EL CONSUMO DE ALCOHOL EN LOS ESTUDIANTES DE ENSEÑANZAS SECUNDARIAS: UN APRENDIZAJE EXTRAESCOLAR.

publicado a la‎(s)‎ 18 de jul. de 2010 4:20 por Canal Clásico   [ actualizado el 1 de ago. de 2010 1:38 por Almenara Revista extremeña de ciencias sociales ]
José Francisco Sánchez Alía. Psicólogo. frasanchez@terra.es

Nacido en Cáceres el 1 de noviembre de 1962. Licenciado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca en 1985. Realizados los Cursos de Doctorado en Psicología y Sociología de la Educación en la Uex en los cursos 1989-90 y 90-91. Funcionario de la Administración Pública desde abril de 1986.

Resumen

El consumo de alcohol por parte de los más jóvenes es motivo recurrente de preocupación entre los adultos. Los datos sobre el consumo de alcohol en estudiantes de Enseñanzas Secundarias en Extremadura y en España confirman que una parte mayoritaria de los mismos consume alcohol, con prevalencias similares a las de la población adulta. Factores biológicos, psicológicos, psicosociales y sociales intervienen en la adquisición y mantenimiento de la conducta de ingesta de alcohol por los adolescentes. Destaca la fuerte influencia de los factores socioculturales, que ofrecen al adolescente un modo aceptado de disfrutar el ocio consumiendo alcohol. No obstante, la decisión individual define finalmente la conducta de cada persona.

Palabras clave:

Consumo de alcohol, adolescencia, ocio, alcoholismo, juventud, enseñanzas secundarias, socialización.

Abstract

The consumption of alcohol by the very young is a constant concern among adults. The data about the consumption of alcohol among Secondary School pupils in Extremadura and in Spain confirm that the majority consume alcohol, with similar tendencies to those among the adult population. Biological, psychological, psychosocial and social factors take part in the acquisition and continued behaviour of alcohol consumption among adolescents. The strong influence of sociocultural factors, which offer the adolescent an accepted way of enjoying leisure consuming alcohol, stands out. Nevertheless, individual decision finally defines the behaviour of each person.

Keywords

Alcohol, teens, entertainment, alcohol, youth, secondary education, socialization.

Cada 11 de noviembre, la Organización Mundial de la Salud celebra el Día Mundial sin Alcohol. Con ocasión de la última celebración, el Periódico Extremadura [1] se hacía eco de informaciones facilitadas por la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Extremadura (ALREX), según las cuales más del 70% de los adolescentes consumen alcohol cuando salen de fiesta y tres de cada diez que acuden al botellón son menores de edad. Para ALREX, la solución al problema del consumo de alcohol por parte de los adolescentes radica en la educación, desde los centros escolares, sobre las graves consecuencias que acarrea el consumo de alcohol.

En cuanto a los datos facilitados por Alrex, efectivamente, según la Encuesta Estatal sobre uso de drogas en estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) 1994-2006, realizada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad y Política Social, la prevalencia de consumo de alcohol en Extremadura en los últimos 12 meses, referida al grupo de edad de 14 a 18 años y al año 2006, es del 70,9%, inferior a la de la mayor parte de las Comunidades Autónomas y 4 puntos por debajo del total nacional. El consumo en los últimos 30 días se situó en Extremadura en ese año 2006 en el 56,2%, asimismo inferior al porcentaje nacional, del 58%.

Pero, en este caso, no interesa especialmente la comparación con el resto de las Comunidades Autónomas, sino el dato elocuente de que más de la mitad de los estudiantes extremeños y extremeñas de Secundaria bebieron alcohol en el último mes y casi las tres cuartas partes lo hicieron en el último año. Estas conclusiones se alcanzaron tras encuestar a una muestra de 777 alumnos extremeños de Enseñanzas Secundarias (población = 46.757), el 2,9 por ciento del total de una muestra de 26.454 estudiantes sobre una población de 1.589.942 estudiantes españoles de Enseñanzas Secundarias.
Antes de continuar, es necesario efectuar una precisión sobre la población objeto de las encuestas ESTUDES. Se trata de jóvenes entre 14 y 18 años de edad, pero no de todos los jóvenes españoles comprendidos en el citado grupo, sino únicamente de los que cursan Enseñanzas Secundarias (ESO, Bachillerato y FP II). Según las estimaciones de las propias encuestas, los jóvenes que cursan enseñanzas secundarias suponen entre el 75% y el 82% del total de ese grupo de edad en la población española durante el periodo 1994-2008.

