Rodrigo Verdugo Pizarro
Liricando

Nace en Santiago de Chile en 1977. Se inicio en el taller de poesía "Isla Negra", dirigido por el poeta Edmundo Herrera.  Coeditor y articulista de la revista Derrame.  Cursa estudios de licenciatura en literatura en la Universidad Andres Bello.  Su obra ha sido publicada en revistas como: Revista Aurora, 55, Boletín de la fundación Pablo Neruda, Revista Piedraza, Gaceta literaria El Bote, Revista As de Copas, Revista Voces (España), Revista Letras Jóvenes (México), Revista Electrónica Letralia (Venezuela), Revista virtual Los poetas del cinco (Venezuela), Revista virtual La maquina de escribir (Argentina), Revista Remolinos (Argentina), Revista La Iguana (Argentina), Revista digital de literatura y cine Deriva (España) y Revista virtual Luke (España),  Sus textos han sido publicados en las antologías: Escritores del mundo II, (1995), Sitio público (2005), Desde mi ventana: soledad y vértigo (España, 2006).  También ha publicado en las páginas web "Sonámbula, Surrealismo Latinoamericano" de México, a cargo del artista mexicano Enrique Lechuga; y "Viu La Poesía" de España, a cargo del grupo "Pocio poesia y educación" de la Universidad de Barcelona. En 2002 publica su primer libro Nudos Velados. Ha sido traducido parcialmente al francés y al polaco. En 2005 participa en la exposición colectiva "Derrame cono sur o el viaje de los argonautas", en la Fundación Eugenio Granell (Santiago de Compostela, España) y obtiene el primer premio en el concurso "Alas de Poesía", organizado por la asociación "Amigos de la poesía" (Monterrey, México). Actualmente trabaja en dos libros inéditos "Anuncio" (de cual aparece una selección en Liricando)  y "Transmisión debajo de las piedras" y en un ensayo sobre la obra del poeta Gustavo Ossorio.

ANUNCIO DE LA NOCHE

   

 

PRIMER ANUNCIO

 

Nos descarna la noche y se nos pegan todos los vuelos

Las manos han quedado abiertas para demostrar que los vientos han errado

Oyes esa harapienta vibración, si es la nuestra y es mejor ignorarla

Somos borrosos para los dioses tanto como ellos lo son para nosotros

Vamos vestidos con agujas quemadas, agotamos el primer ojo

Para que guardar memoria,

Si solo hay viento y agua operando en el brote de los seres inviolables

Las memorias alzaron la luz como limite primitivo

Habrán veces en que nos echen fuego o niebla encima para distinguirnos

De eso que hubo entre el cielo y la copa del derrumbe.

Nadie ha descubierto nuestra cofradía, porque hablamos un idioma en clave

Entre la bruma accidentada y los lechos mancos

Llevamos atada a la espalda la quimera investida de cera.

Esta mañana se levanto el polvo, atisbo esa continuidad que se asoma al día

Un tiempo accesible del que se sale con pies de silbidos hacía las casas

Para entrar y salir de ellas, golpear las puertas mientras abren y no es nadie

Mientras vuelven a golpear y de nuevo abren y de nuevo no es nadie

Pero alguien hace cálculos, sumas y restas con esos golpes y comprueba

Que el mensajero fue cubierto por constelaciones marinas y anillos venenosos 

Y llama a las líneas a advertir que las manos del cielo se basan en las retenciones.

Él con nosotros hace una sola cadena, esa sola cadena que hacemos

Con los ángeles que crecen hacia abajo en retribución a la madera

Con las animas genitales que marcan con oxido de zinc sus territorios en los muros

De las cavernas, ahora son distintos los umbrales, como el agua que se desengaña

Un renegado magnetismo nos enmascara, bañamos las armas en el leproso centelleo

El espacio que ocupamos dentro de la noche se vuelve niebla

Niebla que codicia la fragmentación del cuerpo.

Es mejor ignorar que nuestras raíces se abandonaron a cielos equivocados

Que al nacer interrumpimos a esas serpientes

Que son las herramientas de la tempestad

Es mejor no guardar memoria, todos vivieron bajo una lámpara culpable

Lo sumergible del mar primero fue hecho en el cielo

Miramos hacia atrás y vemos al fulgor derribar una hilera de días

Es otra la mirada como la del hombre que se mira fijamente en la mujer

Y descubre que ha convivido con el relámpago

Que encamina a la sangre hacia un camino invisible

Con la clave que castiga las piedras, para que la luz se quede a solas con la muerte.

Descubre que ha agitado pájaros y espejos para que el infierno envejezca

Descubre que ha dejado cubierto de brisas el árbol sexual que releva a la muerte

Descubre que dos temblores se quedaron para siempre frente a frente.

