Migraciones

Emigrantes e inmigrantes

Los movimientos migratorios son aquellos desplazamientos de población que conllevan un cambio de residencia. En los dos últimos siglos, las migraciones han adquirido una dimensión sin precedentes. Existen muchas posibles causas, tipos, duración, características... que se resumen en dos sentidos: movimiento de salida, denominado emigración, y movimiento de entrada o llegada de población, llamado inmigración.

La persona que se marcha de su lugar de residencia es un emigrante para los que se quedan en su lugar de origen. Esta misma persona es considerada inmigrante cuando llega al país de destino.


Causas de las migraciones

Desde su origen, el ser humano ha realizado movimientos migratorios: primero fue nómada y se desplazaba en busca de alimento. Hoy, las personas migran por razones muy diferentes.

  • Causas naturales. Las catástrofes naturales (inundaciones, terremotos, sequías, etc.) pueden motivar desplazamientos de población.
  • Causas sociales. Son las más importantes. Se emigra por causas políticas (persecuciones, guerras), por causas religiosas (expulsión de los moriscos de España, por ejemplo) y, sobre todo, por causas económicas (existencia de un alto índice de paro en el lugar de origen, esperanza de obtener mejores salarios, búsqueda de mejor nivel de vida, etc.).

Los flujos migratorios se pueden clasificar en función de diversos criterios:

  • Según el carácter: migraciones forzadas y voluntarias. Entre las forzadas cabe destacar la trata de esclavos negros y su traslado de África a América entre los siglos xvi y xix, o las actuales de refugiados y desplazados. Las migraciones de tipo económico se consideran voluntarias.
  • Según la duración del desplazamiento: migraciones temporales y definitivas. En las temporales se produce el regreso al territorio de origen al cabo de un tiempo, mientras que, en el segundo caso, el emigrante permanece en el país de destino. Un caso especial son los desplazamientos temporales ligados con la agricultura (estacionales).
  • Según el número de personas que emigran: migraciones individuales o familiares.
  • Según el lugar de destino: migraciones nacionales (interiores) e internacionales (exteriores). Las migraciones nacionales son las que se producen dentro del propio país; por ejemplo, los desplazamientos de la población campesina hacia las ciudades (éxodo rural) y aquellos que se producen después de la jubilación hacia el pueblo originario. Las migraciones internacionales son las que tienen como destino un país extranjero.

Las migraciones interiores

En la actualidad, las migraciones interiores difieren entre unas regiones y otras:

  • En los países en desarrollo predominan los desplazamientos de campesinos hacia las ciudades (éxodo rural).
  • En los países desarrollados destacan los traslados ligados a la jubilación. Se producen desde las grandes ciudades a zonas con climas y paisajes benignos.

Las migraciones interiores pueden provocar fuertes desequilibrios regionales, pues gran parte del territorio queda vacío, mientras que la población y las actividades económicas se concentran en muy pocas zonas.


Migraciones internacionales:

En 2010, el 3,1 % de la población mundial, unos 210 millones de personas, viven en un lugar distinto de su país de origen. El 60 % de los inmigrantes se asientan en los países más desarrollados; de hecho, una de cada 10 personas que vive hoy en estos países es inmigrante.

Existen tres flujos claramente diferenciados:

  • Personas que se desplazan desde países menos desarrollados a países desarrollados. La mayor parte son trabajadores poco cualificados, que se ocupan de labores poco valoradas y mal pagadas en los países de destino: labores del campo, servicio doméstico, limpieza, hostelería, entre otras. Estas migraciones están estabilizándose en los últimos años.
  • Flujos de personas entre los países desarrollados. Generalmente, son personas cualificadas que no encuentran trabajo, buscan mejorarlo o son destinados por sus empresas a trabajar en el extranjero.
  • Flujos de personas entre países poco desarrollados. En los últimos años, son los desplazamientos que más crecen.

En Europa residen alrededor de 70 millones de inmigrantes. Gran parte de ellos proceden de países del propio continente europeo, concretamente de la zona oriental. También son numerosos los inmigrantes que proceden de los países menos desarrollados del sudeste asiático, África e Iberoamérica .

