Los pastores

Los pastores


Podría pensarse que entre la década de los sesenta del siglo pasado y la actualidad, la diferencia se podría encontrar en el pastoreo en sí. Pero no es el caso, continúan existiendo rebaños de ovejas que pastan en los campos y que son cuidadas por un pastor. Básicamente se obtienen los mismos productos, lana, carne de los corderos y leche para hacer queso.

El cambio radical se ha producido en la vida de los pastores, en cómo vivían en aquellos no tan lejanos días. A mi me sorprende, lo cercanos que están desde el punto de vista histórico, son de ayer y lo lejanas que me parecen sus formas de vida, que eran realmente arcaicas, que se habían mantenido con muy pocos cambios durante un largo periodo de tiempo. Sin exagerar, se pueden haber mantenido invariables durante miles de años, con pequeños cambios pero básicamente igual. Me sobrecoge haber sido contemporáneo de una reliquia de forma de vida, en mi niñez y primera adolescencia, que cambió a partir de la década de los setenta, que hoy supongo prácticamente extinguida en algunos aspectos importantes de la vida de estas personas. Los rebaños se recogen en cercados protegidos y el pastor se va a dormir a su casa en un núcleo habitado.

Hasta mediados de los años sesenta no se había producido ningún cambio significativo en el ámbito de las comunicaciones en el Valle de los Pedroches, en el corazón de Sierra Morena, una comarca aislada y sin grandes intercambios ni de población, ni comerciales. Separada de La Mancha, vecina al otro lado de la sierra, de la vega del Guadalquivir y de Córdoba. El acceso a la comarca tenía muy malas y deficientes comunicaciones. Las carreteras eran poco más que caminos de tierra y piedras. A principios de los años 60 a la carretera N-420 que pasa por Cardeña, une Ciudad Real con Córdoba, se le hizo una reparación importante  con piedras pequeñas de granito rojo, que traían los arrieros de las canteras con borricos cargados con seras de esparto. Las piedras las rompían los pedreros a golpe de martillo directamente sobre la calzada y para cimentarlas les ponían tierra, sin más. Después los peones camineros, con casetas a lo largo de toda la carretera, eran los encargados de reparar los agujeros que se producían, cada vez que llovía y el agua arrastraba la tierra, rellenándolo con más tierra y unas pocas piedras, que sacaban de la cuneta. El asfalto era un producto desconocido. El desgaste no era importante, muy de vez en cuando pasaba un coche. El autocar de línea regular que iba desde Villanueva a Córdoba por la mañana y volvía por la noche y algún camión o furgoneta para el transporte. Creo recordar que había un coche en el pueblo que hacía de taxi.

El pueblo no tenía canalizaciones de agua potable que había que ir a buscar a los pozos públicos. Por aquellos años se comenzó a construir el depósito de agua en el cerro de la parte sur del pueblo (Cerro de los tomillos, he leído, que se llama ahora. Yo no recuerdo que tuviera nombre). El agua se iba a traer de la vega de  Venta Nueva, que tenía un pozo que no se secaba, con un agua extraordinaria, por lo fina. Si que teníamos luz eléctrica, pero en mi casa, como en otras muchas, sólo se encendía con el horario de el alumbrado público de la calle. Teníamos una bombilla en cada habitación y por la mañana se apagaban con el alumbrado general.

Con estas comunicaciones se entiende que el pastor contaba con poco más que sus piernas y un borrico para moverse. Y eso determinaba que debía estar cerca de sus ovejas, durmiendo cerca de ellas, es decir en el campo. Esto lo hacía además para evitar el ataque de los lobos sobre el rebaño, protegido con perros, si empezaban a ladrar, el pastor debía acudir rápidamente. Por la noche, como medio de protección se recogían en una majada, hecha con tablones de madera de roble o encina de unos tres metros de ancho por uno y medio de alto, que se movían cada día, manteniendo un lado fijo. De esta forma las cagarrutas de las ovejas de la noche servían para fertilizar el campo. Esto determina que la majada sea móvil, no sólo de día en día, con desplazamientos de pocos metros, pero que acumulados en un año, hace que el camino recorrido sea amplio. Suponiendo que una majada de 10m de lado, son 100 m2 cada noche que a lo largo de una año hacen 3,65 hectáreas. La necesidad de fertilizar la tierra está supeditada a la calidad de la misma y a la rotación de la siembra de cereales, y, si es posible, el lugar donde se siembra el melonar de secano el año siguiente, que producirá unas riquísimas sandías y melones, si ha sido suficientemente cagarruteado y la tierra es de calidad. Son pocas matas, la producción de cada una no es muy alta, pero la calidad sí. Estas necesidades hacen que la majada se desplace, aunque las distancias no sean muy grandes, el pastor debe dormir a escasos metros de distancia.