 

 

 

SEGUNDO ANUNCIO

 

Se conectan mangueras al cuerpo para tragar agua de mar día y noche

Y así enloquecidos partir a la guerra que hay entre derrumbes y desdoblamientos

Son de la familia del hombre que alimentaba embriones astrales con tinta

Sus ecos llevan alcohol a la estrella, convierten en piedra pómez los cruceros.

Los están urdiendo desde lejos, por eso sienten la angustia que rodea al rayo

Llevan tierra a los espejos para ver si ella es la medida de la resurrección

Están preparando un largo festejo, como vidrios que buscan una fibra oblicua

Nada pueden contra ellos ni los exorcismos marinos que ahora bajan por las ventanas

Ni esa arena invisible donde permanecen las ataduras.

Se van hiriendo y esas cicatrices van diferenciando esos enarbolados contactos

Que hay entre la luz y el aire

Nos hacen lejano el cuerpo, cercana la incógnita de la que brotan las aguas

Ponen la nube trepadora al lado del instrumento espumoso

Ahora dicen: “Enjaularemos la sangre, no sin antes preguntarle

Si cielo o mar a la huella”, es que tantos resplandores nos han sido vedados,

Desde que las puertas volaron en busca del día,

Desde que el agua tiene la muerte en alto

Refulge como nunca el hilo que detuvo al diluvio

Y ellos partieron en busca de emblemas para la tierra

La seca estrella puso cuerpos acalambrados en el camino.

Los están urdiendo desde lejos y avanzan y avanzan

Encierran fuego en las estrellas para hacer reñir a las aves

Son reclamados como esas banderas o seres sin cabeza que hacen piar la imantación

Aunque todo parezca perfecto fijo e indisoluble

Todas las tardes raspan sangre seca de pájaro por el bien de todas las estructuras.

Partieron en busca de emblemas para la tierra, de ese arraigo titilante que esta en vías

De ser un internado de cisnes mortíferos donde se entra a darse esos roces enrejados  

Que hay entre los espermatozoides y el anticristo

Seres turnios hacen maderos a la orilla del camino

Se ajustaron los astros a un hilo de sangre.

¿Qué harán esta noche que los estoy mirando?

Tendrán una muerte con contornos de aire o agrandaran el anillo

O conseguirán un cadalso glúteo, o solo esperaran el día, porque siempre en el día

Tendrán la edad de los árboles, y dicen: “A partir de este rayo cada herida tendrá

La edad de los árboles” por eso nosotros bebemos y nos alumbramos

Pero aguas y luces se abstienen de nuestra postrera desnudez.

Todo esto ya no esta ni siquiera en la larvada oscuridad de quien ha cerrado

Todas las puertas, y esperado que los vidrios muestren aires sucesores.      

Tocamos el dolor de los animales en los abismos nuevos

Después el cielo solo reflejo nuestra afinidad con las piedras.

 

 

 

TERCER ANUNCIO                      

              

               La luz no puede confesar su edad

                    Renato Yrárrazaval      

                                               

Suda tinta la penumbra

Dormimos en la habitación

No cesan las embestidas del vaho contra la ventana

Yo duermo abrazado junto a ti, sabiendo que los muertos tienen días sobrantes

Se agita el árbol y cae un resto de lluvia,

Nos cubren astros que fueron aflojados por la nieve

Hay días sobrantes que alternan con las hojas caídas.

Pero no lo creas todavía, espera, deja dentro de un dios de ceniza todas las fuerzas

Quien en verdad no sabe que la oscuridad es la nada envenenada

Tú no lo sabes y es como si la muerte os refregara su tripulación de túneles 

No sabes que en ti yo agrietaba el sol,

No sabes que me quedaba siempre en tus redes llorosas,

Que todo el placer va a dar a los pozos mutantes,

Y después de los lechos el mar es estigma.

Pero no lo digas todavía, es mejor ver como se levantan los estratos de los ojos

Los estratos de los pies, las botellas llenas de pelos para avasallarnos todas las noches

Y tú huyes hacia el torrente y allí te azoto con la correa de transmisión

Hasta que la mañana revienta y deja en los ojos

Una renuncia llena de sabanas y de árboles.

No lo grites todavía, son otras voces las que se escuchan dentro de los cuerpos

Voces que nos dicen que aguas y fuegos insalvables alejan al día

Que la memoria es la parte más desvastada del cielo

Donde siempre he mirado a un rey cubrirse de axilas

Caer sobre los azulejos, instar a los animales a profanar la sal

Partir de cero en el seno cavernoso.

Muchas veces yo estaba huyendo como si el agua me fuera a comer la música

Y así abriendo las olas continuábamos la lengua ígnea que vengara a las aureolas.

