AMPA CONCHA ESPINA - Valencia

Carousel imageCarousel imageCarousel imageCarousel imageCarousel imageAdquisición equipación futbolConcurso postales navideñasPremios conciencia y superaciónCarousel imageCarousel imageCarousel imageCarousel imageCarousel image

Bienvenidos a la web del Ampa:

El fin primordial cuando se crea un AMPA es el incremento de las posibilidades de participación de padres, madres y tutores en la escuela, para mejorar colectivamente las actividades generales del centro.

Por ello, el AMPA puede definirse como una plataforma abierta para la participación, que se implica en los órganos de gobiernos de la escuela, así como mejorar la logística del centro para que nuestros hijos puedan desarrollar sus funciones con total normalidad y un mínimo de calidad.

El AMPA también es una fuente de canalización de las reivindicaciones e inquietudes, de los problemas que puedan surgir y de la búsqueda de soluciones, en lo relativo al centro educativo y a sus alumnos, defendiendo los derechos de los padres en lo que concierne a la educación de sus hijos.

Los padres y madres, si actúan a título individual, tienen generalmente una participación muy limitada en el colegio. Sin embargo, una implicación activa en el AMPA asociándose y asistiendo a las Asambleas puede redundar en una mayor información y participación en un mayor número de aspectos de la vida del centro, como la gestión, los proyectos educativos, las actividades extraescolares, la programación de eventos lúdico-festivos….

Cuantos más seamos, mejor representaremos los intereses de todos.

El AMPA es un instrumento para los que creemos que merece la pena trabajar e implicarse por un colegio y una enseñanza cada vez mejor y de mayor calidad. La formamos todos los que ponemos una idea encima de la mesa y luchamos por ella.

Y en esa tarea os esperamos.

CARTA ABIERTA A UN MAESTRO

Soy padre. Desde que tengo a mi hija, el mundo dejó de girar alrededor del sol y empezó a girar alrededor de ella. Prácticamente todos los actos que hago en mi día a día están destinados a mejorar, en la medida de lo posible, su vida.

Por ella, dejé de dormir seguido, me preocupó su primer estornudo y corrí veloz a levantarla cada vez que tropezaba y caía al suelo.

Era mi obligación como padre.

Llegó el día en que hubo que empezar a plantearse que mi hija era como los demás niños y que, por ello, debía tener una vida en común con los niños de su edad, tener amigos, jugar, relacionarse con otras personas que jugaban como ella, tenían las mismas horribles muñecas, les gustaban los mismos dulzones dibujos. Eran, en fin sus amigos.

También llegó el día en que tuvo que empezar el cole. Otro tema que, además de sus estornudos, nos quitó el sueño. Dudamos muchísimo. Preguntamos muchísimo. Nos basamos en nuestras ideas, nuestras creencias, nuestras necesidades y pusimos como centro de la diana de nuestra decisión su bienestar.

Y con esas premisas, elegimos el colegio.

Desde entonces, la lucha contra los "elementos" ha sido titánica: que la niña se adapte, que no esté marginada, que ir al cole todos los días no sea una carga, que aprenda, que saque buenas notas, que tenga buen comportamiento, que aprenda buenas costumbres. Tantos "que" nos abrumaron durante mucho tiempo.

Pero hubo algo, más bien alguien, que borró, casi de un plumazo todos esos miedos. Los primeros días de clase, cuando la peque estaba pegada a las faldas de la "seño" y ésta, impertérrita, le daba el bocadillo a cinco más, limpiaba los mocos a otros tres y llevaba a hacer pipi a los dos últimos, nos dió la sensación de que nuestra hija estaba en las mejores manos que podía estar fuera de nuestra casa.

Han transcurrido algunos años desde entonces y esos maestros (me encanta la palabra, "maestro") han ido cambiando a medida que cambiaba mi hija. No siempre la adaptación ha sido fácil. Ha habido algunos "duros", que apretaban tanto, que a final de curso media clase se despidió llorando de ellos. Otros han sido más "suaves" o "permisivos" y de ellos ha contado anécdotas preciosas. Unos les encantó, a otros, sin embargo les tomó un poco de "tirria". Pero no cabe duda de que de todos y de cada uno de ellos ha APRENDIDO algo. ¿Y no se trata de eso?, ¿De aprender?

Tengo un respeto visceral (y espero que se me note) a todos aquellos profesionales capaces de encerrarse durante cuatro o cinco horas con una veintena de chicos y chicas y conseguir sacar de ellos su mejor faceta. Es obvio que hay maestros que nos gustan más que otros, que nuestros pequeños han congeniado mejor o peor con ellos, incluso algunos nos "caen" personalmente mejor o peor. Pero no me cabe la menor duda de que TODOS los profesionales que forman el equipo de maestros de un colegio tienen como único fin mejorar la educación (y por tanto, la vida) de nuestros hijos.

No tenemos con ellos deuda alguna (¿o sí?...), pero sí les debemos el respeto y la confianza que se merecen. Todos ellos tienen un currículum en el colegio que no deja lugar a dudas de su capacidad, su interés, su calidad humana, su amor por su profesión. Seguro que con alguno de ellos tendremos discrepancias (¡cuidado! es mi hija, es mi tesoro...) pero esas discrepancias hay que basarlas en el respeto del que antes hablaba. Desde esa premisa, cualquier tema se trata. Si nos saltamos el respeto no andamos por buen camino.

Valencia, 27 de octubre de 2016