JOSE LUIS SAMPEDRO. “ESTAMOS ANTE EL FINAL DE UNA CULTURA”. CONVERSACIÓN CON EL AUTOR DE “EL RÍO QUE NOS LLEVA”

publicado a la‎(s)‎ 3 mar. 2014 11:03 por José Ignacio Urquijo   [ actualizado el 3 mar. 2014 11:21 ]

JOSE LUIS SAMPEDRO. “ESTAMOS ANTE EL FINAL DE UNA CULTURA”. CONVERSACIÓN CON EL AUTOR DE “EL RÍO QUE NOS LLEVA”.

Manuel Quiroga Clérigo

Dr. en Ciencias Políticas y Sociología

Crítico literario, narrador, autor dramático y poeta


La pena que nos embarga por el fallecimiento del gran pensador que ha sido José Luis Sampedro el día 7 de abril de 2013 nos anima a dar a conocer la conversación que tuvimos ocasión de mantener con tan excelente persona en un homenaje que, promovido por el Profesor Francisco Martín y patrocinado por la Universidad de Zaragoza, se celebró en Jaca (Huesca) al cual tuvimos la enorme alegría de asistir y participar con una ponencia titulada “Azar y necesidad en la narrativa de José Luis Sampedro”.

Nos encontramos en Jaca, ante la grandiosidad de los Pirineos, con un ambiente limpio y unas calles ordenadas y hacia el sur o el norte todo es confusión. ¿Qué mundo está viviendo en estos momentos un literato o escritor llamado José Luis Sampedro?.

-Pues  yo creo que estamos viviendo en un momento histórico de transición tan intensa, en todos los aspectos,  que podríamos denominarlo barbarie. Veo un momento histórico, salvo en lo referente a la diferencia del alto nivel de la técnica o la tecnología, equiparable al desmoronamiento de Roma que, lógicamente, puede dar paso a la aparición o emergencia de otra situación.

-Tal vez podríamos compararle con momentos como la Revolución Francesa incluso, cuando todo se modificó y se alteró de una manera radical, o con la Revolución Bolchevique que buscaba un nuevo orden social.

-Si, si. Para mí estamos ante un cambio tan profundo que puede significar el final de  una cultura y el inicio de algo muy diferente.

-¿Eso es novelable, la ficción que maneja el escritor puede ser tan importan

te como la realidad que está viviendo cada día y a partir de ahí puede crear nuevos escenarios literarios?

-Sí, pero yo encuentro una gran diferencia. Y es que en esas revoluciones  existían mundos parciales cerrados y culturas aisladas unas de otras que se ignoraban. Actualmente todo eso no ocurre. Todo cuando sucede tiene lugar en el ámbito de una cultura que llamamos occidental pero en el momento en que hay una emergencia de pueblos y culturas muy poderosas. Podríamos referirnos concretamente a China que, hoy mismo, tiene un importante lugar en la tierra. Y también lo tienen países como La India, grandes naciones como Rusia y Brasil. En estas circunstancias se mezclan la evolución del sistema en sí mismo, la endógena, con las influencias externas que pueden ser absorbentes o disolventes con los resultados que en cada caso se produzcan.

-¿Qué podríamos esperar en este caso de los poderosos, de quienes por mandato de los ciudadanos o por su propia autonomización de caudillos o conductores rigen los países, el capital o las industrias?

-Bueno, me parece que lo primero en que deberíamos ocupar es en madurar un poco. Yo, particularmente, encuentro a la Humanidad muy inmadura, incluso bastante irracional. Creo que siempre habrá dioses y religiones, o algo parecido, porque eso responde a la necesidad del hombre de solapar su miedo, de proteger su ignorancia, de crear que se cuenta con alguien o algo sobrenatural que nos puede aportar algún beneficio o algún consuelo. Y no hay que olvidar que en la ignorancia se piensa en ilusiones, se confía en que puede suceder lo extraordinario. Pero que esos factores o esas creencias tengan la potencia que tienen en estos momentos me parece algo monstruoso. Yo he dicho varias veces, y me sorprendido la falta de reacción de los demás, que mientras las mujeres de algunas partes del mundo tengan que vivir con el burka en las sociedad islámicas y en otras se vean obligadas a admitir diferentes condicionantes, es decir que estén realmente prisioneras dentro y fuera de sus hogares, que nadie me venga a hablar de civilización y de derechos humanos.

-Estamos creando la diferencia, incluso admitiendo esta diferencia como algo norm

al.

-Efectivamente, se requiere un mínimo de racionalización. Creo, en una palabra, que deberíamos aceptar el darwinismo, tener presente que la vida crece, se desarrolla y se desmorona y muere.

-Y frente a las situaciones irracionales, opresoras, indignas ¿qué puede hacer el intelectual?.

