KARST DEL ALTO TAJO    Peñalén, Villanueva de Alcorón y Zaorejas (Guadalajara)
                                    Coordinador: José Antonio Herreras                  GEOLOGÍA                    2013 - 2019

Relieve y paisaje vegetal

Dado que el territorio se sitúa en las altas parameras del Sistema Ibérico la altitud media es elevada, alrededor de los 1.320 msnm.

Los territorios más bajos de la zona elegida se sitúan en su extremo noroeste, en la Dehesa del Campo y El Val (1.265 m), produciéndose un ascenso progresivo hacia el sureste, donde se alcanzan los 1.375 m en el Alto del Navazo y Las Quisiruelas.

En general no existen desniveles pronunciados, con la excepción de la cuesta situada al sur del Camino de Huertapelayo a Peñalén, que en algunos tramos llega a salvar 40 m de desnivel en una corta distancia.

En cuanto al paisaje, es eminentemente boscoso. Prácticamente la totalidad del territorio posee cobertura arbórea, predominando las formaciones mixtas de pinos albar (Pinus sylvestris) y salgareño (P. nigra subsp. salzmannii), con densidades variables. En ciertas partes, con menor cobertura, se acompañan de sabina albar (Juniperus thurifera), que llega a ser predominante.
En el sotobosque dominan el enebro común (Juniperus communis), la sabina albar (J. thurifera), el agracejo (Berberis vulgaris subsp. seroi), rosales silvestres (Rosa spp.), majuelo (Crataegus monogyna), ocasionalmente jaras (Cistus laurifolius), y algún otro elemento minoritario.

Aunque más raras, existen algunas zonas desarboladas, coincidiendo con los cultivos cerealistas (Dehesa del Campo y El Val), áreas asoladas por algún incendio pretérito, y zonas de pastos (en el entorno de la Sima de Alcorón y también formando bandas entre las masas boscosas, a modo de cortafuegos).

El territorio presenta frecuentes depresiones, de distinta magnitud tanto en profundidad como amplitud, cuyo origen parece ser kárstico.

En muchas áreas los suelos son muy pedregosos, incluso rocosos, aflorando la roca viva en forma de callejones, lapiaces y litosuelos. Sin embargo son también muy frecuentes las zonas donde la roca madre permanece cubierta de suelo vegetal o sedimentos terrosos, coincidiendo en general con los terrenos boscosos, áreas de vaguada y fondo de las depresiones.

https://sites.google.com/site/abismogrupoespeleologico/exploraciones/karst-del-alto-tajo/geologia/Pinus%20sylvestris.JPG

Mapa Curvas y Cotas

Mapa Geológico

Aspectos geológicos y geomorfológicos

 Todo el territorio correspondiente al Alto Tajo se sitúa en la parte occidental de la Cordillera Ibérica, concretamente en el sector central de su Rama Castellana, donde predominan los materiales mesozoicos, aunque aflora también el basamento y puntualmente ciertos depósitos terciarios.
    En el entorno del Alto Tajo sobre el basamento de materiales paleozoicos se depositaron discordantemente los sedimentos mesozoicos, comenzando por los triásicos, predominando los pertenecientes a las facies Buntsandstein y Keuper. El Jurásico y el Cretácico son los más abundantes, tratándose principalmente de rocas carbonatadas depositadas en plataformas marinas poco profundas durante esos períodos. Finalmente, sobre ellos aparecen algunos depósitos del Neógeno de manera puntual y poco extensa (10).
    El territorio ofrece una importante diversidad litológica, pero además variados elementos geomorfológicos como son los cañones fluviales y las frecuentes manifestaciones kársticas, con relieves asociados a la disolución de rocas carbonatadas: cavidades, dolinas, poljés, lagunas y relieves ruiniformes, etc. (10, 11).
    El territorio concreto que tratamos, en el entorno de las localidades de Villanueva de Alcorón, Zaorejas y Peñalén, se sitúa sobre una alta paramera cretácica, cuyos materiales corresponden al Cretácico en sus unidades más superiores, principalmente compuesto por dolomías y calizas dolomíticas, oscilando su potencia entre 80 y 190 m. Estas dolomías son arenosas, grises y amarillentas, estratificadas en gruesos bancos que suelen dar lugar a grandes escarpes en los valles fluviales. Destaca en ellas la presencia de frecuentes oquedades con cierto aspecto de karst (08, 29).
    Dicho paquete carbonatado, el más potente y representado, se data en el Senoniense. Supone la gran mayoría de los materiales que afloran en la zona. Además del mismo, afloran también los materiales subyacentes que se datan en el Turoniense.
    Entre los materiales turonienses predominan en el área los más recientes (Turoniense superior), consistentes en una unidad de calizas, margocalizas nodulosas y biocalcarenitas, con fauna, y finalmente con un nivel de margas calcáreas hacia su contacto con el Senoniense. Su potencia no es muy grande, en general no superando los 25 m (08, 29).