Para la realización de la Encuesta de 2008, de acuerdo a los datos del Informe de la Encuesta Estatal sobre uso de drogas en estudiantes de enseñanzas secundarias (ESTUDES) 2008, se encuestaron a 807 alumnos y alumnas extremeños, el 2,7 por ciento de una muestra total nacional de 30.183 estudiantes de Enseñanzas Secundarias, de entre 14 y 18 años de edad, encuestados durante el año 2008. A falta del detalle por comunidades autónomas, el Informe anticipa que en el año 2008 la prevalencia de consumo de alcohol en el conjunto de la nación durante los 12 últimos meses se ha situado en el 72,9 por ciento, lo que supone un descenso de 2 puntos en relación con el año 2006 y casi 10 puntos en comparación con la prevalencia registrada en 1994. Es especialmente destacable el descenso que se registra en el mismo periodo cuando se considera el consumo de alcohol en los últimos 30 días. Efectivamente, si en 1994 el 75,1% de los entrevistados manifestaba haber consumido alcohol en los últimos 30 días, en el año 2008 este porcentaje se reducía al 58,5%, es decir, casi 17 puntos menos.

No podemos descartar ni confirmar que esta reducción esté mediatizada por las diferencias entre los adolescentes de hace más de 14 años y los actuales en relación con su respectivas necesidades de mentir sobre la realidad de sus costumbres. En cualquier caso, aun siendo importante, el descenso es claramente insuficiente para todo aquel que considere que el consumo de alcohol es una conducta de riesgo. No parece que, precisamente, se encuentren entre ellos los jóvenes encuestados en 2008: menos de la mitad (el 47,2%) creen que sea peligroso tomar 5 o 6 cañas/copas el fin de semana. Sin embargo, apenas se ha registrado reducción en la edad media de inicio en el consumo de alcohol, que pasa de 13,5 años en 1994 a 13,7 años en 2008.

Además, si consideramos el consumo por edades reflejado en ESTUDES 2008, más de la mitad de los encuestados de 14 años, concretamente el 53,1%, había consumido alcohol en los últimos 12 meses, porcentaje que sube al 69,6% de los encuestados de 15 años y al 77,6% de los de 16 años. A los 17 y 18 años, este porcentaje se sitúa, respectivamente, en el 84,1 por ciento y el 84,2 por ciento. Para todo el grupo de edad, en los últimos 30 días se emborrachó el 29.1 por ciento de todos los estudiantes de secundaria y un 49,6 por ciento de los que consumieron alcohol.

Para evitar marearnos con los datos sobre borracheras, únicamente destacaremos que el 22,1 por ciento de los estudiantes de Secundaria de 14 años encuestados se había emborrachado en el último año, porcentaje que sube hasta el 64,7 en el caso de los jóvenes de 18 años (ESTUDES 2006).
Hasta aquí un sucinto retrato socio-estadístico sobre el consumo de alcohol de los estudiantes de secundaria extremeños, en particular, y españoles, en general. A partir de ahora, nos proponemos centrarnos en la revisión de las causas comúnmente señaladas para explicar este fenómeno. Un fenómeno que, como tendremos oportunidad de ver, parece alertar cada vez menos a los adultos responsables de estos jóvenes -en su mayor parte menores de edad-, hasta el punto de que se va normalizando en la ―conciencia‖ social; el fenómeno se está convirtiendo en costumbre y, en este caso, la trascendencia del ruido es mucho mayor que la de las nueces. Al menos, desde el punto de vista sanitario, cualquier consumo de alcohol en menores se sigue considerando un consumo de riesgo (Informe sobre Alcohol de la Comisión Clínica la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Febrero de 2007).

