Roberto Yáñez


Liricando

Poeta, pintor y cantautor chileno nacido en Berlín en 1974. Ha publicado los siguientes libros: Poemas encontrados en San Pedro Atacama (1999), Espejo Ultrasombra (2001) y El Objeto del Vértigo (2004).  En 1997 recibe el segundo premio en el concurso de poesía en el marco del festival Victor Jara. En el año de 1999 comienza a publicar poemas en la revista surrealista Derrame y  se convierte en uno de sus editores.  En 2000 Expone un cuadro en el salón SECH de Escritores-Pintores junto a Aldo Alcota. En el periodo de 2000-2002 estudia Artes Plásticas en la Academia San Alejandro. A partir del 2001, la revista Casa Grande (dirigida por Julio Carrasco)
lo invita a una acción de arte la cual consiste en bombardear exobjetivos militares con separalibros con poemas de poetas jóvenes desde un helicóptero. En 2004 da un concierto de Nueva Trova Surrealista junto al cantautor Eduardo Yáñez (autor de la canción “Nuestro Cobre”) en la Biblioteca Viva en el Mall Plaza Vespucio en Chile. Participa en la Antología de poesía contra la prisión política en Turquía (2005), junto a figuras como Ernesto Cardenal, Patricio Manns y muchos otros. Su poesía ha sido recogida en la Antología Circulo Infinito (2002).

NADA NOS RIE

 

Un velo sobre el muerto transparente

Edades condensadas en éter

 

La cama sujeta en cadenas al oblicuo gesto

De un sacerdote lejano

 

Ausente

Voy hacia otro destino

Pienso en rocas

Mis ojos, con demasiada luz

Contradicen el fondo infinito

 

Las fisuras cambian de lugar

Nada nos ríe

Y las gotas caen a la sombra como imagen apagada

 

Oigo el aire, el río del aire que ausculta sus propias reminiscencias

En los escalones de la oscuridad

Oigo el aire cortándose el dedo a chorros

 

Quedaré describiendo noches como reloj envenenado

 

 

 

 

ESTE LIBRO DE ALGUNA MANERA FLORECE

 

Este libro de alguna manera florece.

Tiene en sus muecas una realidad cargada de cintas de cuero de sombra.

Una fluctuación es, y nada más. Una fluctuación que se asienta o se evapora, un tejido de palabras llenas y palabras vacías. No son textos de mármol.

A veces me veo con un bisturí, a veces con un abanico...

Y los radares en la superficie congelada del agua es un fuera de lugar que vuelve a cobrar pieza en el cajón. Es una amistad de árbol hecha llama en un sepulcro de urbe tan redonda que allí estallan semillas sobre puntos dolorosos.

Cada objeto se manifiesta parcialmente. La ciudad edifica su crepúsculo y anochece sus bancos que yo no quisiera afirmar en la exacta inexactitud con que los bancos se ubican respecto de la idea de un banco en la ciudad.

Las palomas tan hidráulicas anidan en el  polvo y el río blanco separa los dedos de la esponja para verificar el azúcar en las venas o el redoblamiento de un kilo de azúcar.

Y sin embargo no se si hay algo allí, si un cuerpo que danza o la sellada actitud de un siglo de papel en la franja rosada de heridas nupciales a contrapunto con la escasez de un numero clavado en el número cero, sin porvenir.

Los bancos de las plazas monetarias con tanto esbelto príncipe sobre la loma del sablazo dirigido bajo el agua o la construcción de la carcajada índice como ejemplo de la rotura de la carcajada en el rostro.

Este otro se desangra para ser portada de un edificio rebelde desnucándose el ombligo.

La ciudad es eterna cuando abro la carta de los muertos y como un desgraciado hambriento deduzco pan de la mujer china que pasta entre vacas griegas. Es insuficiente un árbol en medio del predio para ahuyentar la mosca en medio  del árbol. Es la cicatriz que se invalida a sí misma con una larga lista de pelo por caer. El alma del príncipe se hace humo para favorecer una fuga de relojes desde el interior de un cable de mesa, y la fuga de la insomne Isolda preocupa a más de uno de los reflejos de los príncipes en el agua cortada con tijera en botella de cepillo.