Crecen y crecen uñas en las cavernas rebanando a quien ose cruzar hacia el otro lado

A ver si aun se oyen gritos de acusados dentro de los corales.

Que lejos se ve la hoja que une las agonías, que pétrea se vuelve

No basta con esperarla caer, después de todo sabemos

Que si un nudo falla en el cielo se nace o se muere  

O el pájaro ciega más y más al temblor.

Un molusco se clava en lo alto de las torres para ejercitarse contra los confines

Los ojos del aire tienen algo de clave enferma

Los ojos del aire graban lo subterráneo y se lo entregan

Al hombre retenido, al que enciende el fuego    

Al que pone una inmaculada garganta como cruz sobre el mar

Ahí llegara solo el caballo en que se dan todas las reencarnaciones

Ah caballo solo, que oyes a la tormenta renegar sobre las yedras

Lejos estamos de los umbrales entrañables

Esparcimos carbón sobre un tambor mongólico 

No lo vayas a callar del todo, es que no hay demasiada sangre para presentir la llave.

 

 

 

CUARTO ANUNCIO

 

Todo lo que llega a tocar cielo se convierte en esa simultaneidad que curva las almas

Los otros solo llevan la podredumbre de las olas, la angustia de los objetos

Si, esos mismos que empezamos a conocer cuando la sombra esta repetida de ardores

Cuando vivir es como desenredar las aguas

O ver como la arruga embarazada se mueve en el potrero cada año.

El cuchillo no entra, pero saca toda el agua que hay dentro de los días

Hasta que en ese fondo no hay nada más que la vejez

Nada más que esa conciliación que adquiere la lengua al posarse sobre la niebla.

Nos desalojaran de los círculos,

Las ánimas de sal reunirán toda la cólera de nuestros ojos

Andaremos oyendo letanías como las del fauno que hicieron

Reventar en sangre los oídos de los animales en el zoológico.

Se esconde uno detrás de una ceniza para ver pasar los días

Ver pasar palomas que se parecen al día de los muertos en las islas

Bebe en los villorrios, donde las arañas desordenan la resurrección

Vuelve como el padre de las trizaduras a cada desembocadura

Vuelve uno después de haberlo visto todo

Vuelve con una mascara que no es ni el aire ni el fuego

Vuelve harto ya de tantas letanías, a punto de dinamitar al fauno

Viste a los árboles de un tormento virgen

Apacigua a las ballenas con cardos y retinas desprendidas

Vuelve como el niño lobo que entraba con una bandeja llena de un líquido azul

A la pieza que no tenía suelo, solo las paredes y el techo

Y volver es siempre como si nos cortaran de ese mimetismo

Ahora los árboles tendrán que buscarle otro nombre a la muerte

Y los vuelos no podrán esclarecer nada.    

Todo hueco azaroso se debe habitar líquidamente

Y líquidamente habitamos lo que va a venir

Como si nos concedieran por última vez a la bestia seca y opaca oírle:

Que de día éramos libres

Que de noche un resorte siniestro nos unía.

Un espejo levita en los cementerios:

De modo que las tumbas de abajo se trasladan hacia arriba

De modo que las tumbas de arriba se traslucen hacia abajo

Y la gente arma y desarma maletas.

 

 

 

SEXTO ANUNCIO

 

I

 

Un río se detuvo sobre el pecho y entonces nos reconocimos

Y de golpe el cielo vivió nuestras aguas

El primer día de los metales es como tu mirada

Yo soy el que busca la tumba que se traga a las otras tumbas

Nuestra hija es aquella que hace crecer corales sobre los toros

Y vuelve al lecho a sentir que es de ella nuestra sangre

Cuando teme sus alcances en ese espacio ataviado por la voz condenada.

Sentimos que es nuestra su sangre, cuando el mar y el cielo

Se prolongan en la última clave

Y ella vuelve al lecho y encuentra el daño hecho 

Los sátiros alejándose en sus cunas de muelas.

 

 

II

 

Solo una vez nos es dado recordar que el cielo se salto al tiempo

Dejando un extravío agujereado

Y yo y tu y ella vamos con un ramo deduciendo

A aquellos que se reparten la tormenta.

¿Cómo pueden las puertas si el amanecer tiene todas las formas de suspensión?

Tú podrías salir de tu sangre y anticiparme el pez,

En esa noche liberada que mana flechas.

Yo podría cubrir de pelos azules a esos caballos de fuerza 

Que transportan lluvia de mar al hormiguero.

 

 

III

 

Yo corro en busca de los emisarios plagados de crisálidas

Sigo fundando con ellos vecindades prismáticas

Ahí te pierdo de vista por un instante, ocurren movimientos milenarios

Unos niños les prenden fuegos artificiales a los sapos

Los cosmonautas chillan a más no poder lustrándose con suero

Vuelves a aparecer como una geisha con el anillo de saturno hundido en la albúmina

Nos debatimos con números, nos besamos debajo de las mesas

Juntos hemos llegado a saber que cualquier desemejanza entre los abismos

Se nota de inmediato en la luz.

