espeso bosque, dueños desde la víspera de Calvarasa de Arriba, y de la altura contigua apellidada de Nuestra Señora de la Peña. A las ocho de la mañana desembocó rápidamente del mencionado bosque el general Bonnet, y se apoderó del otro Arapil, apartado más que el primero de la posicion inglesa, pero muy importante por su mayor elevacion y anchura. Descuido imperdonable en los aliados no haberle ocupado ántes; y adquisicion ventajosísima para los franceses como excelente punto de apoyocaso que se trabase batalla. Conoció su yerro lord Wellington, y por lo mismo trató de enmendarle retirándose, no siéndole fácil desalojar de allí el enemigo, y temiendo tambien que le llegasen pronto á Marmont refuerzos del ejército frances del Norte, y otros del llamado del centro, con el rey José en persona.
Pero presuntuoso el mariscal frances, probó en breve estar léjos de querer aguardar aquellos socorros. En efecto, empezó á maniobrar y girar en torno del Arapil grande en la mañana del 22, ocupando ambos ejércitos estancias paralelas. Constaba el de los franceses, despues que se le habia unido Bonnet, de unos 47.000 hombres; lo mismo, poco más ó ménos, el de los anglo-portugueses. Apoyaba éste su derecha en el pueblo de los Arapiles, delante del cual se levantan los dos cerros del propio nombre, ya indicados; y su izquierda en Santa Marta. Afianzaba aquél sus mismos y respectivos costados sobre el Tórmes y Santa María de la Peña; Wellington trajo cerca de sí las fuerzas que habia dejado al otro lado del rio, y las colocó detras de Aldea Tejada, al paso que los franceses, favorecidos con la posesion del Arapil grande, iban tomando una posicion oblicua, que á asegurarla, fuera muy molesta para los aliados en su retirada.
Dióse prisa por tanto Wellington á emprender ésta, y la comenzó á las diez de la mañana, ántes de que los contrarios pudiesen estorbar semejante intento. En él andaba, cuando observando las maniobras del enemigo, advirtió que queriendo Marmont incomodarle y estrecharle más y más, prolongaba su izquierda demasiadamente. Entónces, con aquel ojo admirable de la campaña, tan sólo dado á los grandes capitanes, ni un minuto transcurrió entre moverse el enemigo, notar la falta el inglés, y ordenar éste su ataque para no desaprovechar la ocasion que se le presentaba.
Fué la embestida en la forma siguiente: reforzó Wellington su derecha, y dispuso que la tercera division bajo del general Packenham, y la caballería del general d’Urhan con dos escuadrones más, se adelantasen en cuatro columnas, y procurasen envolver en las alturas la izquierdadel enemigo, miéntras que la brigada de Bradford, las divisiones quinta y cuarta del cargo de los generales Leith y Cole, y la caballería de Cotton le acometian por el frente, sostenidas en reserva por la sexta division del mando de Clinton, la séptima de Hope, y la española regida por D. Cárlos de España. Las divisiones primera y ligera se alojaban en el ala izquierda, y sonaban como de respeto. Ademas debia apoyar el general Pack la izquierda de la cuarta division, y arremeter contra el cerro del Arapil, que enseñereaba el enemigo. Correspondió el éxito á las buenas disposiciones del general aliado. Flanqueó Packenham al frances, y arrolló cuanto se le puso por delante. Las divisiones inglesas que atacaron al centro enemigo desalojaron las tropas de éste de una en otra altura avanzando á punto de amenazar sus costados. No fué permitido, con todo, al general Pack apoderarse del Arapil grande, aunque le asaltó con el mayor denuedo: sólo distrajo la atencion de los que lo ocupaban.

