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Enzo Maqueira


Enzo Maqueira nació en Buenos Aires, en 1977. Es licenciado en Comunicación Social, docente universitario, editor, músico, actor y escritor. Fue secretario de redacción de la revista Lea y colaboró en diferentes medios gráficos y radiales. Publicó Cortázar, de cronopios y compromisos (2003), El perseguidor de la libertad (2004), y el libro de crónicas y relatos Historias de putas (2008). Es cofundador de la editorial Outsider. Toca el teclado en una banda que se llama Monstruito. Su primera novela, Ruda macho, será presentada el 29 de noviembre en la librería Eterna cadencia.

¿Cuál fue el primer libro que leíste?

No sé si fue exactamente el primer libro, pero sí fue el primero que elegí yo (los demás venían de regalo para el día del niño, en lugar de los muñequitos de He-Man) y el que más recuerdo. Era Haga caminar al cadáver, de James Hadley Chase. Lo elegí por la tapa: una casa, de noche, las letras grandes con el apellido del autor y la palabra “cádaver”. Nada mejor para un chico de doce años que no tenía ni idea de que Chase era una copia digna pero innecesaria de Chandler. De haberlo sabido entonces (y de haber sabido que me iba a inclinar por la literatura como ideal de vida), no hubiera leído las siguientes cincuenta novelas de Chase que hoy escondo en lo más alto de la biblioteca.

¿Qué libro te gustaría leer en breve?

Me gustaría terminar Diez, de Juan Emar, que me partió la cabeza en los dos primeros cuentos, pero quedó abandonado por ese mal hábito de la lectura promiscua. Ahora me regalaron el último de Piglia y creo que Emar va a seguir esperando, no sé muy bien por qué.

¿Descargás música digital?

Sí, soy un delincuente.

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

A Filmus. Fue la primera vez que abandoné a Patricia Walsh y a Vilma Ripoll.

¿Cuánto tiempo pasás conectado a la web?

El 70% del día y el 20% de la noche. Y lo vivo como una adicción.

¿Qué te resulta satisfactorio?

Ponerle el punto final a una línea que considero perfecta (consideración que dura tanto como el efecto de lo que haya fumado). Comer un buen asado, sobre todo si incluye provoleta, bondiola, cordero patagónico y/o pechito de cerdo. Mirar una buena película. Escuchar con minuciosa atención un solo de piano en un jazz, o una línea de bajo, o alguna melodía perdida atrás de un sampler. Leer algo que tenga que releer varias veces para entender cómo un tipo puede escribir algo tan bueno. Coger.

¿Qué te irrita?

Las bocinas (en realidad, los tipos que tocan bocina) y la gente que quiere subir al subte antes de que bajen los otros. También me irrita leer la revista Noticias, sobre todo en la sección “Vidriera” (o “Ricos y Famosos”, no sé cómo se llama). Me irrita mucho la publicidad y sus publicistas, así como los hippies en situación de levante (el cortejo de un hippie fumón haciéndose el hippie profundo me resulta insoportable). Me molesta bastante, aunque no llega a irritarme, el comportamiento de lo que llamo la “clase media pelotuda”, que es ésa gente que tiene muchas posibilidades para hacer algo productivo y convertirse en personas inteligentes pero, en cambio, prefiere seguir comiendo vidrio, repitiendo lo que escuchan por ahí y comprando lo que le venden los publicistas antes citados. Me irritan mucho Mauricio Macri y Gabriela Michetti, y toda la gente que piensa que Argentina es una mierda y que los bolivianos son “bolitas” y los paraguayos, “paraguas”. Me irritan mucho los medios de comunicación y los periodistas, aunque no todos. El “Prende y apaga” de TN me irrita muchísimo. También los guiones de televisión y los pésimos actores que los repiten. Y no me gusta que digan mi nombre en voz alta.

¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

Leer Clarín mientras tomo un café es un hábito que disfruto, aunque me irrite. Me siento importante puteando en silencio e indignándome con tanta facilidad.

¿Qué te gusta cocinar?

Mis platos son: ñoquis, pizza, tacos de pollo, “carnecita china” (un salteado de lomo, salsa de ostras, cebolla de verdeo, semillas de sésamo y maní japonés), lomo a la pimienta y calamares lyonesa. Es todo lo que sé cocinar y lo que más me gusta, aunque cada tanto pruebo alguna receta nueva.

