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Carlos Eugenio López


Carlos Eugenio López nació en León en 1954 y vivió toda su vida adulta fuera de España. Primero en Francia, después en Inglaterra y actualmente en Grecia. Fue finalista del Premio Sésamo de Novela en el año 1977 y en 1997 ganó el Premio Lengua de Trapo con El orador cautivo. El Frankfurter Allgemeine Zeitung dijo "el autor que posee el humor más negro, desasosegante e inteligente de la literatura española contemporánea". Se lo puede ver y escuchar hablando sobre sus novelas en el canal de la editorial Lengua de Trapo.

 


¿Cuál fue el último libro que leyó?

 

Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin. Llevo algo más de una año dedicado a releer una serie de libros que en su momento me impresionaron por una u otra razón. Y estas dos últimas semanas, le ha tocado al libro de Döblin.


¿Qué libro le gustaría leer en breve?

Dentro de este plan de relecturas de que les hablo, tengo tres en lista de espera tres libros: Debajo del volcán, Viaje al fondo de la noche y El hombre sin atributos.

¿Descarga música digital?

No. Me pasa un poco como con los libros, estoy ya más reescuchando que buscando novedades. Y para reescuchar tengo unos dos mil CDs en casa, que dan bastante de sí.

¿A quién votó en las últimas elecciones?

Al Partido Socialista Obrero Español. Pero no tengo un voto ideológicamente cautivo. A lo largo de mi vida, he votado un poco de todo, aunque con preferencia a la izquierda.

¿Cuánto tiempo pasa conectado a la web?

Supongo que, como promedio, una hora u hora y media al día. Lo de me lleva dar un vistazo a los titulares de tres o cuatro periódicos, consultar algo muy específico, encargar un libro, sacar unos billetes de avión... Y poco más. Esas son las cosas para las que, normalmente, utilizo la Red.

¿Qué le resulta satisfactorio?

Pasear, cultivar un pequeño olivar que acabo de comprar, leer un libro, escribir un poema... La lista, aunque humilde, sería larga.

¿Qué lo irrita?

La irritación misma. Es una de las paradojas crueles de la edad: cuanto menos nos importan las cosas, más nos irrita todo. Y la reflexión sobre ese absurdo constituye una irritación añadida.

¿Cuál es su lectura diaria preferida?

Quizás la prensa. Para otro tipo de lecturas, tengo días de lectura compulsiva y días en los que, sinceramente, se me caen los libros de las manos. Como diría Kito, también en esto, el ruiseñor unos días no viene, otros, dos veces.

¿Qué le gusta cocinar?

Cocino, cuando lo hago, que es infrecuentemente, sólo por obligación. No es algo que me produzca especial placer.

¿Qué le gusta comer?

Pasta, pescado... Los platos típicos de los lugares donde vivo o a donde viajo.

¿Cuál es su peor defecto?

Supongo que la obstinación, que me lleva con frecuencia a ser intransigente. Pero tampoco descarto que sea alguno que ni siquiera sospecho.

¿Qué cosas lo obsesionan?

No soy (o no me considero) un tipo obsesivo. Mis obstinaciones no llegan a tanto y, por lo demás y en general, tienen fecha de caducidad.

¿Qué piensa de las redes sociales digitales?

No tengo una idea formada al respecto. Para mí, en este momento, no tienen demasiado interés. Bastante tengo con administrar los amores, amistades y rencores que he acumulado hasta la fecha.

¿Qué cosas le dan miedo?

Sobre todo, las consecuencias éticas de la cobardía.

¿Qué cosas lo hacen reír?

No soy una persona que se ría mucho. El humor lo considero más bien un mecanismo de autodefensa. En cierto sentido, tengo un reír trágico.

¿Qué escenas recuerda de su niñez?

Algún sueño y media docena, poco más, de situaciones que me asombran por lo insignificante. Coincido con  Lord Byron: la infancia es pura vegetalidad.

Entre las razones que lo llevan a vivir fuera de España, ¿hay motivos literarios?

No los llamaría yo así. Aunque, ciertamente, cuando a los veintipocos años dejo España para instalarme en París, sonaba en mi cabeza un confuso ruido de ideas bohemias.

¿Y políticos?

En absoluto. Yo salgo de España en 1977, muy poco después de morir Franco y cuando se anuncia ya el reestablecimiento de la democracia en mi país. Mi salida de España tiene mucho más que ver con el deseo personal de abrir horizontes, en términos generales, que con cualquier razón singular de otro tipo.

¿Qué autores españoles vivos recomendaría a un lector latinoamericano?

No me siento con autoridad para recomendar nada a nadie. A mí me interesan, sobre todo, gente como Villa Matas o Javier Tomeo. Y aún añadiría Miguel Espinosa y su, para mí, extraordinaria Escuela de Mandarines. El hecho de que Espinosa lleve enterrado cuatro décadas no quiere decir, también para mí, que esté muerto.

¿Y europeos en general?

Insisto en mi falta de autoridad. Me gustan, y esa es mi única razón para pensar que pueden tener algún interés para otros, Magris, Lobo Antunes, Tabucchi...

¿Cuáles son los barrios del mundo que más le gustan?

Recuerdo con cariño el Barrio Latino de París a finales de los años setenta. Pero es muy difícil, por no decir imposible, deslindar qué parte desempeña en ese afecto el Barrio Latino en sí mismo y qué papel le corresponde al hecho de que cuando lo conocí tuviese veinte años. Ahora vivo en una aldea del Peloponeso griego, de apenas una veintena de habitantes, y no echo de menos el ámbito urbano.

¿Le interesa la literatura política?

Me interesa la buena literatura, en general. No establezco, a priori, diferencias por géneros o temas.

¿Sobre qué escribe ahora?

En los últimos meses, estoy dedicado a poner en orden una colección de poemas, con vistas a su publicación. Será mi tercer poemario.

En Argentina este 2010 festejamos la revolución que nos hizo independientes de España, ¿cuál sería, a su criterio, la mejor forma de festejar estos doscientos años?

Si les he de ser sincero, no soy muy de celebrar independencias. Como se puede deducir de mi biografía, carezco de todo sentimiento nacional. Toda mi vida he vivido de país en país y en todos he encontrado las mismas cosas buenas y malas. Pero si se trata de festejar, háganlo con un asado, que deja huella en el paladar y en el estómago. Lo demás son monsergas.

¿Qué lo hace feliz?

La felicidad es un concepto que me sobrepasa. ¿Qué es ser feliz? A lo más que alcanzo es a experimentar transitorios estados de bienestar, de dicha. Y esos estados tienen, por lo general, mucho más que ver conmigo mismo que con el mundo exterior. Podríamos decir que hay días que me levanto con el pie derecho y otros, con el izquierdo.



Marzo. 2010.
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