Batalla de los Arapiles ‎(22 de julio de 1812)‎: parte 1


En aquella hora, que era la de las cuatro y media de la tarde, al ver el mariscal Marmont arrollada una de sus alas y mal parado el centro; se dirigió en persona á restablecer la batalla; mas su mala estrella se lo impidió, sintiéndose en el mismo instante herido gravemente en el brazo y costado derecho: la misma suerte cupo á su segundo el general Bonnet, teniendo al cabo que recaer el mando en el general Clausel.
Contratiempos tales influyeron siniestramente en el ánimo de las tropas francesas; sin embargo, reforzada su izquierda, y señoras todavía los mismas del Arapil grande, hicieron cejar, muy maltratada, á la cuarta division inglesa. Relevóla inmediatamente Wellington con la sexta, é introdujo de nuevo allí buena ordenanza, á punto que ahuyentó á los franceses de la izquierda, obligándolos á abandonar el cerro del Arapil. Manteníase, no obstante, firme la derecha enemiga, y no abandonó su puesto sino á eso del anochecer. Entónces comenzó á retirarse ordenadamente todo el ejército frances por los encinares del Tórmes. 

Batalla de los Arapiles ‎(22 de julio de 1812)‎: parte 2


Persiguióle Wellington algun tanto, si bien no como quisiera, abrigado aquél de la oscuridad de la noche. Repasaron los enemigos el rio sin tropiezo, y continuaron los aliados el alcance. Cargaron éstos á la retaguardia francesa el 23, la cual, abandonada de su caballería, perdió tres batallones. Los ingleses se pararon despues en Peñaranda, reforzado el enemigo con 1.200 caballos procedentes de su ejército del Norte.

Apellidaron los aliados esta batalla la de Salamanca por haberse dado en las cercanías de aquella ciudad; los franceses, de los Arapiles por los dos cerros que ántes hemos mencionado; cerros famosos en las canciones populares de aquel país, que recuerdan las glorias de Bernardo del Carpio .
Sangrienta batalla por ambas partes; pues en ella y en sus inmediatas consecuencias contaron los franceses entre los heridos á los arriba indicados Marmont y Bonnet, y entre los muertos á los de la misma clase Ferey, Thomieres y Désgraviers. Ascendió á mucho su pérdida de oficiales y soldados, con dos águilas, seis banderas y unos once cañones: cerca de 7.000 fueron los prisioneros. Costó tambien no poco á los aliados la victoria, y no ménos que á 5.520 subieron los muertos y heridos: hubo de éstos muchos jefes, y entre los primeros se contó el general La Marchant. Don Cárlos de España y D. Julian Sanchez tuvieron algunos hombres fuera de combate; y aunque no tomaron parte activa en la batalla, por mantenerse de reserva con otras divisiones del ejército aliado, no por eso dejaron de ejecutar con serenidad y acierto las maniobras que les prescribió el General en jefe.
En recompensa de jornada tan importante, y á propuesta de la Regencia del reino, concedieron las Córtes á lord Wellington la Orden del Toison de Oro; regalándole el collar doña María Teresa de Borbon, princesa de la Paz, conocida en este tiempo bajo el título de condesa de Chinchon; collar que labia pertenecido á su padre el infante D. Luis, y de que hacia dón aquella señora á tan ilustre capitan en prueba del aprecio y admiracion que le merecian sus altos hechos. Tambien recibió lord Wellington del Parlamento británico gracias, mercedes y nuevos
honores.

El ejército del centro del rey José se mueve hacia Castilla la vieja. combate de BlascoNuño (25 de julio de 1812)

Prosiguieron los franceses su retirada, y se reconcentraron en Tudela y puente de Duero, á la derecha de este rio. Fueron tras ellos los ingleses, si bien tenian que parar su consideracion en el rey José, que con la mayor parte de su ejército del centro, y otras fuerzas, se adelantaba por Castilla la Vieja.

Habia salido de Madrid el 21 de Julio, trayendo consigo más de 10.000 infantes y 2.000 caballos. En su número se contaba la division italiana de Palombini, procedente de Aragon. Habíala llamado José para engrosar sus fuerzas, y en el mismo dia 21 habia entrado en Madrid. Estaban ya el 25 los puestos avanzados de este ejército en Blasco-Nuño, y allí les cogieron los aliados unos cuantos de sus jinetes con dos oficiales.