Desde la etapa colonial hasta mediados del siglo XX, las migraciones internacionales, especialmente las provenientes de otros continentes (en particular de Europa), aportaron grandes contingentes de personas que fueron conformando, junto con los pueblos indígenas, la población argentina. Entre las oleadas inmigratorias se destacan las de fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX (aproximadamente de 1870 a 1930); éstas coincidieron con la etapa de expansión agropecuaria en la llanura pampeana y otras regiones del país.

Los migrantes ultramarinos se radicaron principalmente en la Ciudad de Buenos Aires, en la región pampeana, en la región patagónica y en las provincias de Misiones y Mendoza. Otros contingentes menos numerosos se dirigieron al Chaco y al noroeste, donde la disponibilidad de tierras para trabajar era menor.

En las oleadas migratorias iniciadas a fines del siglo XIX se destacaron por su número los italianos y los españoles, seguidos por franceses, rusos, suizos y alemanes. De Asia llegaron sirios y libaneses. En décadas posteriores, ya en el siglo XX, también arribaron migrantes provenientes de Europa central, como polacos y ucranianos. Entre 1948 y 1952, volvió a producirse otra oleada de inmigración europea, de menor magnitud que las anteriores, en la que se destacaron por su número los italianos.

Algunas de las estimaciones calculan que el número de inmigrantes ultramarinos llegados entre 1850 y 1970 habría sido de alrededor de 6.000.000 de personas. Esta magnitud ubica a nuestro país entre las naciones que mayor inmigración europea han recibido (junto con los Estados Unidos, Canadá y Australia).

Desde mediados del siglo XX se fue haciendo notoria la disminución de la inmigración (en 2001, los inmigrantes representaron menos del 5% de la población del país); esta disminución se produjo principalmente debido a la reducción de la inmigración de ultramar. Entre las novedades de las últimas décadas se pueden señalar: el incremento en la proporción de los inmigrantes de los países limítrofes, el aumento en la cantidad de inmigrantes peruanos y la llegada de nuevos migrantes ultramarinos provenientes del este y sudeste asiático (coreanos, taiwaneses, entre otros) que se radicaron principalmente en la Ciudad de Buenos Aires.





Migraciones limitrofes:

También han formado parte de las oleadas inmigratorias los contingentes provenientes de países limítrofes: paraguayos, bolivianos, chilenos, uruguayos y brasileños. En general, su volumen se mantuvo constante: entre el censo de 1869 y el de 2001, el porcentaje de población no nativa limítrofe osciló entre el 2 y el 2,9% de la población total del país. Pero, desde la década de 1950, al disminuir los contingentes de población de ultramar, se incrementó la proporción de estos migrantes en la población extranjera; actualmente, 3 de cada 5 personas extranjeras provienen de un país limítrofe.

Una de las características demográficas del conjunto de los migrantes limítrofes es que se trata de poblaciones en las que son mayoría los jóvenes y adultos (los que tienen entre 15 y 64 años), a diferencia de los migrantes europeos en los que se destaca el número de personas de más de 64 años. Otra característica es el predominio de la población femenina entre los migrantes limítrofes, especialmente entre las edades jóvenes y adultas tempranas (entre 15 y 39 años) y entre las mayores de 65.

En una primera etapa, predominó la inmigración limítrofe temporaria, porque las personas llegaban para realizar trabajos estacionales (como las cosechas o la esquila) en las zonas rurales de las provincias con fronteras internacionales. Es el caso de los bolivianos en la cosecha de la caña de azúcar, los chilenos en la esquila en las estancias patagónicas o los paraguayos en las cosechas del noreste. En una segunda etapa se produjo la inmigración definitiva o más prolongada, con residencia urbana, especialmente en el Gran Buenos Aires (zona urbana formada por la Ciudad de Buenos Aires y los partidos bonaerenses vecinos).

Migraciones internas y externas:

Los movimientos migratorios interiores se producen dentro de un país y son de especial importancia a la hora de explicar la distribución de la población en el territorio y las tendencias de los movimientos naturales. Tanto por sus características, como por el volumen de población a los que afectaron, en España se pueden distinguir cuatro etapas diferentes.

