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Patricio Pron

Patricio Pron nació en Rosario, Argentina, el 9 de diciembre de 1975 y es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999) y El vuelo magnífico de la noche (2001) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007) y El comienzo de la primavera, ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año. En 2000 viajó a Europa como corresponsal del diario La Capital de Rosario y entre 2002 y 2007 trabajó como asistente en la Universidad Georgia Augusta de Alemania. En la actualidad vive en Madrid. Sus artículos y críticas pueden leerse en patriciopron.blogspot.com.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

La Poesía completa de Dylan Thomas: «Este es el mundo. Tened fe. / Porque seremos un grito, como el gallo, / reclamando a los muertos; nuestros golpes borrarán / la imagen de los cuencos; / y estaremos equipados para la vida, / y los que quedan florecerán mientras amen, / loor a nuestros corazones decididos.»

¿Qué libro te gustaría leer en breve?

Closing Time, de Joseph Heller, el Teatro completo de Anton Chéjov, La novela luminosa de Mario Levrero, Casa de Ottro de Marcelo Cohen, Projections of Peronism in Argentine autobiography, biography and fiction [Proyecciones del peronismo en la autobiografía, la biografía y la ficción argentinas] de Lloyd Hughes Davies, Leben Lamberts [La vida de Lambert] de Felix Philipp Ingold, Die Aufgabe der Literatur oder wie Schriftsteller lernten, das Verstummen zu überleben [La tarea de la literatura, o cómo los escritores aprendieron a sobrevivir al enmudecimiento] de Ulrich Horstmann, Frutos extraños de Leila Guerriero, son los que están dando vueltas por aquí estos días.

¿Descargás música digital?

No, descargo música analógica que alguien ha digitalizado; por lo general, música de las décadas de 1950 y 1960.

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

¿En las europeas? ¿En las italianas? ¿En las municipales madrileñas? En las argentinas no voté, no recuerdo por qué.

¿Cuánto tiempo pasás conectado a la web?

Todo.

¿Qué te resulta satisfactorio?

Escribir una frase que tenga sentido y belleza, leer una frase que tenga sentido y belleza, la crítica literaria alemana, escuchar chamamé, el New York Times Review of Books, leer limericks, escuchar a mi madre recitando el Martín Fierro, la revista alemana Neon, dormir.

¿Qué te irrita?

Las puertas que chirrían, besar a mujeres que fuman compulsivamente, la pereza, que llueva y se me mojen los pies, el calor, perder el tiempo, las cadenas de comida rápida, los niños que gritan en la calle, el cine.

¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

La prensa y el Antiguo Testamento.

¿Qué te gusta cocinar?

Cuscús con verduras. Ensaladas. Pasta. Espárragos con jamón.

¿Qué te gusta comer?

Arepas, cachapas, plátano y todo lo que cocina Giselle Etcheverry Walker.

¿Cuál es tu peor defecto?

No vivir en Argentina, de acuerdo a la crítica de ese país.

¿Qué cosas te obsesionan?

Las fotografías borrosas, los buenos libros, las actrices porno muertas, los libros de Juan Rodolfo Wilcock, los escritores que dejan de escribir o se suicidan o desaparecen del mapa.

¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

Nada, no suelo usarlas.

¿Qué cosas te dan miedo?

Las reencarnaciones periódicas y grotescas de la estupidez argentina.

¿Qué cosas te hacen reír?

La gente que se tropieza por la calle, los perros pequeños que dejan tras de sí una montaña de mierda, los Monty Python, las bromas de Constantino Bértolo, las cosquillas, el Batman de Alfredo Casero, Peter Capusotto, la crítica argentina que cree que debe «corregir» a un escritor, Antonio Jiménez Morato.

¿Qué es lo mejor de vivir en Madrid?

La luz y la sopa castellana.

¿Qué libro te costó más trabajo escribir y por qué?