Para considerar los factores que se asocian al consumo de alcohol de los más jóvenes, seguiremos el modelo biopsicosocial, por considerarlo un enfoque integrador que valora aspectos de diferente naturaleza que, relacionados estrechamente entre sí, definen conjuntamente las condiciones que determinan la conducta que nos ocupa. En cuanto a la dimensión biológica, únicamente podemos dejar señalada la importancia de las sensaciones de bienestar y euforia que produce el consumo de alcohol, su efecto desinhibidor y la nociva relación que se establece entre la dependencia, como vinculación psicofísica con el alcohol, y la tolerancia, como respuesta fisiológica que obliga a ingerir mayores cantidades de alcohol para obtener los mismos resultados.

En cuanto a la parte intermedia del trinomio, no será fácil desgajar lo estrictamente psicológico de lo psicosocial, menos aún cuando se trata de un hábito que, característicamente, se adquiere en grupo. Desde el enfoque psicológico, lo primero que debe tenerse en cuenta es que el grupo de edad que nos ocupa se inicia en plena adolescencia, un periodo de profundos cambios físicos y psicológicos, una etapa de tránsito entre la infancia y la edad adulta en la que los parámetros de la niñez, incluidas sus figuras de referencia, se resquebrajan, obligando a la búsqueda de nuevas referencias que permitan afianzarse frente a la inseguridad abierta por la revolución física y emocional que la adolescencia impone. Ante la nueva situación, los adolescentes buscan respuestas en el grupo de iguales, asumiendo sus valores en la medida en que éstos proporcionan un nuevo entorno de amparo que contribuye a configurar su nueva identidad.

En la jerarquía de necesidades de Maslow, que asciende piramidalmente desde la base de las necesidades fisiológicas hasta la cúspide de las necesidades de autorrealización, ocupa la zona central el sentido de pertenencia, cuyo valor motivacional consiste en que permite vencer sentimientos de alienación, extrañeza y soledad. La integración en el grupo, que exige compartir sus conductas, adquiere, para Maslow, tal importancia que la frustración de estas necesidades de pertenencia "es el foco más común en caso de inadaptación y patologías serias" [2]. Si la pertenencia a un grupo es fuente de confianza y seguridad en cualquier etapa del ciclo vital, tanto más importante lo será en un periodo caracterizado por la incertidumbre.

Efectivamente, las investigaciones experimentales revelan que la tendencia asociativa o afiliativa se incrementa en situaciones de miedo e incertidumbre. Además, en dichas circunstancias, el individuo prefiere unirse con los que estima que son más semejantes a sí mismos. Así, se validan socialmente en un grupo de iguales las vivencias subjetivas, la incertidumbre sobre los propios sentimientos. Tal como señala Gerardo Pastor "es explicable, pues, que, por efecto de la ambigüedad de las informaciones disponibles, se produzca en el hombre una penosa experiencia de incertidumbre que conlleve a una vehemente búsqueda o necesidad de agrupamiento para resolverla" [3].

La importancia del grupo en el desarrollo individual ha sido puesta de manifiesto, asimismo, por otros autores en el ámbito de la Psicología, como Carl Rogers, promotor de la psicoterapia humanista o existencial, para quien el hombre se realiza por el despliegue natural de sus potencialidades, necesitando del otro para que le proporcione los medios adecuados para su desarrollo (ROGERS, C. R., 1975). Cabe decir que ese otro puede proporcionar los medios adecuados tanto para su desarrollo como para su retroceso. La necesidad de pertenencia, la incertidumbre y el impulso al crecimiento personal empujan a la búsqueda del grupo, pero lo que el grupo hace no siempre resuelve las necesidades mencionadas.
Por tanto, parece que el modo en que se produzca esa integración, que el adolescente busca presionado por una serie de demandas personales y ambientales, no sólo influye en su situación presente, sino que puede comprometer, positiva o negativamente, el desarrollo a largo plazo del individuo. Efectivamente, la aceptación o rechazo por parte del grupo, las tensiones internas del mismo, las relaciones con otros grupos y el valor adaptativo o confrontativo del comportamiento grupal condicionan la adquisición y el mantenimiento de conductas que se proyectarán en el comportamiento posterior de estos menores en periodo de crecimiento. El refranero, auténtico compendio de antropología de campo pura y dura, asistemática pero acertada, recomienda cuidarse de las malas compañías y establece una conclusión coincidente con la investigación científica al respecto: dime con quién andas y te diré quién eres.

