Presentación Revista Ensayos Nº 6 - Centro 1 Cecilia Ros

Presentación Revista Ensayos Nº 6 - Centro 1

Cecilia Ros[1]

(21 mayo 2014)

 

Según el diccionario Investigar es  “descubrir”, “hacer avanzar el conocimiento sobre una determinada materia”.

 

El uso del término investigación ha dado lugar, sin embargo, a un abanico de posiciones que podemos ubicar entre los extremos de: “investigar”=buscar (versión escolar del término) e investigar científicamente, en las versiones más positivistas (explicar causalmente, apelando a la cuantificación estadísticas como vía de generalización, bajo métodos de tipo experimentales). En el medio, podemos ubicar desde la investigación policial hasta otras versiones de la investigación científica - no positivistas -.

Si nos detenemos en  el sub-universo de la investigación científica, ésta se inscribe generalmente dentro de las instituciones que tienen la autoridad para legitimar un cierto “hacer investigativo”, a partir de habilitar un conjunto de expertos o especialistas y de acreditar (a través de evaluaciones de proyectos y resultados) sus producciones.

En este contexto, es posible preguntarse ¿En qué lugar quedan quienes investigan sin esos estándares? ¿Qué estatuto tiene esa producción? O, más ampliamente, ¿Qué vuelve a una producción de conocimiento el resultado de una investigación?

No son preguntas a las que sea sencillo encontrar respuestas definitivas, y menos en unos pocos minutos. Sin embargo, podríamos decir que para investigar científicamente hay que estar motivado por alguna búsqueda de conocimiento, reconocer alguna tradición que nos vuelva herederos y pretender – de modo riguroso y sistemático - trascender una experiencia cuyo sentido no sólo sea singular, con el fin de contribuir a un campo o comunidad.

En una investigación que hicimos hace unos años en la Facultad de Psicología de la UBA[2], analizando los rasgos o características de las investigaciones de corte psicoanalítico, así como las posiciones que habían explicitado representantes de las diversas escuelas psicoanalíticas (APA/IPA, instituciones de orientación Lacaniana, entre otras) sobre la posibilidad de investigar en Psicoanálisis encontramos que la posición respecto de si es posible o no la investigación en este campo (y de qué se trata investigar allí), se ve atravesada por las versiones que se tiene de la ciencia. Y, llamativamente, la mayoría de los psicoanalistas consultados o leídos sólo reconocía la versión positivista de la ciencia y desconocía, o no tomaba para sí, otras versiones de la misma, surgidas en el marco de las ciencias sociales y humanas. Esto era así, tanto para distanciarse (“no tenemos nada que ver, es el caso de las instituciones de orientación lacaniana”) como para asimilarse (“tenemos todo que ver”, en el caso de la APA/IPA, en el que la idea es “usemos los formatos de la ciencia tradicional para mostrar la eficacia de nuestros tratamientos”).

En cualquier caso, la pregunta de si existe o es posible “investigar” en Psicoanálisis resulta “renegatoria”. Vale aquí sostener la misma actitud que Emmanuel Kant desarrolló frente a la posición empirista de la ciencia. No se puede afirmar que “no es posible investigar en Psicoanálisis” cuando existe conocimiento fundado en ese campo. La pregunta que cabe, en todo caso, es cuáles son las condiciones de la investigación en Psicoanálisis.

Sin pretender tampoco avanzar en dar respuesta a esa pregunta, sólo voy a contar que - en los comienzos - el análisis de los temas de los proyectos de investigación presentados por docentes de las cátedras psicoanalíticas (es decir, el grupo de quienes investigaban en el espacio académico) presentaba como un común denominador la selección de temas de investigación de corte teórico, al modo de la investigación filosófica o histórica. La clínica quedaba “preservada” del hacer investigativo, al asumir que el único modo de incorporarla era vía la generalización inductiva.

Comento esto porque creo que Investigar es una praxis (es decir, un proceso por el cual una teoría pasa a formar parte de la experiencia) al modo en que lo es la clínica psicoanalítica: ambas soportadas sobre discursos (el de la ciencia y el del Psicoanálisis). Por eso, investigar en Psicoanálisis no debiera eludir el “hacer avanzar el conocimiento” a partir de la clínica. Obviamente, advertidos de no sobreimprimir el lugar del analista con el del investigador, por cuanto la suspensión del saber atribuible a uno no vale para el otro.

