Población de América

Distribución de la población

América es el continente con mayor número de habitantes después de Asia, pero la densidad media es escasa debido a su gran extensión. Solo la Antártida y Oceanía tienen una densidad media inferior. Las áreas menos pobladas están en las altas latitudes, las regiones áridas y las selvas. La población se concentra en las zonas costeras; en América del Norte, principalmente en la costa nordeste, la costa suroeste y la región de los Grandes Lagos; y en América del Sur, en las costas atlánticas de Colombia, Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina.

La población americana se reparte de forma desigual. Casi dos tercios de los americanos viven en Iberoamérica, mientras que el tercio restante habita en la América anglosajona. Hay tres países que superan los cien millones de habitantes: Estados Unidos, Brasil y México.

La tasa de crecimiento de la población americana es similar al promedio mundial. Pero crece más en Iberoamérica, debido al mantenimiento de una natalidad relativamente alta, y menos en la América anglosajona, porque la natalidad es menor. Eso hace que su población sea también más joven. Por ejemplo, en Brasil un tercio de la población tiene menos de 15 años.

El continente más urbanizado

América es el continente más urbanizado: más de las tres cuartas partes de la población vive en ciudades. El continuo trasvase campo-ciudad acentúa los grandes contrastes regionales. En algunos países, como Argentina, Chile, Uruguay y Venezuela, más del 87 % de la población es urbana. Las ciudades más grandes son: Ciudad de México (México), Nueva York y Los Ángeles (Estados Unidos), São Paulo y Río de Janeiro (Brasil) y Buenos Aires (Argentina), cuyas aglomeraciones urbanas superan los 11 millones de habitantes.

Las ciudades americanas crecen a un ritmo extraordinario, sobre todo en Iberoamérica, debido al fuerte éxodo rural. Por eso, en las afueras de las grandes ciudades aparecen barrios degradados, donde se amontonan las chabolas y las condiciones de vida son muy duras.

Numerosas ciudades iberoamericanas concentran la gran mayoría de la población nacional. Ciudad de México supone más del 17 % de la población total de su país. En el caso de los países del Plata el porcentaje oscila entre el 30 y el 50 %. Las principales capitales andinas, como La Paz, Quito y Bogotá se localizan en las altiplanicies y concentran entre el 13 y el 18 % de la población de sus respectivos países.

La población autóctona

La población originaria de América representa un escaso porcentaje sobre el total. En la América anglosajona, los pueblos nativos desaparecieron a medida que los europeos les arrebataron sus tierras, y en Iberoamérica se produjo un intenso mestizaje. En Canadá y Estados Unidos los esquimales y los indios no suponen ni el 2% de la población nacional.

En Iberoamérica hay grandes contrastes entre unos países y otros. En muchos países la población india no existe o es escasa. Por ejemplo, en Brasil los pueblos indígenas constituyen el 0,2% de la población y habitan en la selva amazónica; entre ellos se encuentran los yanomamis. Por el contrario, la población nativa oscila entre el 25 y el 55 % en algunos países de la América andina, como Perú, Bolivia y Ecuador, donde sobresalen los quechuas y los aimarás.

Recuperación de «lo indígena»

Se puede definir el indigenismo como el conjunto de ideas y actividades encaminadas a promover y defender la identidad cultural de los indios iberoamericanos.

Los pueblos indígenas viven, en general, en una situación de marginación, a pesar de haber contribuido decisivamente a la configuración de la identidad cultural de sus países. El mestizaje étnico y cultural que los indios han sufrido hace difícil separar lo indígena de lo no indígena. Por ello, la lengua se utiliza como el criterio fundamental para reconocer a las comunidades indígenas. Por ejemplo, se calcula que en México se hablan alrededor de 62 lenguas indígenas, además de los diversos dialectos derivados de las mismas, algunas prácticamente al borde de la desaparición.

En México existe una relación directa entre pobreza y zonas indígenas. Por ello, se producen migraciones frecuentes a las ciudades, a los campos agrícolas e, incluso, a Estados Unidos y Canadá.

Estas poblaciones presentan, además, una estructura por edades joven, un índice de fecundidad superior al nacional y un índice de analfabetismo elevado, mayor aún en las mujeres que en los hombres. En la actualidad, existe gran preocupación por parte de las instituciones y organismos internacionales acerca de la conservación de las poblaciones indígenas.



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