Así que aquí tenemos a nuestro estudiante del tercer curso de Secundaria, aturdido por los cambios que está experimentando su cuerpo, despertando a nuevas emociones hasta entonces desconocidas, que no hace mucho ha abandonado las certezas de la infancia y el colegio conocido para incorporarse a las incertidumbres de la adolescencia y a un centro educativo desconocido, donde aún continúa adaptándose. Siente necesidad de integrarse en un grupo que lo ampare, un grupo de personas que esté en su misma situación y de los que pueda aprender cómo resolvieron ellos, que son como él, las circunstancias que lo inquietan, entre ellas, como no, los nuevos modos de divertirse y relacionarse con sus iguales, del mismo y diferente sexo.
De acuerdo a un estudio sobre el ocio en los adolescentes extremeños [4], realizado a partir de 1.502 encuestas administradas a estudiantes de 3º ESO, 4º ESO, 1º Bachillerato, 2º de Bachillerato, Garantía Social o Ciclos Formativos de Grado Medio, cabe concluir, en primer lugar, que el mejor amigo de nuestros adolescentes es la televisión, cuya compañía frecuentan en un mayor número de horas a la semana, por encima de los amigos. Pero esto es de lunes a viernes. En los fines de semana, las relaciones con los amigos se convierten en el dueño absoluto del tiempo libre de los encuestados. Durante la maña y la tarde de los fines de semana, un 77% de los adolescentes encuestados tiene como dedicación principal salir con amigos, frente a un 30% que declara que su dedicación principal es estudiar. Durante la noche, el 94% de los adolescentes encuestados sale con amigos.

Volvemos a nuestro adolescente perplejo y lo situamos en su actividad favorita durante el tiempo de ocio. Allí se encuentra con sus amigos y coincide con otros grupos de su misma o superior edad. A medida que va creciendo, aumentan sus posibilidades de integrarse en una conducta cada vez más extendida entre sus amistades: consumir alcohol. Si a sus 14 años el consumo de alcohol no es aún una conducta generalizada, a los 18 años pertenecerá a una selecta minoría si persiste en abstenerse de consumir alcohol en su tiempo libre.

Y así, casi sin darnos cuenta, vamos transitando de la dimensión psicológica o psicosocial a la variable social del enfoque biopsicosocial que nos hemos propuesto revisar. Efectivamente, por decirlo en pocas y simples palabras, ya ha quedado establecido que el adolescente hace lo que hacen sus amigos porque necesita integrarse o pertenecer a su grupo de iguales. Pero, ¿por qué ese grupo de iguales manifiesta esa y no otra conducta?; ¿por qué, a lo largo del último año, consumió alcohol el 72,9 por ciento de los estudiantes españoles de secundaria? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que ése es, precisamente, el porcentaje de los españoles entre 15 y 64 años que consumieron alcohol durante el mismo periodo?

Ya recogimos, escuetamente, los principales resultados de las encuestas sobre consumo de alcohol entre los más jóvenes. Veamos ahora lo que hacen los adultos o, por ser más precisos, el comportamiento de la población comprendida entre los 15 y los 64 años, objeto de estudio de las Encuestas domiciliarias sobre alcohol y drogas en España (EDADES), elaboradas, asimismo, por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.

Para le Encuesta de 2005 se entrevistaron a 1.053 extremeños y extremeñas, el 3,7 por ciento sobre una muestra total de 27.934 personas entre 15 y 64 años de edad. De acuerdo a dicha Encuesta, en Extremadura había consumido alcohol el 79 por ciento durante los últimos 12 meses (España: 76,7 por ciento) y el 56,5% en los últimos 30 días (España: 64,6 por ciento).

