Unitarios y federales :dos proyectos para organizar el estado



Durante el período revolucionario(1810-1820) fracasaron los intentos de dictar una constitución y consolidar una forma de gobierno estable. El enfrentamiento de distintos proyectos políticos, derivados de los intereses divergentes de los grupos que constituían la sociedad llevó a que se fueran definiendo dos propuestas.
Una de ellas, el centralismo, consideraba que la organización política del país debía realizarse mediante un gobierno central fuerte. La otra, el federalismo, reclamaba una organización política nacional en la que las provincias conservaran plena autonomía.
Entre 1820 y 1852, la historia de las Provincias Unidas estuvo signada por el enfrentamiento de los dos proyectos derivados de estas propuestas: el unitarismo  y el federalismo

El proyecto unitario:

Los unitarios sostenían una concepción política que provenía del centralismo del período revolucionario, por lo tanto postulaban la necesidad de un gobierno central fuerte (unidad de régimen). Consideraban que la nación preexistía a las provincias  y que éstas eran meros distritos administrativos , sin derecho a la autonomía, fiscalizados por el gobierno central. Por lo tanto los reclamos provinciales eran vistos como una amenaza al orden necesario para el funcionamiento del Estado.
En materia económica querían mantener el librecambio y la hegemonía portuaria porteña, es decir , que Buenos Aires siguiera siendo puerto único y que los ingresos de la aduana solo correspondieran a esa provincia.
Sus partidarios eran intelectuales , muchos de ellos influenciados por las ideas liberales europeas, comerciantes y militares. Si bien la defensa del centralismo favorecía a Buenos Aires, también hubo unitarios en las provincias. Se trataba de sectores con vínculos económicos con el puerto, intelectuales de ideas liberales o antiguas familias que habían perdido el control de las provincias por el ascenso de algún caudillo federal.
El principal intento de imponer el modelo unitario correspondió a la presidencia de Bernardino Rivadavia (1826-1827).
 
El proyecto federal:

Los federales concebían una forma de organización basada en la asociación voluntaria de las provincias, que delegaban algunas atribuciones para constituir el poder central, pero conservaban su autonomía. Para ello se debía sancionar una constitución federal, según la cual las provincias conservaran la capacidad de elegir a sus autoridades, dictar constitución y leyes propias y administrar los asuntos locales.
Los partidarios del federalismo constituían un grupo heterogéneo, en el que era predominante la adhesión de los sectores rurales y de los hacendados.  En materia económica existían diferencias regionales:
*Para los federales del Interior era necesaria una política aduanera proteccionista que favoreciera a las producciones locales, y el reparto de los derechos de aduana entre todas las provincias.
*Los federales del Litoral reclamaban la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay y la apertura de puertos, para desarrollar el comercio sin depender de Buenos Aires.
*Por su parte, los federales porteños  se negaban a la apertura de otros puertos y a compartir los ingresos de la aduana con las otras provincias.
Entre los federales porteños podemos distinguir dos grupos: los federales doctrinarios  y los autonomistas bonaerenses. Estos últimos se enfrentaron tanto a los unitarios como a los federales doctrinarios.
Manuel Dorrego (militar veterano de las luchas contra los realistas) es reconocido como el jefe de los federales doctrinarios. Para él el federalismo era una doctrina política de sólidos fundamentos jurídicos y no la simple autonomía sostenida por la fuerza de un régimen autocrático, como lo entendían los caudillos. Para Dorrego el federalismo era una garantía del régimen republicano y de  la libertad y el mejor camino para estimular la cultura, la población y la riqueza del país.
Desde 1828, el autonomismo porteño se identifica con Rosas,caudillo que representaba los intereses de los hacendados y terratenientes.

Si bien el período1820-1852 se caracteriza por la fragmentación o atomización del poder político, expresada en la convivencia más o menos pacífica, de estados provinciales autónomos, en proceso de formación, no se abandonó el proyecto de crear una nación unida y un estado central. Este deseo quedó plasmado en los pactos interprovinciales.