 

Es en esta reflexión sobre la clínica que se pone en juego el vínculo entre la dimensión universal de los conceptos y teorías y los indicios que – en el “decir” de cada paciente – permiten una lectura y su consecuente intervención.

Una lectura rápida de los artículos que conforman la sección ENSAYOS de la  publicación que estamos re-presentando, permite reconocer en gran parte de  ellos (no sólo los de este número 6) un trabajo que teje o trama preguntas, conjeturas, y hasta “diagnósticos” a partir de un “pendular” entre el padecer de los pacientes y las teorías que nos permiten interpretarlos.

Así, algunos conceptos de Lacan, Miller, Colette Soler iluminan a Florencia (Villa) para interpretar a un paciente de 39 años con psicosis y sostener la pregunta por “el lazo social en la psicosis y su construcción en el trabajo analítico”; otros conceptos de Lacan y Freud le permiten a Leandro (Saavedra) pensar “la estructura familiar y su implicancia en el niño como síntoma”, o a Laura Letang para pensar  si es posible hablar de “acting-out en la infancia”.

Y es en este “pendular” en el que resulta recurrente en los ENSAYOS el formato de presentación de un caso.

Ahora bien, ¿Qué es un caso? ¿Qué estatuto tiene?

En términos lógicos, el caso aparece como ese “particular” que resulta de atribuir a un conjunto de elementos, signos, indicios (“singulares”) las características de una regla (o afirmación universal). Como el diagnóstico, esta atribución vuelve al caso un espécimen,  un representante de la especie y, en tanto tal, un singular-universal[3].

En el Psicoanálisis, y de la mano especialmente de Freud, el caso, es el que resulta del Historial,  para recoger y reconocer allí la trama de una estructura o configuración.  Como afirma Clara Azaretto[4]Los hoy lectores de Fragmento de análisis de un caso de histeria no leemos allí sólo la ilustración de cómo se inserta la interpretación de los sueños en el trabajo del análisis, sino también un caso paradigmático de histeria. El “caso” se transformó en el singular donde se expresa el universal de la histeria”.

Es necesario notar, sin embargo, que este relato no se construye como una foto fiel de lo acontecido en el contexto del análisis sino como el texto que da cuenta de la posición del analista, quien escucha en el contexto de la transferencia. La clásica división entre objeto y sujeto – característica de alguna de las versiones de la ciencia – no tiene allí lugar.  Lo que allí se relata es el resultado de una operación que supone otra entidad, que no es ni uno ni otro.

Esto, que podemos también reconocer en el concepto de “reflexividad”, que Pierre Bourdieu o Jesús Ibánez han defendido en el campo de la investigación en  Ciencias Sociales, incluye en el objeto a investigar al que “mira”; él también está en el cuadro que pinta, como Velázquez, en Las Meninas.

 

 

Y esto pone en juego un aspecto no menor de las aportaciones que puede hacer el Psicoanálisis a la investigación científica: restituirle y poner en valor el lugar de la enunciación.

 

J.P.Lebrun, en su libro Un mundo sin límite. Ensayo para una clínica psicoanalítica de lo social, cita a Lévy-Leblond (1988) para decir:

 “Hablamos generalmente de cientificidad cuando nos enfrentamos a un saber cuyos orígenes están borrados (…) La vía de la ciencia moderna conduce a desinscribir lo que funda, puesto que saca su poder operatorio de ese olvido, y deberá consentir a un trabajo suplementario de deconstrucción para volver a situar correctamente su punto de origen.” (…) La ciencia se encarga de olvidar el “decir” para no retener más que lo “dicho”, de ocultar “que lo que ha producido este enunciado es un bricolaje, una confrontación con lo real, una enunciación, un sujeto” (citado en  Lebrun, 2003:53)

La enunciación – “la propiedad más específica de lo que constituye un sujeto”, afirma Lebrún – queda así suprimida por el enunciado, que se independiza de su contexto y circula como un objeto más en un mercado, como una cosa.

 

Aunque esta pintura no caracteriza a “toda la ciencia”, sino, como anticipamos, a alguna de sus versiones, es cierto que da cuenta de la versión más generalizada de la misma, con la que se pelea el constructivismo o el pensamiento dialéctico que tiene claro que abdicar de esta historicidad, como condición constitutiva del objeto que se analiza así como del sujeto que opera analizándolo, lleva a una versión “cientificista” de la ciencia: como conjunto de prescripciones que describen los atributos de ese tipo de conocimiento

- “racional, sistemático, verificable, exacto y fiable” (Bunge, 1972) -.

