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Fernando del Rio

Fernando del Rio nació en Mar del Plata en 1972. Trabaja desde su adolescencia en el diario La Capital.  Es autor del libro de cuentos Botellones de Aire y, junto a Sebastián Chilano, de Furca, La Cola del Lagarto, una novela experimental que forma parte de una trilogía cuyo segundo episodio se publicará en 2011. Fue fundador de la revista marplatense El Brote. Acaba de publicar su segunda novela, Que así sea. 

¿Cuál fue el último libro que leíste?

Con voracidad adolescente, Principiantes, de Raymond Carver. Pude fortalecer en este libro mi devoción hacia el borrachín recuperado, por más que quieran decir que Gordon Lish lo editó o Tess Gallagher le pasó sus ideas. La obra de un autor resulta de sus omisiones, sus robos y sus miserias. La singularidad de Carver hace que en estos cuentos de primera versión se lo advierta en su plenitud, incluso mejor que en la versión final manipulada por Lish. Carver es tan bueno que metió en la historia de la literatura al gordo Lish.

¿Qué libro te gustaría leer en breve?

Mi método para la lectura parte de la desgraciada realidad: no se puede leer todo. Cuanto más uno conoce, más sabe que se está perdiendo obras maravillosas. Por eso es que no quiero saber más. Después de los clásicos, me limité a leer a los estadounidenses y a lo que me recomendaran mis amigos lectores. Pero ahora quiero indagar en los japoneses que dicen por ahí que de japoneses, a la hora de escribir, no tienen nada. A algunos los leí y me gustaron mucho. Voy tras los demás, que deben ser unos cuantos.

¿Descargás música digital? 

No. Me parece una estupidez bajar música para ponerla de fondo, como compañía de una acción primaria que la trascienda. Y como no tengo muchos momentos del día para ofrecerle con exclusividad a la música, me conformo con lo que tengo. Tango, rock nacional, y misceláneas. Me intriga la manera en que consiguen los adolescentes de hoy engullir tanta música, aunque sea la basura del reggaeton, el hip hop o la cumbia trasgénica argentina.

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

Las últimas fueron legislativas. En Mar del Plata voté a un facho simpático como Carlos Arroyo (¡lo metimos de concejal!), en la Provincia y en la Nación al Partido Obrero. Tengo la indefinición propia de los que ya no creen. La baja calidad de la clase política argentina me está transformando en un anarquista.

¿Cuánto tiempo pasás conectado a la web?

No tengo Internet en mi casa por salud mental, pero sí en mi trabajo. Mi jornal es de 6 horas, por lo tanto, ahí tengo tiempo disponible para googlear, chatear y leer.

¿Qué te resulta satisfactorio?

Confirmar que un libro recomendado es bueno si viene de una persona que considero bien y acertar mi pronóstico en que un libro es una porquería si viene de quien considero mal. Me satisface releer tiempo después una obra mía en preparación y tener la sensación de que está lo suficientemente bien escrita para sospechar que no fui capaz de hacerla yo. Me satisfacen tres Fernets y haber optado por vivir según el dinero que gane y no ganar dinero para vivir de determinada manera.

¿Qué te irrita?

Calamaro cuando no corrige sus letras; que se confunda lo que está bien con lo que conviene; no ser capaz de leer más rápido; mi vieja cuando quiere curarme el mal de ojo; la televisión basura y la gente -que conozco- que la ve como una obra artística; mi irrita que me digan que soy gorila porque critico la corrupción peronista-sindical; me irrita el desodorante con alcohol; también me irritan los turistas que se creen que Mar del Plata es un forro al que usan en un polvo multiorgásmico de segunda quincena; me irritan los políticos que creen que son buenos; y los talleres literarios con señoras que escriben sobre la muerte de su caniche toy.

¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

El libro que esté leyendo, siempre. Pero me divierten los comentarios descerebrados de los lectores de Perfil en Internet. El mejor de todos fue aquel que en la nota de la muerte de unos de los contrayentes gay durante su fiesta de casamiento –era el primer casamiento gay en Mar del Plata- puso: “… yo les dije, no lo hagan calentar al Barba”. Leo muchos diarios y muchos partes policiales, pero no quiere decir eso que sean mis preferidos.

¿Qué te gusta cocinar?

Durante mucho tiempo viví solo y eso atrofió mi capacidad culinaria. Desde que vivo con una doncella de nombre Daniela, intento preservarla a mi lado con algún que otro plato sacado de libros que compré al respecto. Me salen bien los bifecitos de cerdo con salsa inventada en el momento y pepinos rebanados. Aprendí a hacer el asado por obligación en una ciudad de San Luis llamada Carpintería y ahora me gusta hacerlo.

¿Qué te gusta comer?

Mi vieja es especial y lo puedo fundamentar: ella cocina tres platos por comida. Se puede comer en la casa de la calle Alvarado milanesas con tarta, albóndigas y fideos. Todo en una misma sesión. Años y años críado a ese ritmo me preparó el paladar. Soy uno de aquellos que comen lo que le pongan en la mesa y no anda sacando las aceitunas o el morroncito a un costado. Comer viene pegadito al sexo entre mis placeres supremos.