Autonomías provinciales y guerras civiles (1820-1852)

La crisis del año20 marcó el surgimiento del federalismo de hecho. Los federales consideraban que mientras no se dictase una constitución, la unión nacional se aseguraría mediante pactos interprovinciales. En 1820, Buenos Aire, Entre Ríos y Santa Fe firmaron el Tratado del Pilar, por el cual establecían la paz, se comprometían a reunir un futuro congreso constituyente y garantizaban la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay. Ese mismo año Buenos Aires y Santa Fe suscribieron el Tratado de Benegas, por el que acordaban la paz y la reunión de un congreso en Córdoba. En 1822, el Tratado del Cuadrilátero, firmado por Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes, retomó el tema del congreso y estableció una alianza militar y la libre navegación de los ríos.
La tarea no fue fácil. Desde el Interior Bustos(caudillo de Córdoba con protección nacional) aspiraba a organizar un Estado Federal, las provincias litorales proponían una Confederación y en Buenos Aires prevalecía el centralismo.
Las relaciones interprovinciales se caracterizaron por la atomización y el aislamiento, el proyecto de congreso general permaneció como símbolo de la nacionalidad reconocida por todos.
En 1824 el flamante gobernador de Buenos Aires Gregorio de Las Heras tomó la iniciativa de la convocatoria a un Congreso Constituyente al que concurrirían representantes de todas las provincias.
Su finalidad era organizar el país, pero el llamado obedecía a dos razones del momento. Por un lado, la Banda Oriental había sido incorporada al Imperio del Brasil, situación que pronto llevaría a la guerra.
Por otro lado, el gobierno bonaerense venía negociando un tratado y un préstamo comercial en Gran Bretaña, pero los ingleses reclamaban la existencia de un gobierno central para concretarlos.
Los diputados al congreso fueron elegidos por las provincias en número proporcional a su población, por lo que desde el principio se manifestó una mayor gravitación de la delegación porteña.
Ante la postergación del dictado de una constitución, el congreso dictó la Ley Fundamental, por la cual se establecía un Poder Ejecutivo provisorio en la provincia de Buenos Aires, encargado de la guerra y las relaciones exteriores. Las provincias conservaban su autogobierno. Para llevar adelante la guerra con el Brasil, a principios de 1826, el Congreso dictó una Ley de Presidencia. Se creaba así  un nuevo gobierno central, y para el cargo fue nombrado Bernardino Rivadavia. Este representante del unitarismo tuvo una fuerte oposición de los federales, tanto del Interior como de Buenos Aires. Los federales porteños rechazaban la  Ley de Capitalización aprobada por el congreso. Esta norma declaraba a Buenos Aires capital del poder nacional. De esta manera la provincia perdía la principal franja para el comercio ultramarino y los recursos aduaneros que pasaban a manos del gobierno nacional. Además de dejar a Buenos Aires sin autoridades propias(gobernador y junta de representantes). Los grandes comerciantes y los hacendados se opusieron firmemente a la pérdida de autonomía quitándole el apoyo político a Rivadavia.
Las relaciones entre Rivadavia y las provincias se agravaron luego de la sanción de una constitución centralista en diciembre de 1826. Ésta establecía que los gobernadores provinciales serían elegidos por el presidente, además de restringir el derecho al voto. Las provincias en su mayoría rechazaron esta constitución unitaria.
El poder de Rivadavia se debilitó aún más cuando su enviado a firmar la paz con el Brasil aceptó entregar la Banda Oriental a ese país. Rivadavia renunció y al poco tiempo se produjo una nueva disolución de las autoridades nacionales: el congreso se disolvió y la provincia de Buenos Aires se hizo cargo del manejo de la guerra y las relaciones exteriores. El  proyecto unitario había fracasado. La experiencia rivadaviana de organización en base al liberalismo y la europeización  sólo pudo imponerse en Buenos Aires, sus instituciones políticas sobrevivieron hasta la etapa de la organización nacional. En el plano nacional fracasó por sus desajustes con la realidad del país, sin embargo, el proyecto sobrevivirá en los sectores cultos de la sociedad.
El gobernador de Buenos Aires Manuel Dorrego, un federal con amplio apoyo entre los sectores populares urbanos, debió enfrentar al mismo tiempo, la oposición de los grupos unitarios y de los federales del Interior que no confiaban en él porque era porteño. Dorrego para poner fin a la guerra con el Brasil debió firmar un acuerdo que aceptaba una propuesta diplomática británica. Por este tratado la Banda Oriental se convertía en estado independiente con el nombre de República Oriental del Uruguay.
Los unitarios, dispuestos a recuperar el poder, ganaron para sus planes a dos generales que habían vuelto de la guerra con el Brasil: Juan Lavalle actuaría en Buenos Aires y el Litoral y José María Paz en el Interior. En diciembre de 1828, Lavalle dirigió un golpe de Estado. Presionado por los dirigentes unitarios decidió el fusilamiento de Dorrego, sin juicio previo. Esta drástica decisión  hizo que se extendiera la guerra civil en el territorio bonaerense.