    Dicho paquete carbonatado, el más potente y representado, se data en el Senoniense. Supone la gran mayoría de los materiales que afloran en la zona. Además del mismo, afloran también los materiales subyacentes que se datan en el Turoniense.
    Entre los materiales turonienses predominan en el área los más recientes (Turoniense superior), consistentes en una unidad de calizas, margocalizas nodulosas y biocalcarenitas, con fauna, y finalmente con un nivel de margas calcáreas hacia su contacto con el Senoniense. Su potencia no es muy grande, en general no superando los 25 m (08, 29).
    Más minoritariamente aflora el Turoniense inferior, subyacente al anterior y consistente en un conjunto tableado, con potencias entre los 15 y los 40 m, compuesto por dolomías, dolomías margosas y calizas (08, 29). En la zona dicho conjunto aflora a favor de un anticlinal que discurre más o menos paralelo a la carretera hacia Peñalén, pasando por la Sima de Alcorón rumbo al término de Peñalén.
    Al margen del Cretácico, en el territorio tan sólo se representan sustratos cuaternarios, muy puntualmente y coincidiendo con los sedimentos arcillosos presentes en el fondo de la depresión de El Val y la Dehesa del Campo, actualmente aprovechada para el cultivo cerealista.
    En cuanto al plegamiento y fracturación principal en el área, la cartografía geológica (08, 29) traza varias líneas de pliegues y fallas con rumbo noroeste a sureste, es decir más o menos paralelos a la carretera hacia Peñalén o el Camino de Huertapelayo a Peñalén.
    Atendiendo a la geomorfología, el estudio de las formas del relieve, el territorio se sitúa en el páramo o paramera (elemento litológico-estructural) de Villanueva de Alcorón, Zaorejas y Peñalén: amplios territorios con relieve prácticamente horizontal, a modo de meseta coronando la parte alta entre los valles del Tajo y el Guadiela. Se trata de grandes extensiones, generalmente cubiertas de pinos y sabinas, lo que a veces dificulta la orientación.
    Las parameras del Alto Tajo son de naturaleza carbonática (calizas y dolomías del Jurásico y Cretácico), y en ellas los procesos kársticos tienen especial desarrollo, estando incluso intensamente taladradas por infinidad de simas, dolinas o lapiaces (para éstos existe el topónimo específico “palancares”) (12).
    En el territorio del Alto Tajo poseen relevancia especial los elementos de origen kárstico, pudiendo separarlos en aquellos formados por disolución de las rocas carbonatadas y los originados por la precipitación del carbonato cálcico. A la par, en superficiales o subterráneos (exo y endokársticos respectivamente) (11, 12).
    Por efecto de la disolución de las rocas destacan las dolinas y torcas, poljés, megalapiaces y cavidades (cuevas y simas). Por precipitación, las tobas calcáreas, y los espeleotemas (12).
    Dolinas y uvalas suelen asociarse a alineaciones (fracturas, ejes de plegamiento, etc.) a lo largo de los que se ve favorecida la disolución de la roca calcárea. La fracturación es factor fundamental que condiciona su desarrollo, como el de otros rasgos kársticos, siendo abundantes en las parameras de Zaorejas y Villanueva de Alcorón, donde se sitúa el área tratada. Muchas tienen en su fondo la entrada a una cavidad que conecta exo y endokarst, estando su origen estrechamente relacionado.
    En cuanto a lapiaces y megalapiaces (“Ciudades encantadas” o paisajes de “callejones”), en la zona están bastante bien representados. Los lapiaces son frecuentes en terrenos más descarnados, y en ciertos lugares adquiriendo una escala considerable, formando paisajes de callejones, cuarteando el terreno mediante profundas y amplias grietas en la roca (pasillos y bogaces), en algunas de las cuales hay continuidad hacia el endokarst mediante simas.
    Debido a su gran fracturación y karstificación estos páramos calcáreos resultan muy permeables a las precipitaciones, que rápidamente drenan rumbo al endokarst (grietas y simas actúan como sumideros directos), lo que explica el que en muchas de ellas no haya cursos de agua. Es característica la ausencia de corrientes de agua superficiales en estas planicies, así como la escasez de manantiales y fuentes  (08, 12, 29).
    Por otra parte, la cercanía del valle del Tajo, encajado hasta 300 m por debajo de las superficies del páramo, hace previsible la existencia de espesores considerables no saturados hídricamente. Sin embargo, la existencia intercalada de tramos margosos y detríticos menos permeables puede dar lugar a la presencia de acuíferos colgados que descargan a través de fuentes en contactos entre capas y en fracturas (08, 29).
    Así, son muy frecuentes en la zona las cavidades, principalmente consistentes en conductos verticales, alcanzando profundidades máximas entre los 150 y 200 m.
    Se trata de un karst de mesa, aprovechando el diaclasado para progresar en vertical, rara vez a favor de la estratificación, de forma que predominan los pozos verticales que funcionan como sumideros. La escorrentía superficial se fuga rápidamente hacia las simas, que para el entorno de Villanueva de Alcorón, Zaorejas y Valsalobre se estiman en más de un centenar.
    Las simas acaban bruscamente al alcanzar niveles menos permeables, como las Arenas de Utrillas o, frecuentemente, otros niveles intercalados en la serie cretácica que dan lugar a un flujo hídrico en régimen difuso y sin formarse galerías o conductos espeleológicamente penetrables (10).
Las aguas, tras infiltrarse en la paramera cretácica, son cargadas de carbonatos en disolución por su tránsito a través de los conductos del karst y terminan aflorando en surgencias y manantiales kársticos, donde puede producirse el depósito de la roca disuelta.
    De este modo se han formado depósitos de tobas de grandes dimensiones, como es el caso de La Escaleruela o el edificio tobáceo del Campillo, ambos situados en el valle del Tajo, junto al Puente de San Pedro, muy cerca de la zona que estudiamos.
    Estudios realizados en edificios tobáceos como el del Campilllo datan el crecimiento de los depósitos, constatando que se produjo principalmente en tres períodos: hace 130.000, entre 110.000 y 80.000, y 10.000 años. Estos períodos coincidirían con respectivas etapas de alta actividad kárstica (10), lo cual lógicamente estaría relacionado con una mayor disolución y desarrollo del endokarst y así la formación de las cavidades existentes en los páramos superiores.