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CAPÍTULO 12. - MEDICINA, HIGIENE Y SALUD. Virgilio Beato, M.D. Virgilio Beato El concepto de salud y las estadísticas de suicidio. Anécdotas ilustrativas. Contraste con la experiencia republicana. Análisis de la «potencia médica», El médico de familia. Papel de la política y la propaganda. El estudio de Ms. Hirschefeld. Panegiristas y críticos. La opinión del pueblo.

CAPÍTULO XII
MEDICINA, HIGIENE Y SALUD.
Virgilio Beato, M.D.

EL CONCEPTO DE SALUD Y LAS ESTADÍSTICAS
DE SUICIDIOS
Han pasado diez años desde la publicación del libro 40 años
de revolución, el legado de Castro. En él hacía un análisis crítico del
estado de salud y las reformas introducidas en la sanidad y en el
cuidado médico del cubano y lo contrastaba con el excelente desarrollo
alcanzado durante los 57 años de la república de Cuba, nacida en
1902.
Definía como salud, el concepto acordado en 1978 por la
Organización Mundial de la Salud (WHO) y el Fondo Infantil de las
Naciones Unidas (UNICEF) que reunió en Alma Ata a representantes
de 134 países con el objeto de programar la lucha dirigida a obtener
salud para todos en el año 2000, objetivo aún inalcanzado. Esa declaración
establecía que «salud es un completo estado de bienestar físico,
mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o achaque»
(«Health is a state of complete physical, mental and social well-being
and not merely the absence of disease or infirmity») Analicé también,
en el citado libro, los llamados por el gobierno castro-comunista «logros
de la revolución» en el concepto de la salud. Logro, decía entonces,
no es sólo «acción y efecto de lograr», La palabra conlleva un
componente cualitativo que es esencial en su definición. Usamos esa
palabra sólo cuando algo se obtiene en exceso, es decir, más de lo
naturalmente esperado. La conclusión de ese estudio fue la inexistencia
de esos «logros»,
El descomunal fracaso económico, agravado por la desaparición
de la Unión Soviética y del campo socialista, repercutió profundamente
en el cuidado de la salud y de la medicina en Cuba. La falta
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de ingeniería sanitaria, la contaminación de los puertos y ríos, el
abandono del campo, la abundancia de roedores e insectos, produjeron
plagas y epidemias casi inexistentes en la época prerevolucionaria. El
dengue, las enfermedades venéreas, la espiroquetosis ictero hemorrágica
y las gastroenteritis infecciosas azotaron a la población. La
desnutrición y falta de vitaminas produjeron una verdadera epidemia
de trastornos oculares y neuropatías periféricas. Los índices de suicidios
y abortos fueron los más altos de su tiempo. ¿Qué clase de potencia
médica, es esa que según datos de la Organización Mundial de la
Salud ofrecía en 2004 los siguientes índices de suicidios:
En Latinoamérica : 6.5 x 1,000 habitantes.
En USA y Canadá : 13 x 1,000 habitantes.
En Cuba (hombres) : 24.5 x 1,000 habitantes.
En Cuba (mujeres) : 12 x 1,000 habitantes.
En Cuba el mayor número ocurre en edades entre 25 y 44 años (no se
incluyen los suicidios en las cárceles).
Índices de aumento en el tiempo:
En Cuba (1963): 10.2 x 1000 habitantes (promedio
entre hombres y mujeres).
En Cuba (2004): 18.5 x 1000 habitantes (promedio
entre hombres y mujeres).
Estas cifras son 35% a 40% superiores a la era antes de Castro.
La libreta de racionamiento apenas alcanzaba para la subsistencia.
Un verdadero «apartheid» médico existía y aún existe, donde
al lado de tres o cuatros hospitales habaneros bien equipados, que sólo
dan asistencia a extranjeros, turistas y miembros de la nomenclatura
oficial, languidecen los numerosos restantes, donde el abandono y
desabastecimiento constituyen la norma. El robo de medicinas, televisores
y equipos acrecienta lo que la falta de reparo o renovación
produce. Los médicos vivían, y aún viven, un clima de temor y ansiedad
ante el frecuente espectáculo de la denuncia y actos de repudio por
cualquier expresión o comportamiento que levante sospechas sobre la
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total integración revolucionaria. Una verdadera inquisición ideológica
se entronizó no sólo en el campo de la salud y la medicina sino que se
hizo extensiva a toda la sociedad cubana.
