Ya vienen los reyes

YA VIENEN LOS REYES

 

El misterio escondido desde siglos y generaciones ahora ha sido revelado, nos dice la Iglesia en la antífona de Tercia.

 

¡Ha sido un milagro patente!---El Señor me dijo:..”te hago Luz de las naciones para que mi SALVACIÓN alcance hasta el confín de la tierra”.(Is.49.6...)

 

Y los magos, a la luz de la estrella, se pusieron en camino……, al ver al Niño, postrándose lo adoraron.

 

La estrella es luz para los magos, como lo es toda la Santa Palabra de Dios, lámpara para mis pasos, LUZ EN EL SENDERO de la vida. Ella se manifiesta a los magos como hombre y como Dios: Abriendo sus cofres le ofrecieron dones: Oro, incienso y mirra.

Como también a nosotros: Ellas, las escrituras, hablan de mi. Todo fue escrito para enseñanza nuestra. El misterio escondido a los ángeles, ahora nos ha sido revelado!

 

Bello el himno que dice: 

Ayer, en leve centella,
te vio Moisés sobre el monte;
hoy no basta el horizonte
para contener tu estrella.

 

Pero más hermoso cuando a la vista de la Bondad del Señor, el salmista exclama:

 


Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno» (Sal.51)

 

Que bueno es Nuestro Señor, que nos ha manifestado lo que le agrada, su Salvación, su justicia, su Paz, su Gloría, su honor y su Alabanza y todo su Amor en Cristo Jesús, Señor Nuestro, al que los reyes magos adoraron, inclinándose ante Él, el Niño Jesús, el Rey de los Judíos, Estandarte para todas las naciones, Rey de la Gloria. Nuestro Dios. ¡Que bueno es Dios para los que lo buscan, porque buscándolo con Amor, lo encuentran como lo encontraron los Magos.

 

La estrella, como figura de la Palabra de Dios, guía a los magos, los alumbra, les da esperanza y fuerza en el camino… cuando reaparece ante sus ojos para guiarlos los anima y los conduce por camino recto.

La alegría que tiene el esposo con su esposa, la tendrá tu DIOS CONTIGO. Cristo el esposo, se ha unido a su Esposa, tomando nuestra carne se hizo uno con nosotros, uno de los nuestros.

 

Así, su Luz es, también, nuestra luz para todos los que lo acogen y acogiéndolo lo adoran.

2.-

Isaías recuerda los tiempos antiguos: Voy a recordar las misericordias del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, lo que hizo con su compasión y con su gran misericordia.

Él dijo: «Son mi pueblo, hijos que no engañarán.» Él fue su salvador en el peligro: no fue un mensajero ni un enviado; él en persona los salvó, con su amor y su clemencia los rescató, los liberó y los llevó siempre, en los tiempos antiguos.-----

Pero ahora, con este manera tan bonita nos describe San Prócolo lo que es para nosotros la Palabra encarnada en Santa María y manifestada en el pesebre y en el Jordán:

Cristo apareció en el mundo, y, al embellecerlo y acabar con su desorden, lo transformó en brillante y jubiloso. Hizo suyo el pecado del mundo y acabó con el enemigo del mundo. Santificó las fuentes de las aguas e iluminó las almas de los hombres. Acumuló milagros sobre milagros cada vez mayores.

Hoy la creación entera resuena de himnos: Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el que viene en todo momento: pues no es ahora la primera vez.

Y ¿de quién se trata? Dilo con más claridad, por favor, santo David: El Señor es Dios: él nos ilumina. Y no es sólo David quien lo dice, sino que el apóstol Pablo se asocia también y dice: Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos. No «para unos cuantos», sino para todos: porque la salvación a través del bautismo se otorga a todos, judíos y griegos; el bautismo ofrece a todos un mismo y común beneficio.