Uno difaria como la espuma, se recuesta en el suelo

Mirando a la inhóspita brisa doblar los paltos, dar una ciencia de lagartos a las rodillas

Uno toca los acordeones para ver enroscados a la sebosa alma y al ángel limado

Nada, sobre todo nada a altas horas de la noche y se encuentra de pronto nadando

Junto a aquellos emisarios plagados de crisálidas que una vez cumplidas sus misiones

Corren hacia el mar y se sumergen millas y millas

En busca de restos de cirugías plásticas

Entonces cada uno emerge y muestra su pesca

Por todas las vecindades y alberges prismáticos

En un solo movimiento milenario que se hace sombra sobre los huesos.

 

 

IV

 

Y yo y tú y ella vamos mostrando en cada piedra que queremos volver

Vamos mostrando en cada lámpara que ya no vivimos en nosotros

Y cada herida se va cerrando para sentirnos más cerca

Cuando las llaves del aire hacen su mayor hallazgo.

Yo soy al que le hicieron un tatuaje en el salón de los juegos clandestinos

Y según un significado del mismo tú fuiste una de esas mujeres

Con las que yo antes tuve trato y que tenían dos cráneos en vez de tener dos senos

Y que dibujaban tumbas en las paredes de la habitación

Y que bebían pócimas de alcanfor para caer al fondo de la tierra

En busca de las maquinas punzantes. 

Según otro significado del mismo,

Nuestra hija fue la que arrojo arsénico sobre la cabeza de los cocodrilos

Y le mostró a la tormenta que el líquido es un dios venidero

Según nuestro propio significado nuestras dos manos juntas

Son ese lecho engendrado por la luz

Nuestras manos juntas son como una plegaria rocosa entre los astros

Y al día se le vuelan las llaves interiores

Mientras crece el amanecer en nombre de la red invisible que cae sobre el mundo

Cada vez que mi sueño se inclina sobre el tuyo.          

 

 

 

NOVENO ANUNCIO

 

No puedo dormir porque un imán tenebroso entra a los partos

Toda la noche converso con quienes dejan cepos y auras destruidas en mi casa

Se quedan por muchos días, buscan soñar lo que alguien sueña debajo de la tierra

Yo les preparo los cuartos, un nacimiento dirigido contra las estrellas

Retumba en cada uno de ellos al despertar.

Creen saber que en todos mis huesos alguien ha tallado calaveras

Buscan soñar lo que alguien sueña debajo de la tierra.

Los pájaros guardianes del llanto sospechan de ese enlace

Y al subir por el encuentran ramas auxiliares   

Encuentran esa soledad de la lengua ante las cosas nombradas.

No puedo dormir, toda la noche converso con ese alguien que vestido de celofán

Pone un sopapo en la cabeza de sus hijos y los hunde y los hunde

Para que adquieran una ciencia apagada, para que nazcan perforando.

Yo les preparo el deslizamiento, les amarro ánforas, sauces, y restos de buques

Un bosque morboso llega hasta mi ventana,

Golpea como el canto del caballo detenido en mi sangre

Quiere mis llagas, quiere un nadador hipotético

Que aniden en el los pájaros guardianes del llanto

Por muchas noches se queda, mis visitantes irrumpen en él

Van provistos de ganchos, no se lo que pasa ahí durante esas noches,

A que se dedican, pero ahí dentro huele a experimento de águilas

Buscan soñar lo que alguien sueña debajo de la tierra

Veinte días y veinte noches duermen bajo una misma raíz

Creen saber que tempestad sobre tempestad hace parpado

Y si ese párpado se cierra reciben la profundidad como una claridad sin mandatos

Y si ese párpado se abre adulteran la profundidad como un vaso.

Algunos han salido, otros no han vuelto a salir

Dicen que ahí dentro como en una piedra se oyen cosas horribles acerca del ojo

De los hijos que caen impulsados.

Algunos han vuelto a sus cuartos, piden anémonas para sus veladores

Yo les preparo la llegada, les amarro lacras telepáticas y marcos vacíos

Se que hacen ruidos en todas partes, que la luz los acuchilla al despertar

Se improvisan párpados, hablan de la larva alternativa

Tallan algo que se vacía hacia adentro por ejemplo: un bosque y su nadador hipotético

Por ejemplo mis mil calaveras que los desviven sin que ellos lo sepan

Pero yo no puedo dormir porque hay una invocación desbordada

Entre los ojos y las manos.     