ANÉCDOTAS ILUSTRATIVAS
Tres anécdotas narradas a mí por protagonistas o testigos
presenciales bastan para ilustrarlo. Una joven estudiante de medicina,
en su segundo año de estudios, conversando ingenuamente con sus
compañeros afirmó que ella sólo usaba «panties americanos»; por ello
fue denunciada y expulsada de continuar sus estudios al revelar su
falta de integración revolucionaria. Otro espisodio muestra como el
totalitarismo marxista-leninista trata de controlar la mente humana: el
Dr. Jorge Dieppa, distinguido médico camagüeyano, me contó personalmente
que durante un pase de visita en el hospital de la ciudad
donde trabajaba, frente a un paciente afectado por una tromboflebitis
de una pierna indicó, correctamente, iniciar un tratamiento anticoagulante
con «Coumadin», medicamento producido por un laboratorio
farmacéutico norteamericano de uso corriente en la Cuba prerevolucionaria
y en el mundo entero. Dos días después, recibió un telegrama
procedente del Ministerio de Salud ordenándole concurrir al mismo lo
más pronto posible. Para su sorpresa y temor, fue recibido por un
panel de tres médicos que le preguntaron por qué había usado la
palabra «Coumadin», producto elaborado por una empresa norteamericana
y no el nombre genérico de la droga «Warfarin», Que tal actitud
mental reflejaba una predilección subconsciente por el imperialismo,
y que sería observado en lo adelante. De más está decir que bien
pronto se asiló en E.U. donde falleció años después. El tercer episodio
es aún más ilustrativo: una joven médica estaba cuidando en un hospital
a un paciente gravemente enfermo que al fin, y gracias a su esmerado
cuidado, pudo reponerse; ya convaleciente, charlando con ella le
preguntó: ¿daría Ud. su sangre para ser usada en algún soldado herido
en Angola? La joven vaciló y finalmente su respuesta fue negativa.
Acto seguido una segunda pregunta le fue formulada: ¿y si el el comandante
en jefe necesita su sangre? Un movimiento negativo de la
cabeza fue la respuesta. Para infortunio de la joven, resultó que el
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paciente era un teniente coronel de la inteligencia cubana y no tardó
en denunciarla, lo que fue seguido por su expulsión deshonrosa de la
profesión.
CONTRASTE CON EXPERIENCIA REPUBLICANA
Antes de 1959 Cuba ocupaba uno de los tres primeros lugares
en Latinoamérica en el campo de la salud y la medicina. Hace 10 años
reportamos que cuando el gobierno «revolucionario» tomó el poder,
el índice de mortalidad infantil en Cuba era de 32/1000, muy alto para
las estadísticas actuales en el mundo, pero el más bajo de la América
Latina y el 13 más bajo en el mundo, de acuerdo con los datos de las
Naciones Unidas. Cuba estaba por delante de Francia, Bélgica, Alemania
Occidental, Israel, Japón, Australia, Italia, Portugal y España. Hoy
Cuba permanece como el país más avanzado a este respecto en la
región pero su posición mundial ha descendido en la era castrista. El
valor propagandístico de ese índice ha llevado al gobierno castrocomunista
a manipular y ocultar el horrendo índice de abortos de 0.71
por nacidos vivos en 1991 (ONU). A ello hay que agregar la no
mención de terminación selectiva de los embarazos de alto riesgo, con
los que se logra descender el índice de mortalidad infantil.
Cuba ocupaba el tercer lugar en América Latina en consumo
de alimentos por persona. Después de la caída del campo socialista su
nivel descendió para colocarse sólo por encima de la pobre Haití.
Como prueba fehaciente del enorme atraso alcanzado durante estos 50
años de desgobierno castrista debemos recordar que Cuba producía 6
millones de toneladas de azúcar y criaba 6 millones de cabezas de
ganado para 6 millones de habitantes. Es decir,una tonelada de azúcar
y una res por cada habitante. Hoy en día la producción azucarera no
alcanza más que un millón y medio de tonelada de azúcar y Cuba se
ve obligada a importar azúcar, carne y otros muchos productos agrícolas
y pecuarios.