Por su parte, el Informe de la Encuesta EDADES 2007/2008 refleja en el conjunto de España un descenso en ambos valores, situándose en el 72,9 por ciento el consumo de alcohol en los últimos 12 meses y en un 60 por ciento durante los últimos 30 días. En lo que respecta a la trayectoria desde la Encuesta del año 1997, se ha registrado un descenso de 5,6 puntos en el consumo durante los últimos 12 meses y un retroceso de 4 puntos en el consumo durante los últimos 30 días. Por otra parte, la percepción del riesgo indica que menos de la mitad (46,6%) creen que sea peligroso tomar 5 o 6 cañas/copas el fin de semana. Para la Encuesta EDADES 2007-2008 se realizaron en Extremadura 855 encuestas, el 3,6 por ciento sobre un total de 23.715 encuestas.

 

Últimos 12 meses

Últimos 30 días

Grupo de edad

Primer registro(a)

Último registro (b)

Primer registro(a)

Último registro(b)

14 a 18 años

82,7

72,9

75,1

58,5

15 a 64 años

78,5

72,9

64

60


(a): 1994 para la cohorte de 14 a 18 años y 1997 para la cohorte de 15 a 64 años.

(b): 2008 para la cohorte de 14 a 18 años y 2007/2008 para la cohorte de 15 a 64 años.

FUENTE: Encuestas EDADES y ESTUDES de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas

En la tabla se aprecia cómo en el primer registro existe diferencia en las prevalencias de consumo estimadas a partir de la declaración de los encuestados, pero en el último registro las prevalencias manifiestan una misma tendencia al descenso y se equiparan en los dos periodos de consumo considerados. Llama la atención el dato de prevalencia en el último año registrado, que es el mismo para los dos grupos de edad. En cualquier caso, cabe concluir que, a grandes rasgos, son similares los perfiles socioestadísticos de los estudiantes de Secundaria y del conjunto de la población entre 15 y 64 años. Parece, pues, que cuando los adolescentes consumen alcohol no hacen más que aprender a comportarse como sus mayores. Están heredando las costumbres sociales transmitidas de generación en generación. No se trata de que la culpa de que los adolescentes beban la tenga la sociedad, subterfugio con frecuencia interesado que únicamente sirve para diluir responsabilidades individuales, pero es indiscutible el peso que la costumbre social tiene sobre aquellos que aspiran a integrarse en esa sociedad.

Para algunos, el factor social es tan importante que cuestionan la relevancia de las variables psicológicas o psicosociales que hemos estado revisando. Tal es el caso de Baigorri y Fernández, quienes, tras indicar que la familia está perdiendo el dudoso honor de promover la iniciación al alcohol de nuestros jóvenes, aseguran que ―no se bebe o se toma porque hay que hacerlo, porque lo mande el grupo de iguales, sino simplemente porque lo impone el modelo cultural global dominante... los jóvenes beben porque han aprendido que beber forma parte de la diversión y de la noche a través de sus familias y de todos los productos culturales con que la sociedad les transmite los valores en los que los socializa‖. Más adelante, se decantan aún con mayor claridad por el peso de las variables sociológicas en la conducta de la ingesta de alcohol por parte de los jóvenes, señalando que "la propia salida nocturna corresponde a un protocolo cultural claramente prescrito, heredado, como el consumo de alcohol, de los mayores" [5].

No compartimos la relegación de los aspectos individuales en la adquisición de la conducta del consumo de alcohol, en función de las necesidades de integración o pertenencia de unos adolescentes abocados a la incertidumbre. Con todo, es forzoso coincidir en que la ingesta de alcohol forma parte del proceso de socialización, al tiempo que constatamos cómo la sociedad cada vez acepta con menos reparos la vinculación del ocio con el consumo de alcohol.

Un reciente estudio sobre el consumo de la juventud extremeña, basado en una encuesta a 335 jóvenes de 15 a 30 años y a 350 padres y madres entre 40 y 56 años con hijos entre 14 y 29, realizadas de septiembre a noviembre de 2008, señala que "una respuesta mayoritaria y muy a destacar es que los padres y las madres asumen con total naturalidad el gasto que hacen semanalmente su hijo e hija en alcohol y tabaco. El botellón es aceptado como una conducta habitual y normalizada que responde a una de las grandes modas juveniles actuales y que no lleva riesgos añadidos... Ninguno de los padres y las madres que han participado en estos grupos... consideran que el alcohol sea una droga" [6].