Por esta razón el pastor vivía en un chozo. Lo normal es que cada año construya uno nuevo, es decir debe hacer un traslado de la vivienda. Un chozo es una construcción cónica a base de troncos de encina de cuatro metros que se unen en el vértice y crean un circulo de unos seis metros de diámetro, unos 28,27m2. de vivienda. Estaba recubierto con juncos para evitar, en la medida de lo posible, el paso del agua de la lluvia y el frío en invierno. En los laterales se construían las camas, también de troncos, juncos y paja y sobre ellos colchones de lana. El fuego se hace en el centro y el humo sale por el vértice, por entre los juncos. Hay sólo una puerta pequeña de madera de un metro y medio de altura, para evitar que entren los animales. La iluminación nocturna es un candil o un carburo y el propio fuego. El suelo de la choza es de tierra, sobre la que se ha extendido boñiga de vaca. Los excrementos de vaca diluidos con un poco de agua forman una pasta que una vez seca es bastante resistente y se mantiene firme. Periódicamente hay que volver a reponer el firme. Es una solución contra la tierra que al secarse lo llena todo de polvo y muy mojada forma barro. Algunas casas, la más humildes también utilizaban este sistema. La boñiga huele mal cuando está fresca, recién expulsada por la vaca, pero en las casas y los chozos, con muy buena ventilación y diluida con agua no apestaba demasiado y una vez seca, no producía ningún olor.

Su vida, vista desde nuestra perspectiva era muy dura, casi insoportable. De hecho, ha desaparecido sin dejar rastro y ni siquiera desde el punto de vista ecológico más extremo es defendible. Pero no era muy diferente de como han vivido nuestros antepasados durante milenios. No podemos compararlos con nuestras cómodas formas de vida urbana. Para mi lo extraordinario es que ni tan siquiera tenían las pequeñas comodidades que permitía vivir en un pueblo, aunque fuera pequeño. Ni tan sólo el contacto con los vecinos, la charla del atardecer o de la noche. Por no disponer, no tenían ni la incipiente radio, no tenían corriente eléctrica. A todas las incomodidades y carencias se unía la soledad. Ni siquiera la lectura, el analfabetismo era generalizado.

Si embargo, los pastores, no eran las personas con menos recursos, ni mucho menos. Se decía que eran los únicos que se podían comprar una casa en el pueblo. Trabajaban por la comida y con el dueño del cortijo y del rebaño iban a tercios. Es decir el dueño le proporcionaba "el jato", los alimentos básicos, el aceite, la harina, los garbanzos y el tocino. El resto se lo proveía él, un huerto y gallinas. La leche de las ovejas o las cabras. Al final de año, por San Miguel 25 de septiembre se vendían los corderos y 33% era para el pastor. Recogía el trabajo de todo el año. Los gastos sólo eran en ropa y calzado, y desde luego el ahorro en estos conceptos era considerable. El obtener el importe anual era disponer de un dinero en metálico que les permitía hacer compras de casas o pequeñas parcelas de tierra para dedicar a huerto o granja. No era un mal trabajo para ganarse la vida, el problema era el esfuerzo necesario. Vivir en esas condiciones y trabajar los 365 días del año, las 24 horas del día, aunque el esfuerzo físico no sea lo importante, si lo es la dedicación total que tiene que prestar al rebaño. El ganado se tiene que sacar a pastar con las primeras luces del alba y se recoge con las primeras sombras de la noche, sin faltar un día.

(continuará...)


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