¿Cuál es tu peor defecto?

Creía hasta este momento que era no reconocer mi soberbia. Me creo un poco más de lo que valgo, pero creo valer un poco más que aquellos que me cuestionan lo que valgo. En definitiva, hasta cuando intento ser humilde, peco de soberbio. Teniendo en cuenta esta fatalidad, continuaré la vida con pedante postura. Hasta que me peguen una piña.

¿Qué cosas te obsesionan? 

Me obsesiona entender el mecanismo de justificación que se activa en los creyentes al momento de enfrentarse a una evidencia que los contradice. Me obsesiona eso, saber qué están pensando en el instante preciso en que están seguros de que dios no existe. Segundos después vuelven a creer como si nada. De todos modos, otorgarle un nivel de obsesión supongo que es demasiado. Creo no ser obsesivo. 

¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

Que no sociabilizan. Son una fantasía peligrosa. Yo tengo más amigos en la página de Facebook de mi nueva novela que lectores. No tengo Facebook personal, ni Twitter, ni nada parecido. Pero tengo como cuatro cuentas de correo que me molestan cuando no me ofrecen nada nuevo.

¿Qué cosas te dan miedo?

Las alturas que aunque no son cosas, me dan miedo. Pero la altura de edificio. Me dan cosquillitas en las piernas, incluso cuando miro de abajo para arriba. El avión no me da miedo. La altura de cornisa me da miedo. Me deben dar miedo muchas cosas que no experimenté. Supongo que un tipo armado en un callejón, con la bragueta baja y llamándome con el dedito índice, me da miedo.

¿Qué cosas te hacen reir?

Mi mujer Daniela, mi amigo Diego, mi amigo Sebastián. Me hace reir el gordo Casero cuando da entrevistas. El talento sobrenatural me da risa. Messi me hizo reir cuando le metió un gol a no se qué equipo y Maradona me hace reir cuando lo veo en un viejo video. A veces me hace reir cuando lo escucho. John Fante escribió una escena en Pregúntale al polvo que dice “…con ambas manos se desabrochó la falda negra, que formó un nido a sus pies”. Al leerla en solitario me reí y dije entre aplausos: “¡qué hijo de puta!”.

¿Qué es lo mejor de vivir en Mar del Plata?

Irme al trabajo mirando el mar; caminar respirando el aire fresco del invierno; disfrutar de la primavera sabiendo que es un secreto bien guardado; el romance por quincena de la juventud; los restaurantes y el café.

¿Y lo peor?

Tener que trabajar los veranos.

¿Te gusta más la ciudad en invierno o en verano?

En primavera.

¿Qué historias se cuentan en Mar del Plata?

Las viejas poetisas escriben sobre tilos, olas y Alfonsinas suicidándose. Los autores contemporáneos cuentan historias chiquitas, de amores y crímenes en una ciudad que aporta una riqueza narrativa insuperable. Todavía falta una buena historia sobre el puerto, los inmigrantes italianos, el desafío en mar abierto de las lanchitas amarillas, el encierro de Bioy Casares en la villa Ocampo.

¿Cuál es la mejor novela que dio la ciudad?

Atento a aquello que mencioné de la soberbia, debería decir que la mejor es Que así sea, que me pertenece. O Furca La Cola del Lagarto, que escribí en colaboración con Sebastián Chilano. Pero me parece que Riña de Gallos de Chilano es excelente.

¿Tus novelas pasan ahí?

Creo que las novelas siempre pasan en la ciudad del autor. Incluso cuando la sitúan en París o en un pueblo llamado Macondo. 

¿Qué escritores marplatenses le recomendarías a un porteño?

Chilano, Viñao, Yanícola, Moro, los demás que me olvido pero qué sé que forman parte de la nueva generación. Y por supuesto, del Rio.

¿Y qué escritores porteños a un marplatense?

Borges, Marechal, Arlt, Wernicke. ¿a Aira, a Moyano o a Abelardo Castillo se los considera porteños? Estoy investigando a algunos contemporáneos, pero no puedo decir mucho más.

¿Cuál sería la mejor forma de festejar el Bicentenario de la Revolución de Mayo? 

Tengo una idea. Me gustaría reunir a los políticos que siguen vivos pero ya están viejos y retirados. Ponerlos en la plaza de Mayo junto a los que están en funciones. También a los que se inician, en las facultades y en las escuelas. A los punteros peronistas y a los lobbystas radicales. A los prolijitos de derecha y a los descuidados de izquierda. Algo así, multitudinario. Entonces, sobre el cabildo, esa novedosa proyección láser, comenzará a pasar imágenes de la revolución de Mayo y finalmente, por efecto de la tecnología, que aparezca Moreno o Alberdi, incluso San Martín y digan: “¿Quién carajo se creen que son?”.

¿Qué te hace feliz?

Vivir en Mar del Plata, viajar, mi mujer Daniela, tener pocos amigos y miles de conocidos, el recuerdo de Racing campeón junto a mi viejo, cuando puedo tocar una canción entera en el teclado sin errarle de acorde y seguir escribiendo.








Octubre. 2010. 

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