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"En la Acción Católica los laicos se asocian libremente de modo orgánico y estable, bajo el impulso del Espíritu Santo, en comunión con los obispos y sacerdotes, para poder servir con fidelidad y laboriosidad, según el modo propio de su vocación y con un método particular, al incremento de toda la comunidad cristiana, a los proyectos pastorales y a la animación evangélica de todos los ámbitos de la vida". Ch. L. nº 31

"El fin inmediato de estas organizaciones es el fin apostólico de la Iglesia, es decir, evangelizar y santificar a los hombres y formar cristianamente su conciencia de suerte que puedan saturar del espíritu del Evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes (A.A. 20).

La Acción Católica, se constituye como un medio para lograr la formación y la espiritualidad del laicado que hoy necesita la Iglesia y la sociedad; como lo expresan los obispos "La Acción Católica, de acuerdo con la doctrina de las cuatro notas (eclesialidad, seglaridad, organicidad y comunión con el ministerio pastoral), no es una asociación más, sino que en sus diversas realizaciones - aunque pueda ser sin estas siglas - tiene la vocación de manifestar la forma habitual apostólica de los laicos de la diócesis, como organismo que articula a los laicos de forma estable y asociada en el dinamismo de la pastoral diocesana".

Pablo VI, antes de la conclusión del Concilio Vaticano II dijo de la Acción Católica: "Ella pertenece ya al diseño constitucional de la Iglesia. Varía su forma, según los diversos países, los diversos desarrollos; pero su definida colaboración de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia permanece... permanece no sólo como concepto sino como programa. Permanece como deber... permanece sobre todo como vocación"(25.8.1963). Más recientemente Juan Pablo II ha calificado a la Acción Católica como "una singular forma de ministerialidad eclesial".

Estas razones son las que nos llevan a promover y animar el trabajo y la labor de la Acción Católica que hace suyo el fin apostólico de la Iglesia en su globalidad: evangelizar, santificar, formar cristianos y llevar el Evangelio a todas las realidades prestando un servicio a la comunión, la corresponsabilidad; aportando conciencia apostólica, fuerza para penetrar en los ambientes, análisis de la realidad. Aporta formación para salir y transformar la conciencia de las personas de acuerdo con los sentimientos de Cristo.