¿Qué te gusta comer?

Lo primero que busco en la carta de un restaurante es si hay mousse de chocolate. Si no hay, todo pierde un poco de sentido. Aun así, puedo elegir algunos de mis platos preferidos: ceviche mixto; asado (ya hablé de mis cortes); pizza calabresa; capeletis con queso fundido, pollo y salsa rosa (un invento de mi madre); empanadas árabes; hummus (puré de garbanzos); trucha con alguna salsa; y una lista enorme de animales a la parrilla, moluscos, mariscos y demás asquerosidades.

¿Cuál es tu peor defecto?

Soy muy mentiroso. Supongo que por eso “me hice” escritor. No soy de los que fabulan, sino de los que “decoran” las anécdotas, o ponen excusas para no ir a un cumpleaños diciendo que tengo otro cumpleaños. Soy un boludo, bah.

¿Qué cosas te obsesionan?

El sexo, el amor, la muerte, la enfermedad, yo, escribir.

¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

Me parecen un invento cuyo alcance todavía no alcanzamos a comprender. Algo demasiado grande y contundente a la hora de modificar el comportamiento de la humanidad. Sin embargo, al mismo tiempo tengo la sensación de que siempre están encima de una moda y, como tal, se diluyen y se transforman en otra cosa demasiado pronto. No sé cuánto tiempo más van a existir el Facebook o el Twitter, por lo menos en la forma en que lo conocemos ahora. Estamos demostrando una asombrosa capacidad para adaptarnos a estas redes y desecharlas de inmediato cuando aparece una nueva. Sin dudas, hay un cambio profundo en la manera en que nos vinculamos y eso ya es parte nuestra, pero las formas van a seguir variando, y sospecho que nos vamos a seguir adaptando a lo que venga, aunque eso signifique abandonar algunas conquistas que hoy nos parecen tan indispensables.

¿Qué cosas te dan miedo?

Que se caiga el avión. Que se me caiga una maceta o una persona en la cabeza. Que alguien me empuje cuando viene el subte. Que el teléfono suene entre las 3 y las 8 de la mañana.
¿Qué cosas te hacen reír?
Muy pocas cosas. De vez en cuando me puedo reír con algún chiste muy boludo, de esos que conoce todo el mundo. Me sigue haciendo gracia la diferencia entre “Flores” y “Floresta”, por ejemplo. O algunos insultos. Todos los que tengan que ver con introducirse objetos por el ano me resultan muy graciosos, sobre todo cuando están dichos con la entonación correcta.

¿Te gusta el fútbol?

Mucho, pero sólo si estoy involucrado con el equipo que está jugando. No miro partidos que no sean de San Lorenzo o de Argentina. Ni siquiera me interesa el Superclásico (que está sucediendo en estos momentos, mientras yo respondo sin una radio cerca). Voy a la cancha siempre que San Lorenzo juega de local y me entusiasmo bastante cuando el equipo va bien. Eso de “entusiasmo” se reduce a pensar bastante en el tema y entrar a páginas de San Lorenzo mientras dura la posibilidad de salir campeón, porque soy muy amargo en la cancha y ya ni siquiera grito los goles. Tengo la suerte de preocuparme muy poco cuando perdemos o cuando entramos en esas caídas libres tan típicas de los equipos que alguna vez dirigió el Cholo Simeone.

¿Jugás al fútbol?

Sólo cuando me invitan. Eso no sucede muy seguido, por mis escasas aptitudes deportivas y porque a cierta edad todo el mundo tiene problemas para juntarse una vez por semana, a la misma hora y en el mismo lugar. Aprovecho esta pregunta para hacer pública mi búsqueda de partido de fútbol.

¿Por qué escribís?

“Porque soy un pésimo futbolista” sería una buena respuesta, pero me suena copiada a alguien (¿Soriano?) y tampoco es verdad. Escribo porque no puedo comunicarme con la gente de otro modo; puedo hablar, decir boludeces, hacer reír a un par de amigos; pero me resulta imposible decirle a otra persona que la quiero o que me emocioné por algo que dijo. Por eso también odio que me saluden para mi cumpleaños: cumplir años exige que uno esté todo el tiempo comunicándose con un montón de gente que te llama porque de verdad te aprecia, y lo único que les devuelvo es mi voz monótona y los ojos en blanco. A todos esos, les escribo “perdón”.