La guerra en el Litoral: Lavalle contra López y Rosas:

 A principios de 1829, Lavalle debió enfrentar a fuerzas federales santafesinas y porteñas. El hacendado federal Juan Manuel de Rosas  propició un levantamiento de la campaña contra el nuevo gobierno. En abril Lavalle fue derrotado y firmó con Rosas dos acuerdos sucesivos: el Pacto de Cañuelas y el Pacto de Barracas que pusieron fin a la crisis porteña.
En diciembre de 1829, la legislatura de Buenos Aires eligió a Juan Manuel de Rosas gobernador de la provincia, otorgándole  las facultades extraordinarias y el título de Restaurador de las Leyes.El mismo contó con el apoyó de los grupos sociales altos (hacendados y comerciantes) y de los sectores populares del campo y la ciudad.
 
La campaña en el Interior: Paz contra Bustos y Quiroga:

Mientras Rosas negociaba con Lavalle, Paz derrotó al gobernador de Córdoba Juan B. Bustos y tomó el poder en esa provincia. También derrotó al caudillo riojano Facundo Quiroga. Así Paz extendió su poder a otras provincias, con las que formó la  Liga del Interior de ideología unitaria, en 1830.
Al mismo tiempo, en el Litoral se consolidó otro bloque. En 1831, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe establecieron una alianza denominada Pacto Federal. Sus objetivos eran enfrentar a las fuerzas unitarias del Interior y formar una Comisión Representativa de los gobiernos del Litoral con facultades para celebrar la paz, declarar la guerra e invitar a las demás provincias a unirse bajo el sistema federal.
En mayo de 1831, cuando Paz se disponía a atacar a las fuerzas santafesinas, fue sorprendido por un grupo de sus enemigos, que lo tomó prisionero. En los meses siguientes, los ejércitos federales dirigidos por López y  Quiroga se impusieron a la Liga del Interior. Hacia fines de 1831, todas las provincias habían adherido al Pacto Federal.
 Como resultado de esta guerra civil, tres caudillos federales pasaron a controlar la escena política nacional: Facundo Quiroga en el Interior, Estanislao López en el Litoral y Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires.

La Confederación Argentina (1835-1852)