 

 

 

DÉCIMO ANUNCIO           

 

               A  Antonio De Undurraga

 

Se tapan un ojo para ver con el otro nuestra desgraciada estrategia

Fomentada por inviernos retorcidos, por alpinistas prendidos de glándulas.

No puede ser dicen, y se tapan un ojo para ver con el otro

Ese oro que abriga a la muerte y ellos vieron que ese oro no convenció a las nieblas

Y vieron que las cuerdas-madres pasan por debajo de todo

Y eso también es una desgraciada estrategia en que se recae una y mil veces

Como esa lengua que parece un barco

Como ese abrazo de estatua que se le da a las arterias

Como esos tótemes con batas que se llevan en ambulancias.

No deberá ser, dicen y se tapan un ojo para ver con el otro

Esa sangre que balbucea sus gradas y ellos van subiendo por esas gradas

Van girando en honor del ojo tapado, de las palomas verdes

No hablan del sueño, reúnen humedad para un presagio

Llevan espíritus cuadrados dentro de una bolsa,

Hacen que estos nos chupen hacia abajo, hasta hacernos vecinos

De ese gallo de fiebre que esteriliza los mares.

Se tapan un ojo, porque el ojo descubierto no puede mecer las predicciones

Que alimentan al cielo, y no es el ojo, y no es el rostro,

Solo una mascara es el vicio del abismo.

Son interminables las gradas que van subiendo, y ellos suben prescindiendo del oro

Llevan monumentos de hiel dentro de una bolsa

Hacen que estos nos chupen hacia arriba, en vano nos aferramos

A nuestros racimos inescrupulosos, escupimos sobre las palomas verdes

Así impulsados, forzados, convertidos en el blanco de todas las flechas

Pegamos con sal las alucinaciones, una niebla oracular lava nuestra sustancia,

Hasta que aparece en nosotros el arquero que somos,

Total nunca nos verán como realmente somos

Por eso podemos engañarles, falsear cada grada,

Falsear ahora nuestra desgraciada estrategia, convulsionar el oro

Vaciarles sus bolsas, falseárselas también, que crean que lo que llevaban en ellas

Pobló al mundo, que crean que nos hunden, que nos elevan, que un pez nos despego De nuestra predicción lanzándonos lejos donde ni el ojo tapado, ni el ojo descubierto, Ni el rostro en fin logran llegar, una grada se los impide, no se si falseada o no

No se si la primera o la última, solo se que es una grada, sólo se que es el oro

Con el que no pueden abrigarse, sólo se que son las cuerdas- madres que prueban Suerte en cada ahorcado, y ellos se tapan un ojo para ver con el otro

Y en eso recaían siempre y siempre como en esa desgraciada estrategia

Que en el fondo era fomentada por el oro y la sangre,

Como esa máscara que jamás honraron

Como esas sombras que se han mirado al espejo

Como esa confusión que se suspendió en los huesos,

Y ellos giraban en honor de las gradas

Y el ojo descubierto ve en cada árbol retorcerse el invierno,

Y el ojo tapado fomentaba un viaje de piedra alrededor del sueño

Y no es el rostro y no es la máscara,

Solo una mordedura celestial es el vicio de los peces de fuego.     

No puede ser, dicen si tenemos el naipe que fataliza a los astros

E ignoramos cual grieta fue más blasfema, y el ojo angustia el anclaje del otro ojo

Y las puertas les mienten a los vivos y a los muertos,

Llevan bolsas ajadas, no hablan de la vida,

Hablan de la nocturna herida por la que perdieron para siempre el invierno,

No hablan de la vida, porque vieron a la vida rayar los fuegos para significar algo más Que esos obstáculos de oro y de sangre que crecen a la sombra de los dioses 

Y ellos llevaban pedazos de gradas debajo de las ropas, escupen sobre el oro

Hacen que el alma llegue desde el fondo,

Cual si la muerte siguiera siendo un adorno del sueño

Cual cielo que encuentra una voz propia en la sangre

Nos muestran ahora sólo nos muestran que a nosotros los dioses enredados

No nos incluyeron en el fuego, no nos incluyeron en la sustancia,

Por eso vamos a morir, hicieron que los arcos lloraran sobre los hombres    

Hicieron que la sombra llegara desde el fondo

Cual el dibujo secreto que hay en cada raíz.

Nos muestran, que los dioses enredados les dijeron:”No hay más gradas que subir,

La lengua se hunde, la sangre no os contiene, las cuerdas-madres ya se han cortado, Los tótem con batas ya están hospitalizados,

Sólo estáis contenidos en ese hueso invisible que hay dentro del cielo

Y que aumenta después de cada angustia, después de cada invierno,

Y de allí ningún rayo os rescatara, ni siquiera esa agua que hiere a la verdad,

Solo condensaciones, páginas en blanco veréis, nada de paisajes,

Sólo esas raíces que os han dejado solos al ver el primer vuelo del mar sobre el cielo, aunque os cortéis y saquéis sangre de las manos con los vidrios

De una casa embrujada, aunque saltéis las rejas del fuego como un astro aparatoso,

Y perdáis el viaje a causa de esas lapas adscritas que se filtran en el purgatorio, siempre estaréis condenados a ser lo mas invisible de la raíz.