Fijaos, mirad este diluvio sorprendente y nuevo, mayor y más prodigioso que el que hubo en tiempos de Noé. Entonces, el agua del diluvio acabó con el género humano; en cambio, ahora, el agua del bautismo, con la virtud de quien fue bautizado por Juan, retorna los muertos a la vida. Entonces, la paloma con la rama de olivo figuró la fragancia del olor de Cristo, nuestro Señor; ahora, el Espíritu Santo, al sobrevenir en forma de paloma, manifiesta la misericordia del Señor.----------

Y así LA PALABRA ilumina a la humanidad entera, a cada hombre, como lo explica San Máximo:

La Palabra de Dios, nacida una vez en la carne (lo que nos indica la querencia de su benignidad y humanidad), vuelve a nacer siempre gustosamente en el espíritu para quienes lo desean; vuelve a hacerse niño….Se manifiesta a sí mismo en la medida en que sabe que lo puede asimilar el que lo recibe, y así, al mismo tiempo que explora discretamente la capacidad de quienes desean verlo, sigue manteniéndose siempre fuera del alcance de su percepción, a causa de la excelencia del misterio.

Nace Cristo Dios, hecho hombre mediante la incorporación de una carne dotada de alma inteligente; el mismo que había otorgado a las cosas proceder de la nada. Mientras tanto, brilla en lo alto la estrella del Oriente y conduce a los Magos al lugar en que yace la Palabra en carnada; con lo que muestra que hay en la ley y los profetas una palabra místicamente superior, que dirige a las gentes a la suprema luz del conocimiento.  Así pues, la palabra de la ley y de los profetas, entendida alegóricamente, conduce, como una estrella, al pleno conocimiento de Dios a aquellos que fueron llamados por la fuerza de la gracia, de acuerdo con el designio divino.

Por eso, en todo tiempo, invocamos al Señor diciéndole:

….Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el que les dio la victoria,

sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro,
porque tú lo amabas.

……

3.- Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre.   (Is)

San Cirilo nos los explica así:

Cuando el Creador del universo decidió restaurar todas las cosas en Cristo, dentro del más maravilloso orden, y devolver a su anterior estado la naturaleza del hombre, prometió que, al mismo tiempo que los restantes bienes, le otorgaría también ampliamente el Espíritu Santo, ya que de otro modo no podría verse reintegrado a la pacífica y estable posesión de aquellos bienes.

Determinó, por tanto, el tiempo en que el Espíritu Santo habría de descender hasta nosotros, a saber, el del advenimiento de Cristo, y lo prometió al decir: En aquellos días -se refiere a los del Salvador- derramaré mi Espíritu sobre toda carne.

…Y esto fue lo que atestiguó Juan Bautista cuando dijo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo y se posó sobre él.(Cristo)

…y, aunque es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma substancia, incluso antes de la encarnación -más aún, antes de todos los siglos-, no se da por ofendido de que el Padre le diga, después que se hizo hombre: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.

Dice haber engendrado hoy a quien era Dios, engendrado de él mismo desde antes de los siglos, a fin de recibirnos por su medio como hijos adoptivos; pues en Cristo, en cuanto hombre, se encuentra significada toda la naturaleza: y así también el Padre, que posee su propio Espíritu, se dice que se lo otorga a su Hijo, para que nosotros nos beneficiemos del Espíritu en él. Por esta causa perteneció a la descendencia de Abrahán, como está escrito, y se asemejó en todo a sus hermanos.

De manera que el Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo -pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes-, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad.

……..Cristo, pues, no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes.

Este Niño, pues, que dio la estrella a los Magos, nos ha dado a Dios a todos. El que iluminó con la luz de la estrella el camino a los Reyes Magos, que se inclinaron en su presencia, NOS HA ILUMINADO A TODOS con su Espíritu Santo y nos ha llamado a una vida Santa, para alabanza de Dios Padre, con el Espíritu Santo, en la Unidad del Amor, como el Esposo con la Esposa.

Lo anuncia Isaías: Ya no será el sol tu luz en el día, ni te alumbrará la claridad de la luna; será el Señor tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor; tu sol ya no se pondrá, ni menguará tu luna, porque el Señor será tu luz perpetua y se cumplirán los días de luto.

En tu pueblo todos serán justos y poseerán por siempre la tierra: es el brote que yo he plantado, la obra de mis manos, para gloria mía.

