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Gabriela Halac

Gabriela Halac (1972) “Soy Licenciada en Comunicación Social. He trabajado siempre vinculada a la cultura. En la órbita de la escritura, voy desde la investigación sobre teatro y la colaboración en revistas especializadas hasta los relatos. Soy editora y gestiono una sala de Teatro que se llama DocumentA/Escénicas, un proyecto que armamos con Cipriano hace siete años. En la Municipalidad de Córdoba en este momento estoy a cargo del armado de un proyecto para generar una red de Centros Culturales Municipales.”

 

¿Cuál fue el último libro que leíste?

El último que terminé, Kafka en la orilla de Murakami, el que todavía está sin terminar en la mesa de luz Experiencia, de Martin Amis, los que están arriba de mi escritorio son varios, suelo leer muchas cosas al mismo tiempo que se separan en literatura y teoría.

¿Qué libro te gustaría leer en breve?

No sé, muchos. Mi forma de llegar al próximo libro es más por encuentro, ya sea en mi biblioteca o en la librería de Rubén. Se conecta mucho con lo que me esté pasando en la cabeza. Me gusta mirarlos, tocarlos, leer fragmentos y decidirme por uno. Me voy enganchando con temas que me obsesionan. En este momento el próximo podría ser un epistolario. Hace mucho que borré la lista de “lo que debe ser leído”. Sólo están, como dice Enriqueta, “los que están del lado de adentro de mi cabeza y los que están del lado de afuera”.

¿Descargás música digital?

Sí, todo el tiempo, y reconozco que aunque me fascina poder acceder a ese “todo” extraño tener entre manos la edición original.

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

A Pino Solanas

¿Cuánto tiempo pasás conectada a la web?

Muchas horas. Depende el día, pero más de lo que quisiera.

¿Qué te resulta satisfactorio?

Todo lo que fluye.

¿Qué te irrita?

Las cosas sin sentido propio, lo prepotente, lo demagogo, lo fundamentalista, el control, lo hipócrita, lo injusto y la obra en construcción que tengo al lado de casa.

¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

No es predecible, creo que todavía me sorprende lo que me llega.

¿Qué te gusta cocinar?

Si tengo que ser sincera, soy de esas personas que se benefician de vivir con un excelente cocinero.

¿Qué te gusta comer?

Tarta de tomate. Consta de una masa de empanadas sobre la cual pones una base de cebollas acarameladas, un tomate al horno con muzarella (la gratinas) y encima pasta de aceitunas negras y alcaparras.

¿Cuál es tu peor defecto?

Tengo muchos. Pero el peor o el que más sufro supongo que es tomarme las cosas demasiado en serio, no relajarme.

¿Qué cosas te obsesionan?

Creo que básicamente construir sentido y lenguaje y los procesos de su construcción.

¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

Que son muy útiles para los que trabajamos sin dinero.

¿Qué cosas te dan miedo?

El poder que se construye con el único objetivo de reproducirse, que sería el poder devorador y aplástalotodo! La gente sin escrúpulos. Y desde una perspectiva más existencial, la pérdida me parece el peor fantasma.

¿Qué cosas te hacen reír?

Mis hijos, mi pareja, una película clase z, el mar y viajar. En toda la órbita que queda fuera de esto lo que me haga reír seguro va de la mano de la espontaneidad y la sorpresa.

¿Qué es lo mejor de vivir y trabajar en Córdoba?

Que todo te queda cerca y al mismo tiempo no conocés a todo el mundo, que hay mucha gente interesante produciendo y eso es muy generador, que hay ingenio para trabajar de manera profesional a pesar de la escases de recursos, que todavía se encuentran apasionados, que tenemos las sierras cerca y hay paisajes increíbles, que si no tengo lo que necesito y estoy en el horno siempre hay alguien que me lo presta, que es fácil encontrarse con otros, que todavía me tocan el timbre sin avisarme, que aunque no tengas un peso podes divertirte.

¿Y qué es lo peor?

Que hay muy poco presupuesto para cultura, que hay acumulación de poder en unos pocos, que hay una torta para 10 que se reparte entre 1000 y eso genera una lucha un poco sangrienta y que para colmo siempre está el gordito dueño de la pelota que pone sus reglas para jugar y te las cambia cuando se le canta el culo.

¿Qué le falta al circuito teatral cordobés?

Para empezar, dinero y para seguir, dinero. Después poder abrirse a un circuito más amplio, salirse del pensamiento local, hacerse cargo y diferencia la producción profesional de la que no lo es. Le falta difusión, tenemos cada vez menos espacio en el diario local de mayor tirada y el resto solamente levanta gacetillas. Están comenzando a nacer pequeños nuevos espacios en medios alternativos, pero que todavía no alcanzan.