La vivienda y el transporte han continuando siendo uno de los
sectores peor atendidos por el régimen creando una lastimosa frustración
y desesperanza que ha llevado y lleva a miles de cubanos a
lanzarse a la aventura del mar, sin importar el riesgo de la vida. En los
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últimos 10 años, a pesar de un pálido mejoramiento económico, la
calidad de vida del cubano sigue siendo una de las más pobres del
mundo occidental. Hoy en día, Cuba compra, en forma limitada en el
mercado estadounidense. Venezuela, a través de Hugo Chávez, le
concede una ayuda ultragenerosa incluyendo el petróleo. España,
Rusia y China han dado ayuda y crédito a pesar de la enorme deuda
impagada del país. El tremendo abandono de las casas y edificios, la
imposibilidad de repararlos, el derrumbe de los más viejos y de los
menos resistentes han convertido a La Habana en la imagen de una
ciudad bombardeada. El turismo y el níquel con su actual alto precio
han pasado a ser los dos renglones principales de su pobre economía.
La tierra feraz del agro cubano, otrora fecunda y generosa, ha visto
eclipsado su esplendor y su pobre producción no alcanza para las
necesidades del pueblo y la exportación. Para agravar este cuadro
desolador, los dos recientes ciclones Ike y Gustav, unieron su poder
destructivo para aumentar al máximo el infortunio del pueblo cubano.
Según estadísticas oficiales 400.000 viviendas destruidas parcialmente
y 100.000 totalmente. Esas 500.000 viviendas han dejado desamparados
a más de dos millones de familias. No recuerdo en los 45 años que
viví en Cuba y conocí de los muchos ciclones que azotaron la isla,
algunos de gran poder destructivo, que produjesen el enome desastre
de estos dos últimos.
ANÁLISIS DE LA POTENCIA MÉDICA
Fidel Castro alardeaba haber hecho de Cuba una potencia
médica pero la cruda realidad y su enorme costo humano y económico
descubren otro de los grandes mitos de la revolución. Cuando se habla
de «potencia» hay dos aspectos a considerar: el cuantitativo y el
cualitativo. Sin la presencia de ambos el poder es débil. Cuba puede
llamarse potencia médica por el número de escuelas de medicina, por
la cantidad de médicos graduados, por el llamado médico de familia
y por sus numerosos hospitales, policlínicas y centros asistenciales.
Pero cuando se conoce el fracaso sanitario, la carencia de medicinas
y de recursos mínimos hospitalarios y de laboratorios, así como la
profunda insatisfacción de médicos, enfermeros y técnicos, se puede
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concluir que bajo el adjetivo de «potencia» se esconde un fraude
colosal. Recordemos la charlatanesca propaganda en torno a la curación
de la retinosis pigmentaria y el vitiligo como un «logro» de la
medicina revolucionaria. Hoy un discreto silencio ha sepultado en el
olvido al método y a su protagonista. La ozonoterapia, la cura del
cáncer por el interferón y la enfermedad de Parkinson por el injerto
cerebral de tejido embrionario son otros ejemplos del fraude médico.
Hoy en día conocemos en el caso de la enfermedad de Parkinson, por
denuncia de algunos de los participantes del proyecto, la violación de
los derechos humanos en obtener las muestras de tejidos para ser
injertados.
Actualmente hay en Cuba sólo 4 o 5 hospitales bien equipados
en La Habana, para uso de extranjeros, turistas, miembros de la nomenclatura
oficial y sus familiares y uno de ellos solamente dedicado
a los miembros del Consejo de Estado. El último hospital construido
durante la República, antes de 1959, fue el llamado Hospital Nacional.
