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Salvador Luis

Salvador Luis nació en Lima en 1978. Estudió dirección de cine y letras en Estados Unidos y España. Desde 2001 dirige la revista Los Noveles, y es autor de los volúmenes Miscelánea o el libro geminiano (2006), Rock duro y metal pesado (2006) y Zeppelin (2009). Como editor ha preparado las antologías El Arca. Bestiario y ficciones de 31 narradores hispanoamericanos, Asamblea portátil. Muestrario de narradores iberoamericanos y La Banda de los Corazones Sucios. Antología del cuento villano. Mantiene la columna de entrevistas “Situaciones incómodas” en el portal español Koult. Tiene un sitio personal, www.salvadorluis.net, y actualmente trabaja en la Universidad de Miami.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

Una novela gráfica del canadiense Jeff Lemire: The Nobody, que publicó hace unos meses Vertigo Comics. Es bellísima, quizá lo más bello que he leído en lo que va del año.

¿Qué libro te gustaría leer en breve?

Lo próximo de Jeff Lemire.

¿Descargás música digital?

En realidad no tanto, sólo porque mi colección de discos es el fruto de unos veinte años de consumismo. Pero cuando estoy online uso un servicio que se llama Pandora, similar al Spotify europeo.

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

A Hillary Clinton, mentalmente, y la di como ganadora.

¿Cuánto tiempo pasás conectado a la web?

Mucho, para pagar cuentas, para mirar la hora, pedir una pizza.

¿Qué te resulta satisfactorio?

Ver a mi equipo de fútbol ganar.

¿Qué te irrita?

Hacer cola en el banco (y eso que alguna vez trabajé en un banco y sé por qué los cajeros tardan tanto en atender a los clientes).

¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

Los emails. Pero solo porque recibo una buena cantidad.

¿Qué te gusta cocinar?

Cocino poco porque en estos momentos me resulta más fácil resolver lo alimenticio con técnicas parasitarias. Sin embargo, a mi favor puedo decir que he perfeccionado la receta de mi madre de un plato peruano que se llama Causa rellena y soy bueno con los tallarines al pesto también (mi lado paterno es de ascendencia italiana y la fórmula familiar me fue revelada a los doce años).

¿Qué te gusta comer?

Pulpo al olivo, cebiche de camarones, cebiche de lenguado, anticuchos de corazón, conchitas a la parmesana, causa rellena, lasagna, ravioli, tallarines al pesto, tallarines a lo Alfredo, morcillas a la parrilla, chifa (que es como llamamos a la comida china en Perú) y un largo etcétera. Ah, y hamburguesas gourmet. Y todas las pizzas que se me acerquen. Y mis amigos españoles saben que no puedo vivir sin aceitunas rellenas de anchoas. Necesito una en este momento.

¿Cuál es tu peor defecto?

Quejarme demasiado.

¿Qué cosas te obsesionan?

Cada vez que veo un libro fuera de su sitio tengo que ponerlo en su sitio. Y cuando tenía trece, Cindy Crawford. 

¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

Que son magníficas mientras no te moleste mostrar parte de ti.

¿Qué cosas te dan miedo?

Perderme. Y lo peor de todo es que cada vez que voy a un sitio nuevo, me pierdo. Pero con los monstruos de las películas y los huracanes me llevo bien.

¿Qué cosas te hacen reír?

Los chistes crueles. Y las niñas de cuatro años que en el supermercado me dicen: “Excuse me, sir”, cuando quieren pasar.

¿Qué libros peruanos le recomendarías a un lector argentino?

De la vieja guardia: La casa de cartón de Martín Adán, Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro, Otras tardes de Luis Loayza. Si nos acercamos un poco más: Que la tierra te sea leve de Ricardo Sumalavia, El último cuerpo de Úrsula de Patricia de Souza, Me perturbas de Rocío Silva Santisteban, Casa de Enrique Prochazka. Y de autores “últimos”: El cielo de Capri de Marco García Falcón. Desde luego estoy omitiendo muchos nombres, así que no te sorprendas si mañana me encuentras noqueado y con las piernas rotas por alguna represalia.    

¿Qué es lo más difícil de hacer la revista digital Los noveles?

No poder publicar a todos.

¿Y lo mejor?

Cuando sabes que alguien sonríe. Varios autores que ahora son imperdibles empezaron en Los noveles y me alegra haberles dado su primera oportunidad seria. Por otro lado, si de algo me siento orgulloso es de hayamos descentralizado este tipo de publicación en Internet. En Los noveles puedes leer autores de toda Iberoamérica desde hace casi diez años.