¿Y qué le sobra?

No creo que sobren cosas, creo que todo es aprovechable, depende cómo se lo mire. Soy rata en el horóscopo chino, ¡me preguntás algo muy difícil! Creo que hay veces que se utilizan mal los recursos o se acumulan en un solo lugar. Córdoba es una ciudad de desnutridos y obesos, es difícil encontrar el término medio. Sobra por ahí un paradigma viejísimo que quedó dando vueltas y ya no nos sirve para los modos de producir contemporáneos. Todavía tenemos un Estado que cree que apoyar la producción es comprar funciones, no se piensa en los procesos, en la formación de artistas, en el sostenimiento de los espacios de experimentación, un Estado que confunde obra y espectáculo. El mercado ha contaminado al Estado y creo que nos hemos quedado huérfanos. Entonces te contesto que nos sobra la “falta”. Hay que esperar cambios y cuando lleguen estar atentos de que realmente sean lo que necesitamos y si llega otra cosa, aguantárselas como venimos haciendo siempre. Acá lo que sobra es aguante.

¿Cómo se arma la programación de DocumentA/escénica?

Tenemos una reunión de equipo semanal donde se delinean las políticas de la casa en todos los sentidos. Los encargados de programar son Luciano Delprato (Programador) y Cipriano Argüello Pitt (Director del espacio). Ellos se ocupan de cranear el diseño de la programación y ponerla sobre la mesa. Nos importan mucho los procesos artísticos y fundamentalmente apostamos a personas que están haciendo recorridos interesantes, normalmente son creadores jóvenes.  Tenemos un sistema de coproducciones donde nos asociamos con diversas compañías para que el proceso de producción y el estreno sea en Documenta. También llegan propuestas que tratamos de incluir en la medida que tengan algún punto de contacto con la línea de programación. Hay una línea clara vinculada a la dramaturgia de escena, a la puesta de autores contemporáneos y a la relectura de clásicos. La elección también se vincula a que el trabajo sea profesional, de calidad, que haya pensamiento y construcción de lenguaje.

¿Qué obra te gustaría ver en breve?

Muchas, hay buena producción en Córdoba, por ejemplo Cirulaxia estrenó un espectáculo sobre el amor con dirección de Marcelo Arbach, todavía no la vi. Y si todo fuera posible, me gustaría volver el tiempo atrás y ver en Atenas una tragedia griega o en su defecto Hamlet con Shakespeare haciendo de la sombra.

¿Y qué obra te gustaría producir?

Normalmente no me pienso como productora de teatro, más bien como gestora de un espacio. Tendría que llegarme una propuesta y sentir que está bueno hacerlo que tengo algo para aportar, que trabajar en esa obra me hace relacionarme con un mundo que me moviliza, pensar y generar contenidos además de “conseguir cosas”.

¿Qué historias cuentan siempre los actores cordobeses?

Historias de festivales, partidos de póker en hoteles de mala muerte en pueblos desconocidos, de un dinero que nunca llegó, de funciones suspendidas por causas ridículas, de veranos sin un peso. Generalmente son historias tristes que se cuentan con humor.

¿Cuál sería la mejor forma de festejar el Bicentenario de la Revolución de Mayo?

No creo en que haya una “mejor manera”, los festejos suelen ser tristes y vacíos. Creo que una buena opción sería olvidarse de lo conmemorativo y dar impulso a la producción que se viene haciendo. El gobierno podría solucionar el problema de qué hacer con ese presupuesto e invertirlo sin la necesidad de inventar monstruos de 50 cabezas que suelen ser engendros mutantes. Creo que lo que peor le ha hecho a la creación artística en los últimos años es su estrecho vínculo con las conmemoraciones, es como un collar de plomo, siempre la ilusión de ganar algo allí para luego hacer lo que realmente se quiere hacer, y muchas veces eso nunca llega. Eso demuestra la desconexión de la gestión cultural con lo que sucede en la órbita de la creación. Se necesitan buscar excusas para construir ese vínculo que se ve claramente que no es natural. Lo que sucede cuando pasan las efemérides es que se perdió hasta la memoria de lo que se quería hacer, creo que son grandes desmotivadores y succionadores de energía creativa. Sería bueno empezar a escuchar qué hay para decir después de 200 años.

¿Qué te hace feliz?

Estar en casa con Cipriano y mis hijos, ir a DocumentA y sentir que se puede construir con la cabeza y hacer cosas sin saber por qué pero ser feliz haciéndolas.

 


Abril. 2010.

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