Su construcción la inició el gobierno del presidenrte Carlos Prío
Socarrás, lo terminó el gobierno del general Fulgencio Batista y lo
inauguró el gobierno revolucionario de Fidel Castro. Era una verdadera
joya hospitalaria. En manos del castro-comunismo se ha convertido
en una ruina cuyo aspecto de abandono y sin ventanas puede verse en
la foto número uno. Los hospitales del resto de la capital y del «interior
» de la isla han seguido el mismo deterioro. Un patrón común de
abandono como puede apreciarse en las fotos:
AMBULANCIA
HOSPITAL NACIONAL
HOSPITAL JULIO TRIGO
Otro aspecto de la fachada del Hospital Julio Trigo
Vista de la sala de un hospial
FARMACIA
SALA DE MATERNIDAD
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El estado de las farmacias es otro capítulo que contradice la
existencia de una «potencia médica», Estos centros de venta de medicamentos
permanecieron abandonados por muchos años. Un limitado
esfuerzo de reconstrucción ha comenzado en el año 2002 sin aún
lograr el objetivo alcanzado. Muchas de las tiendas farmacéuticas se
han caído a pedazos sin electricidad ni refrigeración y sus anaqueles
permanecen vacíos. Esta lastimosa situación contrasta con las lujosas
y bien equipadas «farmacias internacionales» que sólo venden en
dólares a extranjeros, turistas y a los cubanos que pueden disponer de
esa moneda. Vean en la foto No 3 la insultante diferencia entre una y
otra farmacia.
Castro estableció como prioridad de la revolución hacer de
Cuba una «potencia médica» y, para ello, creó una veintena de escuelas
de medicina a las que convirtió en fábricas de profesionales médicos
que fueran más revolucionarios que científicos. Cuba es hoy el
país que tiene el mayor número de médicos por habitantes, lo que ha
sido una norma en los países comunistas de la Europa Oriental. Hace
pocos años su número se situaba en los alrededores de 90.000, hoy
deben haber alcanzado 100.000. Los estudios médicos se extienden
por seis años. Los dos primeros se dedican a las ciencias básicas y los
cuatro restantes al estudio y práctica en los hospitales. Una vez graduados
fue obligatorio, durante algún tiempo, hacer dos años de
especialización en medicina familiar, lo que podía ser seguido de
estudiar otra especialidad médica o quirúrgica. Las necesidades de
especialistas se cubrían convocando a los médicos teniendo en cuenta
el expediente académico del aspirante, su participación en las tareas
revolucionarias y la influencia de sus padrinos.
EL MÉDICO DE FAMILIA
El médico de familia fue la piedra angular del sistema médico
asistencial. Su responsabilidad era atender a 120 familias a las que
debía educar acerca de las enfermedades y su prevención, hacer un
censo de todos los individuos con la ayuda de los CDR (Comité de
Defensa de la Revolución) y tratar a los pacientes que acudían a sus
consultorios. Al médico de familia le daban como habitación una
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pequeña casa de dos pisos. En el piso inferior se situaba la consulta y
el segundo era su vivienda. Muchos médicos se dedicaban a esta
especialidad por la valiosa oportunidad de tener una casa ante la
tremenda escasez de viviendas disponibles. En un consultorio, pobremente
equipado, con la asistencia de una enfermera, poco podía hacer
el médico. Sólo aliviar los síntomas de las pequeñas y frecuentes
enfermedades que afectan al ser humano y que se curan por la defensa
natural del cuerpo humano. Los problemas más complejos tienen que
ser referidos al policlínico regional, donde grupos básicos de trabajo:
internistas, pediatras, ginecólogos y otros especialistas atienden al
paciente referido. Éste es tratado allí o a su vez enviado al hospital, si
así lo requiere el estado del enfermo.
La labor del médico de familia después de 8 ó 9 años de
estudio y sacrificio resultaba extraordinariamente frustrante. En poco
tiempo el profesional, haciendo una labor propia de un enfermero, se
convertía en un verdadero «semáforo médico» para sólo dirigir a los
pacientes a policlínicas u hospitales. En estos últimos 10 años el
médico de familia ha ido perdiendo su prioridad institucional. La
concepción de origen resultó una utopía costosa. La indiferencia, el
aburrimiento y el adocenamiento desplazaron el entusiasmo inicial y
un relajamiento en sus obligaciones se ha enraizado en el quehacer de
los mismos. A pesar de la poca estimulante labor, muchos médicos de
familia se quedaron en esta actividad gracias al enorme atractivo de
vivir en una casa, lo que representa un valor inestimable en un país
donde encontrar una constituye una verdadera pesadilla.