Seguramente, la tolerancia hacia el consumo de alcohol de los más jóvenes por parte de sus mayores es la consecuencia lógica de que los propios adultos, en buena medida, consumen alcohol en su tiempo de ocio. Desde luego, ni todos los adolescentes ni todos los adultos lo hacen. De acuerdo al último dato de prevalencia de consumo en los 12 meses anteriores, coinciden en un 27,1 por ciento los menores y los adultos que no beben. Sigue siendo clara mayoría el grupo de los que prefiere vivir su ocio modificando, aunque sea ligeramente, su estado de conciencia habitual. Con dedicación y entusiasmo, ellos señalan a las generaciones venideras el modo ―conveniente‖ de disfrutar el tiempo libre, el mismo que sus antecesores les señalaron a ellos. Por su parte, los adolescentes aprenden, a veces ventajosamente, lo que sus mayores les enseñan. Unos y otros coinciden en asumir de buen grado que tampoco es tan grave tomar algunas copas los fines de semana.

Ni queremos ni nos corresponde entrar en valoraciones morales, pero sí debemos dejar constancia de que tanta condescendencia con el consumo de alcohol es el caldo de cultivo óptimo para que el alcoholismo prospere y siga campando a sus anchas, con sus secuelas de enfermedades, muertes prematuras, accidentes y violencia familiar y social. Por lo demás, no obstante esta aparente tolerancia, estamos seguros de que, cada cierto tiempo, la opinión pública seguirá llevándose las manos a la cabeza cuando algún medio de comunicación divulgue los datos de consumo de alcohol entre los más jóvenes. Cada uno de dichos artículos debería recordar también que los chavales no hacen sino ensayar sus papeles de adultos en ciernes.
Pero aunque se trate de un comportamiento socialmente aceptado, debemos insistir en que no cabe recurrir a la manida estrategia de culpar a la sociedad. Al final, siempre se trata de una decisión individual y de una elección personal. Evidentemente, en el caso de los adolescentes las opciones son muy limitadas, porque a ciertas edades ni siquiera es fácil estar seguro de en qué grupo se quiere uno integrar, sencillamente se experimenta una fuerte necesidad de pertenencia y, con frecuencia, el medio tampoco ofrece muchas alternativas. A medida que el adolescente va creciendo desarrollará actitudes y aptitudes que le permitirán adoptar sus propias decisiones. Pero, mal que bien, los adultos sí somos muy dueños de elegir cuál es el modelo que queremos mostrar a nuestros adolescentes, conscientes de que con nuestra conducta, que nunca pasa inadvertida para ellos, estamos contribuyendo a sus ―aprendizajes extraescolares‖.


BIBLIOGRAFÍA
  • BAIGORRI, A.; FERNÁNDEZ, R. Botellón, un conflicto posmoderno. Icaria Editorial. Barcelona, 2004.
  • MASLOW, Abraham H. ―Motivación y personalidad‖ Díaz de Santos. Madrid, 1991.
  • PASTOR RAMOS, G. Conducta interpersonal. Ensayo de Psicología Social sistemática. Universidad Pontificia de Salamanca. Salamanca, 1983.
  • ROGERS, Carl R. Psicoterapia centrada en el cliente. Paidós, Buenos Aires, 1975.
  • Informe sobre Alcohol de la Comisión Clínica de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Febrero de 2007
  • Encuesta Estatal sobre uso de drogas en estudiantes de Enseñanzas Secundarias de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (ESTUDES) 1994-2006 y 2008.
  • Encuestas domiciliarias sobre alcohol y drogas en España de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (EDADES). 2005 e informe 2007/2008.
  • Adolescentes de hoy. Estudio sobre las formas de uso y aprovechamiento del ocio en la adolescencia Extremeña. Santiago Cambero Rivero (Coord.); Beatriz Blanco Otano; Daniel Cambero Rivero. Consejo de la Juventud de Extremadura, 2007.
  • Estudio de consumo en la Juventud de Extremadura. Consejo de la Juventud de Extremadura. 2008.
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