 

Volviendo a los ENSAYOS…me interesa señalar aquí dos trazas de enunciación en las que aparece la implicación subjetiva del autor y que ponen en juego aquello que también constituye parte sustantiva de la transmisión:

a) como analista singular, exponiendo y exponiéndose en la reflexión sobre su praxis.

b) como profesional del campo de la salud mental, que interviene en el contexto de una política pública de salud.

Del primero, aparecen múltiples marcas en los textos, que lejos de enunciar desde un yo impersonal  propio del lenguaje científico tradicional, se expresan como yo reflexivo, que tanto sostiene la vigencia de las teorías o conceptos y/o  sus intervenciones, como pone en cuestión (en pregunta) esos universales para “hacer avanzar el conocimiento”.

Del segundo,  nos hablan las afirmaciones de Carolina Freire al decir que “la clínica nos interroga y compromete a tener una posición respecto al Psicoanálisis y a la época” y que “lo público renueva este compromiso y le exige a la clínica una lectura”, las reflexiones de Luiz Octavio Martins Staudt al comparar los dispositivos de entrevistas iniciales de este Centro con otro semejante de Rio Grande do Sul; o de Alejandra Horvath respecto de la “función de las entrevistas preliminares en el análisis de niños”, o de Leandro Ramogida al plantearse “qué nos dice el diagnóstico del sujeto” o de Sonia Libertchuck al interrogarse sobre “el dinero y la transferencia en los análisis en instituciones públicas”.

Una ante-última apreciación me surge sobre el actor y a la vez el destinatario de esta escritura.  

La investigación científica no es una praxis individual. Se parte de la comunidad de quienes desarrollaron las teorías en las que hoy nos apoyamos para recortar un campo de experiencias sobre el cual reflexionar; se produce en diálogo con otros (de la propia parroquia o de la de enfrente); y se comunica, con el fin de que algo quede, de que alguna contribución se realice al espacio del que uno se siente parte, a su “comunidad”.

Este “Espacio de Investigación en Psicoanálisis”, aparece sintetizando esa función: como expresión reflexiva y sistematizada de un diálogo en el marco de un colectivo de prácticas y de conocimiento. 

Y tal vez valga la pena, en esta dirección, profundizar el reconocimiento de ejes o líneas sobre los que cada Programa de Investigación (Consultorios Externos, Hospitales de Día, etc.) siga abrevando con el fin de hacer confluir allí las producciones de quienes “van pasando”.

Finalmente, encuentro también otra función en esta escritura.

Ch. Dejours, un psicoanalista francés que – a partir de lo que dio en llamar la Psicodinámica del trabajo – puso en relación al Psicoanálisis con las teorías de la organización del trabajo, al hablar del sufrimiento y el placer en el trabajo plantea que un elemento importante se juega en cuánto de lo que uno hace y cómo lo hace pueda ser reconocido: por nuestros superiores (que se expresa en lo que denomina juicio de utilidad), como por nuestros pares, aquellos que en el hacer cotidiano saben lo que implica este trabajo (a esto llama juicio de belleza).

Creo que estos escritos son una forma de hablar de lo que se hace, del trabajo como profesionales-trabajadores del campo de la salud mental; constituyen un diálogo en una comunidad de prácticas, y en tanto tal, contribuyen al vital y reconfortante “juicio de belleza”.



[1] Lic. En Psicología, cursó la Maestría en Investigación en Ciencias Sociales de la UBA, es Adjunta regular de Metodología de la Investigación II de la carrera de Psicología de la UBA e investigadora de la misma Facultad, así como del Departamento de Salud Comunitaria de la U.N. Lanús, donde además es docente de Grado y Posgrado.

[2]  Junto a la Lic. Clara Azaretto.

[3] Este camino para producir conocimiento se ha denominado abducción. Junto a las formas de inferencia lógica tradicionales (inducción y deducción) y sumada a la analogía, conforman un sistema de inferencias, presente en cualquier proceso de investigación (Samaja, 1993).

[4]Relato clínico, caso, historial”: Revista de la Sociedad Porteña de Psicoanálisis nº 11.  Buenos Aires, 2009.