Actualmente los médicos de familia han disminuido considerablemente
debido a que un gran número de ellos han sido enviados al
extranjero en misiones internacionales. Muchos hoy tienen que atender
a varias áreas simultáneamente, duplicando o triplicando su cuota
familiar con la natural protesta de los pacientes. Se calcula que más de
35.000 médicos cubanos están prestando servicios en el extranjero, lo
que constituye un éxito propagandístico y excelente negocio para el
régimen que cobra en dólares por sus servicios y paga con el depreciado
peso cubano. El servicio en el extranjero fue del agrado de muchos
médicos hasta hace pocos años ya que con ello lograban sentir la
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libertad que el recelo, el temor y la represión les impedía. Otros también
veían esas obligaciones como la ocasión precisa de huir del país.
Hoy en día la vigilancia y el control han disminuido (pero no evitado)
las muchas deserciones. Aparte de la vigilancia, la entrega del pasaporte
y la permanencia de la familia como rehenes en la isla crean una
angustiosa incertidumbre sobre dar el paso hacia la libertad.
PAPEL DE LA POLÍTICA
Aunque ya el marxismo-leninismo ha dejado de pertenecer al
curriculum oficial de estudios todavía en la selección de estudiantes
se valoran el expediente acumulativo de los candidatos, la historia de
la integración con la revolución del individuo y la familia, su carencia
de fe religiosa, su entusiasmo por los proyectos internacionalistas y su
cumplimiento con las normas revolucionarias. La religiosidad, la
indiferencia o la ambigüedad revolucionaria son obstáculos insuperables
para ser admitido en una de las escuelas de medicina. El gobierno
castrista inauguró hace unos años la «Escuela Latinoamericana de
Medicina» donde se gradúan anualmente alrededor de 3.000 médicos
generales provenientes principalmente de países latinoamericanos pero
también de Asia, África y los propios E.U. El costo de la enseñanza,
el alojamiento y la alimentación corren por cuenta del gobierno, lo que
contrasta con la poca ayuda que reciben los propios estudiantes cubanos.
Una vez graduados todos esos extranjeros becados retornan a sus
respectivos países de origen en donde se espera que desarrollen una
intensa propaganda favorable a la revolución cubana.
Hoy, ya sabemos que el gobierno cubano manipula, distorsiona,
calla y falsea la verdadera situación de la salud y la enfermedad en
Cuba. Pocos confían en sus reportes estadísticos. Ya hicimos mención
sobre ello con el índice de mortalidad infantil. Recordemos que en el
año de 1993, hubo una verdadera epidemia de trastornos oculares y
neuropatías periféricas cuya verdadera causa el gobierno trató de
ocultar. Todos los informes culpaban a malos hábitos como el abuso
del alcohol y del tabaco. La situación fue comentada en el extranjero
y distintos países ofrecieron ayuda que fue rechazada por el gobierno
cubano. El número de enfermos afectados fue alarmante. Ese año, en
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una reunión oficial de las autoridades sanitarias cubanas, con la presencia
del gobernante Fidel Castro, después de una larga discusión en
la que se soslayaba el verdadero origen del mal para evitar el desprestigio
internacional, el Dr. Héctor Terry, ministro de Salubridad, dijo
paladinamente: «señores no ocultemos la verdad: la enfermedad es
debida a la desnutrición y carencia de vitaminas», Ese mismo día fue
separado de su cargo y la epidemia fue totalmente controlada con las
vitaminas y alimentos enviados a Cuba.
Una de las epidemias que mejor ha revelado el fracaso del
régimen y la manipulación informativa de los hechos ha sido el dengue.
Durante los 17 años que practiqué la medicina en Cuba no recuerdo
una sola epidemia de esa enfermedad. Cuba, Chile y Uruguay eran
los únicos países de América Latina y el Caribe donde la enfermedad
no era endémica. Entre 1977 y el 2002 la isla sufrió cuatro epidemias
y brotes de esa infección. Particularmente el brote de 1981. En la más
reciente epidemia que ocurrió entre junio del 2001 y marzo del 2002
se registraron 14.524 casos; 81 de la forma hemorrágica con algunos
muertos. El gobierno cubano trató de ocultar por todos los medios la
existencia de la enfermedad incompatible con la propaganda oficial de
potencia médica, y que al mismo tiempo podía afectar a la industria
turística.