¿Qué historias se cuentan en Lima?

Yo creo que en Lima hay demasiadas historias. Es una ciudad católica que antes de los conquistadores no existía, pero donde muy cerca se adoraba al Sol. Una capital colonial que por cerca de cuatrocientos años fue la sede económica y administrativa de Sudamérica, ciudad donde después decidieron asentarse chinos, japoneses e italianos (y sus restaurantes). Una ciudad que los peruanos alguna vez embellecieron, ciudad burbuja de aristócratas, que luego explotó. Lima tiene un cielo gris y muchas páginas. Es un mito roto, también. Y es la única de las cinco ciudades más grandes y pobladas de Hispanoamérica que por desidia no tiene servicio de metro, porque en Lima se puede mover millones de dólares pero no transportar multitudes. Esa debe ser la historia que más se cuenta en Lima: El tren eléctrico. Excelente novela que se reparte por entregas todas las semanas.

¿Cómo surgió la idea de hacer La banda de los corazones sucios, antología del cuento villano?

Siempre estoy maquinando ideas para poner en marcha antologías, es un género que me encanta y que en realidad considero parte importante de mi obra. He tenido la suerte de hacer un poco de todo, pero trato de idear conceptos que no sean tan predecibles, y que nos pongan en una situación extrema a quienes participamos. En este caso específico recuerdo haber apuntado en un post it la palabra “villanos”, una tarde, y pensar en un buen título. El título llegó cuando miré la cubierta de un disco de Black Rebel Motorcycle Club, que es un grupo de rock de San Francisco. Pensé: “Black Rebel Motorcycle Club… Club de los hombres sucios… Club de los corazones sucios… ¡La Banda de los Corazones Sucios!”, y el resto es historia. Tampoco voy a negar que siempre me han atraído los personajes malvados y que cuando veo una película de acción inconscientemente deseo que el villano haga explotar la ciudad. Soy un fan de Black Sabbath.

¿Qué villano falta en la antología que te hubiera gustado que esté?

Stewie de Family Guy, que es un villano de los que saben.

¿Cómo elegiste a los autores para la antología?

Cada antología es distinta. Para La banda de los corazones sucios, por ejemplo, necesitaba autores que hubieran hecho algo similar en el pasado y algunos otros que se arriesgaran. Nunca es buena idea juntar autores idénticos, porque de ese modo el libro pierde variedad. Necesitaba “villanos” y también el narrador existencialista, el cómico, la mirada del otro, la perspectiva de género, etc. Cada pieza crea un ritmo y hay que prestar atención al tono de cada autor. Además yo siempre pienso tanto en el lector latinoamericano como en el español, y me gusta equilibrar la balanza en cuanto al origen de los participantes. Este libro, sin embargo, tuvo dos listas de autores, porque cuatro de los que aceptaron participar en un principio se retiraron debido a otros compromisos. Es algo que nunca me había sucedido como editor, y cuando sucedió tuvimos que reagruparnos. Digamos que el libro pudo haber estado listo dos meses antes, quizá, pero fuera de eso creo que logramos el objetivo. También estoy agradecido con otro par de autores que participaron en el proceso, que no se retiraron, pero que no pudieron quedar en el producto final, y con ellos trabajaré sin duda en otras antologías. Tengo un par de proyectos cocinándose. 

Si pudieras elegir cualquier libro, ¿cuál adaptarías para el cine?

Salón de belleza de Mario Bellatin, ahí hay una película pidiendo que la liberen. Pero te cuento otra cosa. Con La azotea de mi amiga uruguaya Fernanda Trías sentí lo mismo, y no sólo hablo de percibir el guión sino el story board. Cuando lees esa novela sabes exactamente en qué ángulo podrías ubicar una cámara y qué clase de plano usarías. Y eso es lo mejor que le puede suceder a un director de cine, que la composición fotográfica sea ya parte de la historia, porque así se evitan innumerables reuniones con el director de fotografía y se rueda más rápido.

¿Cuál te parece que sería la mejor forma para los argentinos de festejar el Bicentenario de la Revolución de Mayo?

Con buen vino y abrazados. Y si no hay vino ni abrazos, pues al menos con un alfajor.

¿Qué te hace feliz?

Los buenos amigos. Los discos de rock. Películas de Godard y de Lynch. Tarantino cuando está inspirado. Kafka. El recuerdo de un perro que tuve. La última cerveza en el último minuto. El Gato Félix.









Septiembre. 2010.



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