 

 

 

 

EN EL ESTADO DE MI NUBE VISLUMBRO EL ESTADO DE ASUNTOS

 

En el estado de mi nube vislumbro el estado de asuntos.

Y sobre el agua paradójica la zona de la sombra perfila el mar en la flor de la lumbre.

Sobre el abismo la luna levita de espaldas y con relación a la nada la nube es un contrario que se reintegra.

El agua sube por el apuro del agua y se hace perla pocas  veces vista.

Un ejemplo es el espejo que da la hora según la palabra signo…

La mano liberada tapa el agua con un ojo arrancado de pez y lo universaliza.

Por lo tanto hay  mucho que hacer y el signo de la nube es tragado por la lluvia o por

el acento del hombre o por la coma de la puerta…

En las horas de la mañana observo el mar.

 

 

 

 

EL VIENTO TUERCE SU PROPIA CARGA  

 

El viento tuerce su propia carga

Golpea con furia el avión, el barco, los labios del corazón

Y la máscara del viento

Besa la máscara del árbol

Y el alma del viento viaja más allá

Y su raíz un problema matemático de la mas tierna infancia

 

Y además quizás  existe otro tipo de viento

Porque el viento determina el tiempo

En esas confusas marañas de fracciones

 

Y porque en el poema siempre deberé decir “no siempre

Como un ave que suelta su canto para huir más liviana por la niebla

 

Como una tortuga que  nace en la misma palabra en que muere

Y así el florecer no podrá ser nunca al nacer ni al morir

Sino al medio, en ese arco abstracto que nos sostiene

 

Esa flor que investigo hasta el delirio

Y este motor intacto que nos posiciona

Y cada jardín donde siento el viento es el jardín de la vida

 

 

 

 

IBA LENTO POR UNA PORCION DE NIEBLA

 

Iba lento por una porción de niebla cuyos cortes hacían prever imágenes asombrosas en la cabeza del sol intermitente. El cortador de cabezas estaba en plena faena, sudaba mucho y miraba de vez en cuando mi ligera silueta que se transcribía de espacio en espacio como gaviota evadida de su cocina de sombras imposibles.

Yo era un naufrago ordinario chapoteando en mis propios respiros.

Mi monólogo se hizo inservible a causa de un exceso de retórica en la mirada. Mi barco esta aun detrás de la ventana, roto por los numerosos escualos que anidan en él, poniendo sus huevos y mojando el aleluya.

Yo soy esa maquina gris del amanecer mirando asombradamente como las viejas edades fuman frente a la poderosa bola de fuego que aun finge dormir y que nunca duerme.

Es el trópico cuyas mujeres saben matar con brujería o con miradas pasando sus embrujos por las pequeñas fibras de mi corazón.

Los árboles me han vuelto la espalda y son más grandes por esa causa. Brotan a veces con pequeñas uñas en el alma saludando la lluvia. Los bosques palpitan a prudente distancia y cuando me acerco huyen y se convierten en piedra de sol muerto.

He encontrado un lenguaje en todos los rincones del aire y no he sospechado hasta dónde se proyectaría. Ahora soy la justa sombra de mis investigaciones y el silencio es posible ser abierto.

Hay aquí lo que los graciosos llaman fantasmas, y ellos viven en las sombras gritando algo indescifrable, su grito lo estampan  en las cartas que abandonan clandestinamente el lugar embrujado antes de convertirse en el correo de todas las apariciones.

 

 

 

 

ES EL BARRIO

 

Es el barrio que había olvidado sus guantes ensangrentados en  mi ventana y con sus puntiagudos argumentos puntiagudizado la condición de una sombra. Esa sombra como césped en llamas o una catedral y un kuchen paranormal.