Supo José á poco la derrota de Salamanca, y desde la Fonda de San Rafael, en donde se albergaba, tomó el 27 la ruta de Segovia, en cuyo punto,adoptando una estancia oblicua sobre el Eresma, sin abandonar las faldas de las sierras de Guadarrama ni alejarse mucho de Madrid, conseguia proteger la marcha retrógada de Clausel, amagando el flanco de los ingleses.

Los aliados entran en Valladolid (30 de julio de 1812)

No por eso dejó lord Wellington de acosar á sus contrarios, obligándolos á continuar su retirada via de Búrgos, y abandonar á Valladolid. Entró en esta ciudad el general en jefe inglés el 30 de Julio, y acogiéronle los moradores con júbilo extremado. Derramados los guerrilleros de Castilla la Vieja en torno del ejército británico, ayudaban á molestar al frances en su retirada, y el llamado Marquinez cogió el mismo dia 30, en las cercanías de Valladolid, unos 300 prisioneros.


(...)

Welligton se dirige hacia Madrid (primeros de agosto de 1812)

No hizo en Valladolid larga parada lord Wellington, queriendo impedir la union que se anunciaba del ejército enemigo de Portugal, hácia la parte superior del Duero, con el otro que mandaba José. Por eso, dejando al cuidado de su centro é izquierda el perseguimiento de Clausel, movió el general inglés su derecha á lo largo del Cega, y sentó sus reales en Cuéllar el l.º de Agosto; dia en que el rey intruso, desistiendo de todo otro intento, abandonó á Segovia, pensando sólo en recogerse á Madrid.

No dudó, sin embargo, Wellington en proseguir inquietándole, porque, persuadido de que el ejército frances de Portugal, maltratado ahora, no podria en algun tiempo empeñarse en nuevas empresas, resolvió estrechar á José y forzarle á evacuar la capital del reino, cuya ocupacion por las armas aliadas resonaria en Europa y tendria venturosas resultas.

Con este propósito levantó lord Wellington sus cuarteles de Cuéllar el 6 de Agosto; y atravesando por Segovia, llegó á San Ildefonso el 8, en donde hizo alto un dia, para aguardar á que cruzase su ejército las sierras de Guadarrama. Habia dejado en el Duero, al salir de Cuéllar, la division del general Clinton y la brigada de caballería del general Anson, á fin de observar aquella línea. El grueso de su ejército, viniendo la vuelta de Castilla la Nueva, pasó sin tropiezo alguno en los dias 9, 10 y 11, los puertos de Guadarrama y Navacerrada.

Combate de Majadahonda (11 de agosto de 1812)

El general d’Urban, que precedia á todos con un cuerpo de caballería portuguesa y alemana y tropas ligeras, tropezó con 2.000 jinetes enemigos, que si bien al principio hicieron ademan de retirarse, tornaron en busca de los aliados, á quienes hallaron enfrente de Majadahonda. Ordenó d’Urban el ataque, mas los portugueses aflojaron, dejando en poder del enemigo tres cañones y al Vizconde de Barbacena, que se portó briosamente. Los alemanes que estaban formados detras del mismo pueblo de Majadahonda, sirvieron de amparo á los fugitivos y contuvieron á los franceses. Perdieron los aliados 200 infantes y 120 caballos en este reencuentro.

Antes, y desde que se susurró entro los parciales del gobierno intruso el progreso de los ingleses y su descenso por las sierras de Guadarrama, trataron todos de poner en salvo sus personas y sus intereses. Cualesquiera precauciones no eran sobradas; los partidarios, que en todos tiempos batian sin cesar los caminos y sitios cercanos á la capital, habian acrecido ahora su audacia, y apénas consentian que impunemente ningun frances suelto ni aficionado suyo asomase por fuera de sus cercas.