Nos muestran, ahora sólo nos muestran que a ellos los dioses enredados

Les pusieron tres tipos de infinitos sobre el pecho,

Les pusieron esponjas peligrosas en las manos, un trozo de paraíso les pegaron

En la cara, y cada ojo que se dirigía a cualquiera de nosotros se veía

Como una bola de nieve capaz de derribarnos, capaz de mezclarnos

Entre eternidad y sueño como a un árbol, capaz de caer y recaer en lo mismo

Como ese fuego y esa sangre, de donde salen los cuerpos con alas prohibidas

Como esos números que piensan en nuestro polvo

Como esas sombras que se miran al espejo,

Convencidas de cuanto podrán ver luego de nuestra muerte.     

 

 

 

TRECEAVO ANUNCIO                  

 

               En memoria de Manuel Jiménez Correa

 

La fosforescencia nunca negara que fuiste su monstruo

Tanta búsqueda envolviendo los ojos, tanta desnudez empañando la noche

Hay hormigas que impiden que el fuego peine a la muerte

Nuestro resplandor no es nada si algunos espejos no germinan

Quiero que el mediodía sea mi hora, dijiste, pero primero

Tienes que hacer una boca de madera para esas noches sin salida

A cambio de que los cementerios masturben a dios.

Levantar algunos muros, engendrar hijos,

Empezar una correspondencia entre las vasijas, pásame una, llenémosla de vino

Que reinen las celosas quemaduras, esas que al mediodía están en las ventanas

Esa será mi hora, dijiste, cuando estén los misterios lineales

Cuando el pecado este lleno de hormigas, o los tomas o los dejas

Y siempre tanta sangre y tanta luz sin importar el hilo o el castigo

Pero no sólo te golpeaban los látigos herméticos y dabas el mismo salto

Que dio nuestro resplandor cuando llego hasta la cáscara del infierno.

Termina de jugar ese solitario, queda tiempo para que piensen que los abandonaste

Queda tiempo para que vengan y te pasen una tela empapada por el brazo

Y te pongan el radar-vampiro para que de ahí en adelante sepamos donde andas

No te perdamos el rastro, saber cuando estás llevando el ruido de la tierra

A los puertos ciegos, saber cuando le estás legando una máscara a la lividez del otoño.

No volverás a darle a la vieja serpiente, esa música que rasura a los cadáveres

Para el resplandor de la luna, no hoy es tiempo de hablar dentro de la propia lengua

Y es igual levantar un muro, engendrar un hijo

Si lo que sigue es una ceremonia de azufre.

¿Quién decidió terminar esa correspondencia entre las vasijas?

¿Qué reflejo nuestro nos anda buscando, nos hace entrar con una niñez de cuchillo

Antes que los demás invitados?.

Es lo mismo hablar dentro de la propia lengua, si el resplandor no encuentra una salida

Y uno de tus hijos esta haciendo algo oscuro con la respiración de los peces

Va rodeando con parches al mediodía carnicero.

Para que los espejos germinen hay que morir frente a ellos y así lo hiciste

Así dispusiste las tablas para que leyéramos en ellas sólo tres días después: “A ella Que sólo sepa que después de cada delirio, hay una tribulación de arena Extraterrestre”. “A los hijos, que sólo sepan que si el hombre huye,

Los pájaros constelan la sentencia, que solo sepan que de un muro a un hijo,

Hay un limpio acertijo”.

A estas alturas una jirafa china cubierta de jeringas

Te esta conduciendo por distintas nomenclaturas, y te ríes, descuidas las ventanas,

Y te ríes de la otredad que encumbran los cuerpos.

 

 

 

QUINCEAVO ANUNCIO 

 

               A Ofelia Líbano  

                                                              

               La sombra se ahoga al fondo del pecho

                    Federico Schopf

 

Un procedimiento marchito sube por las paredes

Un poco de sol, un poco de musgo en el patio

Algún día seremos dueños de la caída.

Yo quiero subir también, más esa combustión vertebrada

Me hace enterrar vivos a los animales

Hace que la casa se mueva sola hacia el agujero ceremonial

Y ahí estamos recordando aquella noche de gala

Cuando prendieron una luz azul en todo el cuarto

Casi parecía un escenario, las abundantes cortinas de terciopelo, las espesas alfombras

Y ahí estaba el tiburón gótico metiendo y sacando la cabeza de la licuadora

A la primera saltaron los ojos, fueron tasados de inmediato

No hay distinción entre ellos y las joyas que te recuerdan a tus espectros directos.