Esa catedral como ojal...o nube sobre las antenas. Ese era el punto de barrio en su línea gruesa de acontecimientos o la cama vertical de los pájaros en otro otoño difícilmente repetible. En este chorro la casa había reflejado un barrio tras los vidrios empañados de cadáver interpuesto en la línea. Sobre las pisadas de los espectros hubo una línea de sal quebrada y restituida a los cuatro elementos y por lo tanto el barrio era rojo y verde, alternativamente, como una inmensa llama en una zona de hielo automático y trizado, una gran sonrisa equívoca, feliz y náutica.

Cuando programamos algo nos damos cuenta que estoy más lejos que el reflejo de una mano en crispadas casualidades que hierven en el sobre que trae el cartero con una larga sonrisa pétrea y que cae sobre el suelo laminado con un sonido de golondrinas pariendo, con el pretexto de no conocer el infinito en sus detalles. Por lo tanto una mano de barrio puede quemarse infernalmente si el perro sale y se crucifica.

Hasta volver desde el interior de un reloj.

El reloj que se enreda en el ojo moribundo y así profundiza la claridad del origen y la esperanza de taciturnos deportistas en los bancos de queso.

Y la sombra que rueda éxtasis en éxtasis sobre los tablones fríos de mí mismo.

No por eso olvidaré mi hígado en la ondulada garganta de la gaviota. Sepan las ciudades rugir  como una  tabla que se imagina   un  parto psicológico y la catedral seguirá siendo de cuero y una amplia calle prestará una trizadura y una oreja a la lógica que ha sido puesta.

Un perro sale de la sombra. Y la sombra le paladea como serpiente.

Una caracola es el puente  entre la vida y la ciencia.

Y la palabra es un perro que devora su hueso al revés.

En la gaviota de mi barrio hay el transcurso del tiempo.

En el sótano de mi barrio hay la gaviota subterránea.

 

 

 

 

EL CABALLO DE LA LIBERTAD HUYE DE LOS ASESINOS

 

El caballo de la libertad huye de los asesinos por un campo de flores. En sus ojos juega un río con sus respectivos niños. La ampolleta del cielo esta encendida como un caracol en las profundidades de la piedra.

El caballo blanco de la libertad dobla en la esquina y suda, su galope resuena en la bóveda del infinito y el infinito  marca  una cruz sobre su corazón.

Los asesinos no conocen la eternidad y se despistan y la botella se embiste contra un haz de signos que  crecía en el  carozo del maíz.

El número uno y el número siempre están de fiesta y en el  caballo de la  libertad

 la libertad libera a la libertad y yo nazco alegremente sobre un puñado de cenizas.

El horizonte acoge mis ideas y me reconozco en el espejo de la nada, fluvialmente.

La idea favorece  la resurrección anárquica de las cosas de este mundo.

 El caballo de la libertad descansa de sus asesinos y ellos son además idiotas.

No pueden reconocerlo pues ha sido un camote de tiza en lo silvestre.

El arco iris es una palabra controvertida, pensamos, el césped corrige las directrices de mi caballo-martillo con solo un gramo náutico de piojo de pared.

Los asesinos se petrificaron en la entrada del espejo y ya vivimos.

 

 

 

 

VEO CÓMO EL GESTO ABANDONA EL ROSTRO

 

Veo cómo el gesto abandona el rostro. Hay traducciones. Todos los tiempos en una gota de agua que cae. Miles de cruces entre cada palabra: Tormento, sollozo de viaje, madres confundidas, pájaro que abre el cielo para que tu entres."Está entrando", han dicho. Y cada labio es la cruz/momia/capullo.

 

 

 

 

SOBRE EL PLANO DE LA IRREALIDAD

 

Sobre el plano de la realidad una nube escapa hacia la realidad y se hace invisible en el entramado de mis dedos. Y mis dedos, como buenos perros, ladran a la nube que se pega a la mano del tiempo.

En mis días hay un ayer coagulado y puesto en biorealidades , y los sucesos chispean y se hacen cruz atizada por el hielo del aliento.

Y la mano de la nube es una advertencia a lo pétreo, y lo pétreo rebota en lo blando del agua, con una  mínima mano, y un camión de sombras se detiene frente a mi casa.

Soy  ave de la floresta, y la lógica me insulta desde lo superior de un palo.