El rey José abandona Madrid en dirección al Tajo (11 de agosto de 1812)

En momento tan crítico renovóse, hasta cierto punto, el caso del dia de Santa Ana en el año de 1809. Azorados los comprometidos con el gobierno intruso, acongojábanse, y previendo un porvenir desventurado, enfardelaban y se disponian á ausentarse. Los que les eran opuestos corrian alborozados las calles, y se agolpaban á las puertas por donde presumian entrasen los que miraban como libertadores. Llegó el 11 de Agosto, y José salió de Madrid con parte de su ejército, encaminándose al Tajo; hicieron lo mismo en la mañana del dia siguiente, áun temprano, las fuerzas que quedaban dentro y demas allegados, dejando tan sólo en el Retiro una guarnicion de 2.000 hombres con el especial objeto de custodiar á los enfermos y heridos.

Los aliados entran en Madrid (12 de agosto de 1812)

Dadas las diez, y echadas las campanas á vuelo, empezaron poco despues á pisar el suelo de la capital los aliados y varios jefes de guerrilla, señaladamente entre ellos D. Juan Martin el Empecinado y D. Juan Palarea. No tardó en presentarse por la puerta de San Vicente lord Wellington, á quien salió á recibir el Ayuntamiento formado de nuevo, y le llevó á la casa de la Villa, en donde, asomándose al balcon acompañado del Empecinado, fué saludado por la muchedumbre con grandes aclamaciones.

Se le hospedó en Palacio, en alojamiento correspondiente y suntuoso. Las tropas todas entraron en la capital en medio de muchos vivas, habiéndose colgado y adornado las casas como por encanto. Obsequiaron los moradores á los nuestros y á los aliados con esmero, y hasta el punto que lo consentian las estrecheces y la miseria á que se veian reducidos. Las aclamaciones no cesaron en muchos dias, y abrazábanse los vecinos unos á otros, gozándose casi todos no ménos en el contentamiento ajeno que en el propio.

Don Carlos de España gobernador de Madrid

Recayó el nombramiento de gobernador de Madrid en D. Cárlos de España; y el 13, por órden de lord Wellington, conforme á lo dispuesto por la Regencia del reino, se proclamó la Constitucion formada por las Córtes generales y extraordinarias. Presidieron el acto D. Cárlos deEspaña y D. Miguel de Álava. El concurso numerosísimo, los aplausos universales. Se prestó el juramento el 14, por parroquias, segun lo prevenido en decreto de 18 de Marzo del año en que vamos. Los vecinos acudieron con celo vivísimo á cumplir con este deber, pronunciando dicho juramento en voz alta, y apresurándose espontáneamente muchos áresponder áun ántes que les llegase su turno; considerando en este acto, no sólo la Constitucion en sí misma, sino tambien y más particularmente creyendo dar en él una prueba de adhesion á la causa de la patria y de su independencia.

Don Cárlos de España y D. Miguel de Álava prestaron el juramento en la parroquia de Santa Maria de la Almudena. Llamó el primero la atencion de los asistentes por los extremos que hizo, y palabras que pronunció en apoyo de la nueva ley fundamental, que segun manifestó, queria defender áun á costa de la última gota de su sangre.

Rendición del Retiro (14 de agosto de 1812)

Á pesar de tales muestras de confianza y júbilo no se aquietaba Wellington hasta posesionarse del Retiro, y por tanto le cercó y le empezó á embestir á las seis de la tarde del 13. Habian establecido allí los franceses tres recintos. El primero, ó exterior, le componian el Palacio, el Museo y las tapias del mismo jardin, con algunas flechas avanzadas para flanquear los aproches. Formaba el segundo una línea de nueve frentes, construidos á manera de obras de campaña, con un rebellin ademas, y una media luna. Reducíase el tercero á una estrella de ocho puntas ó ángulos, que ceñia la casa llamada de la China, por ser ántes fábrica de este artefacto.

