Andrea Buscaldi

   En las solapas de sus libros, RB es presentado como semiólogo, crítico y ensayista francés.  Sin embargo, sus textos resisten a ser reducidos a un lugar o sección de biblioteca.  Alguna vez RB se definió a sí mismo como un sujeto incierto: demasiado literario para los lingüistas, y demasiado lingüista para los críticos literarios.  Su herramienta fundamental fue la semiología pero definiéndola de un modo particular y en ruptura con la hegemonía académica de su época.

 

La Doxa 

 

    En Mitologías RB reflexiona sobre algunos mitos de la vida cotidiana que alimentan el imaginario colectivo.  En nuestra subjetividad de época, ese imaginario es “nutrido” fundamentalmente por los medios de comunicación de masas: diarios, revistas y televisión.   RB denuncia a esos “nutrientes”  por su efecto anestesiante y tóxico ya que en su naturaleza anida imponer falsas evidencias como si fueran  verdades naturales o eternas.  Esos nutrientes conforman La Doxa ,  oculta bajo diversas mascaradas, que pueden ir  desde la simple opinión, pasando por el sentido común, hasta llegar a la realidad objetiva y por lo tanto, única.  Para RB, la Doxa debe ser revelada siempre como un prejuicio sin su máscara.  

   En ese sentido, subvertir el Viejo Texto de la Cultura y des-cubrir sus renovadas vestiduras -desde la ironía socrática hasta la moral psicológica de la unidad- ha sido siempre el espíritu de su práctica y desde donde invita a ser leído: “…el paradigma se deslizará, el sentido será precario, revocable, reversible, el discurso será incompleto” (1).  De márgenes, grietas y restos,  la práctica barthesiana se hace excéntrica y en fuga. 

 

 

La Semiología

 

   Sobre la semiología, RB expresó que una nueva ciencia lingüística  no debería estudiar los significados sino “el progreso de solidificación, su espesamiento a lo largo del discurso histórico; esta ciencia sería, sin duda, subversiva, al manifestar más que el origen histórico de la verdad su naturaleza retórica, lenguaraz” (2).  Para RB, el método no es ni más ni menos que el lenguaje reflexionándose a si mismo, y su relato, una puesta en escena quebrada y dispersa.  Porque  todo enunciado acabado es ideológico y todo discurso repetido, antiguo.

 

La  Lengua

 

    RB  parte de una definición: el lenguaje es una legislación y la lengua su código.  Sobre la lengua, como ejecución de todo lenguaje,  pone lupa en su  carácter asertivo fundante.  La negación, la duda, la suspensión del juicio, entre otros, son suplementos o súplicas dirigidas a doblegar su implacable poder de comprobación.  Haciendo de esa condición de la lengua un centro de gravedad, RB lanza una afirmación radical: si el fascismo no consiste en impedir decir sino en obligar a decir, entonces, toda lengua es fascista.  Porque lejos de ser un instrumento para comunicar o expresar, la lengua implica una fatal alienación.  Apenas hablo, soy hablado.

    

 

La literatura

 

    Si el lenguaje es el Imperio, no puede haber libertad sino por fuera de él. Pero no hay exterior humano al lenguaje sin pagar el precio de lo imposible.  A falta del amparo de un Otro del lenguaje, RB señala la única “salida”: hacerle trampas a la lengua dentro de su seno mismo, extenuar el signo en lugar de engañarse con su aparente naturalidad.  

   A esa  revolución permanente del lenguaje, a esa lengua fuera del poder, le llama  literatura.     

 

El texto

  

   Para  RB la literatura no es un cuerpo o serie de obras, tampoco un comercio o sector de enseñanza.  Literatura es “la grafía compleja de la marcas de una práctica, la práctica de escribir” (3).  En ese sentido, literatura, escritura o texto son sinónimos.

    RB ubica al texto como núcleo de la práctica de escribir.  Porque el texto es tejido significante donde aflora la lengua, para ser combatida o desgarrada.  Sobre el texto ideal como horizonte, señala su materia prima esencialmente plural y reversible.  La estructura del texto plural no está hecha de significados, es más bien una “galaxia de significantes”, una nominación en devenir.  Y su vía de acceso no será a través de una puerta principal sino de múltiples entradas.  

 

Leer

 

  Cuanto más plural es un texto, menos está escrito antes de ser leído.  Al texto plural le corresponde por añadidura una lectura plural.   Para RB leer no es un gesto parásito, porque el lector que se aproxima a un texto es una pluralidad de otros textos, y al leer no lee un texto, lo produce.  Leer es un trabajo de lenguaje, un trabajo metonímico, cuando leo escribo mi lectura.