El mar, mientras tanto, sella sus olas con garabatos hambrientos.

La nada coloca una pistola en la espuma.

Y entonces la vida es bella como un cactus corriendo  cien metros planos.

Y a la flor sobre el abismo se le hace agua en la boca,

Y la espuma progresa en cadenas.

 

 

 

 

LA NUBE DESCENDIO EN ESPIRAL

 

La nube descendió en espiral hasta encender el cadáver acostado en la pipa.

Y la pipa humeo en los interiores del cadáver y lo convirtió en un cadáver lento.

Por lo tanto en el país de la nube existió el país del cadáver y en mi habitación la nube fue otra cosa que en la pipa subida de la nube de afuera.

Y la nube de afuera humeo como una buena síntesis y yo estaba contento de tanto merodear el cadáver cuya boca tocaba la nube y cuyo pie tocaba el alfiler.

En mis países muchos dedos se dan la mano y un espejo se viste de paisaje radicalmente opuesto a la nube.

Y ese paisaje parcialmente soy yo, parcialmente la nube y parcialmente el cadáver que no es conciente donde empieza y donde termina  y por lo tanto jamás será un cadáver traducible.

En las largas noches de mi invierno doy vuelta las hojas en el ojo del cadáver y así reconduzco su ojo a la realidad, entre sonidos peligrosos.

 

 

 

 

LAS FINTAS DEL POETA

 

Las fintas del poeta. Salir, entrar...mil segundos de llanto. Matemática.

Descuentan pedazos de ser en el ser ambiguo del fondo. Mecanismo de resurrección inservible. Aparato para oír la muerte sin sangrar.

Servible, poca sangre, contradicción, gesto.

Ambigüedad de planeta en la habitación. Rostros entreabiertos del sueño.

Hoja cerrada, blanca, nada escoge dimensión. Pensamiento.

 

 

 

 

EL HOMBRE

 

El hombre descubrió un fuego en un rincón de la luna. En sus labios comenzaban a pronunciarse extrañas palabras perdidas. Descubrió el fuego  lunar. Dijo una palabra extraña que no era para los anales de la vida. La luna era suave. El sol construía cerros en el caracol ocular de la moral. El hombre por fin descubrió la inutilidad de la exactitud. La luna no era ni de sangre ni tenia partes blandas. La metáfora de la vida arropándose ni de materia ni de espíritu.

Los ojos del hombre intentaron atrapar la negación. Los ojos del hombre buscando en la espalda del hombre la explicación del revés. Las paradojas superpuestas ansiaban por explicarse. El hombre abrazó su ciencia  y las tinieblas no lo han detenido.

 

 

 

 

EL PEZ HABIA COLOCADO SU CODO SOBRE LA NUBE

 

El pez había colocado su codo sobre la nube.

Yo conducía un rebaño de trapos por el paisaje lunar, el pez tuvo un progreso de flor y rebotaba en un remoto y blando precipicio aun no exorcizado ni descifrado.

El paisaje tocaba mi ventana, y el aire se torno dinastía, y el espejo cayó contra la ola y la ola reventó contra mis rodillas.

La nube sobre mi barrio supuraba y la catedral se daba un baño de pájaros, y entonces salí a caminar con mis jóvenes huesos cargando el bulto  de lo absoluto. Una aparición colgó delante de mí el gancho de sus interrogaciones, y un árbol lanzo un párpado contra mi cráneo y me hablo así

eres una mezcla de luz y de sombra y con mi párpado te látigo, y clavo mis pájaros a tu palabra- objeto, y dejare que sangres hasta convertirte en lo contrario de un árbol, para que nos tengas siempre aprecio, y nos visites bajo el látigo, y hagas lo posible en  el aire”

Y yo caí en un circulo, sangrando, y debajo de mi carne se levanto una ciudad, y una serpiente recorría la eterna cadena de las interrogaciones, y ante mi alma el circulo ovulaba y paría distancias.

Y así, por las palabras del árbol, pude reencontrar el amor del aire,

y sólo en él desde entonces leo y me desplazo,

y sólo desde el regreso a mi tumba de nunca.