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Pablo Gianera

Pablo Gianera nació en Buenos Aires en 1971. Es crítico de música y de literatura. Trabaja en la revista de cultura ADN, del diario La Nación. Dicta clases en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla y también integra el consejo de dirección del periódico Diario de Poesía. Escribió Formas frágiles, un libro de ensayos musicales que se publicará este año.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

Los Note-Books, de Samuel Butler.

¿Qué libro te gustaría leer en breve?

Alguno que, literalmente y en todos los sentidos, no se haya escrito todavía.

¿Descargás música digital?

Sí, pero no escucho música en iPod. Sigo además comprando discos. 

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

En blanco.

¿Cuánto tiempo pasás conectado a la web?

La mayor parte.

¿Qué te resulta satisfactorio?

Trato de evitar esa palabra. Suena demasiado orgánica.

¿Qué te irrita?

La lista crece continuamente. Los frívolos y los hipócritas (suelen ir juntos). Los oportunistas. El populismo cultural y sus estribaciones relativistas. El hedonismo. El vitalismo y la inmediatez. Las mayorías. Las minorías. Buenos Aires. El clima tropical. La mala prosa. Sobre todo, la imposibilidad, por normas de cortesía social, de manifestar la irritación.    

¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

Más que preferida, regular: el Google Reader suele depararme las primeras crispaciones del día. Tengo predilección por los diarios, cuadernos, artículos periodísticos y marginalias de algunos escritores, músicos, filósofos.    

¿Qué te gusta cocinar?

No cocino.

¿Qué te gusta comer?

La cocina mediterránea. Los lácteos y algunas frutas. También: el té, el vino y el ron.

¿Cuál es tu peor defecto?

La impaciencia.  

¿Qué cosas te obsesionan?

La crítica y el ensayo como géneros. Algunos problemas estéticos (la validez histórica de las formas, la expresión). El recuerdo de las vanguardias. Después, como en un poema de Wilcock, el sexo y la muerte.

¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

Uso, escasamente, Twitter. Facebook es promiscuo.

¿Qué cosas te dan miedo?

El dolor, espiritual y físico, propio y ajeno. Las cucarachas.

¿Qué cosas te hacen reír?

En general, la burla y el humor aplicados a las situaciones y la gente que me irritan.

¿Son válidas hoy las categorías enfrentadas de música erudita y música popular?

Esa oposición se volvió muy engañosa, pero si estoy impelido a responder: sí. En cualquier caso, defiendo todavía la causa perdida de la llamada alta cultura (aunque esto también merecería varias precisiones). Adornianamente, sigo creyendo también en la autonomía.    

¿Qué compositores argentinos vivos te gustan?

Deberían ser más de tres. Aun así: Gerardo Gandini, Antonio Tauriello, Luis Mucillo.

Si un librero te pide que le recomiendes tres discos, ¿cuáles elegís?

La Sonata para piano de Alban Berg por Glenn Gould. Cualquiera de Paul Bley (especialmente los tríos con Jimmy Giuffre y Steve Swallow). Obras de Ligeti (de épocas muy distintas: Lontano o los Estudios para piano) o de Cage (por ejemplo, las Sonatas e interludios para piano preparado).   

¿Y si un melómano te pide que le recomiendes tres libros?

Por decir algo: Doktor Faustus, de Thomas Mann; poemas de Auden; Cumpleaños, de Aira.   

¿A qué tres conciertos del siglo XX te hubiera gustado ir?

No tengo el fetichismo de los conciertos. Suele abrumarme y entristecerme la penosa sociabilidad de foyer. Excepciones: haber visto dirigir a Mahler. Cualquier recital de Sviatoslav Richter. Alguno de la última época de John Coltrane.

¿Y del siglo XIX?

Posiblemente, al estreno de Parsifal, de Wagner. Me habría gustado también escuchar a Liszt y a Clara Schumann.

¿Y del siglo XVIII?

Tres en los que tocara e improvisara Mozart.

¿Existe hoy un tabú cultural sobre el aburrimiento?

Sin duda. Pesa últimamente sobre la literatura y la música el extravagante imperativo de que debe entretenernos. 

¿Cuál sería la mejor forma de festejar el Bicentenario de la Revolución de Mayo?

Pero, ¿hay algo que festejar?

¿Qué te hace feliz?

Si no se confunde la felicidad con la mera alegría, entonces: mi mujer y mis hijos. Los árboles. Hace mucho, el piano. Viena. El momento en que una idea se organiza en las únicas palabras posibles. Pensar acerca de algunas músicas nuevas. Los gatos. La literatura romántica alemana. La música de Schubert. La promesa de felicidad.  

 


Marzo. 2010.

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