 

Escribir

 

   Es escritor todo sujeto de una práctica, la práctica de escribir.  Y escribir no es adornar ideas para comunicarlas.  Por el contrario, la escritura es un ser total.  Su esencia es flaubertiana: entre fondo y forma no hay diferencias, fondo y forma son exactamente la misma cosa.

   Entonces, es escritor “alguien para quien la lengua es un problema, que experimenta su profundidad y no su instrumentalidad o su belleza” (4). Es escritor, no quien se expresa mediante frases sino quien las piensa.  Para RB ser  escritor es ser un Piensa-Frases.

 

 

 

 

La Forma

 

 Toda escritura debe transgredir “las formas esclerosadas, fáciles, agradables” (5), afines a la Escritura-Doxa. El pastiche, la elipsis, la frase, el fragmento, la metáfora y el haiku, en lugar de la máxima, son herramientas de la práctica barthesiana destinadas al desafío de evitar la imposición de Totalidad como forma ideal del texto. 

 

Excursión

 

   Dice RB que “una despiadada tópica regula la vida del lenguaje… el lenguaje proviene siempre de algún lugar” (6).  Entonces, ¿cómo un texto puede ser por fuera de los lenguajes?   El texto plural es atópico por excelencia.  No proviene de un lugar definido o rector, y sus líneas significantes migran diseminando el sentido.  Leer a Barthes supone entrenarse en su propuesta, y practicar el psicoanálisis no nos exime de esa condición.  Más bien nos habilita.  Donde leemos goce, placer, real, no accedemos a una definición predeterminada.  A veces leemos Freud o Lacan, y otras un más allá.

  Definir la escritura como una práctica perversa porque el placer de escribir no tiene función y un escritor no produce nada; o al lector como un Voyeur que observa en forma clandestina el placer de otro; o al texto como un cuerpo erógeno que promete placer en la intermitencia de su ritmo, son “ejemplos” de lúdica barthesiana significante en el corazón mismo de una moral o discurso de época.  En otras palabras, un oxímoron, un chiste, ¡o todo un escándalo, ligar perverso a escritor, Voyeur a lector, y texto a placer en lugar de a biblioteca!

 

Perlas sueltas

 

Ensayo: “Género ambiguo donde la escritura disputa con el análisis…” (7)

 

Investigación: “Se enseña lo que no se sabe, eso se llama investigar…” (8)

 

Enseñar: “…lo que puede resultar opresivo en una enseñanza no es finalmente el saber o la cultura que vehiculiza, sino las formas discursivas a través de las que se lo propone…” (9)   Señala como herramientas óptimas, la fragmentación si se escribe y la digresión si se expone.

 

Psicoanálisis: “El monumento psicoanalítico debe ser atravesado, como las calles admirables de una gran ciudad, calles a través de las cuales se pueda jugar, soñar, etc.: es una ficción.” (10)

 

 

Archivo (en Blog del Programa)

 

   Se puede acceder a parte de una selección de textos compilados bajo el título de “El Mundo de RB”: 

- El ensayo: un género barthesiano.

- El texto plural.

- El escritor y la escritura.

 

    Es un primer acercamiento a la escritura y transmisión barthesiana. Para profundizar en la noción de Texto y la práctica de escribir, “El placer del texto” es una buena opción (Lis Harguindey tiene la versión digital).  Todos los libros de Barthes tienen la particularidad de carecer de una puerta de entrada definida.  Su estética simula un glosario o vocabulario que invita a hacer un recorrido propio.

 

 

Andrea Buscaldi.

Pasante del Programa de Investigación, Adultos Mañana.

 

 

Citas

 

  1. El placer del texto y lección inaugural, Pág.12, RB, Siglo Veintiuno Editores.

2.  Esta cita es literalmente atópica: no encuentro de dónde la “saqué”.

  1. El Placer del Texto y lección inaugural, Pág. 98
  2. El Mundo de Roland Barthes, Pág. 140, Centro Editor de América Latina.
  3. Op. Cit., Pág. 19.
  4. El Placer del Texto y lección inaugural, Pág.42.
  5. Op. Cit., Pág.91.
  6. Op. Cit., Pág. 116.
  7. Op. Cit., Pág.113.
  8. El Mundo de Roland Barthes, Pág. 145.