El Retiro, morada ántes de placer de algunos reyes austriacos, especialmente de Felipe IV, que se solazaba allí componiendo obras dramáticas con Calderon y algunos ingenios de su tiempo, y tambien de Fernando VI y de su esposa doña Bárbara, muy dada á oir en su espléndido y ostentoso teatro los dulces acentos de cantores italianos; este sitio, recuerdo de tan amenas y pacíficas ocupaciones, habiendo cambiado ahora de semblante, y llenádose de aparato bélico, no experimentó semejante transformacion sin gran detrimento y menoscabo de las reliquias de bellas artes, que áun sobrevivian, y la experimentó bien inútilmente, si hubo el propósito de que allí se hiciese defensa algo duradera. Porque en la misma tarde del 13, que fué acometida la fortaleza, arrojó el general Packenham los puestos enemigos del Prado y de todo el recinto exterior, penetrando en el Retiro por las tapias que caen al jardin Botánico, y por las que dan enfrente de la Plaza de Toros, junto á la Puerta de Alcalá. Y en la mañana del 14, al ir á atacar el mismo general el segundo recinto, se rindió á partido el gobernador, que lo era el coronel Lefond. Tan corta fué la resistencia, bien que no permitia otra cosa la naturaleza de las obras, suficientes para libertar aquel paraje de un rebate de guerrillas, pero no para sostenér un asedio formal. Concediéronse á los prisioneros los honores de la guerra, y quedaron en poder de los aliados contando tambien empleados y enfermos, 2.506 hombres. Ademas 189 piezas de artillería, 2.000 fusiles, y almacenes considerables de municiones de boca y guerra.

Después de los Arapiles ‎(parte 1)‎


Las actitudes contrapuestas del general Alava y de Don Carlos de España

Para calmar los ánimos de los comprometidos con José residentes todavía en Madrid, y atraer á nuestras banderas á los alistados en su servicio,ó sean jurados, como los apellidaban, dió el general Álava, una proclama concebida en términos conciliadores. Su publicacion produjo buen efecto, y tal, que en pocas horas se presentaron á las autoridades legítimas más de 800 soldados y oficiales. Sin embargo, las pasiones que reinaban, y sobre todo, la enemistad y el encono contra la parcialidad de José de los que ántes se consideraban oprimidos bajo su yugo, fueron causa de que se motejase de lene y áun de impolítica la conducta del general Álava. Achaque comun en semejantes crisis, y en donde tienen poca cabida las decisiones de la fria razon, y sí mucho séquito las que sugieren propias ofensas ó irritantes y recientes memorias. Subieron las quejas hasta las Córtes mismas, y costó bastante á los que sólo apetecian indulgencia y concordia evitar que se desaprobase el acertado y tolerante proceder de aquel general.

Otro rumbo siguió D. Cárlos de España. Inclinado á escudriñar vidas pasadas y á molestar al caido, de condicion en todos tiempos perseguidora, tomó determinaciones inadecuadas y áun violentas, publicando un edicto en el que, teniéndose poca cuenta con la desgracia, se ordenaban malos tratamientos con palabras irónicas, y se traslucian venganzas. Desacuerdo muy vituperable en una autoridad suprema, la cual, sobreponiéndose al furor ciego y momentáneo de los partidos, conviene que sólo escuche al interes bien entendido y permanente del Estado, y que exprese sus pensamientos en lenguaje desapasionado y digno. En D. Cárlos de España graduóse tal porte hasta de culpable, por notarse en sus actos propension codiciosa, de que dió en breve pruebas palpables, apropiándose haberes ajenos atropellada y descaradamente.

Ver a continuación:Asedio de Astorga y bloqueos de Tordesillas, Toro y Zamora,   Fin del sitio de Cádiz, Liberación de CórdobaPrimera batalla de Castalla  , Retirada del rey José a Valencia, Guadalajara se rinde al Empecinado, Liberación de Sántander y Bilbao, Sitio del castillo Burgos,   Retirada de Wellington a través de Castilla ;  Expedición a l a mancha Ofensiva del ejército francés del centro y del mediodía hacia la Mancha

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