EL ESTUDIO DE MS. HIRSCHEFELD
Katherine Hirschefeld en su libro Health, Politics and Revolution
in Cuba since 1898 cuenta otro hecho similar. La autora viajó a
Cuba con el propósito de permanecer en ella un año a fin de investigar,
documentar y publicar los «logros» de la medicina social en la
isla. Su proyecto pretendía usar el método investigativo antropológico,
un tiempo largo de residencia en el país, observación participante,
estudio de casos y entrevistas para estudiar la socialización de la salud
y la medicina sobre la cual ella había leído numerosos reportes laudatorios.
Su investigación constaba de tres etapas. La primera consistía
en vivir y participar durante un año en la vida diaria de una comunidad
local con el objeto de aprender más acerca de la cultura cubana y, de
observar la manera como el pueblo cubano se comportaba respecto a
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la salud y las enfermedades, fuera del sector oficial. La segunda etapa
consistía en la observación de al menos dos oficinas de médicos de
familia. Ella estaría todo el tiempo junto al médico durante su trabajo
diario, de manera que pudiera conocer mejor como era la práctica de
la medicina familiar. Recordemos que cada médico de familia cubría
las necesidades médicas de unas 120 familias a él asignadas incluyendo
la educación acerca del cuidado de la salud y prevención de las
enfermedades. Durante esa labor ella conduciría una formal e informal
entrevista con los médicos solicitando sus reflexiones personales sobre
el programa de medicina social en Cuba. La última y tercera etapa
consistía en describir una serie de casos estudiados que mejor ejemplificaran
el dinamismo cultural y social del cuidado de la salud del
cubano.
En su libro Katherine Hirschelerd escribe,
«durante mi tiempo en Cuba, mi opinión sobre el sistema
cubano de cuidado de la salud sufrió una dramática
transformación. El sistema idealístico e igualitario que
había leído en la literatura académica tenía muy poca
semejanza con las condiciones que yo observé en mis
estudios en la comunidad. Mientras muchos de los
médicos con los que yo trabajé fueron dedicados y
atentos profesionales, ellos estaban forzados a trabajar
dentro de un sistema que estaba profundamente politizado,
autoritario y represivo. La manipulación de las
estadísticas de la salud con propósitos políticos me fue
también aparente. Una experiencia decisiva en provocar
este cambio de perspectiva fue mi participación en
la epidemia de dengue en la provincia de Oriente. La
enfermedad apareció en Santiago de Cuba en enero de
1997. Ninguno de los médicos y personal de la salud
pública con los cuales yo estaba trabajando en Santiago
reconoció el brote y en su lugar, repetidamente me
aseguraban que Cuba había, exitosamente, erradicado
la enfermedad. Artículos en el Gramma (el periódico
Efrén Córdova, Editor
Katherine Hirschefeld. Health, 1 Politics and Revolution in Cuba since 1898 (New Jersey:
New Brunswick, 2007).
352
diario oficial) declaraban, triunfalmente, que ni un solo
caso había sido visto en la isla desde los comienzos de
1980. A mediados del verano, el brote en Santiago se
había convertido en una epidemia masiva. Una realidad
que descubrí solamente cuando caí enferma y fui
trasladada, contra mi voluntad, a un hospital cuya sala
estaba repleta de enfermos. Una vez admitida como
paciente, descubrí allí que había miles de casos de
dengue y algunos hemorrágicos en Santiago y los pueblos
aledaños desde la temprana primavera. Esta sorpresa
fue eclipsada sólo por el pobre cuidado que recibí
en el hospital. Ningún médico habló conmigo acerca
de mi condición, un enjambre de mosquitos volaba en
toda la sala y sólo una tableta de vitaminas me fue
dada y ninguna otra para aliviar mi sufrimiento. El
cuidado de las enfermeras fue escaso y los pacientes
que podían caminar (como yo misma) teníamos que
tomar cuidado de los más enfermos que no podían
moverse. Debido a que la epidemia se consideró un
secreto de estado, un soldado armado guardaba la entrada
de la sala. No pude hablar con nadie en los E.U.
El teléfono no estaba disponible. Después de ser dada
de alta en el hospital supe que a los médicos en Santiago
se les prohibió, por ley, hacer el diagnóstico de
dengue durante toda la evolución de la epidemia. A mí
y a todos los pacientes en la sala se les dio un diagnóstico
de «virosis», Solamente después que un doctor
disidente divulgó la noticia a la prensa internacional el
gobierno de Cuba, reluctantemente, reconoció la existencia
de la enfermedad.1
50 AÑOS DE REVOLUCIÓN EN CUBA
353
El hospital al que ella fue conducida es el nuevo hospital
clínico-quirúrgico de Santiago, que tomó muchos años en construirse.
