Susana Reyes
Liricando

Nace en San Salvador, El Salvador, en 1971.  Ganadora de varios premios universitarios y nacionales; entre éstos el premio Joven Talento, otorgado por Galería 91 y CONACULTURA en 2001.  Ha sido Vicepresidenta de la Fundación Cultural Alkimia.  Junto al poeta hondureño Juan Ramón Saravia publicó Recuento de relaciones (2002).  Tiene a su haber el poemario Historia de los espejos (2004).

CHARTRES

 

El camino es el mismo.

Una y otra vez.

Voy, regreso, voy, regreso.

Entro y salgo por las misma paredes

mi pie es el sabio

mi espíritu retorna al singular origen

y trato de leer la historia

en la infinita biblioteca de sangre

donde voy, regreso, voy, regreso.

Ariadna de pie e impaciente

sigue mi viaje

el Minotauro ahora es sólo sueño.

 

Por más que lo intente

mi búsqueda es arado inútil en el fango

donde voy, regreso, voy, regreso

la tregua es un animal desconocido

que hace sombra en mi cuerpo.

 

El camino es ancho,

la lectura del pasado es garra hincándose

en las entrañas

en vano exprimo las hojas palpitantes

el pasado es cicatriz, apenas sombra de la vida,

legiones silenciosas marchándose

mientras voy, regreso, voy, regreso

como la criatura inquieta

como la sabia, la curandera

la pitonisa eterna.

 

 

MEMORIA

 

The advantage of a bad memory is that one enjoys several times the same good things for the first moment.

                        Friedrich Nietzsche

 

I

 

El cuenco en el que bebí mi savia,

mi piel, mi cabello, mi voz y mis ojos

son ya memoria indescifrable.

Cuántas pieles he perdido

cuántas veces he iniciado la cuenta,

dónde las cicatrices

que me afano en recordar…

 

Cada fibra está escrita

en ese lenguaje desconocido.

Mis libros son insuficientes

y no conoces las rutas del retorno;

no saben dónde está el lugar al que partimos

—si es que nos marchamos—

o simplemente volvemos, o permanecemos.

 

 

II

 

De sombra y sed

visten las ventanas

que interrogan al poniente.

 

Cada día agonizan

y se duelen de amor

por la milenaria ausencia.

Ellas desconocen la memoria

se olvidan cada noche de su sino

y el día nunca es un presagio

de la muerte.

 

No regresan, no se marchan,

no conocen de las rutas,

y el dolor incesante del crepúsculo

no es más doloroso que el anterior

porque ya no existe.

Cómo envidio las ventanas sin memoria.

 

         

III

 

El instinto había evolucionado en la gente del clan

para convertirse en memoria.

            J. M. Auel (El clan del oso cavernario)

 

Los pasos deben volver silenciosos

a la misma caverna

que un día enterró mi edad y mi aliento

ahí están los recuerdos comunes

la energía, el instinto convertido en memoria,

en risa, en tristeza incontenibles.

 

Una selva antigua

agoniza entre las pieles

heredadas en el tránsito.

 

No basta sorber el aroma del cielo en agonía

ni beber, sin respirar, la claridad

porque la herencia me es ajena todavía,

y no recuerdo sus orígenes o sus razones

y mi sangre es un torrente caótico

llevando una era desconocida.

 

 

IV

 

Sólo andando

conocí las luces

y la desnudez de la noche.

Sólo desnudándote

supe cómo mi piel

pudo ser la tuya en la llovizna.

Sólo desnudándome frente a vos

encontré mi verdadera piel

y no la reconocí.

 

 

V

 

¿Para qué mis pies, el sudor o la sonrisa?

¿Para qué este afán de amanecer desnuda,

cerrar de nuevo los ojos y tragarme las estrellas ociosas

          de la madrugada?

¿Qué gano con asomarme a los pozos y querer beber

          de un sorbo la oscuridad,

la ironía, la soledad o la alegría de las mariposas

          en tu cuerpo?

¿Adónde, el silencio o la tempestad de tus palabras?

¿De qué me sirven las lágrimas, el calor, el sonido,

          el abrazo que cerca la felicidad o la angustia?

 

 

VI

 

hay palabras que todavía

no acierto a pronunciar:

guerra, cuchillo, llovizna

holocausto, cabeza…

tantas que se agolpan

como insectos en el vientre de la noche

y me torturan, me retan

a tomarlas de las sílabas

y se burlan de mi cobardía

del sendero contrario

por el que me pierdo

para escapar de su sombra

filosa, sangrienta,

húmeda, multitudinal,

mutilada.

 

 

RECUENTO DE DAÑOS

 

III

 

Me duele tu nombre

y los pájaros de la tarde

lo recuerdo como al mejor de los lamentos.

 

No sé cuándo aprendieron a cantarlo

si son los mismos que cada tarde

quiebran la mudez de los parques.

 

Camino y las calles saben a tus ojos

a esa ausencia interminable

que he inventado.

No tengo excusa para llorar,

ni siquiera una razón pactada

para exigir tu regreso,

 

Marcharse es borrar la historia

que la piel ha grabado

sin permiso y sin miseria

sin motivo aparente

como llamas de hielo

perforando la risa o la mueca

que mi boca remeda.

 

El día es la dimensión interminable

el encuentro, la comunión y la soledad

al mismo tiempo.

 

Cada amanecer hiere más que el sol

que se marcha por las noches

porque me ofende

con la esperanza

y yo sólo sé mojar estas hojas

que el día seca así por así

como retándome a olvidarte.