-El intelectual lo que debe hacer es denunciar, hablar con claridad, decir lo que ve como lo digo yo, me equivoque o no. Lo único que hago es afirmar aquello que me dicen mis razonamientos, mis observaciones de la vida cotidiana y lo creo firmemente. Y como he comentado en otro momento recuerdo aquí el lema de un libro mío que repetía las palabras de Martin Luther King. Y es que “cuando reflexionemos sobre nuestro tiempo no nos indignará tanto la maldad de los malos como el silencio de los buenos”. Lo que debe hacer el intelectual, en definitiva, es no ser o no convertirse en ningún momento el silencio de los buenos.

-Y actores sociales como los partidos políticos, las asociaciones ciudadanas, los sindicatos, ¿qué deberían aportar para evitar que ese silencio persista?.

-En relación a los partidos políticos, sean de izquierda derecha o centro, me parece únicamente que tienen que modernizarse porque sus propuestas no responden a las necesidades de las personas humanas. Ya vemos que hoy los militantes de los partidos son mínimos frente a otros grupos, ahora en crecimiento, como los clubes deportivos y similares que representan distintas formas de asociación muy importantes. Los partidos políticos están dejando de interesar a la asociación. Ello es debido a que se piensa que tratan a los ciudadanos como algo que tiene menor interés para su actuación.

-Y por el enorme costo que supone para los países y sus escasas contraprestaciones, o a desgastando incluso las instituciones y  perturbando la economía.

-Y por su amplia contribución a la corrupción en todos los órdenes, a la deformación de la realidad.

-Vamos a dejar estas cuestiones y hablar de algunas de tus novelas, que tal vez sea hablar de lo mismo. Por ejemplo, ¿qué queda de aquel universo romántico, abnegado, laborioso de “El río que nos lleva”, de aquellos personajes rudos y sencillos?. ¿Qué queda de aquellos paisajes, de aquella forma de vida, en este universo de velocidad, de voluptuosidad, de los grandes camiones u otros vehículos que transportan cargas increíbles en relativo poco espacio y a través de grandes distancias?.

-Yo hace tiempo que no sigo ese frenesí, que no vivo al tanto de los avances de tanta tecnología. Me he situado al borde de la cuneta y he dejado que la corriente humana continúe su camino. Por ejemplo no utilizo teléfono móvil. El usarlo me parece que nos lleva a una esclavitud tremenda. Creo que es útil pero muy esclavo. Digamos que me beneficio de esa utilidad porque mi esposa tiene uno, pero yo personalmente huyo de ello. Me he situado al borde la cuneta y he dejado que la corriente humana siga su camino. Es cierto que he utilizado un poquito el ordenador pero mis escritos los hago a la manera antigua que es como me parece más adecuado.

-“Congreso en Estocolmo”: ¿cómo funciona hoy día el mundo de la universidad, de la cultura, de los intelectuales? ¿Existe esa solidaridad, ese compañerismo, esa cortesía que veíamos en tu novela o en otros referentes de hace treinta o cuarenta años?. ¿ No está todo ese mundo disgregado, materializado?.

-No, todo está disgregado. Por ejemplo la actitud norteamericana equiparando a Europa con Venus o a América con Marte, y luego pretendiendo que poseemos unos valores comunes no es nada racional. Hombre, claro que tenemos valores comunes. También los tenemos con el Islam.

-O con los animales.

-Los valores naturales como el respeto a la vida, son valores naturales. Pero fuera de esas apreciaciones hoy el mundo de la universidad o de los intelectuales es algo completamente distinto al de los demás mortales.

-Y vamos, efectivamente, con los animales a quienes hemos citado hace poco. O sea que queremos hablar de “El caballo desnudo”.

-Esa novela fue una reflexión sobre la moralidad hispánica.

-¿Qué moralidad existe ahora, que hipocresía es la que nos gobierna?.

-Ahora existe la hipocresía de que no hay hipocresía. La prueba está en que cuando se habla de algunos temas en serio como la homosexualidad o el amor total se nos dice que se está inmediatamente contra la libertad.

-Como si los demás quisieran saber más de todo que quien habla de algo no habitual.

-Eso es.

-Llegaríamos así a una novela tan especial o diferente como es “El amante lesbiano”, esa manera cruda de enfrentar la propia intimidad con el peligro de que nos demás no sepan, o no quieran, admitirla. Estaríamos ante una confrontación social que pretende avalarse con las buenas costumbres o solamente lo que es bien visto, lo admitido por las normas de quienes hacen estas normas no de quienes han de ponerlas en uso.