A la segunda saltaron los pedazos del hocico, fueron tasados de inmediato

No hay distinción entre ellos y esas joyas que esperaban que estuvieras sola

Para darte un zarpazo y desprenderte una luz azul, con que impulso la desprendían

Como si desprendieran el tormento de las estatuas o una zona cualquiera.

Ya llegará la casa antes que termine la función, cuando quedes solamente tú en ella

Y hables de tu novio y él a lo lejos presienta

Que un agujero ceremonial enriquece la noche.

Ojos, joyas y restos de un hocico se revuelcan bajo una luz azul

Salen impulsados hacia arriba, también quieren subir y así totalmente tasados

No hay distinción entre ellos y esta tierra

Que se encamina sola hacia una culpa redonda.

La vida ha montado las llaves ya llegará, y estarás junto a él en una zona cualquiera

La luz azul se revuelca en el mar, cuanto zarpazos para saber

Que para que el mar se moviera solo, un dios tuvo que estar atado        

Cuantos zarpazos para saber que ni ella ha podido llevarse el tormento de las estatuas

Ni ella ha podido avanzar más que la casa, y a propósito de la casa ¿La recuerdas?

Cambia de número a medida que avanza, ya no pueden dejar ni cuentas ni cartas

Para que hablar de las visitas.

Hay espectros rodeando el agujero ceremonial

Tu vestido de gala se estrella contra las cortinas

Cuando lo amabas él se metía dentro de ti, le saltaban los ojos y la boca en pedazos

Y volvía a meter la cabeza

Y eran dos espectros depositándose diamantes en el fondo, vertebrando la combustión

Él atornillándole otros espectros al sexo de ella

Ella haciéndole la señal de la bruma sobre el cuerpo

Ella llena de zarpazos en los pechos y en los muslos, aún con las aspas insatisfechas

Él con la nostalgia de un sacrificio único.

Las paredes cada vez más altas, ellos intentando subir

Intentando llevarle unos ojos, un aullido, una luz azul al dios atado

Y en eso se les va la vida como en el anclaje incognoscible

Que hay en cada rincón de la casa.

Día y noche todos somos controlados por trizaduras

Aunque los muertos fecunden nuestra embriaguez

Así: día y noche todos somos controlados por trizaduras.

Él esperando que el canto de los pájaros sangre por ella para volver a verla intacta

Caminar por la habitación, escribir un diario de vida bajo el limonero

Ella esperando que la sangre de él la arrastre hasta dejarla sola frente al enigma

Unos caracoles, unas hojas desteñidas en el patio

Algún día seremos dueños de la caída.

 

 

 

DIECISIETEAVO ANUNCIO        

 

               A  Ludwig Zeller

 

Un anzuelo de labios para ir en busca del paraíso que se extravió en el fuego

Relacionarnos como manchas con la muerte

Otros como golondrinas con la intemperie masacrada

Las lámparas reciclan fantasmas sin estar destinadas a eso

Siempre cuando escribimos estamos imitándolas,

Un susurro que dejado en la tierra o en el cielo no puede ser consumido por nada

Pero que a cualquier precio durante las noches seduce a las raíces.

Yo comercio con escarabajos, líquidos amnióticos, hipótesis,

Porque vendrá el exterminio y que pueden hacer algunos

Sino tener una cruz de mañana, cubrir de fluor el desfiladero

Saber que el parpado vuelve inmemorial al ojo y volver a buscar debajo de las piedras

Y que pueden hacer algunos si son arrojados por sus propios huesos

Cuando la seducción va saliendo de esas cajas de nieblas

Y el animal alquímico sigue robando uñas

Y sigue incitando a las puertas, estrellas y piedras a una fusión riesgosa.  

Nos hemos comparado tanto con ellos, que los creemos nuestros hermanos

Seguimos comparando manos, acantilados, petrificaciones,

Con un estallido que nos trae de todas partes,

Sin que tengamos necesidad de trazar una red o una ley para la sed de las horas,

Es simplemente que no estaremos listos como la espuma para el secreto,    

Ojala nunca lo sepan nuestros padres porque no seguirían levantando la fortificación

Por eso comparando hemos llegado a saber que las confesiones de la noche

Son pájaros, más cuando el día vuelve no están por ninguna parte, aunque algunos Infructuosamente las busquen, en los armarios, en las casas de muñecas,

En los ceniceros y hasta dentro del propio ancestro

Como si un desconocimiento se metiera dentro de todos los ojos

Haciéndonos saber que lo que no seremos abre puertas debajo de la tierra.

