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PROYECTO ONA, VELERO AVANZADO DE RADIOCONTROL

Parte I - EL PROYECTO ONA







Septiembre de 1990

La náutica es una actividad corriente en la Isla en donde vivo, pero una de sus variantes, la vela RC, o sea los veleros manejados por control remoto, son algo bastante desconocido.
A lo largo de años ochenta, al pasar por el puerto, recuerdo haber visto en algunas ocasiones pequeños veleros de radiocontrol navegando en solitario. Algunas veces llegaban incluso a participar en regatas improvisadas en que no eran más que tres, pero con el tiempo se perdió el interés y esta actividad prácticamente desapareció.


A finales de 1990, un grupo de aficionados efectuó otro intento. La idea consistía en diseñar un tipo de velero que resultara fácil de construir y cuyo coste fuera asequible para todos, punto realmente importante para su difusión ya que por entonces, adquirir un modelo comercial de la clase M podía fácilmente rondar los seiscientos euros.

En el pequeño grupo se repartieron los trabajos. El diseño corrió a cargo de Paco C. inspirándose en las formas del velero Hispaniola, el primer prototipo español para el desafío de la Copa América. El molde fue fabricado en fibra de vidrio por Mario y las copias definitivas corrieron en su mayoría a cargo de Paco R, ambos con amplia experiencia en este tipo de materiales. En la parte de carpintería colaboraron Paco T. (había tres Pacos en el grupo) y Carlos, que perfilaron mástiles y botavaras para proveer a todos los interesados en el proyecto.

Al poco de disponer de los primeros prototipos, los pedidos aumentaron, algunas personas más se interesaron por este hobby, de tal forma que comenzó a vislumbrarse la posibilidad de disponer de una flota numerosa con que poder efectuar improvisadas regatas en las tranquilas aguas del puerto de nuestra ciudad.

El proyecto ONA nació de forma paralela al Hispaniola. Yo había encargado un casco de este tipo a los constructores, pero mi nombre figuraba en una larga lista de espera que avanzaba con lentitud, ya que estos sólo podían dedicar a su realización unas pocas horas semanales, un rato cada día después de una larga jornada en las empresas donde trabajaban.

Otra razón fue que el casco Hispaniola me pareció excesivamente voluminoso y pesado, bien fuera por la extrapolación directa de las medidas del modelo original o por querer asegurar la estética y la robustez del conjunto. Su peso medio era de 4 kg. para el casco y 1 para la cubierta. El mástil, sin velas, superaba el kilogramo de peso, y el bulbo de plomo, de unos 2,5 kg, al ser porcentualemente bajo con respecto al resto, no le confería la necesaria estabilidad.
Sea como fuere, pude adivinar que con independencia de las velas que se utilizasen, no seria un velero destacable ni en velocidad ni en ceñida.

Por todo ello decidí desarrollar un nuevo modelo con unas características mejoradas, que sin pretender ganar medallas, pudieran compararse modestamente con los tipos actuales de la clase internacional "M".


Esta es la historia del proyecto.




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