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Juan Gonzalez del Solar



Juan Gonzalez del Solar nació en 1977 y es editor. Desde hace un año es uno de los directores de la editorial Lengua de Trapo. Vive entre Buenos Aires y Madrid.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

Estoy con los libros de Alicia. Hace un tiempo que decidí ir pagando deudas con la historia y la verdad es que es casi imposible equivocarte y pasarla mal con alguno de estos libros.

¿Qué libro te gustaría leer en breve?

La montaña mágica. Pero falta tiempo. Luego, por día aparece alguno, autores que quisieras leer completos, etc. O se entiende que es imposible o se vive decepcionado.

¿Descargás música digital?

No. Se dan varias cuestiones: no soy muy dado con estas cosas electrónicas y me gusta comprar discos y escucharlos hasta que se rayen. Pero sí me pasan a veces música y me la tengo en mi compu sin culpa –de hecho, haciendo limpieza de archivos descubrí decenas de discos que no sé de dónde salieron pero que, en algunos casos, me resultan excelentes–.

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

No estaba en Buenos Aires. Pero había opciones interesantes y espero al 2011.

¿Cuánto tiempo pasás conectado a la web?

Desde que tengo BlackBerry, mucho menos. Básicamente leo mails y diarios, muy poco más, me abruma el exceso de información

¿Qué te resulta satisfactorio?

Sentir que de verdad hice lo mejor que pude.

¿Qué te irrita?

Que la gente desaparezca de mi vida sin avisarme. En el plano diario, que no me respondan un mail personal. De ciertos usos argentinos, sentir que hablo con gente que no puede aceptar que simplemente se piense distinto y que esa opinión no construya al otro en un imbécil.

¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

Creo que no tengo.

¿Qué te gusta cocinar?

Me gusta cocinar para otra persona, hacerlo como un regalo, pasar tiempo haciendo las compras, preparando las cosas, buscando cómo hacerlo, elegir el vino, etc., todo. Por sobre todo, un asado con siete cortes de carne distintos, con verduras y con lo que le guste a la persona para quien voy a cocinar.

¿Qué te gusta comer?

De todo. Y me encanta la comida en todos sus aspectos. Pero el asado es necesario.

¿Cuál es tu peor defecto?

Soy egoísta, soberbio, petulante y un imbécil un montón de veces. Me escucho y me molería a trompadas, así que cuando estoy así trato de cerrar la boca y encerrarme a discutir conmigo. Ya vas a ver cuando te agarre, me digo; pero la culpa no resuelve el dolor que causamos.

¿Qué cosas te obsesionan?

La opinión de los otros.

¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

No las uso. Uso el mail y muy rara vez mando mails en cadena. Tiendo a escribir correos personales, a veces cartas con lapicera y siempre trato de tomarme algún minuto para responder –es extrañísimo que no responda un mail–. Creo que veo a quienes tengo que ver y me conecto con quienes me tengo que conectar. Más allá ya es abusivo e invasivo. Me aterra la idea de que alguien pueda saber algo de mí sin que yo sea consciente de eso. Si de todas formas el otro va a pensar de vos lo que tenga la gana, mejor no darle tantas opciones.

¿Qué cosas te dan miedo?

Lo dicho, que hablen de mí por detrás sin derecho a réplica. Ser malentendido me pone muy mal; puedo estar en desacuerdo –y lo estoy a menudo–, pero que se tenga claro qué piensa cada parte.

¿Qué cosas te hacen reír?

Que me sorprendan.

¿Qué editoriales españolas publican hoy los mejores libros?

Acantilado y Periférica –por Fogwill, principalmente–, entre muchas otras. La verdad es que tampoco leo muchísimo ni a todas, así que me parece muy difícil e injusto opinar sobre esto. Me gustan mucho los libros y la elección de Errata Naturae, pero aún no leí ninguno, y lo mismo me pasa con Alpha Decay y con mil más. Por suerte, hay muchos con muchas propuestas y esfuerzos y eso está muy bien. Sigo: Nórdica, El zorro rojo hace cosas increíbles, Pre-Textos, Demipage –con un libro de poemas de Boris Vian que debería coleccionarse–. Reitero, me olvido de muchos y eso no me gusta, pero me gusta mucho de lo mucho que se hace en España. Tengo dos de quienes leí textos fundamentales y de quienes no leí nada malo y a quienes compro libros solo porque los editan ellos: Laetoli y El Aleph. 

¿Qué privilegia Lengua de trapo a la hora de elegir un libro para publicar?

La búsqueda. Que el texto tenga alma, que le creamos. Escribir “bien” no es un atributo tan complicado de conseguir. Pero sí que “le pase” algo al texto, o al menos que “le pase” para nosotros.

¿En qué se diferencian las librerías porteñas de las madrileñas?

Creo que la diferencia no está tanto en las librerías sino en la forma de consumo: el best seller ocupa un espacio que acá no tiene. Por lo tanto, llegás y hay pilas, tótems, pirámides, etc., con siete libros que son los que comparten más de la mitad del mercado de literatura (o más, no tengo ahora los números y ya prefiero ni mirarlos). No hay tantas librerías “de libreros” ni librerías con bares y restaurantes dentro y espacios dedicados a la cultura como los que hay acá. Se lee distinto.

¿Frankfurt es un mito?

No sé cuál es el mito. Pero Frankfurt (adonde fui sólo una vez) es una experiencia extraordinaria. Como editor, es el espacio donde compro y vendo obras, donde se conoce gente, etc. A quien lo pueda hacer, que lo haga, seguro. Por otra parte, ver a gente que leías cuando estudiabas tiene algo interesante, para lo bueno y para lo malo.

¿Qué hace un editor con el narcisismo de un autor?

Igual que con las mujeres: le dice que sí a todo lo que le puede decir que sí. Eso al menos creo yo. Quiero que el autor esté contento y cómodo y que sepa que todos queremos lo mismo: hacer el mejor libro posible y que se venda.

¿De qué está hecho el narcisismo de un editor?

Hace un tiempo trabajé mucho sobre un libro. Cuando sale el libro, mi nombre, obviamente, no está en ninguna parte. Me preguntaba alguien por qué, si yo había cambiado tal cosa, incluso escrito algunas líneas, modificado cuestiones argumentales, etc. No importa, yo sé que eso está hecho, y el autor lo sabe al menos por un rato (enseguida lo olvida). El corolario de un caso de estos libros tan trabajados es que me llama alguien para comentarme que un amigo había leído el libro antes de su publicación y que no tenía nada que ver, que el cambio era impresionante. Nuestro narcisismo es el peor de todos, porque lo mantenemos oculto y no lo exponemos a la opinión de nadie.

¿Qué libro de la literatura universal te hubiera gustado editar?

El barón rampante.

¿Y qué libro hubieras rechazado sin pensarlo?

Sin pensarlo, ninguno. Muchos libros me ponen de pésimo humor porque cada vez más veo obras que se ocupan antes de la prensa que van a generar que de la calidad literaria: se consiguen un grupo de amigos oligofrénicos, que manejan tal medio, sacan la nota acá, después el otro la rebota allá, el tercero aparece como previsto: el vestido del emperador para el resto. Después no sé si venden tanto, pero la presión de los medios es impresionante, y eso se consigue más por amiguismo que por escritura. No me gustaría particularizar, el problema no es de los sujetos, que hacemos lo que podemos; como sociedad estamos livianos. 

¿Cuál sería la mejor forma de festejar el Bicentenario de la Revolución de Mayo?

Con el fin de la demonización del otro.

¿Qué te hace feliz?

Hacer cosas.







Agosto, 2010.



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