-La confrontación social es permanente. Y además esa confrontación es mantenida por la educación. Debemos decir aquí que la educación es algo terrible. La educación infantil es algo terrible, a veces incomprensible. La inoculación de una sola verdad es algo increíble. Yo, por ejemplo, tengo el mayor respeto por los fieles, por quienes profesan o están atentos a una religión. Por quienes no tengo el menor respecto es por todos aquellos que representan una institución de poder como la Iglesia. Esa institución de poder no admite ni una sola verdad ajena a ese poder. Dirán, para justificar lo injustificable, que lo hacen para salvarnos a todos. Pero eso es algo demasiado cómodo, comodísimo. El estar respaldados por Dios y decir que las cosas se hacen en servicio de Dios te permite actuaciones tremendas, Te permite el asesinato sin ir más lejos. Eso fue concretamente la Inquisición. “Yo mato para salvar el alma de este hombre, de este ser humano”

-O como dice el cura de Oterón en el sermón de Viernes Santo de “El  río que nos lleva”. “¡Ved a Dios muerto sobre una colina mientras los ciudadanos sensatos, los que consideran de mal gusto presenciar las ejecuciones capitales imprescindibles para el buen orden social, hablan de negocio o gozan de sus esclavas!”, o las hermanas del Alcalde falangista y sanguinario de Sotohondo queriendo meter en la cama del cacique a Paula, joven y apetecible que llega a un pueblo de viejos y desesperados.

-Así es. Otra diferente e interesa hipocresía.

-Estábamos ante aquella necesidad de limpieza social que patrocinaba el franquismo depredador frente a los llamados rojos, causantes de todos los males de España.

-Todo se hacía entonces para salvarnos a todos.

-Unos insurgentes que se habían constituido en salvadores de la patria. Todavía existen.

-Pues el salvador de las almas que representa la Iglesia es igual, más de lo mismo. Yo únicamente quiero libertad y responsabilidad. Nada más.

-Nos toca sacar a relucir temas como la enfermedad, la miseria, la invalidez, todo aquello que aparece en “La sonrisa etrusca”, tratado magistralmente igual que lo han hecho escritores selectos italianos como son Gesualdo Bufalino o Andrea Camillero o mas jóvenes como Sussana Tamaro. ¿Cómo está tratando la sociedad a los enfermos, a los desvalidos, a quienes menos tienen o parece que merecen menos?.

-Lo está tratando con una grandísima discriminación. Vamos cada vez más a una sanidad para los ricos y una insanidad para los pobres.

-Los abocados a la nada.¿Qué hacen ahí las ONG´s, qué hacen los estados?

-Las ONG´s es algo a tener en cuenta. Las hay de todas clases. Algunas hacen algo, trabajan en serio, otras no tanto. Pero incluso esas que hacen algo lo hacen en una escala tan pequeña que es insuficiente para atender a tantos como lo necesitan. Para mí, y para cualquiera, está clarísimo que este sistema de cada vez más es algo insostenible. Los recursos del universo no toleran, no pueden tolerar, esa progresión positiva y negativa de lo que nos rodea. En el propio siglo XX se ha triplicado la población mundial. Los recursos naturales, sin embargo, no han crecido en la misma proporción. ¿Cómo se puede conjugar todo eso?

- Incluso en algunos países, de los más poderosos, esos recursos se han reducido sensiblemente. En Estados Unidos el presupuesto de defensa crece de manera desmesurada todos los días y el de sanidad ha disminuido, existiendo actualmente cincuenta millones de personas sin ninguna seguridad social, sin un médico, muchos sin una casa digna en que alojarse. En Nicaragua el primer gobierno sandinista proveyó de un vaso de leche para los lactantes, caso que se suprimió igual que otras medidas sociales en beneficio del enriquecimiento de los gobernantes, incluso sandinistas.

-“La senda del drago” nos lleva directamente al mundo de la globalización, aunque sea también una novela de amor y de hipocresía, producto lógico de las sociedades asentadas y del mundo de aparente confort de los últimos años, con esos nefastos políticos y esos ávidos capitalistas capaces de deteriorar todo lo que esté más allá de su cuenta corriente. A ver qué nos dice su autor, ya terminamos, de “La vieja sirena”.

-Cuando escribí “La vieja sirena” su temática era un reflejo de la sociedad de la época. Los persas eran los europeos que se enfrentaban a los norteamericanos.

-¿Cómo ves la literatura actual, esa literatura de los grandes bestsellers con ventas aparentemente millonarias? ¿Conduce todo eso a que se lea más, a que se escriban mejores libros?

-La verdad es que no leo casi nada de esas obras. Sigo manteniendo las lecturas de mis clásicos. Únicamente si algún amigo me recomienda un libro concreto, diciendo “esto es muy bueno”, me acerca a ello. En caso contrario me refugio en los clásicos. Estoy muy poco al día en relación con la literatura moderna.

-¿Qué futuro les espera a nuestros hijos, a nuestros nietos, en todos los órdenes?.

-Bueno, quiero pensar que la plasticidad humana y la capacidad de adaptación es muy grande. Ellos reaccionarán en su tiempo con la formación que han recibido, que están recibiendo, que no es la misma que he recibido yo. No creo que sean desgraciados con lo que se encuentren. Les parecerá natural una barbaridad y vivirán con ella.

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