En 1835 un asesinato político conmovió al país. El caudillo riojano Facundo Quiroga fue asesinado en la localidad cordobesa de Barranca Yaco. Esta noticia instaló el miedo en la sociedad y justificó la opinión de que la situación de las provincias era inestable e insegura.
La legislatura de Buenos Aires, respondiendo a la demanda de un gobierno fuerte, nombró nuevamente gobernador a Rosas. Una vez más se le concedieron facultades extraordinarias y un  mayor poder mediante la suma del poder público. 
Una vez consolidado su predominio en Buenos Aires, y ante la falta de caudillos opositores poderosos, fue extendiendo su influencia en las provincias. Rosas impuso una organización nacional de hecho, que llamó Confederación Argentina basada en el Pacto Federal de 1831 y en la delegación que hacían las provincias del "encargo de las relaciones exteriores" en el gobernador de Buenos Aires. 
A lo largo de su gobierno mantuvo su posición sobre la inconveniencia de reunir un congreso y sancionar una constitución. Bajo el nombre de federación, realizó una política de intensa intervención en los asuntos internos de las provincias, exigiendo el reconocimiento de su autoridad. Para ello utilizó diversos métodos: el apoyo político y financiero, la persuasión, la amenaza o la acción armada.
Estanislao López, el Patriarca de la federación, carente de fuerzas para oponerse al poder de Buenos Aires, aceptó su política.
Felipe Ibarra en Santiago del Estero, Alejandro Heredia en Tucumán, Pedro Molina en Mendoza, Tomás Brizuela en La Rioja y Nazario Benavídez en San Juan, fueron acatando las directivas de Rosas y extendieron el orden del federalismo rosista en el Interior.
Como  encargado de las relaciones exteriores y de los asuntos de paz y guerra de la Confederación, Rosas reunió las siguientes atribuciones:
  •   la conducción de las relaciones exteriores, 
  • la interpretación  y aplicación del Pacto Federal de 1831.
  • la intervención en las provincias en las que peligrase la causa de la federación,
  • el mando supremo de los ejércitos federales, 
  • el ejercicio del derecho de patronato nacional, 
  • el juzgamiento de delitos considerados federales, 
  • el control sobre tráfico fluvial en los ríos Paraná y Uruguay,
  • la vigilancia sobre circulación de escritos sediciosos, 
  • los permisos para ingresar en el país.
Sin que se hubiera sancionado una constitución por delegación de las atribuciones de las provincias y por acción propia, Rosas ejerció de hecho el poder nacional apoyado en la fuerza de Buenos Aires.
Hacia 1850 la Confederación Argentina estaba en paz. Las provincias designaron  a Rosas jefe supremo de la Confederación Argentina. Durante un largo período esta organización otorgó unidad al país pero por estar basada en el personalismo no podía sobrevivir. 

La gran alianza y la derrota de Rosas:

Fue en el Litoral donde se gestó la alianza que llevó a la caída de Rosas.
El 1 de mayo de 1851, el general Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, publicó un pronunciamiento en el que expresaba la decisión de su provincia de reasumir el ejercicio de las relaciones exteriores e invitaba a los demás gobiernos provinciales a organizar constitucionalmente la Nación. Sólo la provincia de Corrientes adhirió a su propuesta. Sin embargo, Entre Ríos y Corrientes carecían de recursos para formar un ejército que enfrentara  con éxito al de Buenos Aires. Por esa razón Urquiza buscó el apoyo del Brasil y de Uruguay. Los emigrados adhirieron inmediatamente a la causa. Al mando del Ejército Grande, y con el apoyo de la escuadra brasileña en el río Paraná, Urquiza inició la campaña contra Buenos Aires.
Finalmente las tropas de ambos ejércitos se enfrentaron en la batalla de Caseros(03/02/1852). Rosas fue derrotado.
Urquiza convocó a los gobernadores de las demás provincias a firmar el Acuerdo de San Nicolás donde se estableció la reunión de un congreso general constituyente en Santa Fe.
La batalla de Caseros significó además de la derrota de Rosas, el transpaso del poder al Litoral. El gobernador Justo J. de Urquiza bajo el lema  "ni vencedores ni vencidos", pone en marcha la organización constitucional del Estado.

*¿Cúal fue el legado político de la etapa rosista?

Los avances en la unidad nacional, aunque ésta se hubiese logrado sobre la base del predominio porteño; las provincias se acostumbraron a acatar  una autoridad central. Por su parte la oposición ilustrada comprendió la imposibilidad de establecer un sistema centralizado. Sus ideólogos trabajaron buscando un pensamiento conciliador y formas mixtas de organización.
La Confederación Argentina, a pesar de los enfrentamientos internos y externos, se consolidó, ocupó su lugar en el mundo y se hizo respetar por las grandes potencias. Sin embargo, el sistema personalista en que se basaba y la falta de un marco legal impedían su continuidad. La Nación requería una organización constitucional que resolviera los problemas subsistentes y asegurase la institucionalización del país.