El que estoy escribiendo ahora, por razones personales.

¿Qué características debe tener un libro para ser un best-seller?

No haber sido escrito como los escribo yo.

¿Quiénes son los protagonistas de tu último libro El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan?

«Los desesperados, los aburridos, los que están enfermos, los que no tienen nada, los que no son comprendidos». Es cita literal del libro.

¿Se puede ser irónico las 24 horas del día?

No, hay que dormir por lo menos siete horas todos los días y también hacer la compra y lavarse los dientes.

¿Por qué irse a Alemania?

Porque estás enamorado de una alemana y ella está enamorada de ti. Porque te gusta la literatura centroeuropea y quisieras conocer a quienes la han escrito o, por lo menos, caminar por las mismas calles por las que ellos caminaron. Porque un catedrático de literatura románica tiene la generosidad de interesarse por un proyecto de doctorado que en Argentina no hubiera sido aceptado porque está centrado en una disciplina, la narratología, que nadie cultiva allí y en un autor que era maricón y drogadicto y murió de sida. Porque te gusta pasar frío. Porque quieres averiguar qué sucede contigo y con los libros que escribes cuando ya sólo escribes y lees y hablas en alemán. Porque quieres dejar de ser escritor y que todo el mundo se olvide de ti y te parece que Alemania es un buen sitio para hacerlo. Porque quieres estudiar la tradición literaria en la que se inscriben tus libros sin la cercanía y la naturalidad que determinan vivir en el sitio en que esa tradición es producida y reproducida continuamente. Porque tienes sueños húmedos con cabezas rapadas.

¿Cuál es el valor de los premios literarios?

Desde el punto de vista económico, el de sus importes (con los descuentos fiscales correspondientes). Desde el punto de vista literario, ninguno. Sin embargo, a veces, en el momento y en el lugar correcto, los premios pueden ser para el escritor una puerta de entrada a un catálogo prestigioso. A partir de allí, sin embargo, ya es asunto suyo y es lo que el escritor escriba, más allá de cualquier premio, lo que determina la consistencia de su proyecto y si ese proyecto merece, más que un premio cualquiera (hay uno todos los años), el agradecimiento de los lectores y el respeto de la crítica.

¿Influyen tus problemas de memoria a la hora de escribir?

No lo recuerdo. Eh, creo que sí, definitivamente. Buena parte de mi vida cotidiana consiste en dejar registro de lo que he leído, de lo que he conversado o he visto y he escrito, y una parte sustancial de mi ficción tiene como punto de partida esas notas, de manera que se puede decir que sí. Además, buena parte de esa ficción surge de los intentos de reconstruir tímidamente vivencias que objetivamente he olvidado por completo; en otras palabras, de la recreación de eventos que yo considero verídicos pero resultan ser ficcionales, y viceversa. Así que creo que sí.

¿Cuál sería la mejor forma de festejar el Bicentenario de la Revolución de Mayo?

Poniendo en una fila a todos los asesinados y desposeídos de esta tierra y dándoles una medalla y un diploma y un beso en la mejilla por haber contribuido a la realización de un sueño de mierda del que nadie parece querer despertarse, y preguntándoles qué opinan al respecto.

¿Qué te hace feliz?

Los gatos, ver dormir a Giselle Etcheverry Walker, la nieve, saber que Aira, Piglia, Fogwill, Fresán, Gandolfo, Pauls y otros están por allí y están escribiendo, las mermeladas que prepara mi hermana, mis editoras, visitar Montevideo, Londres, Istanbul o Berlín, que gane Rosario Central, que nadie haya muerto hoy, saber que no todo está perdido todavía, mirar una postal en la que aparece un muchachito frente a una carretera que se extiende hasta el horizonte y saber que el muchachito seguirá ese camino todo lo que pueda y luego vendrá otro y continuará su camino y después otro y otro y quizás alguien llegue un día al final de la carretera.


Febrero. 2010.

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