 

 

 NATURA

 

Ella fue mujer de tierra virgen

con las lágrimas del primer amor

hizo nacer los mares

—por eso son salados y tempestuosos—.

Maduraron sus praderas

y se cubrieron de la dicha del dolor:

parió los montes,

                   los bosques, las piedras…

De sus venas hinchadas brotaron manantiales

y dio de beber a sus hijos

la fuerza mineral de sus entrañas.

 

Las criaturas la defendieron del fuego,

pero aún así

se incendiaron en púrpura sus cabellos

y estallaron los atardeceres.

 

 

ÁNGEL

 

En el atrio

la existencia es apenas una gota

muriendo sin abrigo

entre los maderos.

 

Una luz resplandece

y ahueco mis manos para recibirla

el ángel está a mi lado

nada temo.

Frente a mí crece la noche

soy habitante del universo luminoso,

soy el universo mismo.

 

Mi presencia es un susurro

un recuerdo, un llanto suave.

Mi mano es la brisa

toda la música

en mi boca cabe.

 

Asómate a mi pupila,

asómate y asómbrate

del color del amor en mi piel

del aroma de amor

invadiendo tu cuerpo.

  

 

CRÓNICA DE VIAJES

 

El mundo es grande,

pequeño mío,

lo he visto en las postales.

Nosotros apenas sabemos el horizonte

de tiempo de espera

de silencios acomodados

en los caminos.

 

El mundo es grande —y ajeno—

me dijeron un día

hoy lo sé, hoy que he vuelto

de andarlo

de beber el sol y la sed de las aves

de salvar los puentes

de gritar sin eco tu nombre.

 

El mundo es grande

no te creas eso de viajes ultrasónicos

de las venas de metal

o de los ojos en el cielo.

 

Ese mundo grande palpita

se estremece y se ensancha

para alejarme de tu presencia.

Me juega la broma cruel

cuando pienso haberte

juntado un ecuador entero.

 

El mundo no es ajeno como me dijeron

pero es grande

y así huye de mis manos

para esconderse en tu espalda.

 

  

ULISES

 

Nadie te enseña a volver

te quedas ahí

esperando una corriente que te lleve

sin saber a qué playa

y regresas a otra orilla

que te cobija y alimenta

y olvidas el camino

en el sueño que no vuelve

                   eco impreciso en tu latido

                   eco triste

                                   ajeno ya

                                                imposible

                                                                sin nombre.

 

No se sabe volver

a donde nunca se ha ido.

 

  

ÍTACA

 

Detrás de su huella se borró el camino.

 

Lejos de tus ojos,

la Ítaca 0lvidada

floreció de una eternidad transparente

su dimensión

ahora es otra

                   quizá la mentira crea la felicidad.

 

Ulises sigue vagando triste.

No saben nada los caminos

de aquel que borró su huella.

Ítaca no lo recuerda

ya no tiene su aroma en las laderas

ya no florece de amor para sus ojos.

 

Dicen que después de las batallas

lloraba por aquella casa

hoy escondida en sus pupilas.

 

El camino incierto y pobre

frente a su grandeza

le hizo olvidarla.

En otras aldeas de espejo dejó su estirpe.

Los pasos rotos

no sangran lejos de los espinos

ni añoran ya a los otros pasos.

 

  

POESÍA

 

La literatura es siempre una expedición a la verdad.

                                    Franz Kafka

 

De qué es la v ida sino de palabras.

Existe el mar porque así lo llamo

y su inmensidad no es más que un sinónimo

de mi miedo.

 

                   No vale una palabra

                   lo que se dice

                   por decirse.

 

Es ingrato profanar esa seda

vuelta sayal en tristes manos.

Áspera, incita a suavizarle

las venas gastadas

a venderle el amor

o negarle el odio

que martiriza sus hebras.

 

                   No vale una palabra

                   lo que se dice

                   sin sentirse.

 

Tiene sabor de alma

la ternura esparcida en los papeles.

Húmeda e ingrávida

roza sus sílabas lúbricas

de ojos incandescentes.

 

                   No vale una palabra

                   lo que se dice

                   para mentirse.

 

Limpia la mesa,

las sílabas y las venas,

se sirven inquietas

y proponen que desangre

esta tela, esta alma, este mar.

 

  

LAS COSAS SENCILLAS

 

I

 

Hubo en casa un calendario

aprendiz de salero en mesa pobre.

Ahí los dedos concurrían curiosos

y curtidos de sol.

 

 

II

 

Un florero de madera

exhibe gorgojos curiosos

florece sin tiempo

entre el olvido y el humo.

 

 

III

 

Afuera se marchitaron los corteses.

Frente a la casa ya no pasan los ríos

y cuando el sol calienta

dormitan los perros sin ilusión.

Nosotros todavía estamos bien.

 

 

IV

Cuando vuelvas, ya no preguntes

por aquella casa.

Ya no pidas que te dejen frente a su puerta,

para ver los balcones con San Carlos en flor

y reírte de lo tonta que eras por

tenerle miedo a la gárgola de piedra,

por pensar que dentro

se paseaba la muerte

quién sabe qué otro fantasma.

 

Cuando vuelvas, preguntas por un parqueo,

por un centro comercial

por un moderno edificio.

 

No te preocupes

todavía tengo aquella foto

de niños sentados en el alféizar.

 

 

V

 

Sí. Grabé su voz y su presencia.

De vez en cuando

la desempolvo y lloro un poco.