El médico, Dessy Mendoza valientemente rompió el silencio impuesto
y denunció la existencia de la epidemia. Mendoza fue arrestado y
condenado a años de prisión por «diseminar propaganda contrarevolucionaria
», Años después fue liberado y pudo salir de Cuba.
La autora del libro describe el nuevo hospital como relativamente
bien equipado para el estandar cubano. Había agua y electricidad,
16 pacientes compartían un cuarto de baño grande que consistía
en dos inodoros, dos lavabos y dos duchas, pero sin jabón ni papel
higiénico. No había aire acondicionado ni ventiladores.
Ha sido norma oficial del gobierno cubano ocultar y negar la
presencia de toda enfermedad que pudiera afectar la propaganda de
Cuba como «potencia médica», Señalemos, que tan temprano como
marzo de 1961, el New York Times publicó un pequeño artículo reportando
un brote de poliomielitis en la ciudad de Guantánamo, Cuba. El
presidente Jonh F. Kennedy, a través de la base naval estadounidense
aledaña a esa ciudad, ofreció un importante suplemento de recursos de
que la isla carecía. Al día siguiente, Fidel Castro, respondió negando
la existencia del brote y rechazando la oferta como una maniobra con
objetivos imperialistas. Tiempos después, las estadísticas del MINSSAP:
«Desarrollo económico y salud en la Cuba revolucionaria»,
reportaron un aumento significativo de la polio en ese año.
Otro de los grandes fracasos de la revolución ha sido la prostitución.
En la república de Cuba, antes de 1959, como en el resto del
mundo, existía la prostitución. Ésta estaba limitada a ciertas áreas de
la ciudad de La Habana y mucho más reducida en los pueblos del
«interior», La prostitución estaba regulada por el Ministerio de Salud
Pública que exigía un carnet de salud de la prostituta, con exámenes
periódicos para detectar y tratar a tiempo cualquier enfermedad venérea.
Al llegar Castro al poder todos los burdeles fueron clausurados y
las prostitutas ingresaron en la fuerza de trabajo proletaria. El gobierno
revolucionario, triunfalmente, anunció que la prostitución, vicio
capitalista, había sido totalmente erradicada. Pero, los bajos salarios,
el descenso de la moral pública y privada, el relativismo, la promiscuiEfrén
Córdova, Editor
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dad de los sexos en las escuelas y tareas en el campo, la miseria y el
turista portador de dólares fueron suficientes para que la prostitución
renaciera con más bríos. No le quedó al gobierno otra alternativa que
aceptarla y para tratar de suavizar la nueva oleada dijo descaradamente
que «las meretrices cubanas eran las más cultas del mundo», Para
aumentar la desvergüenza se llegó a utilizar a algunas de ellas como
espías para obtener información y poder chantajear a algunos extranjeros
importantes.
PANEGIRISTAS Y CRÍTICOS
A pesar de todo lo anteriormente expuesto no han faltado
algunos simpatizantes de la revolución castrista que han escrito loas
sobre la reforma introducida en el campo de la salud y la medicina.
Véanse por ejemplo Cuban Medicine. NewJersey: New Brunswick,
(1979) por Ross Danielson y The Pursuit of Freedom. New York:
Harper and Ross (1972) por Hugh Thomas. Este último autor afirmó
que «en Cuba en cualquier parte ha habido un aumento de la sanidad
y de la higiene»,
Michael Moore en su documental del 2007 Sicko presentó una
escena «aparentemente espontánea» pero claramente preparada para
mostrar al pueblo norteamericano el progreso y las bondades del
sistema médico cubano. La escena consistía en exhibir la esmerada y
excelente atención médica recibida por un grupo de ciudadanos estadounidenses
en el hospital «Hermanos Ameijeira» uno de los pocos
hospitales cubanos que pasarían la prueba de una inspección objetiva.
Esa propaganda antiamericana y pro-castrista se derrumbó recientemente
con la exhibición de « Shoting Michael Moore» filmada en
Cuba con una cámara oculta por Kevin Leffler durante su viaje a la
isla. Leffler contrasta las escenas de los estadounidenses atendidos
diligentemente en el hospital habanero con el trato displicente recibido
por un ciudadano cubano que acude a la misma institución para recibir
tratamiento médico.