Hasta la Guerra Civil

La incorporación tardía de España a la revolución industrial provocó que la emigración del medio rural hacia las ciudades, que se estaba produciendo en otros países industrializados de Europa, no comenzara a darse de forma intensa hasta finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Las ciudades más industrializadas (Barcelona, Bilbao y Madrid) se convirtieron en el principal foco de atracción de una población rural. En el campo español, la agricultura tradicional no podía absorber los excedentes de población, que abandonaban el campo para instalarse en las principales ciudades.

Desde el fin de la Guerra Civil hasta la década de los cincuenta


A partir de la Guerra Civil, cuando la industrialización y la urbanización son ya una realidad, muchas personas deciden abandonar de forma definitiva sus pueblos para vivir en las grandes ciudades, que les podían proporcionar una mayor calidad de vida y un puesto de trabajo. Durante este período los movimientos de población fueron constantes, pero sin alcanzar el volumen al que llegarían a partir de los años sesenta.

Década de los sesenta y principios de los setenta

A partir de los años sesenta del siglo XX, España entró en una época de modernización económica: la población ocupada en la industria sobrepasó por primera vez a la que trabajaba en el sector primario. Al mismo tiempo, se produjo un fuerte proceso de urbanización y tuvo lugar el mayor éxodo rural de la historia de España, que fue responsable del vacío demográfico de muchas provincias y regiones.

Décadas de los ochenta y noventa

A partir de finales de los años setenta, la economía española entró en una fase de terciarización, es decir, de desarrollo del sector de los servicios; y comenzó una ralentización del éxodo rural, que en los años noventa dejó de ser significativo. La falta de expectativas de empleo en las ciudades, y el progresivo envejecimiento de la población en el campo español son los principales motivos del descenso de los movimientos interiores.

Los movimientos de población que se producen en este período son dos: uno es el de los que se dirigen a las provincias litorales y las islas, que ofrecen oportunidades de empleo en el sector turístico; el otro, el retorno de las personas que llegaron a las ciudades en los años sesenta y vuelven a su localidad tras la jubilación.

Corriente migratoria ultramarina

El importante aumento de población y la falta de trabajo en España fueron los motivos principales que obligaron a muchos españoles a emigrar en el siglo XIX y la primera mitad del XX. Esta emigración no fue constante sino que vino determinada por la situación económica española: cuando era favorable, se aminoraba el flujo migratorio; y en los momentos de crisis, aumentaba el número de emigrantes que partían al exterior. Los atractivos económicos que tenía en este período y la proximidad cultural y lingüística, fueron motivos suficientes para convertir a Iberoamérica en el principal foco de atracción de emigrantes españoles.

Territorialmente estos movimientos tienen dos vertientes:

  • Los principales países de recepción fueron Argentina, Cuba, Venezuela, Brasil y México.
  • Los principales centros de donde salía la población fueron las provincias costeras, destacando las del norte, sobre todo Galicia y Asturias; y en el sur, las islas Canarias.

Segunda mitad del siglo XX

A partir de los años sesenta, los países industrializados de Europa sustituyeron a Iberoamérica como principal destino de los emigrantes. Estas naciones necesitaban mano de obra por dos causas: el crecimiento económico que estaban experimentando, y la merma de su población, provocada por la Segunda Guerra Mundial.

Un gran volumen de población española encontró trabajo en la construcción, la industria y el campo de países vecinos como Alemania, que absorbió más del 35 % de esta emigración, Suiza, Francia, Países Bajos o Reino Unido.

A partir de la crisis económica de 1973, estos movimientos comenzaron a ser insignificantes.

Movimientos migratorios en la actualidad

En la actualidad, España tiene un saldo migratorio positivo. Aunque todavía muchos españoles emigran, las características de estas migraciones son diferentes a las que se produjeron en épocas anteriores.

Generalmente ocupan puestos de trabajo que exigen una mayor cualificación profesional o bien cambian su residencia por motivos de estudios. En los últimos tiempos, algunos emigran, temporalmente, para desarrollar proyectos de cooperación en el ámbito de las ONG.

Hoy en día, España se ha convertido en un país receptor de inmigrantes. El mayor volumen de inmigrantes procede, sobre todo, del norte de África, Iberoamérica y Europa oriental. Estos inmigrantes llegan a España, en ocasiones de forma ilegal, buscando una mejora de su situación socioeconómica. La mayor parte de ellos ocupan puestos en la agricultura, la construcción, la hostelería o el servicio doméstico.

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