Nuestros padres se inclinan ante la piedra

Que encierra la posibilidad de que seamos infinitos, piedra que luego será muro

Oh primera piedra, donde llegaron cuando venían del mar con un desastre de labios

Cuando no resistían la mordedura del paraíso con tablas fabulosas.

Ya en tierra firme se frotaron las manos en la piedra

Él hizo su inscripción de niebla en las semillas

Una y otra vez le decía:”Sea tu cabellera la que brote de la boca de la esfinge,

Eso sería como aquel terremoto en el cementerio”,

“Lo que advierten las estrellas esta en tus pechos y lo grabo porque se

Que cuando nos despidamos el fuego separara los mundos”.

Ya en tierra firme ella le confesó:” Nunca terminarás de conocer esa sal

Que aparece en los agujeros ebrios, hoy en día un llanto de meteoros mide los arrecifes, los martillos” ¿Pero que es lo que el engendra, que es lo que ella guarda

En su vientre, si todo es pensamiento debajo del agua?.

Comparamos manchas, vuelos, rotaciones, vasos, le tememos al día,

De día un umbral pasa siempre la lista y siempre faltan algunos

Andarán blasfemando contra el horizonte o asexuando las anclas

Tal es el dolor de ellos que apadrinan acantilados

Y no hay red ni ley que valga para ellos.

La noche vuelve y sólo encontramos una desnudez que nos destruye

Reconstruimos con diamantes la boca que animalizo al viento y al fuego

Como si eso también fuera un consuelo ante tanto arrebato, ante tanto extravió.

 

 

 

DIECIOCHOAVO ANUNCIO   

 

                    Yo baño caracoles fétidos, la muerte mientras

                    Tanto camina lentamente

                    Armando Uribe

 

Oh esencia negra que cuelgas como vestido, algunos viajan hacia ti

Nosotros te tomamos para que nuestra sed sea un castigo para las aguas.

Algunos viajan hacia ti con naipes y muebles, nosotros te tomamos

Para calmar la serpiente de miles de bocas que anda casa por casa, playa por playa

Vendiendo el disfraz de la cicatrización bajo un sol de otoño.

Algunos levantan el vestido y encuentran manicomios submarinos

Nosotros aún mentimos, les decimos a nuestras mujeres que irán con nosotros

Pero sólo a una le llegamos a decir:”Te prometo que aunque las víboras destronen

La lluvia, tus filos seguirán cantando aun bajo la luz de esa estrella que no muere, ni Deja morir”. Si, mujer la noche esta enterrada en tu lengua,

Por eso es tan bella tu sed.

Algunos antes de partir cristalizan su hermandad, me ponen un anzuelo maldito

Por eso amaneces con un feto de cera entre las piernas y yo debo sacarlo los domingos

Llevarlo a la rueda de la fortuna que de mil vueltas,

Que vea como los esqueletos gigantes se apoderan de los cementerios

No es verdad acaso que si los días tuvieran la originalidad de dios, las piedras no

Nos habrían dejado escapar, estaríamos presos todavía,

Acaso sostenidos por un ojo sin saberlo, pero ay no ponemos acaso espejos

Dentro de las cavernas y los adornamos con guirnaldas y detrás de nosotros siempre Aparece aquel ojo, al que le han puesto precio los demás ojos

Y creemos que es nuestro hermano muerto y nos sentimos culpables

Tanto como aquella vez que pusimos un feto de cera entre tus piernas

Y te masturbamos con el, entonces la sombra de un latido huracanado

Iba abriéndose camino, iba extendiéndose como un paraguas bajo el que

Algunos se esconden para ver a los ángeles enrollar las cavernas

Y guardarlas como pertenencias propias. 

Nadie dudaría que ojos y fuentes sean validos para el viaje

Más válidos que cualquier otra pertenencia que se transparenta al instante de partir

Es que tanto ha ahondado en nosotros que ya no sabemos cuando estamos debajo

Del mundo o no con una sangre desértica que no cuenta ni con ojos ni con fuentes

A la hora de amar, al instante de partir, tú lo sabes mujer,

Ah amor petrificado sobre y debajo del mundo, tantas bocas, pezones, piernas significan que la tormenta engrana las vidas   

Déjame andar con la mentira congelada en la frente

Yo descoseré el vestido antes que amanezca,

Me ayudaran fetos de era, hermanos muertos  

El tejido sin querer ira formando otro vestido aún más grande

Nos debatiremos a muerte por poder ser el primero en levantarlo

Y hay tantos que ya vienen en camino, y tantos que no pidieron viajar

Y tantos que llenan de tierra de cementerio los prostíbulos

Como la muestra más grande de éxtasis

Y tantos que quisieron y no pudieron viajar

Y tantos que disfrazan con algas su oxidación

Como la muestra más grande de catástrofe.