La filmación se llevó a cabo en noviembre del 2007 y en el
documental Leffler muestra la falsedad del sistema de salud cubano
y el deplorable estado de los servicios médicos que reciben los cuba50
AÑOS DE REVOLUCIÓN EN CUBA
355
nos. Las imágenes filmadas del hospital «Miguel Enríquez» también
de La Habana, muestran el deterioro de las instalaciones y el bochornoso
panorama de la sala de ingreso. El doctor Dasi Ferrer, médico
cubano disidente, que dirige el Centro de Salud y Derechos Humanos
«Juan Bruno Zayas» y quien en la actualidad tiene a su cargo un
proyecto alternativo de asistencia humanitaria para personas necesitadas,
le acompañó en su investigación. Leffler concluye que «el comportamiento
de Moore es mezquino e hipócrita»,
De todas las realizaciones del gobierno castro-comunista la
única que habrá de perdurar en la Cuba futura es la dedicada a la
genética y a la biotecnología. Castro invirtió un gran caudal de divisas
en la construcción y mantenimiento de los centros respectivos. Su
actividad investigativa y productiva ha logrado crear fármacos, vacunas,
factores de crecimiento y anticuerpos monoclonales para el
consumo nacional y para la exportación extranjera. Económicamente,
sin embargo, no ha tenido el éxito esperado. El costo de la empresa ha
sido mayor que el beneficio. Después de muchos años de exportación
limitada, en el año 2007 alcanzó una cifra cercana a 250 millones de
dólares.
LA OPINIÓN DEL PUEBLO
El más reciente estudio sobre la opinión del pueblo de Cuba
acerca de la atención médica actual mostró que ésta fue considerada
como deplorable. El estudio fue realizado entre julio y septiembre de
este año por el proyecto «Cubabarómetro», una iniciativa no gubernamental
y sin filiación política que recoge a profesionales y activistas
independientes bajo la coordinación del Dr. Darsi Ferrer y fue reportada
en el Nuevo Herald el 22 de octubre del 2008. El 92% de la población
habanera cree que la atención médica que ofrece el sistema de
salud es mala (53%) o regular (39%). Sólo un 7% la calificó de buena.
El 88% considera que el envío de profesionales y equipos médicos al
extranjero, en misiones internacionales, ha provocado un efecto negativo
sobre el cuidado de la salud nacional. Un 80% quiere que se
autoricen otra vez las consultas privadas y las clínicas mutualistas
Efrén Córdova, Editor
356
(estas últimas equivalentes a los HMO en los E. U.) que existían en la
República.
Durante esta última década se han acentuado dos fenómenos
característicos del enorme fracaso político, social y económico que
tanto afecta a la medicina y cuidado de la salud. Estos dos fenómenos
son el «mercado negro» y el «sociolismo», Ambos permiten «resolver
» las necesidades de cada día. El mercado negro es fuente de
desintegración moral. «El ladrón que roba a otro ladrón merece mil
años de perdón». Esta economía oculta y paralela a la oficial se extiende
a todo el país y, afecta a todos los centros asistenciales y hospitales
con la sustracción de todo lo que se puede vender: medicinas, equipos,
todo tipo de recursos médicos. El «socio» en el «sociolismo» es
también indispensable para «resolver» en el campo médico. El «socio»
busca la medicina que escasea, adelanta la operación no emergente, o
la cita del médico. Logra que otro médico, fuera del asignado, vea y
trate al apadrinado. Los médicos a su vez se corrompen al recibir
bienes y emolumentos como pago a sus atenciones extraoficiales.
En conclusión, Cuba ha perdido otros diez años en lograr el
progreso que la rescate del estancamiento y atraso de los primeros
cuarenta años de revolución. Mientras el sistema totalitario marxistaleninista
continúe imperando en la isla, Cuba estará condenada a
subsistir como un país más del Tercer Mundo. Sólo la democracia con
el respeto a la libertad, a los derechos humanos y a un libre mercado
con conciencia social podrá sacarla de su probreza y sufrimiento.
Cuba no es una potencia médica. Cuba es una isla infeliz que
merece un destino mejor.

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