 ¿Cómo elegís los temas?

Algo en el mundo exterior me impacta y, como no puedo reaccionar de ningún modo tangible, me siento en la computadora y escribo lo que tendría que haber hecho, lo que tendría que haber preguntado o lo que me hubiera gustado que pasara después.

En tu novela es central la religión, ¿sos creyente?

Sí, pero tengo religión propia: es una mezcla de budismo con marxismo y no sirve para nada, ni siquiera para saber en qué creo. Además, jamás la practico. De vez en cuando medito un poco y nada más. El problema es que mi educación católica (que de eso es la novela, al fin y al cabo), me metió tanta ficha que no puedo declararme ateo, ni budista, ni nada, sin sentir que me estoy mandando una cagada.

¿Qué novela le falta a la literatura argentina?

No sé si le faltan novelas; creo que hay demasiadas y que los lectores no son suficientes. Por supuesto, eso no me impide sumarme. Lo que sí siento que están faltando son autores auténticos, que sean parte real del mundo que narran. Deben existir tipos que escriben sobre la villa desde la villa, pero por el momento no aparecieron, o no los tenemos en cuenta. Como parecen no existir, o no los tenemos en cuenta, aparecen escritores que están un pasito más arriba en la escala social y te cuentan ese mundo. Tenemos literatura de la marginalidad, pero no deja de ser una marginalidad vista desde afuera, aunque ese afuera sea "ahí nomás". También nos falta la literatura de la generación de pibes que no hacen nada de su vida, ésos que estudian una carrera cualquiera para conformar a su familia y se dedican a jugar a la Play el resto del día. No es fácil, pero me gustaría leer una novela escrita por esos pibes. O la novela de la boluda típica que vota al PRO porque Macri "tiene plata y no va a robar", a Prat Gay porque "es lindo" y a Pino Solanas porque se puso de novia con un hippie. Me gustaría leer literatura (y no libros de autoayuda) sobre esas minas, escritos por ellas mismas. No deja de resultarme una estafa que los escritores nos sintamos con la capacidad de construir historias y personajes para dar cuenta de los conflictos de un mundo que, en realidad, nunca vivimos. Me gustaría que tuviéramos novelas "auténticas". Pero eso es sólo una parte de lo que nos falta, la parte que yo extraño cuando voy a una librería y veo que la clase media insiste con escribir sobre ricos y pobres, como si supiera de qué se trata.

¿Qué historias cuentan los editores?

Supongo que las mismas que los escritores, sólo que los editores las cuentan de vez en cuando y los escritores lo hacen más seguido. Las historias de los editores aparecen y se escriben casi como un cuenta pendiente. Los escritores, en cambio, estamos todo el tiempo buscando historias. Los editores también tienen cierta tendencia por hablar de los escritores, cosa que rara vez se da en sentido inverso. Esta respuesta me sirvió para terminar de comprender por qué, aunque paso parte de mi vida editando, cuando me tratan de "editor" siento que le están hablando a otro.  

¿Tenés algún sueño recurrente?

En los últimos tiempos estoy soñando demasiado seguido con aviones que tienen problemas. No se llegan a caer (salvo una vez, y me desperté cuando moría), pero la cosa se pone fea y terminamos aterrizando en cualquier lado. Un dato anecdótico: un par de veces, después de esos sueños, me desperté con la noticia de que de verdad se había caído un avión. Por supuesto, tengo un cuento sobre eso.

¿Cuál sería la mejor forma de festejar el Bicentenario de la Revolución de Mayo?

Crear algunas leyes que están faltando: 1)Prohibir que la gente vote si no es capaz de responder a un cuestionario con diez preguntas de cultura general, 2)Prohibir que la gente tenga hijos si no es capaz de responder a un cuestionario de no sé muy bien qué cosa, pero no de cultura general.

¿Qué te hace feliz?

¿Es muy Sabato responder “nada”? Entonces ni eso.

 

 

 

 

 

Noviembre.2010.


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