El callejón oscuro


 

No estaba muy iluminado, así que tuvimos que adivinar donde pisábamos. Aunque yo iba primero sentí el andar nervioso de Álvaro que susurraba cosas negativas. A mi me daban ganas de voltear y decirles que no siguieramos. Cuando estaba apunto de hacerlo se sintió un silencio absoluto en el callejón, di la vuelta y me di cuenta que mis amigos tenían una mirada de asombro. Me indicaron voltear en dirección a una escalera y luego de observarla un rato ví que Álvaro y Juan se dirigían velozmente hacia ella por lo que no vacilé ni un momento y los seguí.

Se veía que era una gran escalera de caracol que ascendía hacia el último piso y nos alegramos mucho subiendo la escalera de inmediato. Juan estaba muy mareado con las vueltas, así que apresuramos el paso. Después de mucho subir y subir, estábamos a punto de llegar al final porque se notaba que la escalera era vieja hasta que sentimos un pequeño temblor que nos hizo darnos cuenta que se estaba desplomando, así que aceleramos el paso y justo alcanzamos a subir.

Cuando se hubo detrozado por completo la escalera nos arrepentidos de haber subido. Estando arriba vimos una luz que provenía de un paqueño tragaluz y pudimos observar un water en el centro, por lo que corrimos hacia él; lo miramos fijamente y descubrimos que tenía dos palancas.

De pronto me di cuenta de algo raro, Juan no estaba, no lo encontrábamos por ningún lado; se había perdido, caído o desaparecido.