El pequeño crecerá hasta mil, y el menor se hará pueblo numeroso. Yo soy el Señor y apresuraré el plazo.

 

Con esta sublime hermosura, manifiesta la Iglesia las realidades espirituales que se han obrado en la humanidad entera, pues el plazo se ha cumplido:

La misericordiosa providencia de Dios, que ya había decidido venir en los últimos tiempos en ayuda del mundo que perecía, determinó de antemano la salvación de todos los pueblos en Cristo.

De estos pueblos se trataba en la descendencia innumerable que fue en otro tiempo prometida al santo patriarca, Abrahán, descendencia que no sería engendrada por una semilla de carne, sino por la fecundidad de la fe, descendencia comparada a la multitud de las estrellas, para que de este modo el padre de todas las naciones esperara una posteridad no terrestre, sino celeste.

Así pues, que todos los pueblos vengan a incorporarse a la familia de los patriarcas, y que los hijos de la promesa reciban la bendición de la descendencia de Abrahán, a la cual renuncian los hijos según la carne. Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido, no ya solo en Judea, sino también en el mundo entero, para que por doquier sea grande su nombre en Israel.

Instruidos en estos misterios de la gracia divina, queridos míos, celebremos con gozo espiritual el día que es el de nuestras primicias y aquél en que comenzó la salvación de los paganos. Demos gracias al Dios misericordioso quien, según palabras del Apóstol, nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz; el nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido. Porque, como profetizó Isaías, el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en tierra de sombras, y una luz les brilló. También a propósito de ellos dice el propio Isaías al Señor:

Naciones que no te conocían te invocarán,

----un pueblo que no te conocía correrá hacia ti.-----

Por lo cual exclamamos con el salmo:

Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos planes en favor nuestro;

nadie se te puede comparar.

…………………………

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4.- Abrieron sus cofres y le ofrecieron sus dones.

 ¿Cómo es que los Magos no se escandalizaron  al ver a un Niño, pobre, expuesto en un Portal?....Pues, los magos buscaban a un REY,…hemos visto su estrella y venimos a adorarlo…¿Dónde está el REY de los judíos que ha nacido?.

 

Viendo al Niño, pequeño y pobre, se encontraron con  DIOS. Pues en Cristo estaba toda la plenitud de la divinidad, pero bajo apariencia humana. Se humilló a sí mismo. Despojándose del Esplendor Inmenso de su divinidad se hizo hombre.

 

Él bajando a la tierra, cuando ve al pobre tirado por tierra, malherido y medio muerto no da un rodeo, como quien no lo ha visto, sino que bajando de su CABALGADURA DIVINA, se abaja a vendar sus heridas, a curarlo y montarlo en su CABALGADURA DIVINA, para llevándolo a la Casa del Padre, devolverle su dignidad de hombre libre, hijo de Dios.

 

También yo, al ver a los niños pobres, abandonados por el mundo me he preguntado ¿Dónde está Dios?.....y Cristo ha respondido: Dios está en el pobre y abatido. Cuando sirvo a un pobre, niño o adulto..estoy adorando a Dios, como los magos que se inclinaron ante el Niño y lo adoraron. Cada vez que ayudo al necesitado, lo estoy montando en mi cabalgadura, en mi propia Vida que es Cristo.

Cristo ha querido ser adorado en el Portal, siendo un niño pequeño, para mostrarnos dónde está Dios cada vez que se lo preguntamos ante el sufrimiento humano. Dios estaba con Él y en Él, pues los magos lo adoraron porque en el Niño pobre y pequeño vieron a Dios.

Concédeme Señor, descubrirte en mis hermanos los hombres, pues todos ellos, como yo, somos pobres e indefensos humanos. Sólo hombres. Que pueda así, servirte en todos, pues tú despojándote de tu divinidad nos has enriquecido a todos con tus divinas ropas: La Gracia y el Don de tu Espíritu Santo que nos hace HIJOS DEL PADRE CELESTIAL.

 

GLORIA POR SIEMPRE A LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

lpd





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